Hundimiento del Mary Rose

AL FINAL TODO SE SABE
Por Arturo Pérez-Reverte:



Por fin se desveló el misterio. Desde hace cuatrocientos cincuenta años, los investigadores navales ingleses se han esforzado en averiguar por qué el Mary Rose, ojito derecho de la flota de Enrique VIII, se fue a pique en el año 1545 frente a Portsmouth, durante un combate con los franchutes. En realidad ya se sabía algo: el barco no se hundió por los cañonazos enemigos, sino porque las portas de las baterías bajas estaban abiertas durante una maniobra complicada, entró agua por ellas y angelitos al cielo. Glu, glu, glu. Todos al fondo. Pero faltaba el dato clave: un estudio médico del University College de Londres –eso suena a serio que te rilas, colega– acaba de establecer la causa exacta del hundimiento. El agua entró por las portas abiertas, en efecto. Pero tan imperdonable descuido marinero fue posible porque la tripulación de esa joya de la marina inglesa no era inglesa, pese a lo que su propio nombre indica. Ni hablar. El Mary Rose estaba tripulado por spaniards. Sí. Por españoles. Naturalmente, eso lo explica todo.

No estoy de coña, señoras y caballeros. O la guasa no es mía. Los perspicaces investigatas del University College afirman eso después de pasar veinte años estudiando dieciocho cráneos rescatados del barco. Tras concienzudos estudios antropológicos, la conclusión es que diez de esos cráneos procedían del sur de Europa, debido, ojo al dato, a la composición específica de sus dientes. Se dice, por otra parte, que Enrique VIII iba escaso de marineros cualificados y enroló a extranjeros. Así que, con aplastante lógica científica, los investigadores han llegado a la conclusión de que éstos sólo podían ser españoles. Tal cual, oigan. Ni italianos, ni portugueses ni franceses. Lo de los dientes es decisivo. A ver quién tiene el colmillo así de retorcido, o tantas caries. O tan malos dientes de leche. Vaya usted a saber. El caso es que,bueno. Blanco y en tetrabrik, eso. Leche.

Lo más fino es la conclusión del profesor Hugo Montgómery, jefe del equipo investigador. «En el estruendo de la batalla, se habría necesitado una cadena de mando muy clara y disciplinada para cerrar a tiempo las portas», afirma este Sherlock Holmes de la osteología náutica. Y es que la palabra disciplina en boca de un inglés lo explica todo. Otra cosa habría sido que el Mary Rose hubiese estado en las competentes manos de leales súbditos británicos. No se habría hundido bajo ningún concepto. Pero a ver qué se podía esperar con una tripulación española –lo más normal del mundo, por otra parte, a bordo de un barco inglés–. O sea. Con torpes y sucios meridionales, todo el día oliendo a ajo y rezando el rosario, flojos de idiomas, que no entendían las eficaces órdenes que se les daban en perfecta parla de allí. Así, el hundimiento estaba cantado, claro. Elemental, querido Watson.

Yo mismo, modestia aparte, también he investigado un poco el asunto. Y fíjense. No sólo coincido con las conclusiones británicas, sino que, tras estudiar con una lupa la dentadura postiza de la madre que parió al profesor Montgómery, me encuentro en condiciones de iluminar otros rincones oscuros del naufragio. Y puedo confirmar que, en efecto, así no había quien mandara un barco. Sé de buena tinta –una tinta Montblanc, cojonuda– que el naufragio se produjo cuando el almirante british, que se llamaba George Carew, ordenó «Todo a estribor» y el timonel, que casualmente era de Ondarroa, respondió «Errepika ezazu agindua, mesedez», que significa, más o menos, repíteme la orden en cristiano o verdes las van a segar. Y mientras el almirante mandaba a buscar a alguien que tradujese aquello a toda tralla, una marejada cabroncilla empezó a colarse dentro. «Cierren portas, voto al Chápiro Verde», ordenó entonces el almirante, algo inquieto. Entonces, desde abajo, el contramaestre, un tal Jordi, que era de Palafrugell, respondió. «Digui’m-ho an català si us plau», con lo que míster Carew se quedó de boniato a media maniobra. «Pero de qué van estos mendas» inquirió, ya francamente contrariado. Mientras tanto, los demás tripulantes, que también eran indígenas de aquí, estaban en los entrepuentes tocando la guitarra y bailando flamenco, costumbre habitual de todos los marineros españoles, sin excepción, en situaciones de peligro. Fue entonces cuando los oficiales, nativos de Bristol y de sitios así, rubios y tal, empezaron a gritar: «¡El barco zozobra, el barco zozobra!». Y abajo, algunos tripulantes, que eran tartamudos y además de Cádiz, respondieron, con palmas de tanguillo y mucho arte: «Pues más vale que zo-zobre a que fa-falte, pi-pisha». Y claro. En dos minutos, el Mary Rose se fue a tomar por saco.

