LA CANDENTE CUESTIÓN ATÓMICA TRAS LA 2GM

LA CUESTION ATÓMICA




PRIMER ENSAYO, PRIMERA PRUEBA EN LOS ÁLAMOS DE LA BOMBA "A", PROYECTO TRINITY, EN EL MARCO DEL COMPLEJO PROGRAMA DEL PROYECTO MANHATTAN, UN DÍA 16 DE JULIO DE 1945.

No se asocia el escándalo al nombre de Niels Bohr; sí genio y carácter. Ganador del Premio Nobel, introductor de la mecánica cuántica en la explicación de la naturaleza del átomo, fue un titán de la ciencia del siglo XX. Se opuso a la ocupación nazi de su Dinamarca natal; refugiado en los Estados Unidos, participó en el proyecto Manhattan, que daría a esa nación el poder nuclear. Pero Bohr fue también un notorio abogado de la cooperación internacional, y encareció a Franklin D. Roosvelt y Winston Churchill que, en pro de la paz mundial, permitiesen que otros países conocieran los entresijos de la bomba atómica.
Movido por esas convicciones, ¿no fue Bohr demasiado lejos? El año pasado, fuentes que parecían bien acreditadas hicieron público que Bohr pasó a la Unión Soviética información reservada del programa estadounidense para la fabricación de la bomba. Las sospechas se centran en un encuentro entre Bohr y la policía secreta de Beria que tuvo lugar en 1945.
Estas suspicacias carecen de fundamento, como deja claro el artículo que sigue. Los autores, físicos de renombre por derecho propio, repasan las circunstancias que condujeron al encuentro y muestran que Bohr no intentó ocultarlo a las autoridades. Además, basándose en un memorándum destinado a Stalin que incluye una transcripción de la conversación, sostienen que Bohr se expresó de forma deliberadamente vaga acerca de lo que sabía. La autoridad académica de los autores disipa las nubes que nunca debieron posarse sobre la figura intachable de Bohr.
Se aborda luego un episodio de la vida del danés no menos apasionante: ¿facilitó a los aliados el programa alemán de armas nucleares? El autor del segundo artículo, un físico convertido en detective, sigue una pista de hace cincuenta años para descubrir si Bohr recibió el dibujo de un dispositivo nuclear de manos de Werner Heisenberg. La trama retrata una época no tan lejana en la que el equilibrio del poder y los misterios del espionaje pendían sobre el trabajo de todo físico que estudiara los secretos del átomo.

ALTO SECRETO

28 de noviembre de1945

Camarada Stalin, J.V.

“Un físico muy conocido, el profesor Niels Bohr, que participó en el desarrollo de la bomba atómica, ha vuelto de los Estados Unidos a Dinamarca para trabajar en su Instituto de Física Teórica de Copenhague. Niles Bohr ha obtenido grandes logros científicos, tiene puntos de vista progresistas y apoya vigorosamente el intercambio internacional. Apoyados en esos datos, procedimos a enviar a Dinamarca, con el pretexto de buscar el equipo científico tomado por los alemanes, un grupo de agentes que tenía que establecer contacto con Niels Bohr y recabar del mismo información sobre el asunto de la bomba atómica...”

Firmado: Lavrenti Beria

Lavrenti Beria(Jefe de la NKVD, luego KGB, "hábil manipulador y astuto organizador, participó de la Gran Purga staliniana de preguerra,asesor, espía político, íntimo amigo de Stalin. El gran líder soviético lo puso al frente de un tema clave antes del fin de la 2GM: obtener información clave para el dominio científico que se auguraba como la Era Nuclear... Sucediendo para ello al gran científico soviético Igor Kurchatov, quien controló el PAS (Proyecto Atómico Soviético) hasta 1945. Beria seria a partir de entonces el líder en la compleja trama del PAS, la futura bomba atómica soviética.


¿REVELÓ BOHR SECRETOS NUCLEARES?

Niels Bohr, danés, Premio Nobel de Física en 1922, calificó su doctorado elaborando una nueva tesis mejorada para crear una nueva estructura atómica activa, de la ideada originalmente ideada por Rutheford, carente en su esencia de nuevos elementos claves en el núcleo atómico. Bohr comprendió la falta, y subrayó la interacción de los electrones, y la capacidad de éstos de pasar de una órbita interior a otra exterior, o viceversa. Además vislumbró el significado crítico de la estructura atómica y la cuestión radiactiva. Niels Bohr se encontró con un agente soviético a finales de 1945. Algunos le acusan de haber divulgado secretos nucleares.

Hans AA. Bethe, Kurt Gottfried y Roald Z. Sagdeev

“La información más vital para el desarrollo de la primera bomba atómica soviética procedió de algunos de los científicos que proyectaron la bomba atómica en Los Álamos... Aceptaron compartir información sobre armas nucleares con los soviéticos...”

Esta acusación sensacionalista aparece en el libro Special Tasks, publicado en 1994. Culpa a Bohr y a otros científicos del proyecto Manhattan de haber proporcionado al espionaje soviético informaciones confidenciales sobre el programa estadounidense sobre la fabricación de la bomba atómica. El libro, basado en los recuerdos de Pavel Sudoplatov, gerifalte de la policía secreta de Stalin, no aporta prueba alguna de tan grave cargo. Pero la sombra de la duda se ha hecho cada vez más densa.
También acaba de salir a la luz -sacado de los archivos de la KGB – un memorándum dirigido a Stalin donde se narra la “conexión Bohr”. El documento contiene una descripción, se supone que literal, del mismísimo encuentro de noviembre de 1945 en el que Bohr pasaría a los soviéticos informaciones reservadas. Tras revisar con lupa el documento, hemos econtrado pruebas de que las acusaciones contra Bohr son falsas.
Para entender la polémica y nuestro análisis del memorándum conviene recordar el desarrollo de la física nuclear antes de la guerra, y los esfuerzos que durante el conflicto se invirtieron en aplicar la ciencia a la maquinaria bélica. A principios del siglo XX se había descubierto que el átomo consta de un núcleo, que contiene protones y cuya carga es positiva, y de los electrones que giran a su alrededor. Se sabía también que, dentro del núcleo, la energía supera millones de veces la liberada en las explosiones químicas. No se avanzó gran trecho en la estructura del núcleo hasta que en 1932 James Chadwick, de la Universidad de Cambridge, descubrió el neutrón. Sus trabajos demostraron que el núcleo se compone de protones y neutrones.
El neutrón se convirtió enseguida en una sonda para desentrañar las propiedades del núcleo. Al carecer los neutrones de carga eléctrica, el núcleo, dotado de carga positiva, no los repele; pueden así entrar con facilidad en los núcleos de muchos elementos, proceso que recibe el nombre de “captura de neutrones”. Se estudiaron numerosas reacciones nucleares en las que intervenía la captura de neutrones, pero ninguna producía cambios llamativos en el núcleo.
En diciembre de 1938 Otto Hahn y Fritz Strassmann, del Instituto Kaiser Wilhelm de Berlín, observaron en el uranio, el elemento más pesado que por entonces se conocía, una reacción asombrosa. Les sorprendió que entre los productos del bombardeo del uranio con neutrones estuviese el bario, un elemento bastante ligero. Otto Frisch y Lise Meitner, dos huidos de la Alemania nazi, interpretaron que la observación de Hahn y Strassmann indicaba que el núcleo de uranio se dividía en dos núcleos de tamaño parecido. Frisch y Meitner le dieron al proceso el nombre de “fisión”. Razonaban que la repulsión eléctrica entre los muchos protones que hay en los núcleos más pesados les hacía a éstos casi inestables; por tanto, la captura de otro neutrón poddría causar que se partiesen. Calcularon también que, si el uranio se escindía en dos, se liberaría muchísima más energía que en todas las reacciones nucleares observadas hasta ese momento.

En la pequeña comunidad internacional de los físicos nucleares prendió una actividad frenética. Al principio les movía la curiosidad científica, y todos los resultados nuevos se publicaron sin trabas. Pero dos descubrimientos de principios de 1939 iban a ser de capital importancia en los programas militares que se emprenderían tras la invasión de Polonia por Adolf Hitler en septiembre del mismo año.
Durante una corta estancia en la Universidad de Princeton, en el invierno de 1939, Bohr conjeturó que sólo una minúscula fracción de los núcleos del mineral de uranio experimentaba la fisión observada. El segundo descubrimiento crucial, hecho por dos grupos independientemente, fue que el núcleo de uranio emitía varios neutrones durante el proceso de fisión. Estos neutrones secundarios podían, pues, inducir la fisión de otros núcleos e iniciar así una reacción en cadena.
Con el físico norteamericana John Wheeler, Bohr elaboró una teoría minuciosa de la fisión gracias a la cual ambos pudieron predecir si el núcleo de un elemento dado sufriría o no la fisión tras la captura de un neutrón. Ponderaron también la probabilidad de que los núcleos padeciesen la “fisión espontánea”, es decir, sin que les desestabilizase primero un neutrón capturado.
Con su nueva teoría, Bohr y Wheeler reforzaron la idea del primero, según la cual sólo una pequeña fracción de los núcleos del uranio natural experimentaba la fisión inducida por neutrones. Mostraron, en concreto, que esos núcleos eran de un tipo raro, el “uranio 235”. Como le pasa a la mayoría de los elementos, hay varias formas de uranio, o isótopos, que difieren entre sí por el número de neutrones en sus núcleos. Por ejemplo, el uranio 235, que constituye el 0,7 por ciento del mineral de uranio natural, tiene 143 neutrones y 92 protones; el número de masa 235 es la suma del número de neutrones y el de protones. El isótopo más abundante, el uranio 238, tiene 146 neutrones además de los 92 protones.

Parte 1
 
UNA CONVERSACIÓN EN COPENHAGUE

Comentarios de autores: Bethe, Gottfried y Sagdeev



Los siguientes extractos de la conversación entre Terletskii ((científico soviético, el cual fue partícipe del ultrasecreto programa PAS soviético de obtención de tecnología e información nuclear) y Bohr están sacados de una traducción de la transcripción que se le entregó a Stalin en 1945.

TERLETSKII: ¿Qué método práctico hay para obtener uranio 235 en grandes cantidades, y qué método se considera que es el más prometedor (por difusión, magnético u otro)?

