A lo largo de los últimos años, los diferentes ejércitos de Sudamérica han mostrado un creciente interés en re-equipar a sus unidades con nuevas plataformas blindadas conocidas en nuestro ámbito como Vehículos de Combate Blindados a Rueda, o por su acrónimo, VCBR. Se trata de sistemas que históricamente han partido del concepto de blindados destinados principalmente al transporte de tropas, pero que con el tiempo han evolucionado en los aspectos técnicos y operacionales con el fin de brindar un mayor abanico de capacidades a los estrategas. El siguiente artículo propone por tanto un breve repaso sobre el concepto de VCBR, las realidades actuales de estos sistemas en los principales países de la región, sus orígenes, capacidades y también sobre los programas de modernización en curso. 

Stryker - Ejército Argentino - Zona Militar
Stryker – Ejército Argentino – Zona Militar

Sentando algunas bases conceptuales

Previo a realizar un abordaje por casos particulares, resulta de suma utilidad poner en común a qué nos referimos al hablar de un VCBR, diferenciándolos de otros tipos de plataformas terrestres presentes en los inventarios de cada país. En ese sentido, podemos afirmar que se trata de un sistema blindado sobre ruedas generalmente en configuraciones 6×6 y 8×8, el cuál presenta la capacidad de cumplir diversas funciones. El transporte de tropas ya ha sido mencionado, pero también ha de considerarse su participación en tareas de reconocimiento y apoyo de fuego para unidades de infantería, como así también en evacuaciones médicas de emergencia o como puestos de mando y control en el terreno.

Agregado a ello, debemos considerar que el hecho de que cuenten con ruedas les brinda una importante ventaja en materia de velocidad, flexibilidad y logística que sus contrapartes a oruga, lo que se traduce en mayores capacidades de despliegue y menores requerimientos para llevar a cabo su mantenimiento en el tiempo; datos no menores en las consideraciones de la región a la hora de invertir en un nuevo sistema.

Por otra parte, si bien presentan una estabilidad menor que los modelos a oruga, teniendo un impacto a la hora de operar con armas de gran calibre para operaciones ofensivas, lo cierto es que el concepto VCBR ha dado sobradas muestras de su capacidad para integrar diversos tipos de armamentos para convertirlos en una alternativa versátil. Desde cañones principales de calibre 120 mm, pasando por torretas de 30 y 25 mm, hasta ametralladoras de 7.62 mm, hay gran variedad de opciones para elegir. 

Los nuevos VCBR de la Argentina

El primero de los casos analizados, tenemos al Ejército Argentino y su más reciente adquisición, los 8×8 M1126 Stryker adquiridos a los EE.UU. tras un largo proceso plagado de idas y vueltas generalmente causadas por la siempre cambiante postura política adoptada sobre los diferentes países que ofrecían sus respectivos modelos; tendencia también observada en otros programas de reequipamiento país. Hablamos de un proceso en el que se evaluaron sistemas tales como los VN-1 (ZBL-09) de la empresa china Norinco, el Pandur II de Excalibur/GDELS impuslado por Israel y los Iveco Guaraní fabricados en la vecina República Federativa de Brasil; por los que incluso el gobierno argentino llegó a firmar una Carta de Intención.

Se trata de un proceso de incorporación que todavía está en curso, siendo recibidas las cuatro primeras unidades durante el pasado mes de diciembre (a casi cinco años de la solicitud correspondiente al Departamento de Estado), mismas con las que comenzará a conformarse la tan deseada Brigada Mecanizada a Rueda en la institución; para lo cuál se apunta a sumar más de 200 ejemplares. El componente político, con lo que es una explícita alineación de la actual administración con los EE.UU, también fue un factor determinante para su elección.  

Stryker - Ejército Argentino - Zona Militar
Stryker – Ejército Argentino – Zona Militar

Ello no quita que, aún cuando no se trate de los VCBR más modernos disponibles en el mercado, sean plataformas sumamente capaces y de eficacia comprobada en el combate; con participación en escenarios como Afganistán, Siria e Irak, entre otros. Hablamos además de un diseño que cuenta con una familia de 27 modelos desde su lanzamiento, siendo aquellos recibidos por el Ejército Argentino pertenecientes a la variante 8×8 M1126 ICV para transporte de tropa, caracterizada por contar con espacio para cargar equipos de hasta nueve personas, además de motores Caterpillar C7 de 350HP, una suspensión hidroneumática independiente y blindaje de acero de alta dureza que brinda protección integral contra disparos de 7.62 mm y frontal contra disparos de 14.5 mm; capacidad potencialmente ampliable con la integración de placas cerámicas MEXAS 2C y complementada por protección NBQ.

