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<blockquote data-quote="Sebastian" data-source="post: 1490684" data-attributes="member: 8629"><p style="text-align: center"><span style="font-size: 22px"><strong>Putin juega duro</strong></span></p><p></p><p><span style="font-size: 18px"><strong>El líder ruso quiere convertir los Juegos Olímpicos de Sochi en un escaparate de su poder</strong></span></p><p><span style="font-size: 18px"><strong>Sobre las Olimpiadas más caras de la historia penden el terrorismo, boicoteos y el despilfarro</strong></span></p><p><a href="http://internacional.elpais.com/autor/pilar_bonet/a/" target="_blank">Pilar Bonet</a> Sochi <a href="http://internacional.elpais.com/tag/fecha/20140112" target="_blank">12 ENE 2014 - 00:00 CET</a><a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2014/01/10/actualidad/1389366320_369455.html#bloque_comentarios" target="_blank">47</a></p><p></p><p><img src="http://ep01.epimg.net/internacional/imagenes/2014/01/10/actualidad/1389366320_369455_1389368944_noticia_normal.jpg" alt="" class="fr-fic fr-dii fr-draggable " style="" /></p><p>Vladímir Putin, en un partido de hockey hielo en Sochi. / A. Nikolskiy</p><p></p><p>El 7 de febrero comenzarán en la ciudad balneario de <a href="http://elpais.com/tag/sochi_2014/a/" target="_blank">Sochi</a>, a orillas del mar Negro, los Juegos más caros de la historia olímpica. Y ello pese a ser de invierno. Se trata de un <a href="http://elpais.com/elpais/2013/12/19/opinion/1387483760_089901.html" target="_blank">proyecto personal de Vladímir Putin</a>, cuya arrolladora voluntad no se detuvo ante un relieve geográfico propenso a derrumbes y terremotos ni ante el frágil ecosistema de un singular municipio encajado entre el litoral y las cimas de la cordillera del Cáucaso. Abajo, junto al mar, el clima es templado, y arriba, en las montañas, hay nieves eternas y glaciares. </p><p></p><p>Los Juegos unen ambos entornos, pues sus instalaciones deportivas y residenciales se distribuyen en los alrededores de Krásnaya Poliana, en las montañas, y en las tierras bajas y marismas de Imeretínskaya, en la costa. Los Juegos han vencido a la orografía con un importante sobrecoste. Pero aún no se han despejado otros riesgos que se ciernen en el horizonte: el terrorismo, el boicoteo o los gastos injustificados.</p><p></p><p>Para construir el sueño olímpico de Putin se expropiaron sin reparar en el precio casas y huertos en las mejores playas para edificar las instalaciones costeras, incluida una villa olímpica y el gran estadio Fisht, con capacidad para 40.000 espectadores, que será la sede inaugural y de clausura de los Juegos. Las excavadoras dañaron de forma irreversible la flora, única en Rusia, de la ribera del río Mzymta para construir una línea de tren, combinada con una carretera paralela, entre la montaña y el litoral.</p><p></p><p>Sochi tiene 400.000 habitantes y multiplica esta cifra en verano. Uno de ellos es Putin, que pasa largas temporadas en Bochárov Ruchei, su residencia oficial, donde despacha con los miembros del Gobierno y recibe a interlocutores extranjeros. Para los ciudadanos de a pie, la llamada “tercera capital de Rusia” (tras Moscú y San Petersburgo) es una localidad incómoda, con problemas de abastecimiento de electricidad y de alcantarillado, y crónicos atascos de tráfico. </p><p></p><p>Por doquier se alzan altos edificios que, de acuerdo con las ordenanzas, no deberían existir, pero que se legalizan como excepciones, y poco a poco van minando la normativa, dice la arquitecta Olga Kozínskaya, presidenta del Consejo Urbanístico de Sochi, una entidad asesora local. Los Juegos han disparado los precios en el mercado inmobiliario, pero la oferta es superior a la demanda, como indican los anuncios de pisos en venta que jalonan la avenida Kurortny [avenida del Balneario], la calle principal de Sochi.</p><p></p><p>El deporte del esquí comenzó a desarrollarse en estos parajes en la década de los noventa del pasado siglo, cuando Piotr Fedin construyó las primeras pistas. En 2007, tras la adjudicación de la competición olímpica a Sochi, Fedin aseguraba ser víctima de un “saqueo” y acusaba de querer arrebatarle el negocio a Alesxandr Tkachov, el gobernador de Krasnodar, la próspera provincia a la que Sochi está subordinada. El empresario pionero vendió sus instalaciones y archivó sus agravios y el gobernador, un verdadero “padrino del sur”, sigue en su puesto y es uno de los políticos más “duros” de Rusia.