La relación de cooperación militar entre los gobiernos los Estados Unidos y Japón atraviesa un momento de silenciosa tensión pero significativa. En un contexto regional marcado por el incremento de la actividad y capacidades militares de las Fuerzas Armada de China y Corea del Norte, Tokio se encuentra enfrentando demoras sustanciales en la recepción de armamento y equipamiento militar adquirido a Washington, con entregas pendientes que alcanzan un valor cercano a los US$ 6.900 mi millones, según revelaron diversos reportes oficiales emanados de la cartera de defensa nipona.

En base a auditorias parlamentarias que adquirieron estado público días atrás, las Fuerzas de Autodefensa de Japón se han visto afectadas por retrasos en la entrega de equipamiento militar clave, repuestos y componentes críticos, incluyendo aquel asociado a aeronaves y plataformas para la realización de vitales tareas de vigilancia y plataformas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento en el litoral marítimo japones. Las demoras se encuentra impactando directamente en la planificación operativa y en los esfuerzos de modernización de capacidades militares que Japón viene impulsando en los últimos años.
Retrasos acumulados y problemas en la cadena de suministro

Los incovenientes estarían vinculados, en gran medida, a problemas estructurales en la industria de defensa estadounidense, que enfrenta cuellos de botella en la producción, limitaciones de personal calificado y una elevada demanda derivada tanto del reequipamiento interno como del apoyo militar a terceros países. A esto se suman las prioridades asignadas por Washington a otros compromisos estratégicos, particularmente en Europa y Medio Oriente.
Específicamente, entre los equipos afectados se mencionan componentes esenciales para aeronaves de patrulla marítima y plataformas de alerta temprana y control aerotransportado como los E-2D Advanced Hawkeye. En algunos casos, los retrasos superan ampliamente los plazos originalmente acordados en los contratos englobados dentro del Programa de Ventas Militares Extranjera (FMS).

Para el caso particular de los E-2D Advanced Hawkeye, se trata de la más moderna versión de la aeronave de alerta temprana embarcada desarrollada y producida por Northrop Grumman, y de la cual Japón es uno de sus futuros operadores internacionales. Tras la confirmación de la autorización del Departamento de Estado emitida en marzo de 2023, y tras confirmación de la asignación de contratos de producción por el Pentágono en 2024, Estados Unidos aún no ha concretado la entrega de los primeros ejemplares a las Fuerzas de Autodefensa de Japón, impactando en la renovación de este segmento de sus capacidades de vigilancia y alerta temprana en el Pacífico.
Impacto en la postura de Japón
Más allá de todo, estas demoras representan un desafío sensible para Japón, que en los últimos años ha incrementado de manera sostenida su presupuesto de defensa y ha acelerado la adquisición de capacidades destinadas a reforzar la disuasión en el Indo-Pacífico.
Si bien las autoridades japonesas no han cuestionado públicamente la alianza con Estados Unidos, los retrasos ponen de relieve las dependencia estructural de Japón respectos de proveedores estadounidenses para el sostenimiento de capacidades críticas, desde aeronaves y sistemas de defensa aérea hasta sensores y plataformas ISR.
Por último, esto no solo afecta a Japón. Diversos aliados y países socios de Estados Unidos han manifestado preocupaciones similares por demoras en la entrega de material militar, lo que abre interrogantes sobre la capacidad de la industria de defensa estadounidenses para responder simultáneamente a múltiples demandas estratégicas a gran escala.
*Fotografías empleadas a modo de ilustración.
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