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<blockquote data-quote="Sebastian" data-source="post: 1350953" data-attributes="member: 8629"><p>Relacionada a Rusia:</p><p> </p><p style="text-align: center"><span style="font-size: 22px"><strong>Crimea está cansada de anexiones</strong></span></p> <p style="text-align: left"></p><p>La península de Crimea, ahora parte de Ucrania, podría reincorporarse a Rusia de manera legítima si se anula el manifiesto de Catalina II sobre la anexión de este territorio al Imperio Ruso firmado hace 230 años, el 19 de abril de 1783.</p><p>Esta conclusión parece contradictoria, pero sólo a primera vista. Merece la pena repasar un poco la historia para comprender el porqué.</p><p> </p><p><strong>De la independencia a la anexión</strong></p><p>Hace 230 años la Emperatriz rusa, Catalina II, llamada La Grande (1729-1796), se vio 'obligada' a anexionar la península de Crimea en la costa norte del Mar Negro "para mayor provecho de la Patria". En el manifiesto editado a propósito explicó con detalle qué le había llevado a tomar tal decisión. Catalina indica que los gobernantes crimeanos no quisieron aprovechar la amplia autonomía que Rusia les había concedido el 21 de julio de 1774 por el Tratado de Küçük Kaynarca, que ponía fin a la Guerra ruso-turca (1768-1744).</p><p> </p><p>De acuerdo con el tratado, el Imperio Otomano reconocía la independencia del Kanato de Crimea, cosa que lo convertía de facto en un estado satélite de Rusia. Sin embargo, el kanato, al abandonar su largo vasallaje al Imperio Otomano, quedó dividido entre facciones fuertemente enfrentadas que apoyaban a Rusia o a Turquía.</p><p> </p><p>Una rebelión fomentada por los turcos, y liderada por el entonces kan Sahib II Giray hizo recapacitar a Catalina que en 1777 envió tropas a Crimea atendiendo la petición de ayuda por parte del hermano y sucesor del kan, Şahin Giray. Las tropas rusas entraron en la península sometiendo a los rebeldes y derrotando a los otomanos, asegurando la posición del que sería el último kan de Crimea.</p><p> </p><p>Esta intervención forzosa que costó al Imperio ruso "más de doce millones de rublos" y casi da lugar a una nueva guerra contra la 'Sublime Puerta', según subraya Catalina en su manifiesto, "cancela los compromisos anteriores relativos a la independencia de los pueblos tártaros" y "nos da el derecho de acoger la península de Crimea bajo Nuestra soberanía".</p><p> </p><p><strong>Cuarentena política</strong></p><p>La monarca rusa propuso a sus nuevos súbditos "merecer con su lealtad, diligencia y buenas costumbres" su benevolencia y generosidad y encargó al conde Potiomkin, su favorito en la corte, que tomara el asunto bajo su control personal. Ya el 10 de julio el enviado de la emperatriz reportaba sobre Crimea: "Todos los nobles ya juraron fidelidad a Su Majestad, los demás seguirán su ejemplo".</p><p> </p><p>Los que se negaban a hacerlo tenían "la libertad" de abandonar la península e ir a vivir "donde les plazca". Sin embargo, los que salían ya no podrían volver, primero por la cuarentena de peste en la provincia de Jersón, limítrofe con Ucrania; y segundo, porque los controles militares instalados por el favorito de la emperatriz rusa franqueaban el paso a la península sólo a los naturales de Rusia, los cosacos del Don y los ucranianos, al igual que a otros pueblos cristianos, que desearan asentarse en Crimea.</p><p> </p><p>Es bien sabido lo que ocurrió después. La península pasó a formar parte de la provincia rusa de Táurida. Más tarde Crimea tendría un papel importante en la guerra civil en Rusia, que se produjo entre 1918 y 1920, después de la Revolución Bolchevique de 1917, al ser un bastión de los "blancos" o anticomunistas apoyados primero por los alemanes y luego por los británicos, franceses, estadounidenses y turcos. Tras la victoria de los bolcheviques, se integró en la República Socialista Federativa Soviética de Rusia y, más tarde en la República Socialista Soviética de Ucrania, para terminar siendo parte de la Ucrania independiente después de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1991.