</p><p></p><p>A diferencia del deporte invernal, los balnearios tenían cierta tradición en Sochi, donde a principios del siglo XX aparecieron los primeros establecimientos privados, nacionalizados tras la revolución bolchevique. En virtud de un decreto de Lenin, en 1920 se creó la Administración Balnearia de Sochi, bajo cuya tutela se edificaron palacios de descanso para el proletariado y sus líderes. Algunos de aquellos balnearios fueron privatizados al desintegrarse la URSS.</p><p></p><p>Para coordinar las inversiones públicas y privadas en los diversos proyectos de los Juegos, se constituyó en 2007 la corporación estatal Olimpstroi, al frente de la cual se han sucedido ya cuatro directivos. Pese al anuncio de que el Parlamento ruso controlaría las construcciones, Olimpstroi nunca tuvo que dar cuenta de sus gastos a la Duma, afirma Borís Nemtsov, un político de oposición, que fue vicejefe del Gobierno de Rusia y candidato a la alcaldía de Sochi en 2009.</p><p></p><p>“Para Putin los Juegos de Sochi eran una cuestión de orgullo, un triunfo y el cénit de su poder. Pero ha resultado que no es un triunfo sino una vergüenza, y no es un festival de salud, fuerza y amistad, sino de robo y corrupción”, señala Nemtsov, según el cual se trata de “los Juegos Olímpicos más caros de la historia”.</p><p></p><p>En 2007, Putin calculó en 8.700 millones de euros los costes del acontecimiento deportivo, pero esta cifra ya se había transformado en 36.000 millones en el nuevo presupuesto que el vicejefe de Gobierno ruso, Dmitri Kosak, responsable de preparar los Juegos, presentó en febrero de 2013. Nemtsov insiste en que los costes reales superan ya aquellas previsiones. “Calculo que podrían ser más de 43.500 millones de euros, aunque a mi demanda de información el Tribunal de Cuentas ha contestado que se trata de un secreto comercial”, dice.</p><p></p><p><a href="http://www.sochi2014.com/en" target="_blank">Los Juegos de Sochi</a> son “un robo sin precedentes en el que están implicados tanto los representantes del régimen de Putin como los oligarcas próximos a él”, afirma Nemtsov en un informe titulado “Olimpiada de Invierno en el Subtrópico”, del que es coautor. “Nadie se ha querellado conmigo por lo que he escrito”, exclamaba el político, como prueba de la veracidad de sus acusaciones, en diciembre en Moscú. Nemtsov proponía “un tribunal internacional contra los robos en grandes proyectos internacionales, como los Juegos Olímpicos o los mundiales de fútbol”.</p><p></p><p>Entre los inversores olímpicos hay varias especies. Unos gastan el dinero del Estado y el contribuyente, como Gazprom, el consorcio monopolista de la exportación de gas, y los Ferrocarriles Rusos (FR), el monopolio ferroviario. Presididos por Vladímir Yakunin (vecino de Putin en una cooperativa de dachas cercana a San Petersburgo en los años noventa), los RF se han llevado más de 6.800 millones de euros o el 20% de los recursos de los Juegos. Su proyecto más costoso ha sido la línea de tren y carretera combinados, que unen la montaña y la costa por una ruta de puentes y túneles (más de 5.900 millones de euros).</p><p></p><p><img src="http://ep01.epimg.net/internacional/imagenes/2014/01/10/actualidad/1389366320_369455_1389369096_sumario_normal.jpg" alt="" class="fr-fic fr-dii fr-draggable " style="" /></p><p>Dos policías vigilan un acceso al Parque Olímpico de Sochi. / Kazbek Basayec / Maxim Shemetov (Reuters)</p><p></p><p>Otros inversores desembolsan sus recursos y los créditos concedidos por los bancos estatales, como Oleg Deripaska, cuyas empresas construyeron el nuevo aeropuerto (Sochi-Adler), el puerto de carga y la villa olímpica costera, y Vladímir Potanin, que ha financiado la estación de esquí Roza Jutor. Deripaska y Potanin son los principales empresarios privados, pero seguramente no son los más favorecidos. A ojos de los ejecutivos de empresas estatales vinculados al evento, los más beneficiados son los hermanos Arkadi y Borís Rotenberg, amigos de la infancia y compañeros de yudo de Putin.