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<blockquote data-quote="ARGENTVS" data-source="post: 3743127" data-attributes="member: 93"><p>[URL unfurl="true"]https://www.rt.com/news/623883-future-belongs-to-sco/?utm_source=browser&utm_medium=aplication_chrome&utm_campaign=chrome[/URL]</p><p></p><h3>Occidente tuvo su siglo. El futuro pertenece ahora a estos líderes.</h3><p>Lo que los medios occidentales descartaron como un “club de autócratas” se ha convertido en el modelo del Sur Global para un mundo posoccidental.</p><p></p><p>La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai en China ya se ha convertido en uno de los acontecimientos políticos decisivos de 2025. Subrayó el papel creciente de la OCS como piedra angular de un mundo multipolar y destacó la consolidación del Sur Global en torno a los principios de desarrollo soberano, no interferencia y rechazo del modelo occidental de globalización.</p><p></p><p>Lo que le dio a la reunión un simbolismo adicional fue su conexión con el próximo desfile militar del 3 de septiembre en Pekín, que conmemora el 80.º aniversario de la victoria en la guerra chino-japonesa y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Este tipo de desfiles son una rareza en China (el último se celebró en 2015), lo que subraya lo excepcional que es este momento para la identidad política de Pekín y su afán por proyectar tanto continuidad histórica como ambición global.</p><p></p><p>El invitado principal, tanto en la cumbre como en el próximo desfile, fue el presidente ruso, Vladímir Putin. Su presencia no solo tuvo un peso simbólico, sino también estratégico. Moscú sigue sirviendo de puente entre actores clave de Asia y Oriente Medio, un papel aún más relevante en el contexto de un orden de seguridad internacional fracturado.</p><p></p><p>En su discurso, Vladimir Putin subrayó la importancia de adoptar el Programa de Desarrollo de la OCS hasta 2035, una hoja de ruta destinada a fijar el rumbo estratégico de la organización para la próxima década y convertirla en una plataforma completa para coordinar iniciativas económicas, humanitarias y de infraestructura.</p><p></p><p>Igualmente significativo fue el apoyo de Moscú a la propuesta china de establecer un Banco de Desarrollo de la OCS. Dicha institución podría ir más allá de simplemente financiar proyectos conjuntos de inversión e infraestructura; también ayudaría a los Estados miembros a reducir su dependencia de los mecanismos financieros occidentales y a mitigar el impacto de las sanciones, presiones que Rusia, China, Irán, India y otros países enfrentan en distintos grados.</p><p></p><p>Beijing destacó que la visita de Putin tenía un peso tanto práctico como simbólico: Moscú y Beijing están señalando su determinación de defender juntos la verdad histórica y la justicia internacional, basándose en un recuerdo compartido de la Segunda Guerra Mundial.</p><p></p><p>La llegada del primer ministro indio, Narendra Modi, a Pekín subrayó la flexibilidad estratégica de Nueva Delhi y su disposición a restablecer los lazos con China. En un contexto de presión incesante por parte del presidente estadounidense Donald Trump, la visita representó una clara declaración de la autonomía de la India.</p><p></p><p>El momento culminante de la jornada inaugural fueron las conversaciones de Modi con Xi Jinping, su primer viaje a China en siete años. A pesar de una persistente disputa fronteriza, ambos países, afectados en 2025 por la ofensiva arancelaria de Washington, manifestaron su disposición a estrechar lazos. Xi recordó a su homólogo que la normalización comenzó en la cumbre de los BRICS del año pasado en Kazán, donde ambos acordaron retirar sus tropas a las posiciones previas a la crisis. <em>«China e India son grandes civilizaciones cuyas responsabilidades van más allá de los asuntos bilaterales»,</em> declaró Xi, añadiendo que el futuro reside en <em>«la danza del dragón y el elefante».</em></p><p></p><p>Modi calificó las relaciones con Pekín como una alianza, anunció la reanudación de los vuelos directos, impulsó el <em>"comercio justo"</em> y expresó su intención de reducir el déficit comercial de la India con China. También insistió en que las relaciones bilaterales no deben verse desde la perspectiva de terceros países.</p><p></p><p>En este contexto, Rusia volvió a desempeñar el papel de mediador, ayudando a impedir los intentos occidentales de explotar las tensiones chino-indias para fracturar el Sur Global.