</p><p> </p><p><strong>Recuperando Crimea</strong></p><p>Los tímidos intentos de Rusia de recuperar Crimea siempre han sido infundados y apelaban más bien a la conciencia colectiva de los ucranianos, recordando que la verdad histórica está de lado de los rusos: que fue la augusta soberana de Rusia la que anexionó la península “para mayor provecho” del imperio ruso, en ningún caso para el de Ucrania. Y si en 1954 el entonces líder de la URSS Nikita Jruschov firmó un decreto que “regalaba” Crimea a los ucranianos, fue porque estaba ebrio.</p><p> </p><p>El decreto del Soviet Supremo de la URSS transfirió a Ucrania la península de Crimea, que se convirtió en una región de esta república soviética, parte de la URSS. Los expertos y politólogos estudiaron minuciosamente el documento sin que se encontrara ningún motivo para denunciarlo de acuerdo a las normas del derecho internacional. En el momento de su ratificación Ucrania era una república independiente que formaba parte de la URSS con los mismos derechos y competencias que Rusia, incluso tenía su propio embajador en la ONU.</p><p> </p><p>Con el tiempo la pérdida de Crimea dejó de producir un intenso sentimiento de impotencia y rabia, aunque cualquier incidente volvía a abrir las viejas heridas. Los tártaros crimeanos, deseosos de volver a su patria (de la cual fueron expulsados por el dirigente soviético Iósif Stalin en 1945, supuestamente a causa de la generalizada colaboración con el enemigo nazi durante la ocupación), cada primavera rememoran la fecha de la firma del manifiesto de Catalina con la quema pública del mismo, mientras las autoridades ucranianas hacen la vista gorda. Y mientras, los rusos de nuevo se quedan embargados por un sentimiento de una enorme injusticia histórica.</p><p> </p><p>¡Cómo se equivocan! Porque de acuerdo a las normas del derecho internacional la anulación de este decreto, un acto que tanto hiere el orgullo nacional ruso, es el único camino legítimo para que Rusia recupere Crimea.</p><p> </p><p><strong>El secreto del manifiesto</strong></p><p>Desde un punto de vista jurídico, la anulación del manifiesto significaría la entrada en vigor, de forma automática, del ya mencionado Tratado de Küçük Kaynarca de 1774 entre el Imperio ruso y el otomano tras la derrota de este último en la guerra ruso-turca de 1768-1774. El documento, en particular, otorgaba la autonomía al Kanato de Crimea, que se transfería a Rusia. No a Ucrania, que por aquellos tiempos era una autonomía, con el mismo estatuto que la crimeana, dentro del Imperio ruso.</p><p> </p><p>Sin embargo, las autoridades ucranianas deberían de vigilar que los tártaros no quemasen junto al manifiesto de Catalina la Grande el Tratado de Küçük Kaynarca. En este caso entraría en vigor el Tratado de Bajchisarai de 1681 entre Moscú, Estambul y el Kanato de Crimea según el cual una tercera parte de la Ucrania actual pasaría bajo jurisdicción tártara.</p><p> </p><p>Es mejor no tocar los manifiestos, tratados y decretos relativos a Crimea, porque no hacen más que aumentar la confusión en torno a su situación. Además nunca han sido los decretos los que determinaban la condición legal de la península, sino las intervenciones de las tropas en momentos cruciales.</p><p>Ahora mismo el momento que vive Crimea está lejos de ser crucial, por lo tanto el 230 aniversario del manifiesto de la Emperatriz rusa, Catalina II, es, para los rusos, simplemente un buen momento para recordar este glorioso episodio de la historia nacional.</p><p> </p><p><strong>Impuesto turístico</strong></p><p>Tras la disolución de la URSS en 1991, los crimeanos durante varios años, hasta la segunda mitad de los 1990, vivieron con los ojos puestos en el Kremlin. Los ciudadanos de la península inventaban cualquier pretexto para quedarse con los pasaportes soviéticos, ya no válidos, para no perder la nacionalidad rusa.