Dicen los libros de Historia que las últimas palabras del almirante Carew, antes de ahogarse como un salmonete, fueron: «No puedo controlar a estos truhanes». Pero no. Lo que realmente dijo fue: «No puedo controlar a estos hijos de ************».

SALUDOS
 
Jajajajaja, lindo estudio, solo falto que la remataran con que se calculaba fueran de Galicia y la remataran con un chiste de gallegos.
 

Armisael

Moderador Borgeano
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Moderador
¡Genial!. :smilielol5: :smilielol5: :smilielol5:

Leer a Pérez Reverte, y encima enojado, es un lujo del humor.

Saludos.

P.S.: Un día voy a subir la carta de Francisco I de Francia a su amante después de la derrota de Pavía (en versión Reverte). . . :cheers2: :smilielol5:
 
jajaja espero que el University College de Londres siga redescubirendo la historia a partir de sesudos estudios "High Tech" como este :sifone::sifone: ,
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
Arturo Perez Reverte es lo mejor de la escritura española,en su momento fue corresponsal de guerra,desde la guerra de los seis dias hasta kosovo,todos los domingos escribe una pagina entera en el semanal y no tienen desperdicio,su enemigo siempre son los ingleses,con toda razon por supuesto,hace seis años escribio un articulo sobre malvinas(como si fuera argentino)llamando a los ingleses de todo.A pesar de sus textos desatados,en persona es muy timido,tuve la oportunidad de estar delante de el firmandome un libro,un gran tipo que dice las verdades que a muchos no les gusta oir.
 
Mortal muy buena historia Bushmaster. :smilielol5: :smilielol5:

Armisael y coruño si tienen esos textos porfa subanlos. :drool5:


Saludos
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
El que habla de Malvinas lo tengo que buscar,hace 6/8 años que lo escribio y tengo como 500 hojas sueltas de todo lo que escribe,ahora para que veas la virtud de este tipo escribiendo/criticando te voy a poner uno reciente.LOS 36 AGUAFIESTAS:Lo bonito del putiferio en el que poco a poco,nos instalamos con toda naturalidad,es que las peliculas de berlanga empiezan a ser,comparadas con el paisaje actual,versiones sosas de lo nuestro.Eso esta bien,pues con algo hay que disfrutar antes de palmarla.Y los periodicos,y los telediarios,y tender la oreja al runrun de cada dia,deparan momentos sublimes de juerga moruna.Dirian algunos que de ciertas cosas no hay que reirse,pues nada tan virtuoso como la indignacion ante la injusticia y la estupidez.Pero uno acaba por asumir lo evidente.En España la justicia,las virtudes y la indignacion ajena importan un huevo de pato.Derechas,izquierdas,nacionalistas y demas oportunistas,ciudadanos de infanteria incluidos,cada cual va a lo suyo.Impasible mientras no le toque.El heroe nacional no es don quijote,sino don tancredo.De manera que como analgesico,a veces resulta util atrincherarse en la risa.Reir segun la manera,es tambien un modo de ciscarse en su ************ madre.En la de ellos-rellenen ustedes con nombres la linea de puntos-y en la de los incautos e imbeciles que los engordan.La ultima es finisima.Buscando los restos de doce republicanos asesinados en el pueblo turolense de singra,una asociacion para la recuperacion de la llamada memoria historica desenterro hace mas de un año,por error,36 cadaveres de soldados muertos durante la guerra civil,en la batalla de Teruel.Examinados los restos por un equipo de arqueologos y forenses,y tras comprobar que alli nadie habia sido fusilado,sino que todos eran hombres-muchos muy jovenes-muertos en combate,los bienintencionados desenterradores no supieron que hacer con tanto fiambre fuera de programa.De haber sido los doce republicanos asesinados,la historia habria salido redonda:homenaje a las victimas,malvados nacionales y demas parafernalia.Incluso con soldados leales a la republica,el asunto tendria por donde agarrarse.Pero se daba la incomoda circunstancia de que los muertos,enterrados en fosa comun en el mismo campo de batalla,pertenecian tanto al ejercito nacional como al republicano.Eran de los dos bandos,mezclados en la barbarie de la guerra y la tragedia de la muerte.Españoles sepultados juntos,como debia y debe ser.Como leccion y homenaje,deliberado o casual,de sus enemigos y compañeros.Asi que imaginen el papelon.Nuestro gozo en un pozo,colega.Esto no hay quien lo venda a un telediario.Treinta y seis aguafiestas jodiendo el invento.
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
SIGUIENDO CON LOS 36 AGUAFIESTAS:pero lo mas fino es la solucion.Tan de aqui,oigan.tan española.Disimula,manolo,y silba mirando para otro lado.Unas cajas de carton,el alijo dentro,y los 36 juegos de huesos depositados en la antigua escuela del pueblo.Guarden esto aqui un momento,haganme el favor,que vamos a comprar tabaco.Hasta hoy .Y mientra escribo esta pagina,los despojos llevan trece meses muertos de risa,metidos en las mismas cajas,sin que nadie se haga responsable.El alcalde de singra,que es socialista,anda un poquito mosqueado,diciendo que no esta bien tener ahi los huesos de cualquier manera;que cualquier dia entran unos perros y se ponen ciegos mascando femures de ex-combatientes,y que los de la asociacion desenterradora tendrian que hacerse cargo del asunto,comprar feretros y sepultar aquel circo como dios manda.Y los otros por su parte,llamandose a andana.Diciendo que,como no son los familiares que buscaban,pues que tampoco hay prisa,buen hombre.Ni se acaba el mundo ni nos corren moros,que decian los clasicos.La asociacion es modesta,no esta para muchos gastos,y ya se hara cargo cuando buenamente pueda.Si puede.Y claro uno piensa que,por azares de la vida y de la historia,quien pudo acabar en fosa tan alegremente abierta pudo ser mi tio paterno,el sargento republicano de diecinueve años lorenzo perez-reverte;o el alferez nacional antonio mingote barrachina,que es la bondad en persona,con quien me siento cada jueves en la RAE(real academia española de la lengua);o el padre de mi compadre juan eslava galan,que hizo media guerra en un bando y media guerra en otro.Y los imagino a todos ellos,o a otros como a ellos,descansando tranquilamente y a gusto desde hace 70 años en su fosa comun de singra o de donde sea,bien juntos y revueltos unos con otros,rojos y nacionales,tras haberse batido el cobre con saña cainita y mucho coraje,como dios manda.Y en eso llega una panda de irresponsables,les pone los huesos al aire y los deja en caja de carton,porque en realidad buscaban a otros.Y las quejas al maestro armero.E imagino sus chirigotas y carcajadas de caja a caja y de hueso a hueso.Fijate compañero.Memoria historica,la llaman.Hay que joderse.¿sabra un burro lo que es un pictolin?Triste y ************************ España,la nuestra.La de entonces y la de ahora.Por esta peña de subnormales no valia la pena matarnos,como nos matamos.
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
Perdonen compañeros foristas que me fuera de mambo con el MARY ROSE,pero puse otra de las historias de PATENTE DE CORSO,del maestro Arturo Perez Reverte,uno de mis idolos,en esta España que me toca vivir(como diria Reverte).
 