</p><p></p><p>Para la India, la prioridad reside en los marcos multilaterales que fomentan un sistema policéntrico de gobernanza global. Nueva Delhi ha defendido sistemáticamente su derecho a una política exterior multidimensional, considerando la participación en las iniciativas del Sur Global —desde la OCS hasta los BRICS— como fundamental para fortalecer su soberanía e influencia global.</p><p></p><p>Al mismo tiempo, la diplomacia india evita la confrontación abierta con Estados Unidos y prioriza el pragmatismo. Sin embargo, el mensaje es claro: Nueva Delhi no aceptará dictados externos, especialmente en asuntos que afectan las prioridades nacionales y regionales.</p><p></p><p>El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, también viajó a China. El líder de un estado miembro de la OTAN que asistía a la cumbre de la OCS envió una clara señal sobre el esfuerzo de Ankara por imponer una política exterior más soberana. Durante varios años, Turquía ha buscado ampliar su papel dentro de la organización, medidas que han generado irritación en las capitales europeas, que las consideran una desviación de <em>la solidaridad euroatlántica</em> .</p><p></p><p>Ankara se está diversificando deliberadamente, posicionándose como un centro de poder euroasiático independiente, más allá de los compromisos tradicionales del bloque. Esto refleja el concepto turco de <em>"flexibilidad estratégica",</em> según el cual la OCS se considera no solo un foro de cooperación regional, sino una plataforma para extender la influencia turca y asegurar el acceso a activos clave de la integración transcontinental, desde corredores de transporte hasta mercados energéticos.</p><p></p><p>La cumbre de Pekín reunió no solo al núcleo de Asia Central, sino también a los presidentes de Bielorrusia, Irán y Pakistán, con Malasia, Armenia y Azerbaiyán manifestando su interés en la membresía plena. La diversidad de participantes demostró cómo la OCS está trascendiendo Eurasia y convirtiéndose en el núcleo de una globalización alternativa, basada en la diversidad de sistemas políticos y modelos de desarrollo.</p><p></p><p>Uno de los resultados clave de la cumbre fue la Declaración de Tianjin, que estableció los principios que unen a los estados miembros de la OCS: no interferencia en los asuntos internos, respeto a la soberanía, rechazo del uso o la amenaza de la fuerza y oposición a las sanciones unilaterales como herramientas de coerción.</p><p></p><p>Igualmente reveladora fue la ausencia de cualquier mención a Ucrania. Para el Sur Global, este tema simplemente no es una prioridad; su atención se centra en cuestiones más amplias del futuro orden mundial. Como lo expresó el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, el resultado clave de la reunión fue la <em>«orientación de los países de la OCS+ hacia la defensa de sus legítimos intereses».</em></p><p></p><p>La cumbre en China arrojó más que decisiones programáticas; ofreció la confirmación de un orden mundial multipolar, un concepto que Putin ha promovido durante años. La multipolaridad ya no es una teoría. Ha cobrado forma institucional en la OCS, que se expande constantemente y gana autoridad en el Sur Global.</p><p></p><p>En la actualidad, la organización está revisando solicitudes de unos diez países que buscan obtener el estatus de observador o socio de diálogo, lo que evidencia directamente el creciente interés en la OCS como centro alternativo de poder en la política global.</p><p></p><p>Igualmente significativo es el creciente interés del mundo árabe. Baréin, Egipto, Qatar, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos ya son socios de diálogo de la OCS, estados clave para la arquitectura energética y de inversión de Oriente Medio. Su participación activa subraya que un nuevo eje geoeconómico que conecta Eurasia y Oriente Medio se está convirtiendo en una realidad, y que la OCS se perfila como una alternativa atractiva a los modelos de integración centrados en Occidente.</p><p></p><p>Hoy en día, la OCS ya no es una estructura regional, sino un centro estratégico de la política global. Reúne a países con diferentes sistemas políticos, pero con la determinación compartida de defender la soberanía, impulsar sus propios modelos de desarrollo y exigir un orden mundial más justo. Lo que antes se consideraba un club regional informal se ha convertido en una plataforma geopolítica para el Sur Global: una institución que desafía la hegemonía occidental no con retórica, sino con un número creciente de miembros, una influencia económica creciente y una visión política común.