En uno de los entornos más hostiles y aislados del planeta, donde las decisiones deben tomarse con precisión absoluta y los errores no tienen margen, la coordinación se transforma en un factor estratégico. Así quedó demostrado durante la más reciente Campaña Antártica desarrollada en la Estación Polar Científica Conjunta Glaciar Unión, donde el Puesto de Mando Conjunto desempeñó un papel fundamental para el éxito de la operación.
Desde Punta Arenas, en el Departamento Antártico de la IVª Brigada Aérea, este centro neurálgico articuló el despliegue humano y logístico de una de las campañas más exigentes del año, coordinando el movimiento de más de 30 toneladas de carga y un total de 32 operaciones terrestres y aéreas en pleno Círculo Polar Antártico.

Aunque a más de 1.100 kilómetros del Polo Sur, el Puesto de Mando Conjunto funcionó como el cerebro de la campaña. Integrado por personal del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea de Chile y la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), este equipo tuvo la misión de liderar, controlar y sincronizar cada fase de la operación: apertura, funcionamiento y repliegue de la estación.
La distancia y las condiciones extremas convierten cada tarea en un desafío logístico de alta complejidad. Por ello, la planificación detallada y la coordinación interinstitucional resultaron determinantes para garantizar la seguridad del personal y la continuidad de las actividades científicas y operativas.
Trabajo en células: orden, control y eficiencia
Para enfrentar esta tarea, el Puesto de Mando estructuró sus funciones en distintas células de trabajo, permitiendo un control integral de la operación. Estas células se encargaron del registro y seguimiento del personal desplegado, la verificación permanente de su estado de salud y bienestar, la administración de alimentación, agua y combustible, así como del manejo de cargas y documentación operativa.
A ello se sumó la sincronización de las comunicaciones, vital en un entorno donde una falla puede significar el aislamiento total, y el monitoreo constante de las operaciones terrestres y aéreas. En paralelo, el análisis meteorológico cumplió un rol crítico, entregando información clave para la toma de decisiones en un escenario donde el clima puede cambiar de forma abrupta.
Durante la campaña, se ejecutaron 26 operaciones terrestres y 6 misiones aéreas, todas orientadas a apoyar la investigación científica, el reconocimiento del territorio antártico y la preparación operativa del personal militar. En total, se movilizaron cerca de 30 toneladas de carga, tanto para el abastecimiento como para el retiro de materiales desde la estación.
Estas cifras no solo reflejan el volumen del esfuerzo logístico, sino también el nivel de coordinación requerido para operar de manera segura y eficiente en uno de los escenarios más extremos del planeta.
El Jefe del Puesto de Mando de Glaciar Unión destacó que uno de los principales valores de la campaña es la información recopilada. Cada dato operativo —desde consumo de combustible hasta zonas más seguras para operaciones aéreas y terrestres— será analizado con el objetivo de optimizar las futuras campañas.
Este enfoque permite proyectar con mayor precisión las necesidades logísticas, mejorar los sistemas de abastecimiento y reforzar la seguridad de las operaciones, consolidando una experiencia acumulativa clave para la presencia nacional en la Antártica.
Más que logística: soberanía, ciencia y proyección estratégica
La Campaña Antártica en Glaciar Unión no es solo un esfuerzo operativo. Representa una manifestación concreta del compromiso del Estado con la investigación científica, la cooperación interinstitucional y la proyección estratégica en el continente blanco. En ese contexto, el Puesto de Mando Conjunto se consolida como una herramienta esencial para transformar planificación en resultados.
Lejos del hielo, pero conectado a cada decisión crítica, este centro de operaciones demostró que la coordinación conjunta es tan importante como los medios desplegados sobre el terreno. En la Antártica, donde todo cuenta, el trabajo silencioso del Puesto de Mando marca la diferencia entre una misión cumplida y una oportunidad perdida.
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