</p><p></p><p>Los Rotenberg, suministradores privilegiados de tubos a Gazprom, han construido 21 proyectos de infraestructuras por un valor de más de 5.200 millones de euros, o el 15% del presupuesto total, según Nemtsov. Las empresas de los Rotenberg “cobran por sus contratos y no tienen que preocuparse por amortizar las inversiones ni responsabilizarse por la gestión de las instalaciones”, señala un ejecutivo de una empresa involucrada en los Juegos.</p><p></p><p>continua...</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Sebastian, post: 1490684, member: 8629"] [CENTER][SIZE=6][B]Putin juega duro[/B][/SIZE][/CENTER] [SIZE=6][B][/B][/SIZE] [SIZE=5][B]El líder ruso quiere convertir los Juegos Olímpicos de Sochi en un escaparate de su poder[/B] [B]Sobre las Olimpiadas más caras de la historia penden el terrorismo, boicoteos y el despilfarro[/B][/SIZE] [URL='http://internacional.elpais.com/autor/pilar_bonet/a/']Pilar Bonet[/URL] Sochi [URL='http://internacional.elpais.com/tag/fecha/20140112']12 ENE 2014 - 00:00 CET[/URL][URL='http://internacional.elpais.com/internacional/2014/01/10/actualidad/1389366320_369455.html#bloque_comentarios']47[/URL] [IMG]http://ep01.epimg.net/internacional/imagenes/2014/01/10/actualidad/1389366320_369455_1389368944_noticia_normal.jpg[/IMG] Vladímir Putin, en un partido de hockey hielo en Sochi. / A. Nikolskiy El 7 de febrero comenzarán en la ciudad balneario de [URL='http://elpais.com/tag/sochi_2014/a/']Sochi[/URL], a orillas del mar Negro, los Juegos más caros de la historia olímpica. Y ello pese a ser de invierno. Se trata de un [URL='http://elpais.com/elpais/2013/12/19/opinion/1387483760_089901.html']proyecto personal de Vladímir Putin[/URL], cuya arrolladora voluntad no se detuvo ante un relieve geográfico propenso a derrumbes y terremotos ni ante el frágil ecosistema de un singular municipio encajado entre el litoral y las cimas de la cordillera del Cáucaso. Abajo, junto al mar, el clima es templado, y arriba, en las montañas, hay nieves eternas y glaciares. Los Juegos unen ambos entornos, pues sus instalaciones deportivas y residenciales se distribuyen en los alrededores de Krásnaya Poliana, en las montañas, y en las tierras bajas y marismas de Imeretínskaya, en la costa. Los Juegos han vencido a la orografía con un importante sobrecoste. Pero aún no se han despejado otros riesgos que se ciernen en el horizonte: el terrorismo, el boicoteo o los gastos injustificados. Para construir el sueño olímpico de Putin se expropiaron sin reparar en el precio casas y huertos en las mejores playas para edificar las instalaciones costeras, incluida una villa olímpica y el gran estadio Fisht, con capacidad para 40.000 espectadores, que será la sede inaugural y de clausura de los Juegos. Las excavadoras dañaron de forma irreversible la flora, única en Rusia, de la ribera del río Mzymta para construir una línea de tren, combinada con una carretera paralela, entre la montaña y el litoral. Sochi tiene 400.000 habitantes y multiplica esta cifra en verano. Uno de ellos es Putin, que pasa largas temporadas en Bochárov Ruchei, su residencia oficial, donde despacha con los miembros del Gobierno y recibe a interlocutores extranjeros. Para los ciudadanos de a pie, la llamada “tercera capital de Rusia” (tras Moscú y San Petersburgo) es una localidad incómoda, con problemas de abastecimiento de electricidad y de alcantarillado, y crónicos atascos de tráfico. Por doquier se alzan altos edificios que, de acuerdo con las ordenanzas, no deberían existir, pero que se legalizan como excepciones, y poco a poco van minando la normativa, dice la arquitecta Olga Kozínskaya, presidenta del Consejo Urbanístico de Sochi, una entidad asesora local. Los Juegos han disparado los precios en el mercado inmobiliario, pero la oferta es superior a la demanda, como indican los anuncios de pisos en venta que jalonan la avenida Kurortny [avenida del Balneario], la calle principal de Sochi. El deporte del esquí comenzó a desarrollarse en estos parajes en la década de los noventa del pasado siglo, cuando Piotr Fedin construyó las primeras pistas. En 2007, tras la adjudicación de la competición olímpica a Sochi, Fedin aseguraba ser víctima de un “saqueo” y acusaba de querer arrebatarle el negocio a Alesxandr Tkachov, el gobernador de Krasnodar, la próspera provincia a la que Sochi está subordinada. El empresario pionero vendió sus instalaciones y archivó sus agravios y el gobernador, un verdadero “padrino del sur”, sigue en su puesto y es uno de los políticos más “duros” de Rusia. A