</p><p> </p><p>La guerra en la república norcaucásica rusa de Chechenia (1994-1996) contribuyó a que los crimeanos fueran cambiando de idea. Las primeras en renunciar a la ciudadanía de Rusia fueron las madres de hijos adolescentes ante la posibilidad de que fueran enviados al Cáucaso cuando llegase la hora de hacer el servicio militar. Luego a las madres se unieron los padres, descontentos por la insolencia con la que los “nuevos (o sea, ricos) rusos” hacían negocio en la península desalojando a los aborígenes.</p><p> </p><p>Ahora Crimea está “invadida” por los ejecutivos ucranianos, siendo ellos al menos un 40% del gobierno autonómico. Para los rusos, que sólo van a la península como turistas, esto es una circunstancia poco relevante, aunque más bien positiva. El sector turístico crimeano en los últimos años avanzó hasta tal punto que ya no hay cortes de agua en los hoteles y su personal se esfuerza por hacer bien su trabajo. Es más, en algunos de ellos hay habitaciones de lujo que cuestan hasta 10.000 euros por noche. ¿Quién se queda en estas habitaciones? El administrador contesta con un aire misterioso: “Son extranjeros. Les gusta venir aquí”. Los “extranjeros” en mayoría de los casos hablan ruso con acento moscovita.</p><p> </p><p>Para los ciudadanos rusos menos afortunados Crimea sigue siendo un destino turístico más accesible. Los crimeanos, sabiéndolo, se aprovechan de los turistas que llegan desde su antigua metrópoli estableciendo precios desorbitados.</p><p> </p><p>Este año el Gobierno de la República Autónoma de Crimea propuso aplicar un impuesto a los turistas a partir del verano que viene. Por ahora, los crimeanos han endurecido sanciones de tráfico para 'cazar' a los automovilistas descuidados que decidieron ir de vacaciones en coche.</p><p>Si la economía de la península lo permitiese, los crimeanos con mucho gusto se independizarían de todos. Es comprensible, están cansados de ser anexionados...</p><p><a href="http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20130425/156946131.html" target="_blank">http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20130425/156946131.html</a></p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Sebastian, post: 1350953, member: 8629"] Relacionada a Rusia: [CENTER][SIZE=6][B]Crimea está cansada de anexiones[/B][/SIZE][/CENTER] [LEFT] [/LEFT] La península de Crimea, ahora parte de Ucrania, podría reincorporarse a Rusia de manera legítima si se anula el manifiesto de Catalina II sobre la anexión de este territorio al Imperio Ruso firmado hace 230 años, el 19 de abril de 1783. Esta conclusión parece contradictoria, pero sólo a primera vista. Merece la pena repasar un poco la historia para comprender el porqué. [B]De la independencia a la anexión[/B] Hace 230 años la Emperatriz rusa, Catalina II, llamada La Grande (1729-1796), se vio 'obligada' a anexionar la península de Crimea en la costa norte del Mar Negro "para mayor provecho de la Patria". En el manifiesto editado a propósito explicó con detalle qué le había llevado a tomar tal decisión. Catalina indica que los gobernantes crimeanos no quisieron aprovechar la amplia autonomía que Rusia les había concedido el 21 de julio de 1774 por el Tratado de Küçük Kaynarca, que ponía fin a la Guerra ruso-turca (1768-1744). De acuerdo con el tratado, el Imperio Otomano reconocía la independencia del Kanato de Crimea, cosa que lo convertía de facto en un estado satélite de Rusia. Sin embargo, el kanato, al abandonar su largo vasallaje al Imperio Otomano, quedó dividido entre facciones fuertemente enfrentadas que apoyaban a Rusia o a Turquía. Una rebelión fomentada por los turcos, y liderada por el entonces kan Sahib II Giray hizo recapacitar a Catalina que en 1777 envió tropas a Crimea atendiendo la petición de ayuda por parte del hermano y sucesor del kan, Şahin Giray. Las