BOHR: Los científicos de todos los países conocen bien la teoría de la obtención de uranio 235; se desarrolló antes de la guerra y no presenta secretos. La guerra no ha añadido prácticamente nada nuevo. Hay que señalar, sin embargo, que el problema del reactor de uranio y el del plutonio que sale de él se resolvieron ambos durante la guerra, si bien los principios tampoco eran nuevos. Tan sólo se llevaron a la práctica. El principal avance se refiere a la separación del uranio 235 de la mezcla natural de isótopos. Una vez se obtiene la cantidad requerida de uranio 235, no se alza dificultad teórica alguna e el camino hacia la bomba. La separación del uranio 235 se logra mediante el método de difusión, que es bien conocido, y también mediante la espectroscopia de masas. No se ha usado ningún método nuevo. El éxito norteamericano se debe a la realización práctica de diseños bien conocidos a una escala increíblemente grande. Debería advertirle que, mientras estuve en los Estados Unidos, no participé en el desarrollo técnico del proyecto, y por lo tanto, no me son familiares las características de los diseños o el tamaño de los aparatos, ni siquiera parte alguna de ellos...

Comentario de los autores: Si ésta fue en verdad la respuesta emitida por Niels Bohr, echó mano de una arrogancia intelectual que no era habitual en él para no tener que dar una contestación más sustanciosa. Los métodos de separación que menciona sólo podían aislar cantidades minúsculas de isótopos específicos, no kilogramos. Muchos creyeron (especialmente Bohr), que este problema suponía un obstáculo insuperable para la construcción de bombas atómicas. Fueron necesarias innovaciones ingeniosas para que la separación de isótopos a gran escala fuese factible. La respuesta de Bohr viene a ser como si se le hubiese preguntado a Isaac Newton cómo podría ponerse a una persona en la Luna, y el físico inglés hubiera respondido que, aparte de algunos detalles técnicos, todo lo que hacía falta estaba en los “Principia”.

TERLETSKII: ¿Cuál es el número de fisiones espontáneas por unidad de tiempo para todas las sustancias antes mencionadas (uranio 235, uranio 238, plutonio 239, plutonio 240)?

BOHR: La fisión espontánea es bastante insignificante y no debería tenérsela en cuenta en los cálculos. La vida media de la fisión espontánea es de unos 7000 años. No puedo darle una cifra más precisa, pero entenderá usted que con este valor de la vida media de la fisión espontánea no cabe esperar que afecte al proceso significativamente.

Comentario de los autores: esta pregunta viene tras una serie de otras sobre los reactores y antes de una relativa al número de neutrones que se liberan en la fisión, que es importante tanto para los reactores como para las bombas. Por consiguiente, no está claro si la pregunta se refiere a aquellos o a éstas. La respuesta de Bohr es correcta si se refiere al diseño de reactores, pero no para el diseño de bombas. Como se explica detenidamente en el texto, para la bomba de plutonio era vital que se tuviera en cuenta la fisión espontánea, ya que requería un diseño completamente original.

TERLETSKII: ¿Con qué material se hicieron las bombas atómicas?

BOHR: No sé con exactitud qué material se empleó en las bombas que se lanzaron sobre el Japón. No creo que haya un físico teórico que responda esa pregunta. Sólo los militares lo saben. Como científico, puedo decir que se hicieron bien con plutonio, bien con uranio 235.

Comentario de los autores: Muchos científicos con responsabilidades en Los Álamos (Bethe, por ejemplo), sabían qué materiales se empleaban, pero ignoramos si ése era el caso de Bohr.

TERLETSKII: ¿Se usa la materia superdensa antes de la explosión de la bomba o bajo el impacto de la explosión?

BOHR: No hay necesidad de eso. La cuestión es que las partículas de uranio se mueven durante la explosión a velocidades iguales a las de los neutrones. Si no fuese así, la bomba se desintegraría con una pequeña explosión sola. Pero, con una explosión, debida a la velocidad igual, el proceso de la fisión del uranio continúa después incluso de la explosión.

Comentario de los autores: La pregunta es confusa. Cabe suponer que se quería saber si la alta densidad del material fisible producido por la explosión química inicial era capaz de incrementar la reacción en cadena, y una contestación al respecto habría sido muy valiosa. Lo que se transcribe que Bohr dijo nos es incomprensible, y a los soviéticos tuvo que pasarles lo mismo...

Parte 2
 
Varios experimentos confirmaron pronto la predicción de Bohr de que sólo el uranio 235 sufría la “fisión” inducida por neutrones. De este hallazgo se seguía que las técnicas que se basaran en la fisión del uranio requerirían seguramente el aislamiento del uranio 235. Pero la consecución de ese aislamiento sería sumamente difícil. La manera en que un átomo se comporta en cualquier proceso químico queda determinada por la carga eléctrica del núcleo y no depende, pues, del número de neutrones. Por tanto, no se podía separar en el mineral el uranio 235 del 238 mediante un proceso químico, fuese el que fuese. La separación tendría que descansar sólo en la muy pequeña diferencia de peso (un uno por ciento), entre el isótopo raro y los abundantes. No se conocía por entonces ningún método de separación a gran escala que fuese, ni remotamente, costeable.​
Esta dificultad engendró en un principio un gran escepticismo acerca de que la fisión nuclear pudiera tener aplicaciones prácticas (dicho sea de paso, seguras, costeables, de uso práctico, tanto militar como civil...)
Muchos físicos, de todas las grandes naciones que pronto estarían en guerra, entendían que la reacción en cadena en el uranio podría desarrollar dos funciones, distintas aunque estrechamente relacionadas, de profundo alcance. En primer lugar, una reacción en cadena autoabastecida haría posibles las centrales de energía nuclear. En segundo lugar, si la reacción en cadena se multiplicaba indefinidamente, generaría una explosión descomunal... Pero, como la posibilidad de aislar el suficiente uranio 235 para hacer una bomba atómica, parecía utópica, casi nadie creía que se pudiese fabricar un dispositivo así en un futuro previsible, y, mucho menos aún, que pudiera influir en el resultado de la guerra...
A pesar de lo improbable que parecía, el miedo a que Alemania – que tan destacado papel había desempeñado en la física moderna – produjese armas nucleares hizo que los físicos de Gran Bretaña y Estados Unidos abogasen por la investigación de los usos militares de la “fisión...”
El programa norteamericano de armas nucleares empezó modestamente en 1940, con una subvención gubernamental de 6000 dólares... concedida a Enrico Fermi y otros científicos, muchos de ellos refugiados de Europa. Fermi había abandonado su Italia natal para instalarse en la Universidad de Columbia en enero de 1939. Su primer proyecto fue generar una reacción en cadena autoabastecida en el uranio natural, a pesar de que contenía muy poco de uranio 235 fisionable; Fermi acabaría por conseguirlo en Chicago, en diciembre de 1942.


El Nobel italiano Enrico Fermi en los laboratorios de Alamogordo, Nuevo México. Fermi crearía la primera pila atómica, que no es otra cosa que un reactor nuclear de energía en cadena controlable de investigación. Era el camino al futuro que prolifera hoy.​

Pero ya antes físicos de Alemania, la Unión Soviética y los Estados Unidos habían reparado en otro camino para llegar a la fabricación de bombas nucleares. Habían predicho, cada cual por su lado y en secreto, que la captura de un neutrón por el isótopo abundante, el uranio 238, podía hacer que éste se transformase en un nuevo elemento –al que ahora se le llama plutonio -, que experimentaría la fisión inducida por neutrones con la misma facilidad que un isótopo raro, el uranio 235. Al ser un elemento distinto, cabe separar por medios químicos, el plutonio del uranio en el que se ha producido, con lo que se evita el tortuoso problema de la separación de los isótopos. Resultó, además, que el reactor de uranio de Fermi también hacía plutonio...
Este reactor se convirtió en el prototipo de la planta de producción del plutonio que se construiría en Hanford, Washington.
Volvamos a 1940. Mientras las investigaciones nucleares norteamericanas se concentraban aún en si se podría lograr un reactor nuclear operativo, los británicos desempeñaron un papel decisivo en la demostración de que el arma nuclear era un objetivo alcanzable. En marzo, Frisch y otro refugiado alemán, Rudolf Peierls, trabajando clandestinamente y sin el apoyo del gobierno en la Universidad de Birmingham, calcularon la cantidad mínima de uranio 235 puro que conduciría a una reacción en cadena explosiva. Llegaron al sorprendente resultado de que esa “masa crítica” era de sólo varios kilogramos... Parte 3
 
Un memorándum hizo saber al gabinete de Winston Churchill sus cálculos y prometedoras ideas sobre la separación isotópica. El gabinete decidió impulsar las investigaciones encaminadas a la obtención de la bomba nuclear. La postura británica contribuyó a que el presidente Franklin D. Roosevelt se convenciese en 1942 de que debía crear el “Proyecto Manhattan”. El esfuerzo estadounidense por desarrollar armas nucleares emplearía pronto a miles de personas en el laboratorio de ingeniería y construcción de armamento en Los Alamos, Nuevo México, así como en muchas otras instalaciones dispersas por la nación.
No queriendo dejar ninguna tecla sin tocar, los Estados Unidos siguieron la bomba, la ruta del plutonio y la del uranio. La primera concepción de la bomba que se consideró en el laboratorio de Los Álamos – el diseño pistola -, consistía en disparar dos masas subcríticas de uranio la una contra la otra para que se formase súbitamente una masa crítica. En la bomba que destruyó Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, que se atenía a ese diseño, se empleó uranio 235 casi puro, separado del mineral con un coste inmenso.
Método que, sin embargo, no funcionaría con el plutonio. Cuando llegó a Los Álamos la primera muestra de ese material, se produjo una gran sorpresa. Se vio que mostraba una tendencia apreciable a fisionarse espontáneamente. Si se reunía la masa crítica mediante el diseño de pistola, los neutrones emitidos durante la “fisión espontánea” iniciarían una reacción en cadena y se liberaría una cantidad de calor enorme, que desactivaría el dispositivo y dejaría sólo que se produjese una explosión pequeña.
Para detonar la “bomba de plutonio” se concibió un montaje radicalmente nuevo, mucho más difícil: el diseño de implosión. En esta técnica se usaba una esfera subcrítica de plutonio rodeada por explosivos ordinarios. Una explosión química comprimía el plutonio hasta una densidad mucho mayor que la que tiene en un ambiente normal. En virtud de esa gran densidad, la reacción en cadena progresaba muy deprisa. La compresión era tan rápida, que la fisión espontánea del plutonio no tenía tiempo para desactivar el dispositivo. El diseño de implosión se utilizó contra Nagasaki el 9 de agosto de 1945.
Dos días después de este segundo bombardeo, el gobierno de los Estados Unidos hizo público su informe oficial sobre el “Proyecto Manhattan”. Escrito por Henry deWolf Smyth, profesor de Princeton, el libro divulgó una gran cantidad de información, pero sirvió también a un importante propósito de serguridad. En el proyecto habían participado miles de personas, así que era fundamental que hubiera una definición inequívoca sobre lo que pertenecía al ámbito de los secretos militares y lo que estaba exento de esa salvaguarda...
A este respecto, escribía tajante el general de división Leslie R. Groves, comandante militar del Proyecto Manhattan, en el prefacio del documento: “No deben hacerse peticiones de información adicional.”
General de división Leslie Groves, responsable y director militar de las instalaciones y el programa nuclear norteamericano "Manhattan". Ni que decir tiene que los soviéticos se interesaron también por las armas nucleares durante la guerra. Gracias al libro de David Holloway, “Stalin and the Bomb”, la interrelación entre la ciencia, el espionaje y la política que marcó este intento se ha conocido ahora en Occidente.

