Estados Unidos, en especial su Armada, viene ensayando una idea que, hasta hace poco, parecía más propia de un laboratorio que de una cubierta de vuelo: llevar defensas antimisil terrestres a buques livianos y hacerlo de manera rápida, modular y “expedicionaria”. En agosto de 2025, Lockheed Martin realizó una demostración que integró un lanzador M903 Patriot en el USS Montgomery (LCS 8), un Littoral Combat Ship clase Independence, para exhibir conceptos de defensa aérea y antimisil desplegables a demanda en escenarios de alta amenaza.
El punto militar de la prueba no fue solamente “poner un Patriot en un barco”, sino mostrar un modelo de empleo: plataformas de alta velocidad que puedan moverse entre áreas de operación y servir como nodo móvil de defensa, especialmente en teatros donde la amenaza de misiles y drones obliga a dispersar fuerzas. En el caso presentado, el lanzador M903 estaba armado con misiles PAC-3 MSE, el interceptor que Estados Unidos viene desplegando para enfrentar amenazas de alta complejidad dentro de la familia Patriot y que también está siendo observado por la US Navy en términos de integración con su ecosistema naval.

La demostración de un buque de la marina de los Estados Unidos con el complejo sistema Patriot no aparece aislada: se conecta con el despliegue previo del Mk 70 Payload Delivery System, un lanzador containerizado de Lockheed Martin que adapta la tecnología del Mk 41 VLS —usada en destructores y cruceros— a un formato transportable y reubicable. En la práctica, este enfoque permite “subirle” capacidades antimisil de alta performance y alcance a plataformas que originalmente no la tenían, ampliando opciones para defensa aérea de largo alcance, defensa antimisil e incluso ataque de precisión, dependiendo de la munición integrada.
En el Indo-Pacífico, donde China apuesta a saturar defensas con ataques en oleadas, la modularidad puede convertirse en un multiplicador: no se trata solo de tener interceptores, sino de multiplicar puntos de fuego, complicar la planificación adversaria y mover capacidades rápidamente para evitar que sean destruidas en el primer golpe. Por eso el actual despliegue del sistema PAC-3 dentro del concepto del Typhon busca generar una situación donde la posible amenaza de un ataque de saturación pueda ser contrarestada incluso bajo fuego de misiles balísticos e hipersónicos. En esa sintonía, Estados Unidos esta apostando a la defensa del pacifico dentro de un enfoque multiple: múltiples sistemas, múltiples municiones, múltiples ubicaciones posibles.
La pasada prueba en el USS Montgomery también expuso un cambio de mentalidad: integrar “lo disponible” antes que esperar plataformas futuras. En el lenguaje de combate, es una respuesta directa a un entorno en el que misiles balísticos, vectores hipersónicos y drones obligan a acortar ciclos de desarrollo y a buscar soluciones que puedan desplegarse rápido, con logística simple y costos controlados. Y, aunque aún se trata de demostraciones y campañas de evaluación, el hecho de ver un Patriot embarcado y un VLS “containerizado” en buques livianos muestra hacia dónde se mueve el esfuerzo estadounidense: una defensa antimisil más distribuida, adaptable y difícil de saturar.
A razón de los beneficios que parece ofrecer este esquema de defensa, que tiene un efecto economizador de capacidades al poder implementar un sistema antibalístico en plataformas que no las integran, Estados Unidos parece continuar buscando desplegar estos sistemas en el Pacifico, integrando de esta forma una linea de defensa de activos estratégicos que contempla múltiples plataformas, con múltiples municiones.
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