tropas rusas entraron en la península sometiendo a los rebeldes y derrotando a los otomanos, asegurando la posición del que sería el último kan de Crimea. Esta intervención forzosa que costó al Imperio ruso "más de doce millones de rublos" y casi da lugar a una nueva guerra contra la 'Sublime Puerta', según subraya Catalina en su manifiesto, "cancela los compromisos anteriores relativos a la independencia de los pueblos tártaros" y "nos da el derecho de acoger la península de Crimea bajo Nuestra soberanía". [B]Cuarentena política[/B] La monarca rusa propuso a sus nuevos súbditos "merecer con su lealtad, diligencia y buenas costumbres" su benevolencia y generosidad y encargó al conde Potiomkin, su favorito en la corte, que tomara el asunto bajo su control personal. Ya el 10 de julio el enviado de la emperatriz reportaba sobre Crimea: "Todos los nobles ya juraron fidelidad a Su Majestad, los demás seguirán su ejemplo". Los que se negaban a hacerlo tenían "la libertad" de abandonar la península e ir a vivir "donde les plazca". Sin embargo, los que salían ya no podrían volver, primero por la cuarentena de peste en la provincia de Jersón, limítrofe con Ucrania; y segundo, porque los controles militares instalados por el favorito de la emperatriz rusa franqueaban el paso a la península sólo a los naturales de Rusia, los cosacos del Don y los ucranianos, al igual que a otros pueblos cristianos, que desearan asentarse en Crimea. Es bien sabido lo que ocurrió después. La península pasó a formar parte de la provincia rusa de Táurida. Más tarde Crimea tendría un papel importante en la guerra civil en Rusia, que se produjo entre 1918 y 1920, después de la Revolución Bolchevique de 1917, al ser un bastión de los "blancos" o anticomunistas apoyados primero por los alemanes y luego por los británicos, franceses, estadounidenses y turcos. Tras la victoria de los bolcheviques, se integró en la República Socialista Federativa Soviética de Rusia y, más tarde en la República Socialista Soviética de Ucrania, para terminar siendo parte de la Ucrania independiente después de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1991. [B]Recuperando Crimea[/B] Los tímidos intentos de Rusia de recuperar Crimea siempre han sido infundados y apelaban más bien a la conciencia colectiva de los ucranianos, recordando que la verdad histórica está de lado de los rusos: que fue la augusta soberana de Rusia la que anexionó la península “para mayor provecho” del imperio ruso, en ningún caso para el de Ucrania. Y si en 1954 el entonces líder de la URSS Nikita Jruschov firmó un decreto que “regalaba” Crimea a los ucranianos, fue porque estaba ebrio. El decreto del Soviet Supremo de la URSS transfirió a Ucrania la península de Crimea, que se convirtió en una región de esta república soviética, parte de la URSS. Los expertos y politólogos estudiaron minuciosamente el documento sin que se encontrara ningún motivo para denunciarlo de acuerdo a las normas del derecho internacional. En el momento de su ratificación Ucrania era una república independiente que formaba parte de la URSS con los mismos derechos y competencias que Rusia, incluso tenía su propio embajador en la ONU. Con el tiempo la pérdida de Crimea dejó de producir un intenso sentimiento de impotencia y rabia, aunque cualquier incidente volvía a abrir las viejas heridas. Los tártaros crimeanos, deseosos de volver a su patria (de la cual fueron expulsados por el dirigente soviético Iósif Stalin en 1945, supuestamente a causa de la generalizada colaboración con el enemigo nazi durante la ocupación), cada primavera rememoran la fecha de la firma del manifiesto de Catalina con la quema pública del mismo, mientras las autoridades ucranianas hacen la vista gorda. Y mientras, los rusos de nuevo se quedan embargados por un sentimiento de una enorme injusticia histórica. ¡Cómo se equivocan! Porque de acuerdo a las normas del derecho internacional la anulación de