diferencia del deporte invernal, los balnearios tenían cierta tradición en Sochi, donde a principios del siglo XX aparecieron los primeros establecimientos privados, nacionalizados tras la revolución bolchevique. En virtud de un decreto de Lenin, en 1920 se creó la Administración Balnearia de Sochi, bajo cuya tutela se edificaron palacios de descanso para el proletariado y sus líderes. Algunos de aquellos balnearios fueron privatizados al desintegrarse la URSS. Para coordinar las inversiones públicas y privadas en los diversos proyectos de los Juegos, se constituyó en 2007 la corporación estatal Olimpstroi, al frente de la cual se han sucedido ya cuatro directivos. Pese al anuncio de que el Parlamento ruso controlaría las construcciones, Olimpstroi nunca tuvo que dar cuenta de sus gastos a la Duma, afirma Borís Nemtsov, un político de oposición, que fue vicejefe del Gobierno de Rusia y candidato a la alcaldía de Sochi en 2009. “Para Putin los Juegos de Sochi eran una cuestión de orgullo, un triunfo y el cénit de su poder. Pero ha resultado que no es un triunfo sino una vergüenza, y no es un festival de salud, fuerza y amistad, sino de robo y corrupción”, señala Nemtsov, según el cual se trata de “los Juegos Olímpicos más caros de la historia”. En 2007, Putin calculó en 8.700 millones de euros los costes del acontecimiento deportivo, pero esta cifra ya se había transformado en 36.000 millones en el nuevo presupuesto que el vicejefe de Gobierno ruso, Dmitri Kosak, responsable de preparar los Juegos, presentó en febrero de 2013. Nemtsov insiste en que los costes reales superan ya aquellas previsiones. “Calculo que podrían ser más de 43.500 millones de euros, aunque a mi demanda de información el Tribunal de Cuentas ha contestado que se trata de un secreto comercial”, dice. [URL='http://www.sochi2014.com/en']Los Juegos de Sochi[/URL] son “un robo sin precedentes en el que están implicados tanto los representantes del régimen de Putin como los oligarcas próximos a él”, afirma Nemtsov en un informe titulado “Olimpiada de Invierno en el Subtrópico”, del que es coautor. “Nadie se ha querellado conmigo por lo que he escrito”, exclamaba el político, como prueba de la veracidad de sus acusaciones, en diciembre en Moscú. Nemtsov proponía “un tribunal internacional contra los robos en grandes proyectos internacionales, como los Juegos Olímpicos o los mundiales de fútbol”. Entre los inversores olímpicos hay varias especies. Unos gastan el dinero del Estado y el contribuyente, como Gazprom, el consorcio monopolista de la exportación de gas, y los Ferrocarriles Rusos (FR), el monopolio ferroviario. Presididos por Vladímir Yakunin (vecino de Putin en una cooperativa de dachas cercana a San Petersburgo en los años noventa), los RF se han llevado más de 6.800 millones de euros o el 20% de los recursos de los Juegos. Su proyecto más costoso ha sido la línea de tren y carretera combinados, que unen la montaña y la costa por una ruta de puentes y túneles (más de 5.900 millones de euros). [IMG]http://ep01.epimg.net/internacional/imagenes/2014/01/10/actualidad/1389366320_369455_1389369096_sumario_normal.jpg[/IMG] Dos policías vigilan un acceso al Parque Olímpico de Sochi. / Kazbek Basayec / Maxim Shemetov (Reuters) Otros inversores desembolsan sus recursos y los créditos concedidos por los bancos estatales, como Oleg Deripaska, cuyas empresas construyeron el nuevo aeropuerto (Sochi-Adler), el puerto de carga y la villa olímpica costera, y Vladímir Potanin, que ha financiado la estación de esquí Roza Jutor. Deripaska y Potanin son los principales empresarios privados, pero seguramente no son los más favorecidos. A ojos de los ejecutivos de empresas estatales vinculados al evento, los más beneficiados son los hermanos Arkadi y Borís Rotenberg, amigos de la infancia y compañeros de yudo de Putin. Los Rotenberg, suministradores privilegiados de tubos a Gazprom, han construido 21 proyectos de infraestructuras por un valor de más de 5.200 millones de euros, o el 15% del presupuesto total, según Nemtsov. Las empresas de los Rotenberg “cobran por sus contratos y no tienen que preocuparse por amortizar las inversiones ni responsabilizarse por la gestión de las instalaciones”, señala un ejecutivo de una empresa involucrada en los Juegos. continua... [/QUOTE]
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