Desde mediados de los años treinta un grupo de jóvenes investigadores del Instituto Politécnico de Leningrado, dirigido por Igor V. Kurchatov, se había inclinado por las cuestiones subatómicas. Así, Georgii N. Flerov, alumno de Kurchatov, fue el primero en confirmar la prediccón de Bohr y Wheeler sobre la fisión espontánea del uranio, resultado que publicó en julio de 1940 en la norteamericana “Physical Review”. Parte 4
 
Los teóricos soviéticos se contaban entre la avanzada mundial. En el Instituto de Química Física de Leningrado, Iulii B. Khariton y Iakov B. Zeldovich (quien, con Andrei Sakharov, dirigía el programa soviético de la bomba de hidrógeno durante la posguerra) efectuaron y publicaron estudios pioneros de la reacción de fisión en cadena en el uranio natural. En 1941, una vez se hubo impuesto el secreto, Khariton y Zeldovich, como Frisch y Peierls antes que ellos, calcularon correctamente la masa crítica del uranio 235. (Sorprendentemente, los físicos alemanes nunca efectuaron este cálculo durante la guerra, a pesar de que la reputación de la ciencia alemana convenció a Churchill y a Roosevelt de que debían perseguir la construcción de la bomba a cualquier costo.)

Nota: Sin embargo las implicancias y alcances de los teóricos matemáticos, físicos y químicos alemanes, alcanzarían durante la preguerra, la guerra y posguerra una relevancia indiscutible, aunque sí oculta a los intereses impuestos en todos los ordenes por los vencedores. Véase el caso del Premio Nobel de Física de 1932, Werner Heisenberg, quien edificó el modelo de la estructura atómica actualmente admitida; fue quien también inculcó y aplicó la mecánica cuántica al estudio de los átomos y sus implicancias inherentes a la física nuclear actual, además de formular nada menos que el Principio de Indeterminación. Así como él, Max Planck, Premio Nobel en 1918, se especializó en la elaboración teórica y en trabajos relacionados con la termodinámica, radiación del cuerpo negro, electricidad y mecánica. Y es allí, justamente, donde su mente brillaría por sobre todas las otras, puesto que es el autor de la Teoría de los Cuantos, dicho de simple modo, Mecánica Cuántica... Ellos, como muchos otros alemanes, aportaron, divulgaron, educaron y dimensionaron la importancia crítica y futura de la energía nuclear, en un contexto, escueto, sucinto, podría decirse, de académicos renombrados (y otros no tanto...) de buena parte del mundo, quienes finalmente darían comienzo a la Era Nuclear con la primera experiencia en Los Álamos y, luego las tristemente célebres explosiones en Hiroshima y Nagasaki...
Es de notar también que muchos de los renombrados científicos y colaboradores alemanes antes y durante la guerra, emigraron o fugaron (algunos yendo a Inglaterra y Estados Unidos), por cuestiones tanto políticas como discriminatorias (el origen judío de muchos de ellos le valió la contundente negativa por parte del mismo Hitler en su condición de alemanes no arios, ridiculizando incluso la alta categoría académica de Einstein, y así como él célebre Nobel, muchos otros emigraron puesto que, de ningún modo, serían lacayos de los nazis...). La cuestión judía fue crucial en la capacidad del Tercer Reich de obtener los medios de destrucción masiva que tanto había prometido el Fürher, teniendo en cuenta que los alemanes ya contaban con armas fundamentales como las V-1 y V-2 y sucesivas versiones mejoradas de las mismas, de haber llegado el caso a una cuestión más que crítica en el tema. No obstante, la falta de méritos no es precisamente un descrédito sobre la cuestión nuclear en plena Segunda Guerra Mundial, donde la Alemania del Tercer Reich apostaba todo a la victoria, y el conocimiento, investigación y desarrollo afloraba subterráneo en la ciudades, en las montañas y perdidas aldeas, incluso bajo los constantes bombardeos aliados, todo por llegar primero a la meta por la Bomba Atómica, y los nazis no eran menos. Será una eterna interrogante, pero la historia hasta hoy la escriben los vencedores, la verdad?... quién sabe...
No por nada, incluso hoy, cunde el temor al pensar en lo que podría haber sucedido de haber alcanzado la meta el inestable, para nada predecible y furioso Fürher de llegar con el proyectil dirigido Amerika en su delirio de victoria, por medio de nuevo armamento y medios “mágicos” al final de la guerra...
He aquí el meollo, la cerrada disputa científica por los logros científicos en la loca carrera por la “cuestión nuclear”, donde alemanes colaboraron con los aliados, donde los aliados encontraron a otros como el noruego Bohr entre sus filas. El italiano Enrico Fermi, Nobel de Física en 1938 comenzó el programa nuclear norteamericano de investigación aplicada; luego junto al célebre Robert Oppenheimer, (curiosamente de ascendencia alemana), años después, cuando éste en 1942 se puso al frente del laboratorio de Los Álamos, colaboraría como muchos otros de diferentes orígenes, en la definición de la primera bomba atómica, la famosa Bomba A.



Robert Oppenheimer, el célebre director científico del proyecto Manhattan

En la posguerra, Robert Oppenheimer sería nombrado director de la Comisión de Energía Atómica. Pero en 1954, aduciendo códigos éticos y morales (ya por entonces enfrentado a la maquinaria político-militar de su país y el mundo, se opondría ferozmente a la fabricación y perfeccionamiento de la otra famosa Bomba H (de hidrógeno y altísimo poder), siendo por esto destutuido e incluso despreciado, alimentado por los medios a fin a la política macartista que, por entonces, era una verdadera e idiota caza de brujas en busca de procomunistas, tanto en el medio científico, deportivo, artístico, etc. En fin, tanto como en la era nazi... tanto como en la era Staliniana con sus tristemente célebres purgas...
A fin de cuentas, ¿en dónde reside la verdad? ¿En dónde los méritos por “humanidad” pueden ser intocables? Quizás la ciencia no tenga todas las respuestas, como tampoco la filosofía y las miles de religiones. Quizás, como dijo alguien, “Sólo existe la guerra, porque de ella depende la economía y el equilibrio de los pueblos...”
De ser así, no por nada estamos como estamos, y estaremos como estaremos. Creo que muchos no saben de la historia, ni les interesa. Tal vez, sea mejor pensar que tendremos un “encuentro del tercer tipo” con civilizaciones extraterrenas... o, incluso divagar sobre la fecha del próximo exterminio masivo venido de los cielos a causa de un gran asteroide o de la explosión de una lejana, o no tanto, supernova que sólo nos tocara con sus tentáculos infinitos e invisibles, pero mortales... Parte 5
 
Los físicos soviéticos llamaron la atención de su gobierno sobre el potencial militar de la fisión. Pero la URSS tuvo que enfrentarse a la invasión de Hitler en junio de 1941, y no pudo dedicar grandes recursos al incierto objetivo de conseguir la bomba atómica hasta que Alemania no fue derrotada...
El espionaje soviético fue, sin embargo, todo un éxito. En septiembre de 1941, agentes soviéticos se hicieron en Londres con un informe del gabinete británico basado en el memorándum de Frisch y Peierls; se lo facilitó, al parecer, un alto funcionario británico. El valor de esta información era incalculable, ya que además revelaba que el gabinete estaba decidido a colaborar con los Estados Unidos en las investigaciones sobre la bomba.
Operadoras/es en el Centro de Cómputos Oak Ridge, trabajando para el proyecto Manhattan
Pocos meses después, Klaus Fuchs, físico comunista que había huido de la Alemania nazi y refugiado en Inglaterra, donde trabajaba con Peierls, se convirtió en la fuente primordial de los soviéticos. Fuchs les enviaba un informe técnico tras otro, primero desde Inglaterra y luego desde los Estados Unidos, cuando estuvo integrado en el equipo británico que participaba en el proyecto Manhattan. Entre esos documentos que remitía por “afinidades políticas”, había explicaciones sobre la separación isotópica y los reactores nucleares. Aún más importante fue el que en junio de 1945 llegasen a manos soviéticas especificaciones detalladas de la bomba de implosión que luego se usaría en Nagasaki.
Por tanto, cuando el presidente Harry S. Truman, dos semanas antes del bombardeo a Hiroshima, le hizo saber a Stalin su famosa, velada alusión, “tenemos un arma nueva de una fuerza destructiva desconocida...” Se equivocó al suponer que Stalin no la entendió. Muy por el contrario, Stalin ordenó rápidamente que se acelerasen los planes soviéticos de construcción de armas nucleares. Además, encargó la supervisión del proyecto a Lavrentii P. Beria, el célebre jefe de la policía secreta soviética, antecesora de la KGB.
Beria infundía miedo a cuantos caían bajo su influencia. No se fiaba de nadie, ni de los físicos ni de los espías. Kurchatov, que dirigía las investigaciones científicas del programa desde el principio, era el único experto que estaba enterado del espionaje nuclear. En 1945, sin embargo, Beria creo un pequeño grupo de científicos para que compilasen los ficheros del espionaje, que no paraban de crecer. Lo dirigió Iakov Terletskii, un joven físico de talla mucho menos que el equipo de Kurchatov, pero a quien Beria podía controlar a su antojo.
En noviembre de 1945 Terletskii, mandado por Beria, acudió a Copenhague con el fin de entrevistarse con Bohr, quien acababa de volver de su país tras haber tomado parte en el proyecto Manhattan. Según el memorándum remitido a Stalin, Beria planeó la misión con la esperanza de que Bohr, científico distinguido, conocido abogado de la solidaridad internacional, diría algo de interés acerca de la investigación nuclear occidental. Indudablemente, Beria también creía que, si Bohr divulgaba algún secreto, de intento o sin querer, esa información serviría para verificar otras obtenidas por el espionaje y la investigación soviéticos; amén, quizá, de hacer a Bohr vulnerable al chantaje.
El 2 de noviembre, un miembro comunista del parlamento danés le pidió a Bohr que recibiera en secreto a Terletskii, portador de una carta de su viejo amigo Peter L. Kapitsa. Se trataba del físico experimental ruso más sobresaliente de su generación, a quien el gobierno soviético retenía, de hecho, cautivo.
Según Aage Bohr, Premio Nobel e hijo de Niels, que también trabajó en Los Álamos y enseñó en la Universidad de Copenhague, su padre se quedó helado. Respondió que la cita constituía “un lamentable error”, y le insistió al parlamento danés que toda conversación tendría que ser abierta y que sólo hablaría de la información que estuviese disponible públicamente... Bohr notificó lo sucedido a las autoridades occidentales, y los británicos informaron a Groves del sospechoso contacto antes de que tuviese lugar el encuentro. Las autoridades expresaron su preocupación de que pudiera estar en marcha un intento de secuestro a Bohr.
Con todo, el encuentro se celebró el 14 de noviembre. El gobierno danés se ocupó de proteger a Bohr. Otro hijo de éste, Esnest, que entonces tenía 21 años, permanecía en una estancia contigua, armado con una pistola. Las autoridades occidentales debían de sentir, seguramente, curiosidad por saber qué cosas preguntaría el agente soviético. Unos documentos del gabinete británico, a los que acaba de levantarse el secreto, demuestran que Bohr se mantuvo en contacto con la embajada británica las semanas anteriores a las conversaciones. Un cable enviado al máximo responsable del ministerio de asuntos exteriores británico comunicaba que Bohr estuvo un largo tiempo en la embajada el mismo día que se encontró por vez primera con Terletskii.

