El gobierno español se reafirmó en su posición de “no a la guerra” con una nueva prohibición a los Estados Unidos, impidiendo ahora sobrevolar el cielo español a las aeronaves militares de la Fuerza Aérea de EE.UU. que participen en los ataques a Irán.
La decisión amplía el bloqueo que Madrid ya había impuesto semanas atrás sobre las bases de Rota y Morón, dos enclaves estratégicos para el tránsito militar estadounidense entre el Atlántico, el Mediterráneo y Oriente Medio. Ahora, además de negar el empleo de esas instalaciones para acciones ofensivas, España cierra también una de las rutas aéreas más útiles para el movimiento de medios hacia el este, obligando a replantear itinerarios logísticos.

Según las informaciones publicadas este lunes 30 de marzo, la restricción afecta a aeronaves militares relacionadas con la guerra, incluidas aquellas que despeguen desde otras bases aliadas en Europa y necesiten atravesar el espacio aéreo español rumbo a la región. La única salvedad contemplada serían las emergencias. En la práctica, la medida no toca el tráfico civil pero sí dificulta la libertad de maniobra de la que Estados Unidos ha disfrutado en el flanco sur europeo.
A principios de marzo, después de que España negara el uso de Rota y Morón para ataques contra Irán, al menos 15 aeronaves estadounidenses abandonaron esas instalaciones. Entre ellas había aparatos de reabastecimiento KC-135, esenciales para sostener operaciones aéreas a larga distancia. Aquella salida ya anticipaba que Madrid no estaba dispuesto a que su territorio funcionara como plataforma de apoyo para una guerra que considera ajena a sus compromisos y carente de una cobertura legal suficiente.
La tensión ha sido aún más visible por el valor geoestratégico de la base de Morón de Sevilla. El medio El País aseguró que Washington llegó a explorar la posibilidad de desplegar allí bombarderos B-52H y B-1B, aunque finalmente esa opción no se ejecutó. Estados Unidos ha tenido que buscar alternativas en países como el Reino Unido y Francia, una señal de que la negativa española tiene consecuencias concretas sobre la arquitectura logística de la operación Epic Fury.

Pedro Sánchez ha descrito la guerra como “ilegal” e “injusta”, mientras que la ministra de Defensa la calificó de “profundamente ilegal”. El ministro Carlos Cuerpo defendió, en la misma línea, que España no va a “participar ni contribuir” a una campaña que el Ejecutivo interpreta como una acción unilateral fuera del marco del derecho internacional.
Con este movimiento España asume el riesgo de un nuevo roce con Washington, pero también marca una posición propia dentro del bloque occidental que cada vez parece ser más respetada. Políticos europeos como Tino Chrupalla, portavoz federal de AfD, han elogiado la decisión soberana de España.
Madrid mantiene sus compromisos con la OTAN, pero ha decidido que ni Rota, ni Morón, ni el espacio aéreo español sirvan de trampolín para la guerra contra Irán. En plena escalada regional, el mensaje es inequívoco: el territorio español no será parte de esa operación.
*Fotografías empleadas a modo de ilustración.
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