Como parte de la cooperación bilateral entre las fuerzas militares de ambos países, bombarderos B-52H de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) fueron escoltados por primera vez en el año por cazas F-15 y F-2 de la Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón durante una patrulla en el Pacífico. La maniobra se desarrolló en el espacio aéreo internacional del Mar del Sur de China y Mar de Japón, en un contexto de fuerte aumento de la actividad naval y aérea de China y Rusia en diversas localizaciones sensibles en los alrededores de los archipiélagos japoneses, generando una constantes preocupación para Tokio.

Según informó el Ministerio de Defensa japonés, entre los días 16 y el 18 de febrero, cazas de la Fuerza Aérea de Autodefensa pertenecientes a las Alas Aéreas 7.ª, 8.ª y 9.ª, con asiento en Hyakuri, Tsuiki y Naha, se integraron con bombarderos B-52H de la Fuerza Aérea de EE.UU. tras su despliegue desde la Base Andersen en la isla de Guam. Además, según la información difundida, las aeronaves realizaron vuelos combinados y actividades de coordinación táctica con el objetivo de reforzar la interoperabilidad.
Por otro lado, en la jornada del día 18, el ejercicio fue seguido de manera remota desde los cuarteles generales de Ichigaya y Yokota, donde autoridades japonesas recibieron un informe detallado sobre el desarrollo de las operaciones. Como es habitual, las autoridades japonesas destacaron que este tipo de ejercitaciones buscan demostrar la cooperación y determinación que existe entre ambos países frente a cualquier intento de alterar el “status quo” regional por la fuerza.
No obstante, el despliegue de los bombarderos B-52H en coordinación con los cazas japoneses no es un hecho aislado. A lo largo de 2025, se registraron ejercitaciones similares, especialmente tras haberse dado operaciones combinadas de bombarderos rusos y chinos en las inmediaciones del archipiélago japonés. Por ejemplo, en diciembre pasado, las Fuerzas Aéreas de EE.UU. y Japón realizaron maniobras combinadas con B-52H y F-15J en respuesta a las patrullas aéreas de largo alcance efectuadas por Moscú y Pekín en el Pacífico occidental.
En esa misma línea, el empleo de los bombarderos estratégicos de Estados Unidos en el teatro del Asia-Pacífico se constituye en una herramienta de disuasión visible, que es capaz de proyectar poder a largas distancias y de integrarse con fuerzas aliadas. Tampoco debe dejarse de lado que para Japón, la presencia de estas plataformas refuerza el paraguas de seguridad que le brinda Washington y subraya las fuertes relaciones en materia de defensa mutua.
Los escenarios: Mar del Sur de China y Mar de Japón
Asimismo, la elección de las áreas de entrenamiento en el Pacífico no resulta menor. El Mar del Sur de China es un escenario habitual de fricciones entre Japón y China, particularmente en torno a las islas Senkaku/Diaoyu, mientras que el Mar de Japón concentra una parte importante de la actividad aérea y naval rusa en el Extremo Oriente.
En este marco, el contexto donde se desarrollaron las maniobras combinadas con los bombarderos B-52H permitió que se cumplieran algunos objetivos que van desde una mejor coordinación operativa ante un eventual conflicto y, a la vez, enviar una señal política clara en un entorno donde la actividad militar de actores regionales continúa en aumento.
Guam: una isla estratégica para la Fuerza Aérea de EE. UU.
Como bien fue mencionado, los bombarderos estratégicos B-52H de la Fuerza Aérea de EE. UU. partieron de la isla de Guam, un punto estratégico para el país en el Indo-Pacífico que forma parte de las operaciones de la Fuerza de Tarea de Bombarderos (BTF, por sus siglas en inglés), y a la vez es el punto más cercano del país norteamericano a esta región, definida por su cercanía a los territorios de Japón, Corea del Sur, Filipinas, entre otros, pero sobre todo como nodo de disuasión para China.

Su ubicación le da la capacidad a las aeronaves, y en especial a los bombarderos, de operar rápidamente hacia el Mar del Sur de China, la península coreana o incluso el estrecho de Taiwán. Por otro lado, también le da la posibilidad a EE.UU. de tener un punto desde donde realizar vuelos combinados con Japón, Corea del Sur, Australia y Filipinas, demostrando la cohesión con estos últimos.
Finalmente, la ubicación de la Base Andersen permite a Estados Unidos sostener operaciones sin depender exclusivamente de bases aliadas como las japonesas y surcoreanas, configurándose además como un elemento de presión indirecta en el escenario regional.
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