Hay dos relatos de esta cita entre Bohr y Terletskii, independientes el uno del otro, ambos testigos presenciales, y concuerdan apreciablemente. Las memorias del Terletskii aparecieron en Rusia poco después de su muerte en 1993. Aage Bohr, que tenía 23 años por entonces, permaneció en la sala durante toda la reunión, por insistencia de su padre; recuerda con claridad qué ocurrió.
No se entendieron bien las dos partes. El traductor era un experto soviético en comercio internacional que no sabía física. Como pueden testificar dos de los autores (Bethe y Gottfried), Bohr tendía a bajar la voz, ya de por sí suave, cuando recalcaba un punto crucial, y costaba entenderle en inglés o alemán, aun cuando uno conociese bien el tema, lo que no era el caso de Terletskii. En sus memorias, éste reconoce que sólo comprendió muy por encima lo que Bohr decía, y que no se tomaron notas hasta que él y el intérprete no hubieron intentado reconstruir la conversación más tarde.
Según los dos relatos, Bohr se pasó buena parte de la cita hablando largo y tendido de Kapitsa y Lev D. Landau. Kapitsa había trabajado en Cambridge con Ernest Rutheford hasta 1934, año en que visitó a su familia en la URSS y Stalin ya no le dejó salir del país... Por otra parte, Landau, teórico brillante, había trabajado durante algún tiempo en el Instituto de Física Teórica de Bohr, en Copenhague; antes de la guerra pasó un año en la cárcel condenado por Stalin... Bohr quería que su intercesión por ambos llegase a la cúspide del gobierno soviético, a través del emisario de éste, Terletskii.
Terletskii cuenta además que, para gran desaliento suyo, al llegar por fin la ocasión de preguntar lo que le interesaba saber, Aage seguía allí todavía. Aage Bohr, el hijo científico del célebre Nobel danés, lo confirma, y recuerda “ a un Terletskii algo desesperado que, tras una larga conversación sobre Kapritsa... estaba ansioso por presentar una serie de preguntas. Se hicieron deprisa y por medio del intérprete, y no pudimos entender con todo detalle su contenido”.
En una segunda y breve visita, Bohr le dio a Terletskii el informe Smyth. Por entonces ya se habían vendido 100.000 ejemplares del mismo, y la traducción del gobierno soviético estaba casi concluida.
Cuando Beria entregó a Stalin el memorándum sobre la misión de Terletskii, añadió una transcripción supuestamente literal de las preguntas de Terleskii y las respuestas de Bohr. Analizaremos ahora el contenido de este documento y dejaremos para más adelante si hay “certezas o supuestos”, en fin, si hay que tomarse todo esto al pie de la letra...
Más de la mitad de las 22 preguntas de Terletskii (que habían sido preparadas por el equipo de Kurchatov) se referían a los reactores nucleares y a las técnicas de separación de isótopos, y varias a la “fisión propiamente dicha y a los mecanismos detonadores de la bomba...”
Una de las cuestiones preguntaba por la posibilidad de que hubiera “una defensa contra las armas nucleares...”
La transcripción confirma las memorias de Terletskii, según las cuales “las respuestas [de Bohr] fueron muy generales. Cada vez decía que en Los Álamos no le habían contado los detalles... y, que nunca había visitado los laboratorios de la costa Este...”, donde se encontraban las instalaciones para la separación de isótopos del proyecto Manhatan. Lo cierto es que las respuestas de Bohr sobre los reactores nucleares y las técnicas de separación isotópica sólo daban una información que se conocía ya desde antes de la guerra, incluso en los casos en que el informe Smyth trataba con detalle desarrollos posteriores... (Cerca de la mitad del texto se dedicaba a estos asuntos, por demás...) Cuando se le preguntaba por la “fisión” misma, Bohr solía referirse a la bibliografía anterior a la guerra, en especial, al famoso artículo que escribió Wheeler.
Bohr, sin embargo, dio supuestamente una respuesta incorrecta al afirmar que ningún reactor de los Estados Unidos empleaba “agua pesada como moderador”, para frenar o lentificar la condición activa de los neutrones en el núcleo, el corazón del reactor atómico... En realidad, el reactor del laboratorio de Argonne, cerca de Chicago, sí usaba agua pesada, como decía el informe Smyth. No sabemos si este “error menor...” es imputable a Bohr o a Terletskii. Siendo éste un grosso error de importancia crítica en una cuestión crítica...

Parte 6
 
Las preguntas de Terletskii relativas al diseño de la bomba (que antes de Bomba Atómica o artefacto de destrucción masiva, ya era, de hecho, “la bomba...”) merecen analizarse con atención.

Nota: No olvidemos, no podemos omitir que la cuestión englobaba a todo el mundo, a la humanidad entera. Por entonces, no se sabían con verdadera certeza los alcances y los verdaderos daños y estragos inmediatos y posteriores al estallido de una Bomba A, y mucho menos lo que suponía la casi ilimitada y terrorífica potencia de una bomba termonuclear o Bomba H. De poco y nada servirían los experimentos en el desierto, cuando las muestras del infierno desatado ya se habían manifestado en Nagasaki e Hiroshima...
Las nuevas potencias en puja, y las más añejas, de un modo u otro jugaron a un tipo de ajedrez, donde el enroque puede tomar distintos valores y posiciones, y el asalto final al reino o al gran imperio, ahora dependían de extraños alfiles, denominados agentes infiltrados o espías especializados... Los Centros de investigación, institutos, afamadas universidades fueron congregadas “a participar gentilmente” por medio de brillantes profesores, científicos, investigadores y acérrimos estudiantes del nuevo culto, en una nueva era, la cual pronto le sucedería otra. Primeramente, la Era Nuclear, poco después, la Era Espacial. A tan sólo meses del fin del la Segunda Guerra Nuclear las mentes brillantes que habían creado al monstruo sabían que el poder político-económico había iniciado ya La Guerra Fría...
Las dos nuevas superpotencias creadas tras la Segunda Guerra Mundial formaron sus respectivos bloques de influencia alrededor de todo el mundo conocido y por conocer. Diferentes doctrinas, diferentes políticas y economías, diferentes estilos de vida dieron alimento y sustrato a una lucha voraz por el dominio del conocimiento, y con ello, el poder enunciado en sus políticas. Las mismas que la nueva ciencia y la técnica les permitió. Por si fuera poco, como una cosa lleva a la otra, otra nueva era daba comienzo, primero tímida, luego profusa; era la Era de la Electrónica, donde el transistor primero sería el rey, dejando a un lado a las válvulas, luego vendrían otros insumos, productos de la nueva y resuelta contienda por el dominio, los superconductores, sistemas de procesadores y memorias, captadores de energía y acumuladores, hasta emisores letales de la misma. En fin, esas mentes brillantes que crearon al monstruo, también sabían que otras mentes brillantes les sucederían, pero que el mundo del hombre en su esencia no cambiaría, ni con nuevos políticos ni empresarios. Tal vez, acaso tal vez, en otra era, mucho más allá del tiempo y el espacio...

Notable toma color de la experiencia Trinity del proyecto Manhattan Parte 7
 
Gracias Joseph, hacía tiempo que lo quería preparar, es algo bastante groso, pero como habrás visto participé poco en el foro por cuestiones de laburo, escaso tiempo y salud. En fin, volví...
Es una temática casi desconocida por la gente, quizás por el ocultamiento de información deliberada de las llamadas potencias. Pero algo siempre sale a la luz, y es bueno saberlo. Saludos estimado.
Bueno, continúo con el temita candente...

Bohr miró hacia la ventana de su despacho, esperó con tranquilidad, desesperante para su interlocutor, las siguientes preguntas que éste tenía preparadas; mientras su hijo Aage se manifestaba en silencio en un rincón, como un aura protectora hacia su padre. Terletskii continuó. Cuando se le preguntó por el número de neutrones que emitían varios isótopos del uranio y del plutonio , Bohr se limitó a contestar “más de dos...” Terletskii inquirió entonces: “¿Podría darme una cifra más exacta?”, y Bohr respondió: “No, no puedo... El número exacto es irrelevante...”
Pero la verdad es que la cantidad de uranio 235 o de plutonio necesaria para hacer una bomba tiene muchísimo que ver con el número de neutrones por fisión.
La segunda cuestión concerniente al diseño de la bomba se refería a la “fisión espontánea”, que, como ya hemos visto, reviste una importancia crucial a la hora de proyectar una bomba de plutonio. Pero no está claro si la pregunta de Terletskii se refería al diseño de bombas o al de reactores, y la respuesta de Bohr sólo era correcta para los reactores, en los que la fisión espontánea carece de relevancia. La última cuestión tenía que ver con la manera en que progresa la reacción en cadena cuando una explosión química comprime el material fisible. La respuesta de Bohr es un modelo de cómo decir algo ininteligible y que no viene a cuento...

Como Bohr no había participado en la separación de isótopos ni en el diseño de reactores durante el famoso proyecto Manhattan, no estaba en condiciones de responder a las preguntas relacionadas con esos temas. Pero en el tiempo que pasó en Los Álamos, Feynman le instruyó sobre las reacciones en cadena de las bombas y participó en la elaboración del diseño de implosión.