Agregado a ello, es conocido que estos cuentan con un visor térmico AN/VAS-5 para el conductor que complementa a los tres periscopios M-17, mientras que el comandante dispone de la estación de armamento a control remoto Protector de la serie M151 equipada con un módulo de imagen termal. Se trata de un sistema compatible con armamentos tales como las ametralladoras M2 de 12,7mm, o una FN MAG/M240 o un lanzagranadas automático de 40mm MK19.

Si pensamos en velocidad, cada ejemplar es capaz de alcanzar la marca de 101 km/h, mientras que desde el aspecto de la autonomía hablamos de valores entre los 450 y 500 kilómetros; ambas mediciones tomadas en ruta. En términos de dimensiones, los Stryker presentan un largo de 7,31 metros, un ancho de 2,87 metros y un alto de 2,69 metros, mientras que su capacidad de vadeo se sitúa en torno a los 1.3 metros. 

Brasil y sus robustas capacidades acompañadas de un proyecto industrial estratégico

Pasando al abordaje del caso de Brasil, estamos frente al país con mayores capacidades en materia de VCBR en toda la región, valiéndose de dos modelos principales para equipar a las unidades blindadas del Ejército Brasileño. Particularmente, hablamos de los modelos 8×8 Centauro II BR producidos por el consorcio italiano Iveco-Oto Melara, como así también de los antes mencionados Iveco Guaraní.

En el primero de estos dos VCBR listados, resulta ineludible mencionar que se trata de una plataforma con considerable poder de fuego, observable sin lugar a dudas en su cañón estabilizado L45 de 120 mm. Su recepción por parte de la citada institución comenzó en el año 2024, momento en el que Brasilia avanzó en la incorporación de un lote compuesto por dos unidades que fueron sometidas a evaluaciones técnico-operativas para garantizar las prestaciones indicadas por el fabricante, paso previo a la compra de una flota de 96 ejemplares adicionales; recibidas a partir de mayo del 2025 por el Escuadrón de Caballería Mecanizada. De esta manera el Ejército Brasileño pudo dar inicio el proceso para reemplazar a sus ya anticuados sistemas EE-9 Cascavel, mismos que prestaban servicio desde la década del 70.

Repasando brevemente sus cualidades, de las que ya hemos mencionado su potente cañón de 120 mm con alcance de hasta 4 kilómetros, podemos afirmar que también disponen de dos ametralladoras de 7,62 mm (coaxial y antiaérea) y lanzagranadas. Además, es conocido que cuentan con avanzados sistemas de puntería, control de tiro y comunicaciones, mientras que su sistema de control de presión de neumáticos que le confiere gran movilidad sobre distintos tipos de terreno; siendo situada su autonomía en unos 800 kilómetros. 

En el caso de los Iveco Guaraní, estamos frente a una plataforma que comenzó a ser sumada a las filas brasileñas a partir del año 2012 con el fin de sustituir a los modelos EE-11 Urutu y EE-9 Cascavel, nucleando a fechas actuales una flota que supera las 700 unidades entregadas. Se trata de un sistema caracterizado entre otras cosas por la capacidad de integrarles ametralladoras manejadas a control remoto calibre 7.62 o 12.7 mm y un lanzagranadas de 40 mm (mientras que se realizaron avances en el desarrollo e incorporación de la nueva torreta UT-30BR y su cañón ATK Bushmaster MK44 de 30 mm) además de contar con un diseño en forma de “V” que le brinda una mejor protección contra minas terrestres.  

Más allá del aspecto técnico, y para darle un mayor sentido al subtítulo elegido, ha de mencionarse también que el Guaraní se ha convertido en una importante baza estratégica para la industria militar brasileña; contribuyendo con ello a la generación de empleo, ingresos por exportaciones y también a la consolidación de capacidades autóctonas. A modo de ejemplo ilustrativo, resulta de utilidad recordar el caso de Filipinas y su compra de 28 unidades a pesar de un veto alemán basado en denuncias por violaciones de derechos humanos, para lo cuál Brasil trabajó en la sustitución de componentes mediante acuerdos con la industria local.  

Chile entre la incorporación de los LAV III y la necesidad de reemplazar los Mowag Piraña

Abocándose al caso de Chile, es posible denotar una interesante particularidad, a saber: la incorporación de un lote de VCBR específicamente destinados a la Armada del país. En particular, nos referimos al modelo LAV III otrora operado por las Fuerzas Armadas de Nueva Zelanda, que a cambio de unos USD 19,85 millones por un lote de 22 unidades provenientes de su flota compuesta originalmente por 105, ahora equipa a la Infantería de Marina chilena. 

