Con la presentación del avión de instrucción ENAER T-40 Newen, una de las principales atracciones de FIDAE 2026 y uno de los hitos más relevantes de la actualidad aeronáutica de Chile, junto con la proyección de desarrollo de un nuevo turbohélice, la industria aeronáutica nacional vuelve a posicionarse en una senda de crecimiento sostenido. Este proceso combina la incorporación de capacidades de instrucción modernas con una estrategia de continuidad industrial que avanza de manera gradual pero firme.

Este impulso no solo responde a las necesidades de la Fuerza Aérea de Chile, sino que también integra requerimientos de otras fuerzas, como la Armada de Chile, al tiempo que abre la puerta a futuras oportunidades de exportación. La reciente introducción del T-40 Newen marca un punto de inflexión para ENAER, al retomar el diseño y producción de aeronaves tras décadas desde el desarrollo del T-35 Pillán. El nuevo entrenador está destinado a reemplazar a este histórico modelo dentro del esquema de formación de pilotos militares, con un horizonte que contempla su entrada en servicio progresiva y la consolidación de una flota completa hacia comienzos de la próxima década.
Más allá de la aeronave en sí, uno de los aspectos centrales del programa radica en su concepción como un sistema integral de instrucción. En este sentido, DTS, filial de ENAER, cumple un rol clave en la integración de capacidades tecnológicas. Tal como explicó su gerente general, Roberto Avendaño, “el proyecto Newen […] tiene que ver con un sistema de instrucción, donde el avión es uno de los componentes, porque este sistema de instrucción está centrado en lo más importante, el alumno piloto”. Esta visión incorpora simuladores, sistemas de planificación de misión, herramientas de debriefing y entornos de realidad virtual, optimizando tanto la formación de pilotos como la del personal técnico de mantenimiento y apoyo.
En línea con esta arquitectura, el desarrollo del T-40 no solo apunta a reemplazar al T-35 Pillán, sino a mejorar la eficiencia y calidad del entrenamiento. El ecosistema diseñado permite acompañar al piloto desde sus primeras horas hasta su transición a plataformas más complejas, reduciendo brechas tecnológicas y operativas. De este modo, el entrenador se integra como el primer escalón de una cadena formativa más amplia y coherente.
Paralelamente, la compañía avanza en la proyección de un nuevo avión turbohélice, cuyo estudio de diseño comenzará en el corto plazo. Según detalló el director ejecutivo de ENAER, Henry Cleveland Cartes, “iniciaremos el estudio de diseño de un nuevo avión turbohélice de mayores prestaciones que el T-40 Newén y de sus sistemas periféricos asociados”. Este proyecto se inscribe dentro de un programa más amplio orientado a sostener el desarrollo tecnológico y productivo de la industria aeronáutica chilena.

El nuevo turbohélice surge además de acuerdos y cartas de intención firmadas entre la Fuerza Aérea, la Armada de Chile y ENAER, lo que evidencia un enfoque conjunto en la definición de requerimientos. En particular, se contempla que esta aeronave pueda responder a necesidades específicas de la Armada, incluyendo el eventual reemplazo de sus aeronaves Pilatus PC-7, al tiempo que se integraría también a la estructura formativa de la Fuerza Aérea.
Respecto de su rol operativo, el futuro avión ocuparía un segmento intermedio dentro del esquema de instrucción. De acuerdo con lo señalado en las entrevistas, se ubicaría entre el T-40 Newen y aeronaves de mayor desempeño como el Embraer EMB 314 Super Tucano, configurando una progresión más escalonada y eficiente. Este enfoque busca evitar largos períodos sin renovación tecnológica, como ocurrió entre el Pillán y el Newen, apostando a un modelo de desarrollo continuo.

Finalmente, el programa contempla que, al igual que el T-40, el nuevo turbohélice sea concebido desde una lógica integral que incluya sistemas de entrenamiento asociados. Desde DTS ya se proyecta su participación en este ámbito, aportando capacidades en simulación e instrucción. Con estos proyectos, ENAER no solo apunta a desarrollar aeronaves, sino a consolidar un ecosistema completo que garantice autonomía tecnológica, proyección internacional y una evolución sostenida de la aviación militar chilena.
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