El joven y talentoso físico Feynman, al centro, junto a Oppenheimer y colaboradores, en Los Álamos.

Si Bohr hubiese querido revelar informaciones vitales, estas cuestiones le habrían ofrecido la oportunidad de hacerlo. En cambio, a los soviéticos les dio respuestas parciales o incomprensibles que no explicaban nada.
En su respuesta a la pregunta de si era factible alguna defensa contra la bomba, Bohr se explayó sobre la necesidad de un “control internacional”, postura que mantenía coherentemente en público. Pero la que se supone fue su respuesta contiene, además, una afirmación absurda, que “el gran Oppenheimer se ha retirado en señal de protesta y ha dejado de trabajar en el proyecto...”
Si bien es verdad que J. Robert Oppenheimer abandonó Los Álamos para volver a Berkeley, también lo es que se convirtió en el asesor técnico más influyente de la administración Truman en política de armas nucleares.
Harry Truman en 1945 ya presidente de USA, su figura y apellido para siempre asida a la historia de las bombas atómicas; en fin, el ataque a Hiroshima y Nagasaki.
Primer ataque nuclear, la Little Boy sobre Hiroshima, el tristemente célebre 6 de agosto de 1945...
La segunda, Fat Man, en Nagasaki, un 9 de agosto del 1945... Parte 8
 
Por si fuera poca la reserva con que debe tomarse cualquier documento firmado por Beria (el temible asistente de Stalin y director de la nueva KGB), la presunta frase de Bohr sobre Oppenheimer nos convence de que sus respuestas fueron “maquilladas” a medida que se acercaban al despacho de Stalin. Terletskii recuerda en sus memorias que el coronel de la policía secreta que estuvo a cargo de la misión en Copenhague le aleccionó acerca de cuál era la mejor forma de transmitir lo que había oído. A pesar de estos esfuerzos, a Beria le defraudaron los resultados, y cuando Terleskii le informó de las conversaciones con Bohr “perdió el control e interrumpió con obscenidades dirigidas contra Bohr y los norteamericanos...”
Sin embargo, en el memorándum que mandó al zar rojo, Beria daba a entender que la misión de Terletskii había sido un éxito... Nos parece interesante que el memorándum no mencione nunca el informe Smyth, y se ve que no se contrastó con él. Beria y su gente sospecharían que un documento tan pormenorizado era una obra maestra de la desinformación. Por tanto, no podemos despreciar la afirmación de Terletskii de que Bohr, al aportar el informe Smyth, le dio una credibilidad de la que si no habría carecido...
Por mucho que Terletskii y otros que trabajasen para Beria alteraran las palabras de Bohr, la versión más autorizada del encuentro de que se dispone es el memorándum remitido a Jossif Vissarionovich Djougatchvili, o sea Stalin.
El propósito de cualquier alteración habría sido exagerar la importancia de la información suministrada por Niels Bohr. Pero, en la transcripción, el danés no aporta ningún dato de interés técnico o militar que no figure en el informe Smyth. En consecuencia, la acusación de que se compartió secretos nucleares con los soviéticos queda refutada por la descripción que el propio Beria hizo del encuentro entre su gente y Niels Bohr.

Nota: Ahora, de aquí en más, quién podría afirmar y señalar fehacientemente que tal o cual ofreció sus servicios e información vital y crítica en plena Segunda Guerra Mundial, al final de ella, y luego, cuando la Guerra Fría entraba en su plenitud. Las partes no sabrán de memorándums, siempre y cuando llegaran a un acuerdo mutuo que aún no llegó, aunque la Caída del Muro de Berlín y el desmembramiento de la URSS, increíbles y sorpresivos, hayan sucedido.
La Guerra Fría II ha comenzado hace poco tiempo; pero el fin del Tercer Reich dejó más que la peor anécdota del siglo XX... El huevo de la serpiente que alguna vez abrió los abismos al mundo todo había liberado a la bestia, muerta ella por la fuerza de extraños designios de la historia contemporánea y la ciencia, dejó otros vestigios, quizás otros huevos y otras serpientes...
Los magos y alquimistas hechos hombres de ciencia de renombre al servicio del poder reinante, más los entretelones y desafíos de la Guerra Fría I en un mundo bipolar de posguerra habían dejado al descubierto nada menos que la Caja de Pandora... Y de la consecuencia de ello, acaso nadie podría escapar, el monstruo, la furia demente y codiciosa incubada en lo profundo del hombre había ya sido desatada...
Einstein y Oppenheimer. Dos de los principales protagonistas de esta historia, compartiendo la magia hecha ciencia que había cambiado la historia para siempre...
Las dos bombas de destrucción masiva juntas... A la izquierda, la Little Boy de Hiroshima, y la voluminosa Fat Man que aniquiló gran parte de Nagasaki... Parte 9
 
¿Qué le contó Heinsenberg a Bohr sobre la bomba atómica?

En 1941, Werner Heisenberg y Niels Bohr mantuvieron una entrevista a solas en Copenhague. Dos años después, Borh enseñaba en Los Álamos un supuesto bosquejo de un arma nuclear ideada por Heisenberg...

Jeremy Bernstein

(Jeremy Bernstein enseñó física avanzada en el Instituto Stevens de Tecnología y, también en la Universidad Rockefeller.)

A principios de septiembre de 1943, Niels Bohr se enteró de que la Gestapo de Copenhague se proponía arrestarlo. Pocas semanas después, el día 29, él, su esposa y unos cuantos más acudían, amparados por la obscuridad de la noche, a una playa de las afueras de Carlsberg, para huir de Dinamarca. Se embarcaron y cruzaron el Oresund del Mar Báltico, rumbo a Suecia. El 6 de octubre, volaba desde allí hacia Escocia. Ese mismo día se trasladó a Londres y, al caer la jornada, se reunía con sir John Anderson, el químico físico que estaba a cargo del incipiente proyecto británico de la bomba atómica. Anderson le puso al corriente del proyecto anglo-americano. Según su hijo Aage, que le siguió a Inglaterra una semana después y, que fue su ayudante durante la guerra, Bohr se quedó muy sorprendido – conmocionado sería el calificativo más apropiado – por lo lejos que había llegado ya el programa anglo-americano.
El sobresalto de Bohr se debió seguramente a una doble razón. La primera, su propia trayectoria teórica. Durante los años treinta, cuando la física nuclear se estaba desarrollando, había dicho y repetido que era de todo punto imposible que la energía nuclear tuviera aplicaciones prácticas. Opinión que se consolidó cuando descubrió, en la primavera de 1939, un aspecto notable de la fisión del uranio. En diciembre de 1938, Otto Hahn y Fritz Strassmann habían descubierto que el bombardeo del uranio con neutrones podía fisionarlo. (Lise Meitner, que había sido ayudante de Hahn, y su sobrino Otto Frisch conjeturaron que el núcleo de uranio había llegado realmente a escindirse en el experimento, y por eso acuñaron la palabra “fisión” para nombrar el proceso.) En el experimento se usó uranio natural, el 99 por ciento del cual está en la forma del isótopo 238. Unas siete décimas de tanto por ciento son del isótopo Uranio 235, cuyo núcleo contiene tres neutrones menos.
Los isótopos no pueden distinguirse por medios químicos. Bohr halló que, a causa de las diferencias estructurales entre isótopos, sólo el rarísimo uranio 235 se había fisionado en los experimentos de Hahn y Strassmann. Así llegó a la conclusión de la imposibilidad práctica de fabricar un arma nuclear, operación que exigía la separación de tales isótopos, una tarea titánica. En diciembre de 1939 afirmaba en una conferencia: “Con los medios técnicos actuales resulta imposible purificar el isótopo de uranio raro en cantidad suficiente para producir la reacción en cadena...”
Se entiende, pues, muy bien que a Bohr le impresionase oír, cuatro años después, que justo eso era lo que los aliados se proponían...



Coloquial encuentro entre dos grandes de la ciencia del siglo XX, Werner Heisenberg y Niels Bohr...

El segundo motivo del sobresalto de Bohr se remontaba a un encuentro que tuvo con Werner Heisenberg, a mediados de septiembre de 1941, dos años antes de su huida de Copenhague. Los alemanes llevaban ya un año largo en Dinamarca. A lo largo de ese intervalo, las fuerzas de ocupación habían establecido en la capital el Instituto Cultural Alemán, con el objeto de convertirlo en foco de irradiación propagandística del Tercer Reich. Entre sus actividades, el instituto organizaba reuniones científicas. Heisenberg fue uno de los varios expertos alemanes que acudieron a Copenhague bajo sus auspicios, en su caso a una reunión de astrónomos. Conocía a Bohr desde 1922. Había pasado bastante tiempo en el instituto que éste había fundado en Copenhague; allí, Bohr había sido algo así como la musa que inspiró la creación de la teoría cuántica. Heisenberg volvía ahora como representante de una odiada fuerza de ocupación, y cantaba, según algunos testimonios, a los cuatro vientos la convicción de su victoria.
Parte 10
 
Heisenberg pasó una semana en Copenhague, y visitó el Instituto de Bohr en varias ocasiones... En una de esas visitas, habló con su viejo maestro en privado. No parece que ninguno de los dos tomase notas, así que no podemos estar seguros de qué hablaron y sobre qué puntualizaron. Además, Bohr no sabía escuchar y parece verosímil que la velada fuera un diálogo de sordos. De cualquier modo, Bohr salió con la impresión clara de que Heisenberg estaba trabajando sobre armas nucleares, ni más ni menos.


Aage Bohr junto a su padre Niels Bohr en Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial.

