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<blockquote data-quote="Merchant Marine one" data-source="post: 3655687" data-attributes="member: 13119"><p><h3>Fuego en el Río</h3><p>domingo, 2 de marzo de 2025</p><p>El combate Naval de San Nicolás de los Arroyos.</p><p></p><p><img src="https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745093905.jpg" alt="El combate Naval de San Nicolás de los Arroyos. " class="fr-fic fr-dii fr-draggable " style="" /></p><p>Las aguas pardas se agitaban con furia por la tormenta que amenazaba, como si el Paraná mismo presintiera el drama que se desataría al día siguiente. El cielo de plomo, pesado y despreciable. En la orilla, las siluetas de los hombres apenas delineadas por la tenue luz del amanecer, se recortaban contra el fuego pálido de las hogueras, que luchaban por mantenerse vivas en la fría brisa. </p><p></p><p></p><p>Los cascos de los barcos crujían con la corriente, y el olor a pólvora y madera mojada se mezclaba con el aire cargado de tensión. Juan Bautista Azopardo, un maltés de mirada penetrante y alma de corsario, tenía 39 años y había sido designado Comandante. Sabía que, al alba, se delinearía la que quizás sería la prueba definitiva, un enfrentamiento que podría definir no sólo el destino de la Escuadra patriota, sino el de toda la incipiente Nación. </p><p></p><p>La Escuadra, armada en medio de desesperación y coraje, se enfrentaría al rigor disciplinado y experimentado de la Armada española, dispuesta a aplastar cualquier intento de independencia. </p><p></p><p>Ocurrió el 2 de marzo de 1811. Aquella madrugada llegó silenciosa, casi como una premonición. Azopardo estaba de pie en la cubierta de la goleta “Invencible” y observaba cómo las primeras luces del día luchaban por romper el manto gris que cubría el horizonte. El nombre de su barco sonaba a una cruel ironía, un desafío al destino que ya se estaba escribiendo en las turbulentas aguas del Paraná. A su lado, hombres curtidos por la guerra y el exilio esperaban la señal para el combate: Hipólito Bouchard, al mando del bergantín “25 de mayo”, y Ángel Hubac, comandando la balandra “Americana”, ambos con las cicatrices de batallas pasadas que les habían otorgado su lugar allí. La lucha no sería fácil, sabían que la desventaja era clara, pero la causa por la que luchaban valía cualquier sacrificio. </p><p><img src="https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745118147.jpg" alt="gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina" class="fr-fic fr-dii fr-draggable " style="" /></p><p>El fragor del combate llegó con el amanecer. Los bergantines españoles, moviéndose con la precisión de una máquina bien aceitada, se deslizaron río arriba. El “Belén” y el “Cisne” abrieron fuego sin advertencia, disparando sus cañones con furia, como si quisieran desintegrar hasta el aire. La “Invencible” respondió con sus doce piezas de artillería, un trueno que retumbó en la humedad del Paraná con ecos de destrucción. Hubac, con su rostro endurecido por las interminables luchas por Francia y por Buenos Aires, disparó desde la “Americana”, al tiempo que el “25 de mayo”, bajo la mano firme de Bouchard, se lanzó imparable al ataque. </p><p></p><p>Tres barcos contra cuatro. Casi sin marinos, con tripulantes de oficios diversos que poco sabían de marinería, pero sí de anhelos de libertad. Del otro lado, Jacinto de Romarate, un comandante vasco, veterano de batallas que habían puesto de rodillas a imperios, lideraba la Escuadra española, confiado en la victoria. </p><p></p><p>El aire se llenó de astillas y humo, y sobre la cubierta de los barcos todo era sangre y gritos en diversos idiomas porque la muerte no tiene bandera. Pronto los navíos de Romarate lograron dejar fuera de combate a Hubac y sus hombres, rodearon e intentaron abordar la “25 de Mayo” cuya tripulación se desbandó, para finalmente rodear al buque insignia. Azopardo peleó con la tenacidad de un hombre sin Patria, consciente de que esa batalla era su única oportunidad para apoyar la campaña al Norte del General Manuel Belgrano. </p><p></p><p>Ordenó a sus marinos resistir, a pesar de que la metralla española barría las defensas y la desesperanza comenzaba a infiltrarse en