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Area Militar General
Malvinas 1982
Testimonios de los Protagonistas - Malvinas.
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<blockquote data-quote="Derruido" data-source="post: 92823" data-attributes="member: 30"><p>"Prefectura en Malvinas", Circulo de suboficiales de la Prefectura Naval Argentina </p><p></p><p>José Raúl Ibáñez Maquinista GC-83 “RIO IGUAZU”. </p><p></p><p>Nací en Libertador, Departamento Esquina, Provincia de Corrientes. Me crié ahí, en el campo. Y, como las cosas andaban a los tumbos, mis padres querían que entrara en Prefectura, porque yo tengo un tío en la Institución.</p><p>Una vez me vine a trabajar a Balcarce y mi tío me dijo que estaba abierta la inscripción para postularse a ingresar a Prefectura. El mismo envió por mí, el pedido de informes. A vuelta de correo me cursaron la aceptación. Así, ingresé a Prefectura y realicé los cursos que se dictaban por aquel entonces en el CIABA de Olivos, cuando tenía 21 años.</p><p>¡Yo de aquí ya no me muevo...! A veces mi señora me dice: ..,y si volvemos al campo?... Porque a mí me tira la tierra; pero aquí me siento bien.</p><p>Mi primer destino fue el GC-21 “LYNCH” y luego con el suboficial Bur y el cabo primero Gruber (que luego en Malvinas sería el encargado de máquinas del GC-82 “RIO IGUAZU”), pasamos a revistar en este último guardacostas, que sus propulsores por aquel entonces sólo tenían unas 8 horas de marcha.</p><p>Aunque fui de navegación, siempre presté servicio en máquinas. Ahora lo hago en el GC-27 “PREFECTO FIQUE”. A éste me lo conozco a ojos cerrados, porque lo ví nacer: yo formé parte de la tripulación que fue entrenada y lo trajo desde los Astilleros Bazán de España.</p><p>El 3 de abril mi turno entraba de guardia y nos enteramos que había posibilidades de zarpar con destino a las islas Malvinas. Por eso, como quien dice esta boca es mía, nos fuimos preparando. En verdad, el guardacostas estaba diez puntos, pero nosotros pensamos en la travesía y le hicimos un recorrido fino, empezando por el alistamiento, los repuestos. En una palabra, viendo todo lo que hacía falta o nos podía ser difícil de conseguir.</p><p>En la tarea me ayudó Julio Omar Benítez, con quien a pesar de que él era de Cubierta, siempre estabamos en máquinas.</p><p>Eramos muy amigos, tratábamos de aprender y ayudarnos entre todos; formábamos un equipo...</p><p>Pegamos una última revisada y zarpamos el 6 de abril.</p><p>En cada puerto que tocábamos, de la derrota trazada por el Capitán, nosotros hacíamos una revisación general, sea cambio de aceite, limpieza de filtros primarios. En fin, la cuestión es que anduvimos al pelo. Al zarpar de Ingeniero White el suboficial Jorge Armando Gruber -que revistaba como nuestro Encargado de Máquinas-, abordó junto con el subprefecto Cingolani el GC-82 “ISLAS MALVINAS”, a fin de apoyarlos porque se le plantaban los generadores.</p><p>Arribamos a Puerto Deseado y completamos combustible, más un tambor extra de 200 litros, por las dudas.</p><p>Al momento de la travesía, ya estaba declarado por el enemigo el bloqueo y, encima, sufrimos un temporal de aquellos... Era tan fuerte que nos quedaba una de las hélices afuera: cuando la de babor se hundía emergía la de estribor. Es una situación peligrosa porque se puede disparar el motor. Por eso, había que levantar los telecomandos sobre la banda que rolaba para que la hélice no se quedara sin agua.</p><p>Llegamos a las islas Malvinas con unos 800 litros de combustible, al límite. La verdad es que andábamos escasos en todo; pero, el guardacostas res*pondió, que era lo que más nos enorgullecía.</p><p>En esos momentos apoyamos al GC-82 “ISLAS MALVINAS”, porque se purgaban los motores y -posteriormente-, chequeamos combustible y nos pusimos a seguir escrupulosamente la rutina de alistamiento punto por punto.</p><p>Luego, pasamos a cumplir las órdenes de zarpada. Vivíamos navegando. Y, todas fueron misiones riesgosas; yendo de un lado a otro de las Islas, transportando provisiones, armamento o a los comandos tanto de la Armada como del Ejército.