Aage Bohr lo recordaría más tarde: “Heisenberg sacó la cuestión de la aplicación militar de la energía atómica. Mi padre tenía muchas reservas al respecto y expresó su escepticismo, debido a las grandes dificultades técnicas que había que superar, pero tuvo la impresión de que Werner Heisenberg creía que las nuevas posibilidades decidirían el resultado de la guerra si ésta se prolongaba...”
Dos años después, Bohr se enteraba de que los aliados tenían un programa de armas nucleares. ¿Qué no habrían hecho los alemanes durante esos dos años? No es extraño que Bohr se alarmase...
Sería apasionante saber con detalle qué quería decir eso de “Nuevas posibilidades...” Pero tenemos pistas para adivinarlo. En los años cuarenta los físicos de las dos partes del conflicto que tenían en vilo al mundo todo (Aliados y Fuerzas del Eje), repararon en que, aparte de la fisión del uranio, había otra vía que desembocaba también en la consecución del arma nuclear; utilizar lo que más tarde vendría a llamarse plutonio. Este elemento, algo más pesado que el uranio, posee propiedades químicas diferentes; ahora bien, gracias a su estructura nuclear es, por lo menos, tan fisible como el uranio. No existe, sin embargo, en la naturaleza; y hay que fabricarlo en un reactor nuclear mediante el bombardeo, con neutrones, de las varillas de combustible de uranio del reactor. Una vez conseguido, se puede separar, por medios químicos, el plutonio del uranio del que procede...
Desde el momento en que se conoció este proceso, todos los reactores se convirtieron, en cierto sentido, en componentes potenciales y esenciales de un arma nuclear. Heisenberg lo sabía cuando visitó a Bohr. Hasta disertó sobre ello – los textos se han conservado – ante altos cargos alemanes...
¿Era eso lo que intentaba decirle a Bohr? Y si fue así, ¿Por qué?...
Este magno rompecabezas tiene por corolario otro menor. Hay razones para creer que en el encuentro de Copenhague Heisenberg le dio a Bohr un dibujo. No está claro si Heisenberg hizo el dibujo durante la reunión o lo traía ya... A tenor de la forma de proceder de los físicos, supongo que garabatearía el dibujo sobre la marcha para transmitir mejor su idea.
En cualquier caso, en unas circunstancias que describiré enseguida, este dibujo, o una copia de éste, llegó al laboratorio de Los Álamos en diciembre de 1943... donde causó un revuelo muy considerable: daba la impresión de que contenía información directa de la manera en que los alemanes planeaban construir armas nucleares. Antes de que les cuente cómo llegó el “dibujo” a Los Álamos, déjenme que les explique cómo me enteré de su existencia. Una cosa tiene que ver con la otra.

Dibujo y esquema de la bomba A diseñada por Heisenberg hacia 1944, y luego un esquema del famoso reactor subterráneo bajo una iglesia en Haigerloch, se cree desarrollado en paralelo por Heisenberg y Diebner con la denominación clave Wunder Waffen, de la cual aún existen dudas tanto por la denominación, como por el verdadero reactor con el cual se hubiera elaborado la bomba atómica nazi... El esquema o bosquejo original del reactor nuclear de Heisenberg entregado en mano a Bohr lo tengo en un libro, pero se jodió mi escáner, de modo que deberán esperar, es simple, casi un garabato, imperdible, pero infiere el modo poco ortodoxo de los físicos al momento de intercambiar data en un momento tan crítico de la historia contemporánea...



En noviembre de 1977, comencé una serie de entrevistas con Hans Bethe. Estas sesiones duraron, intermitentemente, dos años, y de ellas salieron las tres partes de un retrato del personaje para la revista New Yorker, y un libro que se publicó a continuación. Las entrevistas, que grabé en cinta, seguían la vida de Bethe por orden cronológico. Bethe nació en Estrasburgo (ciudad de Alsacia, a orillas del río Rin, bajo dominio alemán entre 1870 y 1918) en 1906 y emigró a los Estados Unidos en 1935, donde ha permanecido desde entonces, en la Universidad de Cornell.
Hans Bethe, Premio Nobel de física en 1967, colaborador en el proyecto Manhattan


Adquirió la ciudadanía norteamericana en 1941; en ese momento, recuerda, estaba “desesperado por hacer algo por arrimar el hombro en la guerra...” Lo mismo que Bohr, no creía que hubiera posibilidad práctica alguna de fabricar armas nucleares, y se dedicó a trabajar en “el desarrollo del radar en el Instituto de Tecnología de Massachusetts." Parte 11
 
En el verano de 1942, J. Robert Oppenheimer promovió la integración de un grupo de estudio en la Universidad de Berkeley, en California, para investigar las armas nucleares. Bethe pasaba entonces por ser uno de los teóricos nucleares más sólidos del mundo. Oppenheimer le invitó a colaborar. De camino a California en tren, Bethe se detuvo en Chicago para recoger a Edward Teller. Allí tuvo la oportunidad de contemplar el reactor nuclear de Enrico Fermi, todavía en fase de desarrollo.


Edward Teller, físico teórico de renombre por entonces, sería colaborador estrecho en el inicial programa Trinity, como parte integrante del proyecto Manhattan.


Parte del complejo de laboratorios de Los Álamos, en Nuevo México, en plena segunda Guerra Mundial.

“Se convenció – confesará – de que el proyecto de la bomba atómica iba en serio, y de que funcionaría.” Consagró el verano al estudio de la teoría de las armas nucleares, y en abril de 1943 fue a Los Álamos, cuyo laboratorio acababa de abrirse. Dirigiría su división teórica.
Volvamos al famoso dibujo en cuestión. El 29 de noviembre de 1943 Bohr y su hijo Aage zarparon a bordo del Aquitania, rumbo a New York. Llegaron el 6 de diciembre. A Bohr se le asignó el nombre clave de Nicholas Baker, y Aage se convirtió en James Baker...
El 28 de diciembre, tras haber celebrado varias reuniones de alto nivel – entre ellas, con el general de división Leslie R. Groves, militar al frente del proyecto Manhattan -, Bohr partió hacia Los Álamos. El día 31, se supone que nada más pisar el laboratorio, se reunió con un grupo selecto de físicos. El propósito principal de esta reunión era que Bohr comentase lo que sabía de los progresos alemanes en armas nucleares, en concreto, qué le había transmitido Werner Heisenberg en cada una de sus reuniones...

El itálico Enrico Fermi, el germano Werner Heisenberg y el austríaco Wolfgang Pauli, tres celebridades de las ciencias físicas, en otros tiempos, felices, mucho antes de la guerra...

Durante una de mis entrevistas con Bethe, éste me habló del dibujo: “Heisenberg le dio a Bohr un esquema. El dibujo nos lo pasó Bohr a nosotros más tarde, en Los Álamos. Era claramente el dibujo de un reactor. Pero nuestra conclusión fue, al verlo, que esos alemanes estaban completamente locos: ¿Es que quieren tirar un reactor sobre Londres?”
Sólo una vez terminada la guerra se enteraron los científicos de los Álamos de que los alemanes sabían muy bien, al menos, en principio, qué hacer con un reactor: “utilizarlo para fabricar plutonio...”
Pero a Bohr le preocupaba que alguien pudiese usar el reactor como un arma.
Hasta que lo señalé en el New Yorker nadie había mencionado por escrito el ya tal afamado dibujo. En realidad, mi artículo sobre Bethe se cita con frecuencia como fuente de este curioso episodio marginal de la relación entre Bohr y Heisenberg. Me vi, pues, convertido en una especie de pie de la nota de un pie de nota de la historia... Pero mi autoridad se vio amenazada a principios de1944. Abraham Pais, biógrafo tanto de Einstein como de Bohr, y profesor emérito de física de la Universidad Rockefeller, me llamó a su despacho. Hacía cuarenta años que conocía a Pais, pero no le había visto últimamente. Me habló de una llamada que había recibido unos cuantos meses antes...
La hizo Thomas Powers, que por entonces estaba escribiendo “Heisenberg´s War”. Powers conocía ya el dibujo por mi libro sobre Bethe. Le chocó que pareciese que Werner Heisenberg le había dado a Bohr, en plena guerra, un dibujo de un proyecto militar alemán secretísimo. Era tan impensable que Heisenberg hiciera algo así, que Powers quiso comprobar el asunto. Se puso en contacto con Aage Bohr en Copenhague (su padre murió en 1962). En una carta fechada el 16 de noviembre de 1989, Aage había escrito: “Werner Heisenberg no esbozó ningún reactor durante su visita de 1941. No se habló en absoluto del funcionamiento de un reactor.”
Sorprendido, Powers se puso en contacto con Bethe, quien le repitió lo mismo que me había dicho a mí hacía diez años. Perplejo, llamó a Pais, y ahora Pais me preguntaba a mí... Pero Pais había investigado por su cuenta. Había hablado con Aage, y éste insistió de nuevo en que nunca había habido semejante dibujo. Buscó también en los archivos de Copenhague donde se guardan todos los papeles privados y diarios de Bohr. En ninguna parte, me dijo, había encontrado la menor mención del dibujo...
Pila o reactor atómico experimental germano en Haigerloch, encontrado en abril de 1945 por las avanzadas y "especialistas" ingleses y estadounidenses, ocupándolo, estudiándolo y desmantelándolo, antes de la llegada de los pelotones soviéticos, tan interesados por el botín como ellos...

Parte 12
 

Abraham Pais en su despacho.

Le prometí a Abraham Pais que yo mismo indagaría el asunto, pero la verdad era que, al salir de su despacho, no tenía ni la más vaga idea de qué iba a hacer. Ponerme en contacto con Hans Bethe, otra vez, no me serviría de mucho. Nada podía ser más directo que lo que me había dicho a mí y repetido a Powers. Necesitaba otros testigos. Pero, ¿quiénes? Oppenheimer había muerto ya. Niels Bohr había muerto también. El general de división, a cargo del pasado y archifamoso proyecto Manhattan, Leslie Groves, había muerto... ¿Quién más podría haber visto ese dibujo?
En realidad, empecé con menos información que la que le he dado hasta aquí a todos. Todo lo que Bethe me dijo fue que Niels Bohr había “transmitido” (enviado o entregado en mano) un dibujo de carácter clave para el proyecto Manhattan en Los Álamos.
No contó ningún detalle concreto de la reunión del 31 de diciembre; al principio, pues, no tenía ni idea de quién podría haber estado allí; la verdad es que ni siquiera tenía la fecha concreta... Todo eso lo supe después. Pero conocía a algunos físicos que habían estado por entonces en el complejo del laboratorio de Los Álamos, y que podrían haber visto el dibujo, aquel bosquejo tan importante, al menos, alguno que haya oído hablar de él en concreto. Dos se me pasaron por las mientes. Uno era Victor Weisskopf, que había colaborado con Oppenheimer.


El físico austríaco-americano Victor Weisskopf en el período de su estadía en Alamogordo, colaborando estrechamente con Oppenheimer.