Perdonen compañeros foristas que me fuera de mambo con el MARY ROSE,pero puse otra de las historias de PATENTE DE CORSO,del maestro Arturo Perez Reverte,uno de mis idolos,en esta España que me toca vivir(como diria Reverte).
Muy lejos de ser así, toda aportación salida de la pluma de Pérez-Reverte es siempre bien recibida.

SALUDOS
 

MAC1966

Colaborador
Colaborador
Arturo Perez Reverte es lo mejor de la escritura española,en su momento fue corresponsal de guerra,desde la guerra de los seis dias hasta kosovo,todos los domingos escribe una pagina entera en el semanal y no tienen desperdicio,su enemigo siempre son los ingleses,con toda razon por supuesto,hace seis años escribio un articulo sobre malvinas(como si fuera argentino)llamando a los ingleses de todo.A pesar de sus textos desatados,en persona es muy timido,tuve la oportunidad de estar delante de el firmandome un libro,un gran tipo que dice las verdades que a muchos no les gusta oir.

Y en Malvinas.
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
Hay un articulo muy bueno de Reverte,que hizo para la revista defensa hace años:pRISIONEROS DE GUERRA:nombre,grado y numero de identificacion,mira si tiene años que es el nº23 de la revista,cuando todavia era una revista seria,porque en los ultimos dos años fue una verguenza.Si quieren se la posteo aqui.
 

MAC1966

Colaborador
Colaborador
Efectivamente,MAC.Por eso puse desde la guerra de los seis dias hasta kosovo(casi 30 años de corresponsal).Haber si encuentro la hoja que le dedico a Malvinas,en el 2002 me parece.

Lo digo por que en Malvinas,sólo hubo 2 corresponsales extranjeros,Arturo y otro más que no sé quien es.
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
Lo digo por que en Malvinas,sólo hubo 2 corresponsales extranjeros,Arturo y otro más que no sé quien es.