Chilean Marines prepare to conduct a live fire range in Light Armored Vehicles, at the Expeditionary Advanced Base North, on Sept. 5, 2024, in Puerto Aldea, Chile, while participating in Exercise UNITAS LXV. The live fire range is meant for U.S. Marine Corps Forces and Chilean Marines to demonstrate their combat capabilities and learn from each other. UNITAS, which is Latin for “unity,” was conceived in 1959 and has taken place annually since it was first conducted in 1960. This year marks the 65th iteration of the world’s longest-running annual multinational maritime exercise. (U. S. Marine Corps photo by Lance Cpl. Payton Goodrich)

Ampliando en algunos detalles, podemos mencionar que se trata de vehículos incorporados a partir del año 2003 por el usuario original, donde los LAV III pasaron a ser conocidos como NZLAV. Su fabricación tuvo lugar en Canadá, en plantas de General Dynamics Land Systems, empresa que detalla un equipamiento una torre que porta como armamento principal un cañón M242 Bushmaster de 25 mm, junto a una ametralladora coaxial de MAG-58 de 7.62mm; siendo complementados por dos lanzadores de granadas de humo de 76 mm. Cuentan además con una probada capacidad en combate, especialmente en operaciones llevadas a cabo en Afganistán por parte del país Oceánico, donde incluso llegó a perderse una unidad y muchas otras sufrieron ataques con explosivos improvisados. 

Su arribo a manos del país andino, fue posible gracias a una evaluación realizada por el gobierno neozelandés en el año 2012, donde se llegó a la conclusión que el número de VCBR en manos de las fuerzas locales excedía los requerimientos estratégicos establecidos; lo que abrió la puerta a la venta de ejemplares hacia socios interesados. En aquel punto, se estimó que unos 20 vehículos estarían alcanzados por dicha consideración, valor que sin embargo se amplió en otros 10 ejemplares para el año 2019. 

Por otro lado, resulta importante destacar que el Ejército de Chile también cuenta con su propia flota de VCBR, compuesta en este caso por los modelos 6×6 Mowag Piraña I. Se trata de ejemplares fabricados localmente bajo licencia por las empresas Cardoen y FAMAE, con más de 200 ejemplares en manos de los diferentes Regimientos de Caballería Blindada de la mencionada institución. 

Durante sus más de cuatro décadas en servicio, lo que torna necesario pensar en un reemplazo en el corto plazo, el blindado ha fungido en diversas funciones que incluyen: vehículo para el transporte de tropas, portamorteros (equipados con sistemas de 120 mm), defensa antiaérea (con dos cañones de 20 mm), anti-blindado (con un cañón Oerlikon de 25 mm), ambulancia y puesto comando. Además, a los fines de extender su vida útil, ha de resaltarse que los Mowag Piraña I fueron sometidos a programas de modernización tales como el llamado Huracán III; donde la remotorización de unidades fue una de las principales bazas.

Colombia y una adquisición plagada de polémicas

Como hemos mencionado en el caso argentino, ocurre frecuentemente que las compras de nuevos sistemas para equipar a las Fuerzas Armadas destacan tanto o más por la polémica en torno a ellas que por la llegada de estos al país y por su consecuente impacto en las capacidades para garantizar su defensa. Ese sin dudas ha sido el caso de los VCBR 8×8 LAV III con los que a día de hoy opera el Ejército Colombiano, cuyo proceso contractual fue iniciado durante el día 30 de diciembre de 2022.

Requiriendo una inversión superior a los 300 millones de dólares para llevarla a cabo, se trató de una operación que destacó por ser sometida a una extensa investigación por parte de la Fiscalía General de la Nación, con reportes diversos que indicaban sobrecostes y falta de transparencia en materia del proceso de selección; frente a la posibilidad de sumar una mayor cantidad de VCBR por el mismo monto o modelos de mayores capacidades tecnológicas. En términos concretos, ello se tradujo en citaciones varias para el entonces ministro de Defensa, Iván Velazquez, al igual que para un amplio número de autoridades de la cartera ligadas al proyecto.  