El otro era Rudolf Peierls. Peierls y Otto Frisch lograron en marzo de 1940 el primer cálculo correcto – en principio – de la cantidad de uranio 235, o la masa crítica, necesaria para hacer una bomba nuclear. (Que esa masa resultase ser de sólo unos kilos y no de varias toneladas, es lo que en verdad puso en marcha la ambiciosa y compleja empresa aliada...)
Peierls respondió que no había visto nunca el “famoso bosquejo”, pero no creía que Bethe o Aage Bohr mintiesen. Suponía que Niels Bohr quizás evitó que su familia conociera un documento tan delicado o que Werner Heisenberg sólo le hubiese enseñado el bosquejo a Bohr, quien lo habría vuelto a dibujar tiempo después...
Me sugirió que le preguntase a Hans Bethe por esta posibilidad. Victor Weisskopf también me propuso que hablase otra vez con Hans Bethe, pues tampoco él había visto el dibujo u oído hablar de él.
Estaba claro que tenía que escribir a Bethe para contarle lo que había sabido y ver si él podría arrojar más luz sobre la situación. Pero entonces me vino una inspiración. Llamaría a Robert Serber, profesor emérito de física de la Universidad de Columbia. Tras recibir el doctorado en 1934 en la Universidad de Wisconsin, empezó a trabajar con Oppenheimer en el laboratorio de la Universidad de Berkeley. Tras un breve intermedio en la Universidad de Illinois, de 1938 a 1942, volvió a Berkeley para trabajar en la bomba con Oppenheimer.


El joven físico Robert Serber, en una imagen obtenida de su propio permiso de acceso especial al complejo de laboratorios de Los Álamos, Nuevo México; éste sería otro colaborador importante en el proyecto Manhattan.

Estaba allí en el verano de 1942, cuando Hans Bethe y Edward Teller llegaron. En marzo de 1943 se trasladó, con la primera remesa de científicos, al complejo de Los Álamos. Una de sus primeras tareas fue dar una serie de clases de introducción a la física de la bomba...


Aquí, Robert Serber en plenas tareas educativas respecto a los secretos iniciales e introductorios hacia la bomba nuclear, en Los Álamos.

Estas lecciones se recogieron en lo que vino a llamarse “The Los Alamos Primer”, materia reservada hasta 1965 y publicado en su integridad recién en 1992.

Parte 13
 
En Robert Serber hallé una mina de oro. No sólo se acordaba del dibujo vívidamente, sino que también recordaba las circunstancias precisas en las que lo había visto...
El 31 de diciembre se le llamó al despacho de Oppenheimer, donde se estaba celebrando una reunión. Oppenheimer le enseñó un dibujo sin más explicaciones, y le pidió que le dijese qué era. A Oppenheimer le gustaban ese tipo de juegos intelectuales. Serber lo miró, y afirmó rotundo que se trataba de un reactor. Oppenheimer le contestó que, en efecto, era el dibujo de un reactor y que se lo había dado Niels Bohr al grupo allí reunido. Bohr, que estaba, recuerda Serber, de pie junto a Oppenheimer, no disintió...


Parte del selecto grupo de científicos del proyecto Manhattan, en algún lugar de los alrededores del inmenso complejo de Los Álamos (el segundo a la derecha, casi inmerso en su complejo mundo cerebral que abriría la Caja de Pandora, el Dr. Oppenheimer...)



Eso es lo que Robert Serber me contó. Pero me dijo también que tenía material escrito relacionado con aquella reunión. Recibí las copias de dos documentos: una carta de Oppenheimer al general Groves enviada el día siguiente a la reunión, y un memorándum de dos páginas escrito por Hans Bethe y Edward Teller sobre la capacidad explosiva del reactor...
Por desgracia, aunque eran muy sugestivos, no zanjaban el asunto por completo, o al menos no me lo pareció la primera vez que los leí. El memorándum de Bethe y Teller contenía pistas significativas. La carta de Oppenheimer no mencionaba el dibujo, ni a Heisenberg ni a los alemanes... Pero la última frase daba claramente a entender que Bohr le había hablado al general Groves en Washington de esos asuntos. Puede que haya algo esclarecedor en los archivos de Groves.
Mientras tanto, le había escrito a Hans Bethe. Me contestó: “Estoy completamente seguro de que hubo un dibujo. Niels Bohr nos lo enseñó, y tanto Edward Teller como yo dijimos inmediatamente: - Eso es el dibujo de un reactor, no de una bomba... – En fin... si el dibujo era de verdad de Werner Heisenberg o si lo hizo de memoria Niels Bohr, no puedo decirlo. Pero la reunión del 31 de diciembre de 1943 se convocó especialmente para enseñarnos lo que Niels Bohr sabía de las ideas de los alemanes acerca de la bomba nuclear en cuestión...”

El mecanismo de liberación y "la bomba" de la experiencia Trinity en los aciagos años de plena guerra mundial...
Hans Bethe ofrecía una teoría para expresar el misterio: “Heisenberg pensaba que el paso principal hacia la bomba era conseguir un reactor y fabricar plutonio. Un reactor, sin embargo, también podía usarse como fuente de energía. Niels Bohr era muy ignorante en estas materias. Werner Heisenberg quiso, seguramente, mostrarle a Bohr que los alemanes no estaban haciendo una bomba, sino un reactor. Bohr lo entendió todo al revés, y sólo el 31 de diciembre de 1943 se le explicó por fin que eso no era una bomba. Ese dibujo me produjo una gran impresión. Y me vuelve a sorprender que Viki [Weisskopf] y Aage [hijo de Niels Bohr] lo hayan olvidado... ¿Qué dice Serber?”
Ya podía escribirle a Hans Bethe y contarle lo que Serber había dicho. Escribí también a Teller pidiéndole que contara lo que recordase de la reunión. No me contestó... Pero le escribí otra vez a Victor Weisskopf y le envié unas copias de los memorándums que Robert Serber guardaba y me había dado. El 23 de febrero recibí una carta de Weisskopf en la que reconocía que vio el bosquejo pero que luego lo olvidó...

Werner Heisenberg en una de sus sesiones especiales, en plena clase de física teórica avanzada y su proyección aplicada... Dueño y señor de un secreto que llevó a su tumba un 1 de febrero de 1976, en Münich, mucho tiempo después que su célebre "principio de incertidumbre" lo ligara al nacimiento de la mecánica cuántica, el moderno pensamiento filosófico, ...y las inmensas y peligrosas potencialidades que ofrecería la energía nuclear que se demostrarían letalmente como nunca antes un 6 de agosto de 1945 en Hiroshima, y la pugna por ese poder supremo que enfermaría a todos con la Guerra Fría...

Parte 14
 
Ya tenía, pensaba, material suficiente para visitar otra vez a Pais. Le puse la cinta en la que había grabado a Hans Bethe y, le di copias de todos los documentos. Estaba él a punto de volver a Copenhague, donde pasa alrededor de la mitad del año con su esposa danesa. Me prometió que hablaría con Aage. Lo hizo a finales de junio. El día treinta me escribió contándome qué había ocurrido. Pais y Aage Bohr se habían visto, comentaron las cartas y revisaron las cintas. Aage Bohr seguía estando seguro de que Heisenberg no le dio nunca ese enigmático y escurridizo dibujo a su padre…
Así que escribí a Aage directamente. En febrero de este año su ayudante, Finn Aaserud, me notificaba: “Aage Bohr mantiene que es de todo punto imposible que Bohr llevase consigo a Los Estados Unidos un dibujo procedente de la reunión con Heisenberg en 1941, y la discusión de Los Álamos a la que usted se refiere, no tiene nada que ver en absoluto con la reunión de 1941.”


Me encontraba desconcertado. Hasta que, al mirar otra vez el memorándum que Hans Bethe y Edward Teller les prepararon a Oppenheimer y a Bohr, y, en última instancia a Groves (el general encargado militar del proyecto en Los Álamos), me saltó de pronto a la vista la huella, manifiesta como un dolor de muelas, de Werner Heisenberg en la primera frase del segundo párrafo del informe.
Dice: “La pila (reactor) propuesta está formada por unas láminas de uranio inmersas en agua pesada.”
En otras palabras, Hans Bethe y Edward Teller no estaban considerando algún viejo diseño de reactor… sino uno muy particular que Niels Bohr les había descrito. Ese diseño es, en realidad, el del “reactor defectuoso…” (información alterada por razones obvias de interés científico estratégico ante las preguntas de su célebre colega) que el alemán Werner Heisenberg ideó a finales de 1939 y principios de 1940, y al que permaneció fiel ¡¿casi hasta el final de la guerra?!
No cabe imaginar que Niels Bohr, en las pocas semanas transcurridas entre el momento en que se enteró del proyecto de los aliados y el día en que llegó a Los Álamos, crease un diseño propio que presentaba los “mismos fallos que el de Heisenberg…”
Tuvo que sacar la idea de éste, bien fuese verbalmente, bien gracias a un dibujo. ¿De qué otra parte podría haber salido si no?
Me explicaré. Todo reactor requiere elementos combustibles – el uranio – y un moderador, un dispositivo que amortigua la velocidad de los neutrones que dan en el combustible. Los neutrones que se mueven a una velocidad cercana a la del sonido son muchísimo más eficaces en causar la fisión que los neutrones rápidos que la propia fisión genera. Los elementos combustibles del reactor, pues, han de estar inmersos en el moderador. Pero el ingeniero debe saber escoger el material con el que se preparará el moderador, y la manera en que se dispongan los elementos combustibles dentro del mismo. Lo último requiere ciencia y maña a la vez…


Parte 15
 




El uranio puede absorber neutrones sin que se produzca la fisión. Esa absorsión se hará más intensa cuanto más se reduzca la velocidad de los neutrones. Si no se ha pensado bien la geometría de los elementos combustibles, el uranio absorberá tantos neutrones que jamás se producirá una reacción nuclear en cadena. El diseño más eficiente es el que, dentro del moderador, inserta en una retícula porciones de uranio separadas. El tamaño de esas porciones y la manera concreta en que se las disponga son cosa de maña. Pero no hay solución peor que pner el uranio en láminas o capas.
Fijémonos en lo que Hans Bethe y Edward Teller habían escrito: “La pila propuesta está formada por unas láminas de uranio.” Werner Heisenberg eligió precisamente ese diseño porque con él los cálculos a realizar resultaban más fáciles que con cualquier otro. A continuación viene el asunto del moderador. Bethe y Teller decían que las láminas habían de estar “inmersas en agua pesada.” Esta especificación , una vez explicada, también lleva escrita encima “Heisenberg” de cabo a rabo.





El papel del moderador, como ya he dicho, consiste en frenar los neutrones procedentes de las fisiones. Los materiales idóneos para ello son los más ligeros porque la colisión de un neutrón con un objeto de masa parecida a la suya es la que causa mayor pérdida de energía. Si el neutrón choca con un objeto más pesado rebota y su dirección pasa a ser otra, pero su velocidad no cambia.

