Como parte de un nuevo paquete de asistencia militar, el gobierno de Noruega ha dado a conocer la decisión de financiar la compra de sistemas antiaéreos S-300 para posteriormente transferirlos a las Fuerzas Armadas de Ucrania, reforzando así su ya considerablemente exigida capacidad de responder a los ataques aéreos rusos. Tratándose de un armamento de origen soviético con varias décadas de antigüedad, no termina de quedar del todo claro cuál será la procedencia de aquellos que Oslo buscará adquirir con el presupuesto anunciado que se sitúa en torno a las 500 millones de coronas, siendo una de las posibles hipótesis que Kiev los esté desarrollando localmente.
Ampliando en detalles, cabe destacarse que esta novedad llegaría de la mano con lo que serían compras de municiones para los sistemas de defensa aérea ya empleados en la red de defensa ucraniana, como así también de cohetes para equipar a los cazas F-16 que fueron transferidos por los aliados occidentales a Kiev; tratándose específicamente de los APKWS II empleados en las misiones de derribo de drones enemigos. Al entender del gobierno noruego, todos estos ítems forman parte de aquello que más utilizan las tropas ucranianas en combate, y por tanto, de aquellas solicitudes con mayor grado de urgencia pesando sobre ellas.

Tal y como lo expresa el propio comunicado oficial emitido por Oslo: “La defensa aérea y la protección del espacio aéreo han sido durante mucho tiempo una de las principales necesidades militares de Ucrania y son importantes para la protección de la infraestructura militar y civil, así como de la población, incluyendo el suministro de energía. La defensa aérea es un área prioritaria del apoyo militar noruego a Ucrania.” En otro fragmento, se destaca que Noruega también aportó fondos para concretar la adquisición de sistemas de defensa aérea a través de la llamada Lista de Requisitos Priorizados de Ucrania (PURL), mientras que también ha llevado a cabo misiones de adiestramiento de efectivos ucranianos en el uso de sistemas NASAMS.
Adentrándonos mas específicamente en lo que representaría la llegada de nuevos S-300 a manos ucranianas, resulta útil recordar que estos sistemas constituían la columna vertebral de la defensa aérea del país al momento de iniciarse la guerra con Rusia en 2022, por lo que se trata de armamentos con los que ya se está familiarizado y disponible en mayor medida que otros modelos donados desde Occidente. Principalmente, Ucrania contaría con dos variantes del sistema pertenecientes a la serie P, a saber: los S-300PT que fueron adquiridos durante la década del 70′ y los S-300PS incorporados durante la década siguiente junto a mejoras en su movilidad; en menor medida existen ejemplares S-300V1.
En la actualidad, los analistas no cuentan con datos concretos respecto de cuántos sistemas S-300 quedan operativos en Ucrania, considerando especialmente que ya han transcurrido mas de tres años de hostilidades y que muchos de ellos han sido objetivo de ataques aéreos rusos. Previo al comienzo de la guerra, los reportes disponibles indican que los inventarios estaban compuestos por un número que giraba en torno a los 250 ejemplares, desconociéndose las cantidades de misiles disponibles para equiparlos.
Finalmente, abordando lo mencionado inicialmente sobre el origen de los sistemas que serían adquiridos por Noruega, ha de mencionarse que el único productor confirmado en la actualidad del S-300 es justamente Rusia, mientras que en los aliados de la OTAN existe un reducido club de naciones que contarían con estos. Este último es el caso de Bulgaria con un sistema S-300PMU, como así también el de Grecia con 12 unidades S-300PMU-1; el estado de dichos equipos también es desconocido actualmente. La alternativa restante, en base a recientes declaraciones de diseñadores ucranianos, es que el país esté dispuesta a fabricarlos localmente con apoyo financiero de sus aliados; incluso con cambios que permitan la integración de radares y misiles provenientes de estos países.
*Imágenes empleadas a modo ilustrativo
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