</p><p>Navegábamos por zonas minadas, pero confiados. Para mi modo de ver, creo que la misión que se nos encomendó en la isla de los Leones fue real*mente muy riesgosa; porque íbamos al palo entre abastecimientos y perso*nal y -por otra parte-, muy expuestos al fuego enemigo.</p><p>Pero, fuera como fuera la tarea encomendada, apenas arribábamos a Puerto Argentino, le pegábamos una recorrida al barco. Teníamos una ventaja: tanto él como nosotros éramos “nuevos”, así que estábamos al pelo...</p><p>Como lugar seguro, sólo teníamos el amarradero, porque los ingleses nos cañoneaban hasta unos 400 metros. A ellos les preocupaba que naveguemos, no que estuviéramos amarrados.</p><p>Porque nuestra navegación significaba abastecimiento de las posiciones de los comandos, pues éramos no sólo una fuente segura sino támbién presen*cia efectiva y confiable.</p><p>Cuando fondeábamos en Puerto Argentino, aprovechábamos para enviar algunos telegramas a nuestras familias; pero, luego por el propio desarrollo de los acontecimientos esta ventaja se fue restringiendo.</p><p>Mi puesto de combate era la sala de Máquinas. Benítez era de Cubierta y el encargado de una ametralladora. Benítez y Bengochea (Carlos Alberto), eran los armeros y cada vez que tocábamos puerto se la pasaban lustrando la ametralladora. Ellos me ayudaban a mí y yo a ellos. Nuestra experiencia se fue haciendo con el tiempo, con el convivir a bordo. Por suerte, siempre tuve jefes que me supieron enseñar y mi propia voluntad en querer aprender. Para mí, aprender es parte de todas las cosas...</p><p>El 22 de mayo nos aprestamos a transportar los cañones de 105 mm OTTO MELARA y los servidores de esas piezas de artillería, unos 19 hombres de Ejército.</p><p>Estos cañones pesaban un infierno. Los ingleses ya habían desembarcado en el estrecho de San Carlos y empezaban a “apretar”. Había mucha expectativa por esta circunstancia; razón por la cual se nos ordenó zarpar de madrugada. Ibarnos al mango y con mar gruesa.</p><p>La navegación fue muy movida y al arribar al seno de Choiseul recibimos la alarma. Estábamos en el cambio de guardia, por eso nos encontró a todos en alarma de combate, cubriendo cada uno su posición. Yo me largué a la sala de Máquinas.</p><p>Con la primera pasada de la aviación enemiga me entró un cohete que voló el tablero de cargar baterías, golpeó en el banco de trabajo y parte de un generador, pasó detrás de los dos motores propulsores y se metió entre los motores principales y los generadores, a babor de la escalera. Me abrió un rumbo por donde entraba el agua en tal cantidad que golpeaba en el cieloraso de la sala de Máquinas. ¡Era impresionante...! puse las dos bombas a achicar pero, no daban abasto. ¡El ruido era terrible...!</p><p>Por el intercomunicador impuse al Capitán de la situación, de que no daba abasto con el achique y que era muy posible que hubiera otros impactos, porque el guardacostas se me apopaba mucho. </p><p>El Capitán me ordenó abandonar la sala de Máquinas y cuando salí me encontré con Baccaro y Bengochea arrastrándose por la cubierta y a Benítez caído al pie de su ametralladora. </p><p></p><p>Traté de ayudar como pude mientras sentía la metralla pegando por todos lados y Bengochea que me gritaba: “hacelo m..., c...”. </p><p>Tomé la ametralladora, levanté la vista y vi que un avión entró en picada por popa, se enfiló y ahí empecé a tirar, un poco adelante para que se trague la cortina de balas. El también empezó a tirar y al pasar encima mío veo que tira humo perdiendo altura... </p><p>Al momento el Capitán, para eludir las ráfagas enemigas puso las máquinas al taco y así me quedé sin ángulo. Nos tiramos sobre la costa y creo que el avión golpeado fue el mismo que nos tiró una ráfaga sobre la costa. De inmediato ayudamos a los heridos. El oficial principal Gabino González tenía una esquirla en la rodilla, pero se podía mover. </p><p>Los muchachos de Ejército no reaccionaban... No sé como se salvaron. Porque ellos iban en la cubierta al lado del mamparo de escape. Cinco de ellos iban acurrucados ahí.</p><p>El bote estaba cortado con la metralla de 30 mm de los SEA HARRIER, las balsas estaban inservibles. A uno de los soldados, una esquirla le entró por debajo de su hombrera y se le quedó a un par de milímetros de la aorta. En el pañol de cubierta -donde estaban los hombres-, entraba mucha agua. Pero, todo esto lo fuimos viendo un poco después. </p><p>A los heridos se les puso suero prestándoles las primeras atenciones mientras se pedía apoyo. El cabo segundo Domingo Vera operó la radio mochila intentando comunicarse con Darwin.