Planteando brevemente algunos de los puntos señalados por aquel entonces, resulta de utilidad recordar que los blindados se compraron con un coste unitario de 5.54 millones de dólares, lo que en comparación a aquellos LAV III incorporados hace poco más una década resaltaba a la vista; 2,62 millones de dólares por blindado. Fortaleciendo las sospechas, se ha de considerar la compra realizada por Chile de vehículos de segunda mano con un valor por unidad de 900 mil dólares, lo que fue visto como un cuestionable uso de los recursos por parte de Bogotá. 

En suma, ha de considerarse que Colombia dispone de una flota propia de vehículos del tipo Textron M1117 4×4, un transporte de tropas con prestaciones similares al LAV III en materia de la cantidad de soldados que es capaz de transportar, blindaje y experiencia probada en combate. Hablamos de un modelo originalmente adquirido en el año 2011, con 67 unidades entregadas hasta el 2016, a las cuáles se les sumaron otras 145 usadas que fueron adquiridas a los EE.UU. con costes considerablemente inferiores.  

Créditos Ministerio de Defensa de Colombia / Ejército Colombiano

Más aún, dado el uso que se ha dado a los VCBR en tareas de combate contra grupos insurgentes, la cuestión resulta aún más problemática al considerar la existencia de opciones más económicas e igualmente adecuadas desde el aspecto técnico. En detalle, debe tenerse en cuenta la fabricación local de los vehículos de la familia Hunter y Titán, los cuáles ya eran un diseño probado en el Ejército de Colombia y presentaban un coste de tan sólo 500 mil dólares por unidad; compensado parcialmente por el impulso que representa para la industria local. En números sencillos, esto significa que un LAV III requería prácticamente la misma erogación de fondos que 10 Titán.

Perú haciendo gala de su vínculo con Corea del Sur

Finalmente, cabe considerar el caso de Perú y lo que se perfila como una importante adquisición de VCBR al que viene configurándose como su principal socio en materia de venta de armamento: Corea del Sur. En detalle, Lima ha cerrado acuerdo marco con la empresa Hyundai Rotem para allanar el camino a la incorporación de 141 VCBR K808 White Tiger; además de 54 nuevos tanques K2 Black Panther para reforzar aún más a su Ejército. Para Seúl, esta sería la venta más importante de blindados a un cliente regional, dato que da cuenta del estrecho vínculo que une a ambos países.

Aún cuando se trata de una adquisición que no ha sido concretada, también ha de estudiarse no sólo desde el aspecto técnico, sino que también desde su componente industrial dado el impacto favorable que la operación tendría para el país. Esto en tanto la mencionada empresa surcoreana ya ha dado a conocer su predisposición a instalar una planta de ensamblaje dentro de fronteras peruanas durante el foroLa Industria de la Defensa como Política de Estado”, con el cuál se garantizaría también el mantenimiento de los blindados adquiridos, además de nuevos puestos de trabajo por más de una década.  

En términos de capacidades actuales, ha de destacarse que el país dispone de una flota de VCBR modelos LAV II 8×8 Caimán para equipar a sus unidades de infantería de marina, siendo las dos primeras unidades entregadas a la Brigada Expedicionaria Anfibia en el año 2015; lo que ponía en marcha las entregas de hasta 32 ejemplares que fueron adquiridos a la Corporación Canadiense de Comercio a cambio de una inversión que giró en torno a los 67 millones de dólares. Desde entonces, han tenido participación activa en diversos tipos de actividades, incluyendo los ejercicios RIMPAC y UNITAS, entre otros.  

Particularmente, este lote de blindados pertenece a la variante APC, la cuál se caracteriza por facilitar el transporte de equipos compuestos por hasta ocho efectivos además de los dos tripulantes necesarios para operarlos. Además es conocido que al momento de ser adquiridos, el acuerdo alcanzado por Lima establecía la división de estos 32 vehículos en dos grandes grupos, a saber: 24 de ellos equipados con ametralladoras M-2HB QCB calibre 12.7 mm y los 8 restantes con lanzagranadas MK-19 de 40 mm. 

Por último, no debe dejar de mencionarse la existencia de una flota ya reducida de vehículos BMR-600 en el inventario de la Marina de Guerra del Perú, misma que comenzó a incorporar a partir de la década del 80’ hasta completar las 24 unidades. Con el pasar del tiempo, los reportes indicaron que la flota se vio reducida hasta tan sólo unos 16 blindados para el año 2014, registrándose donaciones de ejemplares a la Policía Nacional. Mientras que en 2023 los trabajos de puesta a punto, de cara a su envío a la misión de paz de Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA), sólo 6 unidades fueron alcanzadas. 

*Imágenes empleadas a modo ilustrativo

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