Creo,no me hagas mucho caso,que era un frances.
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
PRISIONEROS DE GUERRA.NOMBRE,GRADO Y NUMERO DE IDENTIFICACION:Ciertamente,que la condicion de prisionero de guerra nunca fue facil,Se suele decir que en la antiguedad,quien era capturado como consecuencia del enfrentamiento belico conocia de inmediato la muerte,a sangre fria,o era reducido a la condicion de esclavo.Desde luego es verdad en gran parte y los relatos historicos nos hablan de ejercitos completos cuyos miembros,una vez puestos fuera de combate,eran degollados.Tambien se reitera la perdida arbitraria de la libertad de otros muchos que,en efecto,pasaban a convertirse en mano de obra gratuita por lo que les quedase de vida o que -en lo que tal vez fuese en un cuadro como este en em mejor de los casos-,eran encerrados durante años en mazmorras infectas.(despues sigo,estimados foristas)
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
Sin embargo,al menos desde hace tres mil años,ha existido,en determinadas civilizaciones,una cierta preocupacion por reglamentar la suerte de los prisioneros de guerra evitando ejercer sobre los mismos exacciones.Por ejemplo en la grecia clasica durante los tan habituales enfrentamientos entre las ciudades estado era costumbre respetar a los prisioneros aunque no por altruismo sino con un objetivo practico:intercambiarlos por sus conmilitones cautivos en el campo contrario.Esta y otras reglas perdian completamente su validez cuando la lucha no era entre ciudades-estado helenicas,al final de cuentas ramas de un mismo tronco,sino entre cualquiera de ellas y los barbaros ultramontanos.Roma fue todavia mas lejos al establecer la figura del postliminium,alcanzando un punto de excelencia en la materia con la redaccion y puesta en practica del Codigo Justiniano.Antes,la suerte reservada a estos desgraciados iba desde lo sucedido al caudillo galo Vercingetorix,a quien Julio Cesar paseo por las calles de roma como un trofeo y que luego se extinguiria rodando de carcel en carcel,a los que viendolos robustos,pasaban a convertirse de grado o por fuerza en gladiadores o galeotes.Los mas debiles eran asesinados tras rendir las armas o servian de blanco para las practicas de tiro,sobre todo con arco,de los legionarios.En cuanto a sus milites presos por el enemigo perdian,en el acto,la ciudadania romana que recuperaban,si es que conseguian regresar,siempre y cuando no hubiesen rendido las armas de manera vergonzosa.Poco a poco,las viejas practicas de reducir a los prisioneros a dos destinos por igual crueles,muerte o esclavitud,dejaron lugar a una tercera via:el rescate.No era una novedad absoluta pero fue roma quien le dio alas,lo que supuso un alivio para los combatientes a los que,de perder la libertad,ahora contaban con una ventana abierta a la esperanza.El propio estado colaboraba en ocasiones con las familias para pagar el dinero exigido por los captores aunque las negociaciones solo cobraban forma tras el cese de las hostilidades al considerar que,de practicarse en el curso de las mismas,podrian tener un efecto negativo en los soldados aflojando su belicosidad.La practica del rescate hizo escuela proyectandose a lo largo de la edad media y el renacimiento.Los prisioneros tenian un precio,eran por asi decirlo dinero constante y sonante,y en consecuencia les preservaban la vida ya que asesinarles era lo mismo que matar a la gallina de los huevos de oro.Tan extendida llego a encontrarse esta practica que fue creada una orden religiosa,la de los Mercedarios,cuya principal ocupacion consistia en sacar de las carceles mahometanas,mediante pago,a los cristianos que penaban en ellas como fue el caso de Miguel de Cervantes Saavedra,el genial autor de el "QUIJOTE".La ilustracion francesa aporto nuevos y mas solidos materiales en esa direccion.Montesquieu,en su libro"el espiritu de las leyes",dejo escrito que con los prisioneros de guerra no cabia hacer otra cosa que mantenerles en tan lamentable condicion pero sin dañar en modo alguno a sus personas.Rousseau,por su parte,sostuvo en su libro"el contrato social"que los prisioneros eran formalmente enemigos en tanto en cuanto siguiesen en curso las hostilidades contra el ejercito del que originariamente formaban parte pero que,concluidas las mismas,debian ser puestos,sin mas tramites en libertad,Se trataba de ideas muy modernas las expuestas por ambos filosofos y reformadores sociales pero,al fin y al cabo,sin aplicacion formal.De ello se encargo,tras la revolucion que puso punto final al viejo estado borbonico,la asamblea legislativa francesa que el 4 de mayo de 1792 decreto que los prisioneros de guerra quedasen bajo la proteccion de la nacion y sus leyes.Fue una resolucion historica a la que no iban a tardar en seguir otras en las que encontramos,para gloria de Francia,las bases de la actual legislacion internacional al respeto....SOLFERINO.-Sin embargo,aun quedaban por recorrer un largo camino y quien disparo el pistoletazo de salida para cubrirlo fue el periodista suizo Heny Dunant,un personaje por desgracia muy poco conocido.Dunant,despues de asistir a la batalla de Solferino,quedo tan impresionado por los actos de barbarie,las matanzas que tuvieron lugar y el abandono a la suerte de la mayor parte de los heridos,que para socorrer a estos y a los prisioneros puso en marcha la idea de constituir,entre todos los estados,lo que el llamo Sociedad voluntaria de Socorro.El resultado seria,el 21 de agosto de 1864,la primera convencion de ginebra que fue mejorada a lolargo de sucesivas reuniones hasta llegar a la cuarta convencion,de la que salio un reglamento que el 18 de octubre de 1907 suscribieron veinticuatro paises en La Haya.(CONTINUARA).
 