</p><p></p><p>Mientras tanto, volvimos abordo, a fin de abastecernos de medicamentos, provisiones y frazadas. El GC-83, estaba encallado, destruidas sus máquinas y volado su generador, incluído su tablero eléctrico. Luego, fuimos a buscar a Benítez....</p><p>Al anochecer se pudo evacuar a parte de la tripulación y a los camaradas de Ejército. En tierra quedamos cinco hombres nuestros y siete de ellos, y recién al atardecer del día siguiente pudimos evacuar la posición. Nos dió una gran alegría encontrarnos con los compañeros. Estábamos muy preocupados porque teníamos información del cañoneo inglés a un transporte naval propio.</p><p>Mientras esperábamos nuestra evacuación nos cubrimos con unas frazadas y aguantamos como pudimos la nevada. Realmente, hacía un frío</p><p>de pelarse... Al día siguiente, cruzaron aviones nuestros y también ingleses y al atardecer pudimos ser rescatados. </p><p>Benítez recibió cristiana sepultura en Darwin, el 24 de mayo.</p><p>Al atardecer, partimos en un CHINOOK para Puerto Argentino, horas antes que los ingleses tomaran la plaza. </p><p>Una vez en Puerto Argentino nos quedamos en el apostadero y colaboramos con la guardia. </p><p>Para mí, todo el palo venía por Prefectura porque -en verdad-, éramos la logística de las Fuerzas Armadas y hacíamos falta... En octubre de 1984 me casé con Susana. Tengo tres chicos, una nena -Rocío Belén-, de 7 años, un varón -Hernán-, de 10 años y el menor -Gustavo Joaquín-, de 2 años. </p><p>Cuando los pibes del guardacostas me quieren ver como un ejemplo, yo les digo que debemos conjugar las cosas buenas en la distancia y en el tiempo. Que aprovechemos los medios y las enseñanzas, tanto de nuestros jefes como la que vayamos amasando nosotros mismos con la experiencia para que el día que nos toque afrontar el riesgo, estar templados para las circunstancias que nos depare el destino. </p><p>Siempre recibí cosas buenas de Prefectura... </p><p>Después de Malvinas estuve un tiempo en tierra y luego fuí designado para traer los Bazán de España. Uno de ellos, el GC-27 “PREFECTO FIQUE” me tiene en su sala de Máquinas...</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Derruido, post: 92823, member: 30"] "Prefectura en Malvinas", Circulo de suboficiales de la Prefectura Naval Argentina José Raúl Ibáñez Maquinista GC-83 “RIO IGUAZU”. Nací en Libertador, Departamento Esquina, Provincia de Corrientes. Me crié ahí, en el campo. Y, como las cosas andaban a los tumbos, mis padres querían que entrara en Prefectura, porque yo tengo un tío en la Institución. Una vez me vine a trabajar a Balcarce y mi tío me dijo que estaba abierta la inscripción para postularse a ingresar a Prefectura. El mismo envió por mí, el pedido de informes. A vuelta de correo me cursaron la aceptación. Así, ingresé a Prefectura y realicé los cursos que se dictaban por aquel entonces en el CIABA de Olivos, cuando tenía 21 años. ¡Yo de aquí ya no me muevo...! A veces mi señora me dice: ..,y si volvemos al campo?... Porque a mí me tira la tierra; pero aquí me siento bien. Mi primer destino fue el GC-21 “LYNCH” y luego con el suboficial Bur y el cabo primero Gruber (que luego en Malvinas sería el encargado de máquinas del GC-82 “RIO IGUAZU”), pasamos a revistar en este último guardacostas, que sus propulsores por aquel entonces sólo tenían unas 8 horas de marcha. Aunque fui de navegación, siempre presté servicio en máquinas. Ahora lo hago en el GC-27 “PREFECTO FIQUE”. A éste me lo conozco a ojos cerrados, porque lo ví nacer: yo formé parte de la tripulación que fue entrenada y lo trajo desde los Astilleros Bazán de España. El 3 de abril mi turno entraba de guardia y nos enteramos que había posibilidades de zarpar con destino a las islas Malvinas. Por eso, como quien dice esta boca es mía, nos fuimos preparando. En verdad, el guardacostas estaba diez puntos, pero nosotros pensamos en la travesía y le hicimos un recorrido fino, empezando por el alistamiento, los repuestos. En una palabra, viendo todo lo que hacía