las filas patriotas. La batería en tierra, con el Capitán Gregorio Cardozo al mando, lanzó descargas desesperadas intentando contener el avance enemigo, pero fue en vano. La “Invencible”, con sus velas hechas jirones al igual que sus hombres, sólo resistía por la amenaza de Azopardo de volar la santabárbara para hundir el barco. Sus propios heridos lo convencieron de no hacerlo. </p><p><img src="https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745139531.jpg" alt="gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina" class="fr-fic fr-dii fr-draggable " style="" /></p><p>La lucha culminó y la espada del comandante de la primera Escuadra patriota fue arrebatada por la mano de un oficial enemigo. Los sobrevivientes fueron encadenados y arrastrados como prisioneros de guerra. Azopardo fue llevado prisionero y exhibido por las calles de Montevideo como un trofeo de guerra antes de ser enviado a España. Diez largos años de prisión lo esperaban en Cádiz y Ceuta, donde recordaría las horas más oscuras de esa derrota mientras la humedad de una celda le impregnaba la piel y el alma. </p><p></p><p>Sin embargo, el combate de San Nicolás de los Arroyos no fue el final, sino el principio. Porque el Paraná, aquel día teñido de pólvora y sangre, se convirtió en un testigo inmutable que vio nacer una llama de esperanza en la lucha por la libertad. Porque, aunque la Escuadra patriota fue destruida no lo fue el propósito de un pueblo que se levantaba en los confines del mundo contra el poder de la principal potencia de la tierra. </p><p></p><p>El gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata tomó nota de los errores de aquel combate. La guerra continuó, y el eco de los cañones de San Nicolás resonó más allá de ese tiempo. Jorge Luis Borges escribió alguna vez que “La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”. Y es que la historia de un país se escribe también en sus aguas, y en las batallas perdidas que construyen las futuras victorias. </p><p><img src="https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745155028.jpg" alt="gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina" class="fr-fic fr-dii fr-draggable " style="" /></p><p>Créditos: Gaceta Marinera Digital</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Merchant Marine one, post: 3655687, member: 13119"] [HEADING=2]Fuego en el Río[/HEADING] domingo, 2 de marzo de 2025 El combate Naval de San Nicolás de los Arroyos. [IMG alt="El combate Naval de San Nicolás de los Arroyos. "]https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745093905.jpg[/IMG] Las aguas pardas se agitaban con furia por la tormenta que amenazaba, como si el Paraná mismo presintiera el drama que se desataría al día siguiente. El cielo de plomo, pesado y despreciable. En la orilla, las siluetas de los hombres apenas delineadas por la tenue luz del amanecer, se recortaban contra el fuego pálido de las hogueras, que luchaban por mantenerse vivas en la fría brisa. Los cascos de los barcos crujían con la corriente, y el olor a pólvora y madera mojada se mezclaba con el aire cargado de tensión. Juan Bautista Azopardo, un maltés de mirada penetrante y alma de corsario, tenía 39 años y había sido designado Comandante. Sabía que, al alba, se delinearía la que quizás sería la prueba definitiva, un enfrentamiento que podría definir no sólo el destino de la Escuadra patriota, sino el de toda la incipiente Nación. La Escuadra, armada en medio de desesperación y coraje, se enfrentaría al rigor disciplinado y experimentado de la Armada española, dispuesta a aplastar cualquier intento de independencia. Ocurrió el 2 de marzo de 1811. Aquella madrugada llegó silenciosa, casi como una premonición. Azopardo estaba de pie en la cubierta de la goleta “Invencible” y observaba cómo las primeras luces del día luchaban por romper el manto gris que cubría el horizonte. El nombre de su barco sonaba a una cruel ironía, un desafío al destino que ya se estaba escribiendo en las turbulentas aguas del Paraná. A su lado, hombres curtidos por la guerra y el exilio esperaban la señal para el combate: Hipólito Bouchard, al mando del bergantín “25 de mayo”, y Ángel Hubac, comandando la balandra “Americana”, ambos con