La última gran guerra entre Israel y los países árabes

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Moshe Dayan (con parche) y Golda Meir, en octubre de 1973.
  • El 6 de octubre de 1973, Egipto y Siria sorprendieron con un ataque a Israel
  • Pese a la traumática ofensiva inicial, fueron doblegados Sadat y Asad
  • Meir rechazó un ataque preventivo poco antes del estallido de la guerra
  • El enfrentamiento bélico aceleró la vía diplomática hasta Camp David

Sábado 6 de octubre de 1973. Oz C., oficial de la Fuerza Aérea israelí, hace guardia en una base al sur del país. El descanso del Shabat coincide con Yom Kipur, el día más sagrado del judaísmo. En otras palabras, Israel completamente paralizada. En la base de C. sin embargo, hay mucha tensión. "Sabíamos que los egipcios y sirios nos atacarían ese día. Pero la primera ministra israelí, Golda Meir, no quiso realizar un ataque preventivo por miedo a la protesta internacional. Pagamos un precio muy alto en vidas humanas", recuerda a ELMUNDO.es.
Tras la aplastante victoria en la Guerra de los Seis Días (67), Israel se sentía tan invulnerable que nadie veía posible una ofensiva árabe. "Es una posibilidad reducida", estimó la Inteligencia militar israelí a principios de los 70.
"Israel estaba más preocupada por los ataques terroristas palestinos", recuerda C., que durante la guerra se encargó de administrar el envío de cazas F-4 al encuentro con los Mig egipcios. "Fue la guerra más difícil en la historia de Israel. De rozar el gran desastre nacional, acabamos con una gran victoria militar llegando a 101 kilómetros de El Cairo y a varias decenas de Damasco. La tregua evitó una mayor humillación de los ejércitos de Siria y Egipto", afirma, reconociendo "el gran trauma" provocado en Israel.
En la mañana del 6 de octubre, Golda reunió a sus ministros ante las informaciones sobre el inminente ataque. El presidente de Egipto, Anuar Sadat, y de Siria, Hafez Asad, prometieron recuperar el Sinaí y el Golán, ocupados por Israel en la guerra del 67. Contingentes de otros países árabes acudieron a su llamamiento contra Israel en el 73. La sed de venganza del 67 necesitaba ser resuelta.
A las tres de la tarde, la radio pública israelí rompió el silencio en las ondas (debido a Kipur) con un boletín ya histórico: "El portavoz del Ejército informa que a las 14.00 de la tarde, fuerzas egipcias y sirias iniciaron un ataque en el Sinaí y los Altos del Golán...".
En concreto a las 13.47. Estalla la Guerra de Yom Kipur o la Guerra de Octubre. La última en la que Israel y los países árabes se enfrentan de forma abierta con tanques, aviones y carros blindados. La ofensiva árabe dinamitó la eufórica sensación de superioridad militar que se vivía en Israel, pero terminó con las tropas israelíes contraatacando en Egipto y Siria.
Sadat y la 'Victoria de Octubre'
Pese a los miles de muertos y a no recuperar el Sinaí por las armas, los egipcios se sentían vencedores y cada 6 de octubre celebran la victoria. Más allá de intentar borrar la huella del 67, sorprendieron al gran enemigo para recuperar Sinaí años después de los combates. "Los árabes habíamos perdido tres guerras con Israel, por lo que éramos muy pesimistas e inseguros", recuerda el actual ministro egipcio de Exteriores, Nabil Fahmy, en una entrevista a la documentalista norteamericana Yael Lavie. Tras el 67, los egipcios no dudaron en criticar a su Ejército y burlarse de sus oficiales. Algo que cambió radicalmente (hasta el día de hoy) gracias a ese 6 de octubre.
"No hay duda de que Egipto ganó la guerra del 73. Las guerras no son un partido de baloncesto donde cuenta el marcador puntual. Lo que cuenta es el balance final. Sin esta guerra, las negociaciones no hubieran sido posibles", declara Fahmy. Según Sadat, la guerra convenció a los dirigentes israelíes de la necesidad de negociar por el Sinaí.
Los regímenes árabes descubrieron un arma muy poderosa con la que poder presionar a Israel a través del bolsillo mundial: el petróleo.
El papel de Golda Meir
"Nunca podré perdonarme", lamentó la jefa de Gobierno. Para los israelíes, la guerra de Yom Kipur sigue siendo una dolorosa herida. La victoria final en términos militares fue acompañada por una indignación social que llevó a la creación de una comisión de investigación. Enfado por sus 2.656 soldados muertos y la actitud negligente del liderazgo antes del estallido de la guerra.
Ante la Comisión Agranat, Meir explicó que no ordenó un ataque preventivo al temer la reacción internacional que hubiera puesto en peligro la ayuda militar de Estados Unidos. A partir del 13 de octubre, Washington lanzó un decisivo puente aéreo armamentístico.
"Todos en su parcela se equivocaron un poco. No creo que alguien pueda levantarse y decir que no se equivoca", señaló Meir según documentos desclasificados ahora. Reconoció que no movilizó a los reservistas antes del ataque árabe por temor a enfrentarse a la cúpula militar. "No podía enfrentarme con el jefe de la Inteligencia militar o el jefe del Ejército. Habrían pensado que soy tonta".
También se criticó a Meir por no saber leer los mensajes de Sadat a favor de una negociación. "Para ella, Sadat era el enemigo y alguien no fiable", afirma Yigal Kipnis, autor del libro 'Hacia la Guerra', que cita unas palabras del secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, a la Dama de Hierro de Jerusalén: "Yo no quiero culpar a nadie, pero durante 1973 la guerra se pudo haber evitado".
La Inteligencia israelí lo considera el fallo más grande de su historia. "Lo tenemos presente en cada decisión que tomamos", nos dice un oficial, 40 años después.
El enfrentamiento bélico aceleró la vía diplomática hasta Camp David (79), en la que, a cambio del Sinaí, Egipto se convirtió en el primer país árabe en firmar la paz con Israel. En el 81, Sadat fue asesinado por un extremista islamista.
Moshe Dayan y la opción nuclear
El Wilson Center publica el testimonio de un ayudante del dirigente Israel Galili, en el que recuerda la reunión del Gobierno del 7 de octubre. Según él, el general Dayan, jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, estaba tan angustiado y preocupado por la existencia de su país que propuso lo que nadie se había atrevido antes: la opción no convencional. Las informaciones del frente dibujaban un panorama desolador y Dayan pronosticó "la destrucción del Tercer Templo" en alusión al fin de Israel.
Cuando la reunión tocaba su fin, Dayan lanzó la bomba: "Pensé que, como la situación es muy mala y no tendremos tiempo y muchas opciones, conviene que preparemos la exposición de la opción nuclear". La idea (¿se refería a su uso o a la amenaza de hacerlo para frenar a Egipto y Siria?), fue rechazada de inmediato por Meir. "Olvídate de eso", le dijo al famoso general y dirigente del parche en un ojo.
elmundo.es
 