falta o nos podía ser difícil de conseguir. En la tarea me ayudó Julio Omar Benítez, con quien a pesar de que él era de Cubierta, siempre estabamos en máquinas. Eramos muy amigos, tratábamos de aprender y ayudarnos entre todos; formábamos un equipo... Pegamos una última revisada y zarpamos el 6 de abril. En cada puerto que tocábamos, de la derrota trazada por el Capitán, nosotros hacíamos una revisación general, sea cambio de aceite, limpieza de filtros primarios. En fin, la cuestión es que anduvimos al pelo. Al zarpar de Ingeniero White el suboficial Jorge Armando Gruber -que revistaba como nuestro Encargado de Máquinas-, abordó junto con el subprefecto Cingolani el GC-82 “ISLAS MALVINAS”, a fin de apoyarlos porque se le plantaban los generadores. Arribamos a Puerto Deseado y completamos combustible, más un tambor extra de 200 litros, por las dudas. Al momento de la travesía, ya estaba declarado por el enemigo el bloqueo y, encima, sufrimos un temporal de aquellos... Era tan fuerte que nos quedaba una de las hélices afuera: cuando la de babor se hundía emergía la de estribor. Es una situación peligrosa porque se puede disparar el motor. Por eso, había que levantar los telecomandos sobre la banda que rolaba para que la hélice no se quedara sin agua. Llegamos a las islas Malvinas con unos 800 litros de combustible, al límite. La verdad es que andábamos escasos en todo; pero, el guardacostas res*pondió, que era lo que más nos enorgullecía. En esos momentos apoyamos al GC-82 “ISLAS MALVINAS”, porque se purgaban los motores y -posteriormente-, chequeamos combustible y nos pusimos a seguir escrupulosamente la rutina de alistamiento punto por punto. Luego, pasamos a cumplir las órdenes de zarpada. Vivíamos navegando. Y, todas fueron misiones riesgosas; yendo de un lado a otro de las Islas, transportando provisiones, armamento o a los comandos tanto de la Armada como del Ejército. Navegábamos por zonas minadas, pero confiados. Para mi modo de ver, creo que la misión que se nos encomendó en la isla de los Leones fue real*mente muy riesgosa; porque íbamos al palo entre abastecimientos y perso*nal y -por otra parte-, muy expuestos al fuego enemigo. Pero, fuera como fuera la tarea encomendada, apenas arribábamos a Puerto Argentino, le pegábamos una recorrida al barco. Teníamos una ventaja: tanto él como nosotros éramos “nuevos”, así que estábamos al pelo... Como lugar seguro, sólo teníamos el amarradero, porque los ingleses nos cañoneaban hasta unos 400 metros. A ellos les preocupaba que naveguemos, no que estuviéramos amarrados. Porque nuestra navegación significaba abastecimiento de las posiciones de los comandos, pues éramos no sólo una fuente segura sino támbién presen*cia efectiva y confiable. Cuando fondeábamos en Puerto Argentino, aprovechábamos para enviar algunos telegramas a nuestras familias; pero, luego por el propio desarrollo de los acontecimientos esta ventaja se fue restringiendo. Mi puesto de combate era la sala de Máquinas. Benítez era de Cubierta y el encargado de una ametralladora. Benítez y Bengochea (Carlos Alberto), eran los armeros y cada vez que tocábamos puerto se la pasaban lustrando la ametralladora. Ellos me ayudaban a mí y yo a ellos. Nuestra experiencia se fue haciendo con el tiempo, con el convivir a bordo. Por suerte, siempre tuve jefes que me supieron enseñar y mi propia voluntad en querer aprender. Para mí, aprender es parte de todas las cosas... El 22 de mayo nos aprestamos a transportar los cañones de 105 mm OTTO MELARA y los servidores de esas piezas de artillería, unos 19 hombres de Ejército. Estos cañones pesaban un infierno. Los ingleses ya habían desembarcado en el estrecho de San Carlos y empezaban a “apretar”. Había mucha expectativa por esta circunstancia; razón por la cual se nos ordenó zarpar de madrugada. Ibarnos al mango y con mar gruesa. La navegación fue muy movida y al arribar al seno de Choiseul recibimos la alarma. Estábamos en el cambio de guardia, por eso nos encontró a todos en alarma de combate, cubriendo cada uno su posición. Yo me largué a la sala de Máquinas. Con la primera pasada de la aviación enemiga me entró un cohete que voló el tablero de cargar baterías, golpeó en el banco de trabajo y parte de un