este decreto, un acto que tanto hiere el orgullo nacional ruso, es el único camino legítimo para que Rusia recupere Crimea. [B]El secreto del manifiesto[/B] Desde un punto de vista jurídico, la anulación del manifiesto significaría la entrada en vigor, de forma automática, del ya mencionado Tratado de Küçük Kaynarca de 1774 entre el Imperio ruso y el otomano tras la derrota de este último en la guerra ruso-turca de 1768-1774. El documento, en particular, otorgaba la autonomía al Kanato de Crimea, que se transfería a Rusia. No a Ucrania, que por aquellos tiempos era una autonomía, con el mismo estatuto que la crimeana, dentro del Imperio ruso. Sin embargo, las autoridades ucranianas deberían de vigilar que los tártaros no quemasen junto al manifiesto de Catalina la Grande el Tratado de Küçük Kaynarca. En este caso entraría en vigor el Tratado de Bajchisarai de 1681 entre Moscú, Estambul y el Kanato de Crimea según el cual una tercera parte de la Ucrania actual pasaría bajo jurisdicción tártara. Es mejor no tocar los manifiestos, tratados y decretos relativos a Crimea, porque no hacen más que aumentar la confusión en torno a su situación. Además nunca han sido los decretos los que determinaban la condición legal de la península, sino las intervenciones de las tropas en momentos cruciales. Ahora mismo el momento que vive Crimea está lejos de ser crucial, por lo tanto el 230 aniversario del manifiesto de la Emperatriz rusa, Catalina II, es, para los rusos, simplemente un buen momento para recordar este glorioso episodio de la historia nacional. [B]Impuesto turístico[/B] Tras la disolución de la URSS en 1991, los crimeanos durante varios años, hasta la segunda mitad de los 1990, vivieron con los ojos puestos en el Kremlin. Los ciudadanos de la península inventaban cualquier pretexto para quedarse con los pasaportes soviéticos, ya no válidos, para no perder la nacionalidad rusa. La guerra en la república norcaucásica rusa de Chechenia (1994-1996) contribuyó a que los crimeanos fueran cambiando de idea. Las primeras en renunciar a la ciudadanía de Rusia fueron las madres de hijos adolescentes ante la posibilidad de que fueran enviados al Cáucaso cuando llegase la hora de hacer el servicio militar. Luego a las madres se unieron los padres, descontentos por la insolencia con la que los “nuevos (o sea, ricos) rusos” hacían negocio en la península desalojando a los aborígenes. Ahora Crimea está “invadida” por los ejecutivos ucranianos, siendo ellos al menos un 40% del gobierno autonómico. Para los rusos, que sólo van a la península como turistas, esto es una circunstancia poco relevante, aunque más bien positiva. El sector turístico crimeano en los últimos años avanzó hasta tal punto que ya no hay cortes de agua en los hoteles y su personal se esfuerza por hacer bien su trabajo. Es más, en algunos de ellos hay habitaciones de lujo que cuestan hasta 10.000 euros por noche. ¿Quién se queda en estas habitaciones? El administrador contesta con un aire misterioso: “Son extranjeros. Les gusta venir aquí”. Los “extranjeros” en mayoría de los casos hablan ruso con acento moscovita. Para los ciudadanos rusos menos afortunados Crimea sigue siendo un destino turístico más accesible. Los crimeanos, sabiéndolo, se aprovechan de los turistas que llegan desde su antigua metrópoli estableciendo precios desorbitados. Este año el Gobierno de la República Autónoma de Crimea propuso aplicar un impuesto a los turistas a partir del verano que viene. Por ahora, los crimeanos han endurecido sanciones de tráfico para 'cazar' a los automovilistas descuidados que decidieron ir de vacaciones en coche. Si la economía de la península lo permitiese, los crimeanos con mucho gusto se independizarían de todos. Es comprensible, están cansados de ser anexionados... [url]http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20130425/156946131.html[/url] [/QUOTE]
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