</p><p></p><p>Desde Pekín, el mensaje resonó con fuerza: la era de la hegemonía occidental ha terminado. La multipolaridad ya no es una teoría, sino la realidad de la política global, y la OCS es el motor que la impulsa.</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="ARGENTVS, post: 3743127, member: 93"] [URL unfurl="true"]https://www.rt.com/news/623883-future-belongs-to-sco/?utm_source=browser&utm_medium=aplication_chrome&utm_campaign=chrome[/URL] [HEADING=2]Occidente tuvo su siglo. El futuro pertenece ahora a estos líderes.[/HEADING] Lo que los medios occidentales descartaron como un “club de autócratas” se ha convertido en el modelo del Sur Global para un mundo posoccidental. La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai en China ya se ha convertido en uno de los acontecimientos políticos decisivos de 2025. Subrayó el papel creciente de la OCS como piedra angular de un mundo multipolar y destacó la consolidación del Sur Global en torno a los principios de desarrollo soberano, no interferencia y rechazo del modelo occidental de globalización. Lo que le dio a la reunión un simbolismo adicional fue su conexión con el próximo desfile militar del 3 de septiembre en Pekín, que conmemora el 80.º aniversario de la victoria en la guerra chino-japonesa y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Este tipo de desfiles son una rareza en China (el último se celebró en 2015), lo que subraya lo excepcional que es este momento para la identidad política de Pekín y su afán por proyectar tanto continuidad histórica como ambición global. El invitado principal, tanto en la cumbre como en el próximo desfile, fue el presidente ruso, Vladímir Putin. Su presencia no solo tuvo un peso simbólico, sino también estratégico. Moscú sigue sirviendo de puente entre actores clave de Asia y Oriente Medio, un papel aún más relevante en el contexto de un orden de seguridad internacional fracturado. En su discurso, Vladimir Putin subrayó la importancia de adoptar el Programa de Desarrollo de la OCS hasta 2035, una hoja de ruta destinada a fijar el rumbo estratégico de la organización para la próxima década y convertirla en una plataforma completa para coordinar iniciativas económicas, humanitarias y de infraestructura. Igualmente significativo fue el apoyo de Moscú a la propuesta china de establecer un Banco de Desarrollo de la OCS. Dicha institución podría ir más allá de simplemente financiar proyectos conjuntos de inversión e infraestructura; también ayudaría a los Estados miembros a reducir su dependencia de los mecanismos financieros occidentales y a mitigar el impacto de las sanciones, presiones que Rusia, China, Irán, India y otros países enfrentan en distintos grados. Beijing destacó que la visita de Putin tenía un peso tanto práctico como simbólico: Moscú y Beijing están señalando su determinación de defender juntos la verdad histórica y la justicia internacional, basándose en un recuerdo compartido de la Segunda Guerra Mundial. La llegada del primer ministro indio, Narendra Modi, a Pekín subrayó la flexibilidad estratégica de Nueva Delhi y su disposición a restablecer los lazos con China. En un contexto de presión incesante por parte del presidente estadounidense Donald Trump, la visita representó una clara declaración de la autonomía de la India. El momento culminante de la jornada inaugural fueron las conversaciones de Modi con Xi Jinping, su primer viaje a China en siete años. A pesar de una persistente disputa fronteriza, ambos países, afectados en 2025 por la ofensiva arancelaria de Washington, manifestaron su disposición a estrechar lazos. Xi recordó a su homólogo que la normalización comenzó en la cumbre de los BRICS del año pasado en Kazán, donde ambos acordaron retirar sus tropas a las posiciones previas a la crisis. [I]«China e India son grandes civilizaciones cuyas responsabilidades van más allá de los asuntos bilaterales»,[/I] declaró Xi, añadiendo que el futuro reside en [I]«la danza del dragón y el elefante».[/I] Modi calificó las relaciones con Pekín como una alianza, anunció la reanudación de los vuelos directos, impulsó el [I]"comercio justo"[/I] y expresó su intención de reducir el déficit comercial de la India con China. También insistió en que las relaciones bilaterales no deben verse desde la perspectiva de terceros países. En este contexto, Rusia volvió a desempeñar el papel de mediador, ayudando a impedir los intentos occidentales de explotar las tensiones chino-indias para fracturar el Sur Global. Para la India, la prioridad reside en los marcos multilaterales que fomentan un sistema policéntrico de gobernanza global. Nueva Delhi ha defendido sistemáticamente su derecho a una política exterior multidimensional, considerando la participación en las iniciativas del Sur Global —desde la OCS hasta los BRICS— como fundamental para fortalecer su soberanía e influencia global. Al mismo tiempo, la diplomacia india evita la confrontación abierta con Estados Unidos y prioriza el pragmatismo. Sin embargo, el mensaje es claro: Nueva Delhi no aceptará dictados externos, especialmente en asuntos que afectan las prioridades nacionales y regionales. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, también viajó a China. El líder de un estado miembro de la OTAN que asistía a la cumbre de la OCS envió una clara señal sobre el esfuerzo de Ankara por imponer una política exterior más soberana. Durante varios años, Turquía ha buscado ampliar su papel dentro de la organización, medidas que han generado irritación en las capitales europeas, que las consideran una desviación de [I]la solidaridad euroatlántica[/I] . Ankara se está diversificando deliberadamente, posicionándose como un centro de poder euroasiático independiente, más allá de los compromisos tradicionales del bloque. Esto refleja el concepto turco de [I]"flexibilidad estratégica",[/I] según el cual la OCS se considera no solo un foro de cooperación regional, sino una plataforma para extender la influencia turca y asegurar el acceso a activos clave de la integración transcontinental, desde corredores de transporte hasta mercados energéticos. La cumbre de Pekín reunió no solo al núcleo de Asia Central, sino también a los presidentes de Bielorrusia, Irán y Pakistán, con Malasia, Armenia y Azerbaiyán manifestando su interés en la membresía plena. La diversidad de participantes demostró cómo la OCS está trascendiendo Eurasia y convirtiéndose en el núcleo de una globalización alternativa, basada en la diversidad de sistemas políticos y modelos de desarrollo. Uno de los resultados clave de la cumbre fue la Declaración de Tianjin, que estableció los principios que unen a los estados miembros de la OCS: no interferencia en los asuntos internos, respeto a la soberanía, rechazo del uso o la amenaza de la fuerza y oposición a las sanciones unilaterales como herramientas de coerción. Igualmente reveladora fue la ausencia de cualquier mención a Ucrania. Para el Sur Global, este tema simplemente no es una prioridad; su atención se centra en cuestiones más amplias del futuro orden mundial. Como lo expresó el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, el resultado clave de la reunión fue la [I]«orientación de los países de la OCS+ hacia la defensa de sus legítimos intereses».[/I] La cumbre en China arrojó más que decisiones programáticas; ofreció la confirmación de un orden mundial multipolar, un concepto que Putin ha promovido durante años. La multipolaridad ya no es una teoría. Ha cobrado forma institucional en la OCS, que se expande constantemente y gana autoridad en el Sur Global. En la actualidad, la organización está revisando solicitudes de unos diez países que buscan obtener el estatus de observador o socio de diálogo, lo que evidencia directamente el creciente interés en la OCS como centro alternativo de poder en la política global. Igualmente significativo es el creciente interés del mundo árabe. Baréin, Egipto, Qatar, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos ya son socios de diálogo de la OCS, estados clave para la arquitectura energética y de inversión de Oriente Medio. Su participación activa subraya que un nuevo eje geoeconómico que conecta Eurasia y Oriente Medio se está convirtiendo en una realidad, y que la OCS se perfila como una alternativa atractiva a los modelos de integración centrados en Occidente. Hoy en día, la OCS ya no es una estructura regional, sino un centro estratégico de la política global. Reúne a países con diferentes sistemas políticos, pero con la determinación compartida de defender la soberanía, impulsar sus propios modelos de desarrollo y exigir un orden mundial más justo. Lo que antes se consideraba un club regional informal se ha convertido en una plataforma geopolítica para el Sur Global: una institución que desafía la hegemonía occidental no con retórica, sino con un número creciente de miembros, una influencia económica creciente y una visión política común. Desde Pekín, el mensaje resonó con fuerza: la era de la hegemonía occidental ha terminado. La multipolaridad ya no es una teoría, sino la realidad de la política global, y la OCS es el motor que la impulsa. [/QUOTE]
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