generador, pasó detrás de los dos motores propulsores y se metió entre los motores principales y los generadores, a babor de la escalera. Me abrió un rumbo por donde entraba el agua en tal cantidad que golpeaba en el cieloraso de la sala de Máquinas. ¡Era impresionante...! puse las dos bombas a achicar pero, no daban abasto. ¡El ruido era terrible...! Por el intercomunicador impuse al Capitán de la situación, de que no daba abasto con el achique y que era muy posible que hubiera otros impactos, porque el guardacostas se me apopaba mucho. El Capitán me ordenó abandonar la sala de Máquinas y cuando salí me encontré con Baccaro y Bengochea arrastrándose por la cubierta y a Benítez caído al pie de su ametralladora. Traté de ayudar como pude mientras sentía la metralla pegando por todos lados y Bengochea que me gritaba: “hacelo m..., c...”. Tomé la ametralladora, levanté la vista y vi que un avión entró en picada por popa, se enfiló y ahí empecé a tirar, un poco adelante para que se trague la cortina de balas. El también empezó a tirar y al pasar encima mío veo que tira humo perdiendo altura... Al momento el Capitán, para eludir las ráfagas enemigas puso las máquinas al taco y así me quedé sin ángulo. Nos tiramos sobre la costa y creo que el avión golpeado fue el mismo que nos tiró una ráfaga sobre la costa. De inmediato ayudamos a los heridos. El oficial principal Gabino González tenía una esquirla en la rodilla, pero se podía mover. Los muchachos de Ejército no reaccionaban... No sé como se salvaron. Porque ellos iban en la cubierta al lado del mamparo de escape. Cinco de ellos iban acurrucados ahí. El bote estaba cortado con la metralla de 30 mm de los SEA HARRIER, las balsas estaban inservibles. A uno de los soldados, una esquirla le entró por debajo de su hombrera y se le quedó a un par de milímetros de la aorta. En el pañol de cubierta -donde estaban los hombres-, entraba mucha agua. Pero, todo esto lo fuimos viendo un poco después. A los heridos se les puso suero prestándoles las primeras atenciones mientras se pedía apoyo. El cabo segundo Domingo Vera operó la radio mochila intentando comunicarse con Darwin. Mientras tanto, volvimos abordo, a fin de abastecernos de medicamentos, provisiones y frazadas. El GC-83, estaba encallado, destruidas sus máquinas y volado su generador, incluído su tablero eléctrico. Luego, fuimos a buscar a Benítez.... Al anochecer se pudo evacuar a parte de la tripulación y a los camaradas de Ejército. En tierra quedamos cinco hombres nuestros y siete de ellos, y recién al atardecer del día siguiente pudimos evacuar la posición. Nos dió una gran alegría encontrarnos con los compañeros. Estábamos muy preocupados porque teníamos información del cañoneo inglés a un transporte naval propio. Mientras esperábamos nuestra evacuación nos cubrimos con unas frazadas y aguantamos como pudimos la nevada. Realmente, hacía un frío de pelarse... Al día siguiente, cruzaron aviones nuestros y también ingleses y al atardecer pudimos ser rescatados. Benítez recibió cristiana sepultura en Darwin, el 24 de mayo. Al atardecer, partimos en un CHINOOK para Puerto Argentino, horas antes que los ingleses tomaran la plaza. Una vez en Puerto Argentino nos quedamos en el apostadero y colaboramos con la guardia. Para mí, todo el palo venía por Prefectura porque -en verdad-, éramos la logística de las Fuerzas Armadas y hacíamos falta... En octubre de 1984 me casé con Susana. Tengo tres chicos, una nena -Rocío Belén-, de 7 años, un varón -Hernán-, de 10 años y el menor -Gustavo Joaquín-, de 2 años. Cuando los pibes del guardacostas me quieren ver como un ejemplo, yo les digo que debemos conjugar las cosas buenas en la distancia y en el tiempo. Que aprovechemos los medios y las enseñanzas, tanto de nuestros jefes como la que vayamos amasando nosotros mismos con la experiencia para que el día que nos toque afrontar el riesgo, estar templados para las circunstancias que nos depare el destino. Siempre recibí cosas buenas de Prefectura... Después de Malvinas estuve un tiempo en tierra y luego fuí designado para traer los Bazán de España. Uno de ellos, el GC-27 “PREFECTO FIQUE” me tiene en su sala de Máquinas... 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