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Yom Kippur, la última gran guerra entre Israel y sus vecinos árabes

Hace hoy 40 años, Siria y Egipto atacaban por sorpresa al estado judío aprovechando la gran fiesta religiosa judía para recuperar los territorios perdidos en 1967

CIFRA
Baterías del ejército israelí de 155 mm, disparando contra las posiciones sirias, en octubre de 1973
Altos del Golán, mediodía del 6 de octubre de 1973. El zumbido de los motores de los cazabombarderos MIG-17 sirios rompía, sin previo aviso, el silencio sepulcral que suele reinar en el estado judío durante la solemne fiesta de Yom Kippur. Las calles y carreteras, como ocurre cada año en el día más sagrado del calendario hebreo, estaban completamente desiertas, las emisiones de radio y televisión interrumpidas, y el país paralizado. Nadie imaginaba que estaba a punto de comenzar la última gran guerra entre Israel y un frente de países árabes.

ABC
Hafez al Assad, en una foto familiar
La Guerra de Octubre o del Ramadán, como prefieren llamarla los árabes, se inició con el ataque sorpresa de Siria y Egipto a Israel, cuyo objetivo era aprovechar la celebración religiosa en la que las guarniciones fronterizas cuentan solo con la mitad de las tropas, para recuperar los territorios perdidos en 1967. Una acción relámpago que finalmente se alargó más de dos semanas sin ningún resultado, y en la que murieron 13.500 soldados: 2.500 israelíes, 3.500 sirios y 7.500 egipcios.
«Fue una sorpresa para todos nosotros. Los periódicos hablaban de movimientos en la frontera del norte por parte de Siria, pero aquellas maniobras de entrenamiento eran habituales. No había ningún indicio de que estuvieran preparando un ataque», cuenta a ABC Guido Ruda, que se encontraba ayunando en un kibutz cerca de una base militar en el norte cuando escuchó caer las primeras bombas.
Un guerra no acabada
Tanto el presidente egipcio, Anuar el-Sadat, como el presidente sirio, Hafez al Assad, padre del actual presidente, se tomaban las derrotas en las guerras del Canal de Suez (1956) y de los Seis Días (1967), como batallas perdidas de un conflicto que no había acabado. En la última, Israel había conseguido conquistar la península del Sinaí, la franja de Gaza, Cisjordania, los Altos del Golán y, sobre todo, Jerusalén. Era la hora de recuperarlo de una vez, y para ello consiguieron el respaldo de varios países árabes, que enviaron efectivos al frente de batalla.