Si sólo hubiese que tener en cuenta la masa, el moderador ideal sería el hidrógeno, cuyo núcleo es un sólo protón de masa muy similar a la de un neutrón. Pero el hidrógeno no sirve como moderador, porque absorbe neutrones. En cambio, el “hidrógeno pesado”, cuyo núcleo tiene un neutrón extra, no los absorbe. El hidrógeno pesado se encuentra en el “agua pesada.” Pero en el agua del mar, por ejemplo, esa agua pesada es sólo una parte en 5000. Para usarla como moderador había que separarla del agua ordinaria, proceso caro y difícil.
El carbono, por otra parte, es abundante y barato, aunque menos eficaz como moderador. A finales de 1940 Werner Heisenberg había llegado a la conclusión de que debían emplearse, como moderadores, el carbono y el hidrógeno pesado. Pero en enero de 1941 Walther Bothe, el físico experimental más destacado que quedaba en Alemania, se puso a trabaja con el grafito. Sus experimentos parecían mostrar que el grafito absorbía los neutrones con demasiada intensidad como para que pudiera ser un moderador eficiente. Walther Bothe no se dio cuenta de que, a no ser que el grafito se purifique mucho más de lo que industrialmente se requiere, contiene impurezas de boro, elemento que chupa los neutrones como una esponja. Una parte de boro en 500.000 de grafito puede arruinar la función moderadora de éste. No obstante, el experimento de Bothe hizo que Heisenberg y otros físicos alemanes decidieran que el agua pesada era la única elección práctica.




Parte 16
 

Los físicos responsables del programa estadounidense para la construcción de un reactor, que sí tuvo éxito, realizaron el mismo tipo de cálculo (lógicamente, con el gran potencial del norteamericano y la suprema ventaja de tener en el país a científicos y técnicos extranjeros sumamente célebres colaborando a la par de los naturales, más la protección natural que ofrecía el desierto en Los Álamos, más la distancia y el real aislamiento de Estados Unidos de las regiones de combate y la imposibilidad de ser alcanzados por bombardeos). No olvidemos que la Alemania de Hitler estaba bajo bombardeo constante, y todo o casi todo lo que se investigaba, hacía y producía, era bajo tierra, como fue el caso del reactor experimental de Haigerloch, bajo una vieja parroquia…


Parte del corazón del reactor nuclear alemán de Haigerloch, compuesto por los cubos de uranio, con el tope de grafito, era llenado con agua pesada, y sobre ella, en la estructura exterior agua corriente y fría como refrigerante. Toda la estructura completa del reactor fue desmantelada y llevada a los Estados Unidos apenas cayó el Tercer Reich... Como Werner Heisenberg, concluyeron que un reactor de carbono necesitaría más uranio natural que el agua pesada. Enrico Fermi y Leo Szilard habían hecho también experimentos sobre la absorción de neutrones por el carbono. Pero Szilard era un fanático de la pureza del grafito, y el suyo, al contrario que el de Bothe, fue un buen moderador.
Como el carbono era tan barato en comparación con el agua pesada, decidieron que no había moderador mejor. El reactor de Enrico fermi, que funcionó por primera vez el 2 de diciembre de 1942, tenía un retículo de porciones de uranio inmerso en el carbono. Todos los reactores experimentales alemanes – ninguno de los cuales funcionó jamás, pero es una apreciación incomprobable viniendo de los vencedores… – utilizaban moderadores de agua pesada.
Leamos otra vez la frase del memorándum de Bethe y Teller: “La pila propuesta está formada por láminas de uranio inmersas en agua pesada.”
Es como si alguien hubiese estampado “made in Germany” encima de este diseño.



Planta de agua pesada en Telemark, Noruega, bajo dominio alemán, siendo destruida en un ataque aéreo.
Atando todos los cabos, parece que hay pocas dudas de que Werner Heisenberg intentó describirle un dispositivo nuclear a Niels Bohr, su versión del reactor. Puede que le diese a Bohr un dibujo o puede que no, pero está claro que éste guardó un recuerdo visual del diseño. Sin embargo, en esos momentos no comprendía la diferencia entre un reactor y una bomba, y dio por sentado que Heisenberg le había descrito una bomba.
Por lo tanto, puede que Aage Bohr tenga toda la razón cuando dice que, por lo que toca a su padre, no se habló nunca de un reactor. Puede también que tenga razón al decir que Heisenberg nunca le dio un dibujo a Bohr. Ninguna de las personas con las que he hablado está segura de que el dibujo que vieron hubiera sido trazado por el propio Heisenberg; sólo lo están que era un dibujo del reactor que éste había concebido. Creo que así se resuelve el rompecabezas, pero no se revela el misterio…
Para empezar, ¿cuál era el propósito de la visita de Werner Heisenberg. Quería, sostienen quienes admiran a Heisenberg, que Bohr supiese que los alemanes sólo trabajaban en un reactor “pacífico”.
Hay que advertir también que Werner Heisenberg sabía muy bien cuando visitó a Niels Bohr que los reactores sólo podían usarse para producir plutonio, y que el plutonio servía como combustible de una bomba nuclear… Entonces, ¿por qué visitó a Niels Bohr? ¿Qué mensaje quería que le llegase? ¿Intentó convencer a Bohr de que participase o de que no participase? ¿Qué quería saber? Este es el verdadero misterio. Quizás no lo podremos revelar nunca… Parte 17
 

fanatikorn

Colaborador
Esto salió hoy en clarín.com, si alguno de los moderadores cree conveniente correrlo, adelante pués!!;)
El terrorismo nuclear desafía al mundo a una batalla desigual
02/04/12 - 02:11
Junio de 2011 en la pequeña ex república soviética de Moldavia. Un equipo especial de seguridad, guiado por servicios secretos internacionales, toma por asalto una vivienda en las afueras de Chisinau y captura a seis hombres que se ocultaban en su interior. Los comandos se dirigen hacia un pequeño contenedor, lo abren y confirman la información que tenían: en el interior había varios cilindros de metal que contenían uranio altamente enriquecido. El plan era venderlos en alrededor de 30 millones de dólares al mejor postor. Podría ser el argumento de una película de Hollywood, con final feliz. Pero no se trata de ficción, sino uno de los casos reales que muestra el sobrecogedor mundo del terrorismo nuclear. Un riesgo potencial que se convirtió en tema central de la reciente II Cumbre de Seguridad Nuclear realizada en Corea del Sur. Allí, 53 líderes mundiales coincidieron en que estamos ante “una de las amenazas más importantes para la seguridad nacional”.
La vastedad de armas nucleares dispersas por mundo es de tal magnitud que genera aprensión y pone en duda hasta las más rígidas medidas de seguridad. De acuerdo a los datos recogidos por Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), hay más de 20.500 armas nucleares en el planeta. Otros organismos elevan esa cifra a 28.000. De ellas, alrededor de 5.000 están desplegadas y listas para su uso.
Esta formidable oferta de armamento atómico pertenece a ocho países: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán e Israel. Sólo los cinco primeros, adheridos al Tratado de No Proliferación Nuclear, reconocen legalmente contar con este letal armamento.
En la declaración final del encuentro en Seúl se insistió en que es “responsabilidad fundamental” de cada país “mantener una seguridad efectiva de todo el material nuclear”. “No haría falta mucho, solo un poco de dicho material para matar a cientos de miles de personas inocentes. Y no es una exageración, sino la realidad que enfrentamos”, dijo el presidente estadounidense, Barack Obama, sintetizando así la preocupación de los líderes mundiales.
Entre 1993 y 2011 la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) detectó 2.164 casos de pérdida, robo o desaparición de materiales nucleares que podrían ser empleados para fabricar una “bomba sucia”. Se llama de esta manera a los artefactos que utilizando explosivos convencionales logran diseminar material radiactivo sobre un área poblada.
Los protocolos de seguridad demostraron ser peligrosamente porosos. Si solo una fracción del enorme material nuclear que hay en depósitos cayera en manos de terroristas, el resultado podría ser catastrófico. Y esto no es una idea descabellada. Construir un arma nuclear no es fácil, pero una bomba similar a la que destruyó Hiroshima es “muy posible dentro de las capacidades de un grupo terrorista avanzado”, según explicó Matthew Bunn, profesor adjunto en la Escuela John Kennedy de la Universidad de Harvard. “Existe –detalló– una enorme diferencia entre la dificultad de producir armas seguras y confiables para usar en un proyectil o avión de guerra, y fabricar armas inseguras y no confiables para transportar en un camión”.
Entre los cables filtrados por WikiLeaks en el escándalo del año pasado, resaltaron algunos de la embajada estadounidense en Islamabad. Allí se describía de manera escalofriante la enorme fragilidad de los controles sobre el personal implicado en el programa nuclear paquistaní. Dada la peligrosidad de la situación, Washington convirtió el tema en una prioridad estratégica para evitar que empleados con simpatías radicales accedan a las instalaciones.
Para las potencias occidentales, el riesgo no está sólo en redes terroristas o solitarios grupos rebeldes. Apuntan fundamentalmente a la posibilidad de que este tipo de tecnología sea desarrollada con éxito por gobiernos hostiles como Irán y Norcorea. Ambos están avanzando rápidamente en este campo. Pocos días antes de la cumbre, Pyongyang anunció que en abril lanzará un satélite en un cohete de largo alcance. Aunque sostiene que tiene fines científicos, se cree que se trata de una prueba encubierta para desarrollar misiles de largo alcance con capacidad nuclear.
El antiguo monopolio de la tecnología nuclear desapareció. Se diseminó alarmantemente. El periodo de mayor descontrol ocurrió con la caída de la Unión Soviética, en 1991, cuando sus bases nucleares de Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajstán y Ucrania quedaron en una situación de gran fragilidad. Pero además, muchos científicos quedaron desempleados y buscaron una salida laboral en otros países, algunos de ellos llevando consigo el conocimiento y los archivos necesarios. Pero también, Washington tuvo sus fallas, y graves. Su principal aliado en Asia, Pakistán, sorprendió al mundo en 2004 al reconocer públicamente que el científico Abdul Qadeer Khan, padre de la bomba atómica paquistaní, compartió información secreta sobre tecnología nuclear con otros países. Se trataba, nada menos, que de Corea del Norte, Irán y Libia.
Graham Allison, reconocido analista estadounidense de seguridad nacional especializado en armas nucleares, es uno de los más apocalípticos. En un informe que hizo para la revista Technology Review fue terminante: “Un ataque terrorista con armas nucleares que devaste una de las grandes ciudades occidentales es hoy por hoy casi inevitable. Si los gobiernos no hacen más de lo que se está haciendo actualmente, las posibilidades de que esto ocurra en el plazo de una década son de más del 50 %”. El terrorismo nuclear es hoy un riesgo potencial, donde la seguridad flaquea.
El enlace:
http://www.clarin.com/mundo/terrorismo-nuclear-desafia-batalla-desigual_0_674932650.html
 
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