las cicatrices de batallas pasadas que les habían otorgado su lugar allí. La lucha no sería fácil, sabían que la desventaja era clara, pero la causa por la que luchaban valía cualquier sacrificio. [IMG alt="gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina"]https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745118147.jpg[/IMG] El fragor del combate llegó con el amanecer. Los bergantines españoles, moviéndose con la precisión de una máquina bien aceitada, se deslizaron río arriba. El “Belén” y el “Cisne” abrieron fuego sin advertencia, disparando sus cañones con furia, como si quisieran desintegrar hasta el aire. La “Invencible” respondió con sus doce piezas de artillería, un trueno que retumbó en la humedad del Paraná con ecos de destrucción. Hubac, con su rostro endurecido por las interminables luchas por Francia y por Buenos Aires, disparó desde la “Americana”, al tiempo que el “25 de mayo”, bajo la mano firme de Bouchard, se lanzó imparable al ataque. Tres barcos contra cuatro. Casi sin marinos, con tripulantes de oficios diversos que poco sabían de marinería, pero sí de anhelos de libertad. Del otro lado, Jacinto de Romarate, un comandante vasco, veterano de batallas que habían puesto de rodillas a imperios, lideraba la Escuadra española, confiado en la victoria. El aire se llenó de astillas y humo, y sobre la cubierta de los barcos todo era sangre y gritos en diversos idiomas porque la muerte no tiene bandera. Pronto los navíos de Romarate lograron dejar fuera de combate a Hubac y sus hombres, rodearon e intentaron abordar la “25 de Mayo” cuya tripulación se desbandó, para finalmente rodear al buque insignia. Azopardo peleó con la tenacidad de un hombre sin Patria, consciente de que esa batalla era su única oportunidad para apoyar la campaña al Norte del General Manuel Belgrano. Ordenó a sus marinos resistir, a pesar de que la metralla española barría las defensas y la desesperanza comenzaba a infiltrarse en las filas patriotas. La batería en tierra, con el Capitán Gregorio Cardozo al mando, lanzó descargas desesperadas intentando contener el avance enemigo, pero fue en vano. La “Invencible”, con sus velas hechas jirones al igual que sus hombres, sólo resistía por la amenaza de Azopardo de volar la santabárbara para hundir el barco. Sus propios heridos lo convencieron de no hacerlo. [IMG alt="gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina"]https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745139531.jpg[/IMG] La lucha culminó y la espada del comandante de la primera Escuadra patriota fue arrebatada por la mano de un oficial enemigo. Los sobrevivientes fueron encadenados y arrastrados como prisioneros de guerra. Azopardo fue llevado prisionero y exhibido por las calles de Montevideo como un trofeo de guerra antes de ser enviado a España. Diez largos años de prisión lo esperaban en Cádiz y Ceuta, donde recordaría las horas más oscuras de esa derrota mientras la humedad de una celda le impregnaba la piel y el alma. Sin embargo, el combate de San Nicolás de los Arroyos no fue el final, sino el principio. Porque el Paraná, aquel día teñido de pólvora y sangre, se convirtió en un testigo inmutable que vio nacer una llama de esperanza en la lucha por la libertad. Porque, aunque la Escuadra patriota fue destruida no lo fue el propósito de un pueblo que se levantaba en los confines del mundo contra el poder de la principal potencia de la tierra. El gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata tomó nota de los errores de aquel combate. La guerra continuó, y el eco de los cañones de San Nicolás resonó más allá de ese tiempo. Jorge Luis Borges escribió alguna vez que “La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”. Y es que la historia de un país se escribe también en sus aguas, y en las batallas perdidas que construyen las futuras victorias. [IMG alt="gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina"]https://api.gacetamarinera.com.ar/uploads/2025/02/28/1027/1740745155028.jpg[/IMG] Créditos: Gaceta Marinera Digital [/QUOTE]
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Guerra desarrollada entre Argentina y el Reino Unido en 1982
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