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Golda Meir, en 1970
El Gobierno israelí, presidido por Golda Meir, la tercera mujer en el mundo en asumir este cargo, estaba tan convencido de su superioridad militar, que desoyó los informes de sus servicios de inteligencia. Cuando quisieron darse cuenta, Siria había lanzado ya su ofensiva contra los Altos del Golán, primero bombardeando las fortificaciones fronterizas israelíes y, después, iniciando un avance arrollador con 30.000 soldados y 1.260 carros de combate.
Egipto se encargó del Sinaí, desencadenando un verdadero infierno sobre la línea de Bar Lev, la cadena de fortificaciones construidas por Israel a lo largo de la costa este del canal de Suez, utilizando 150 cazabombarderos MIG-21, 800 tanques y cerca de 9.000 hombres. El ataque árabe fue de tal envergadura, que dos días después, el ministro de Exteriores israelí, Abba Eban, aprovechó para decir en la ONU que si hubieran estado asentados en las fronteras de 1948, su país habría desaparecido.
Desconcierto israelí
El desconcierto inicial israelí fue grande. Siria y Egipto consiguieron hacerse por momentos con sus objetivos, pero la capacidad de respuesta de ejército judío permitió que los reservistas acudieran rápidamente a sus puestos de combate, integrándose en la lucha mucho antes de lo sus enemigos tenían previsto. «Fue una lástima que perdiéramos tanto tiempo y no nos defendiéramos incluso antes, porque cuando nos llamaron, tuvimos que volver a la misma zona donde habíamos estado realizando maniobras», cuenta Werner Leopold, teniente israelí que fue enviado al frente sur. Si este sistema no hubiera funcionado, explica, los árabes se habrían alzado con la victoria en los primeros días de la guerra.

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Anuar el Sadat, en 1978
Sin embargo, el ejército israelí consiguió recuperar el terreno aprovechando las bajas enemigas. El 22 de octubre, los árabes se vieron obligados a aceptar el alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU y a emprender negociaciones para alcanzar una paz justa y duradera, aunque la resolución no hiciera ninguna mención a la retirada de Israel a las fronteras anteriores a 1967.
En las memorias publicadas por Henry Kissinger en 1982, el ex secretario de Estado estadounidense afirmó que esta guerra estuvo a punto de provocar un conflicto armado entre la URSS y Estados Unidos. Desde entonces, por suerte, no ha vuelto a producirse ninguna gran guerra árabe-israelí en Oriente Próximo, aunque la tensión siempre esté presente.
El petróleo, la última «bala»
Tras la guerra, los países árabes productores de petróleo decidieron emplear sus recursos energéticos para forzar la retirada de Israel de los territorios ocupados en 1967. Aprobaron un embargo contra varios países occidentales, entre ellos, Estados Unidos. En 80 días, el precio del barril se triplicó, desde los 3 hasta los 12 dólares.
En este clima, con el problema del petróleo de fondo, Kissinger se propuso debilitar los intereses soviéticos en la región y crear un clima adecuado para instaurar una «pax americana». La Casa Blanca estaba dispuesta a presionar a Israel para que se retirase de la península del Sinaí, si Egipto se comprometía a alejarse del campo de batalla y de la órbita de la URSS. Finalmente, Israel aceptó marcharse de los territorios ganados en la Guerra de Yom Kippur y se comprometió a iniciar negociaciones en torno al Sinaí. Egipto, por su parte, renunciaba a emplear la fuerza
ABC.es
 
De no ser por Nickel Grass hoy El Cairo, Damasco y no se si alguna otra serian radiactivas
Tal como en el 82, la intervencion de USA definio el conflicto
 

Sebastian

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Egipto se equivoco al enviar más tropas al frente, estiro en demasia sus fuerzas.
Yo tengo entendido que Sadat quería con este guerra negociar, no destruir Israel.
 
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