coruño

Forista Sancionado o Expulsado
La prueba de fuego para estas normasextraordinariamente positivas en principio,vino dado por el estallido de la PGM.No cabia hacerse muchas ilusiones sobre lo que pudiera ocurrir sobre todo a la vista de como unos años antes actuo en Sudafrica,contra los boers,la entonces principal potencia europea,el reino unido,a la que con ocasion de ese conflicto le cupo el triste privilegio de inventar uno de los mayores horrores del siglo XX:los campos de concentracion.En efecto,la PGM ofrecio toda suerte de ejemplos....de lo que no debia hacerse.Por ello,reinstaurada la paz,el comite internacional de la cruz roja animo la elaboracion de un codigo sobre prisioneros de guerra(97 articulos)que el 27 de julio de 1929sancionaron 50 estados en ginebra,Sin embargo,diez años justos mas tarde comenzaba la SGM,que se prolongo hasta el 1945,y de nuevo las violaciones tanto de las diversas convenciones como de su espiritu volvieron a ser la pauta.En total entre 6 y 10 millones de prisioneros perdieron la vida a causa de la desnutricion,los malos tratos,los alojamientos insalubres y el trabajo forzado.En cifras globales,el 60% de los rusos capturados por los alemanes murieron,asi como el 45% de los alemanes caidos en manos de los rusos y el 11% de los britanicos y norteamericanos hechos prisioneros por el eje y sus aliados.Como el optimismo,mas que la esperanza parece ser lo ultimo que se pierde,se creo una nueva convencion de ginebra,en 1949,que contaba con 143 articulos,que avalaron 61 estados.En vigor desde 1951 no empezo con buen pie ya que,la URSS,secundada por los once paises que desde hacia poco formaban parte de su orbita,rechazo el articulo 85:"Los prisioneros de guerra,juzgados bajo las leyes de la potencia aprehensora por actos cometidos con antelacion a la captura,retendran los beneficios de la convencion actual aun cuando sean declarados convictos".Moscu alegaba,remitiendose a los principios de los juicios de nuremberg por crimenes de guerra y crimenes contra la humanidad,pasaba a ser una cuestion privativa de cada estado.El sovietico de entrada,se habia sentido de lo mas satisfecho haciendo condenar en nuremberg a exponentes del IIIreich germano por la matanza de mas de diez mil polacos .(CONTINUARA)
 

Armisael

Moderador Borgeano
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Moderador
Disculpen la demora que tuve para subir el texto prometido de Pérez Reverte, pero es que no lo encontraba y tuve que rastrearlo bastante.

Como verán, no tiene desperdicio, y hay que hacer abstracción de muchos anacronismos sutilmente situados en el mismo para darle un efecto humorístico.

Cuando lo leí por primera vez, estuve riéndome solo durante más de una hora, y aún hoy, hay pasajes que me resultan claramente desopilantes.

Tambíén hay un uso de expresiones muy coloquiales, algunas muy comunes hoy día en Argentina (como "ajo y agua") que le dan mucha vivacidad al texto, al que calificaría personalmente de SUBLIME.

Nota: Soy descendiente directo de alguno de los "cromañones" que cita (y a los que me parezco) :smilielol5: :smilielol5:, que vinieron a América con Pedro de Mendoza. . .; espero que lo disfruten:

QUERIDA MIMÍ: Aquí me tienes, voilá, de turista forzoso en Madrid. Alojado en una torre que llaman de Los Lujanes, con ese cabroncete de Carlos, emperador de los alemanes y de los españoles y de la madre que los parió a todos, visitándome cada tarde para chotearse entre tapices gobelinos y mucho vuesa merced, primo, hermano, monarca francés y toda la parafernalia. «Estáis en vuestra casa, rey cristianísimo», dice, como si esto fuese otra cosa que una cárcel; y me muerdo de rabia los encajes almidonados viendo la sonrisa guasona que le apunta bajo la barbita. Menudo ******************, mi primo el Ausburgo. Vaya suerte la suya, oyes; y eso que lo suyo fue de pura chamba, hay que fastidiarse. Que si Fernando de Aragón e Isabel de Castilla no llegan a hacer aquella boda -menudo braguetazo-, y Felipe el Hermoso, su yerno osterreiche, no se va a criar malvas y deja a la Juana Majareta esa viuda, y al chaval este, al flamenco Carlitos que Dios y el turco confundan, no le toca la corona imperial en una rifa, a lo mejor yo no me veía ahora aquí pintando la mona de huésped forzoso, y el emperador europeo sería el menda, como el yayo Carlomagno, que en gloria esté con Roldan y los doce pares; y no estaría escribiéndote desde la Torre de los Lujanes, plaza de la Villa, Madrid, Spain, sino retozando contigo en Blois, a orillas del Loira. Yo comiendo fuagrás, mon petit chú. Y tú lo que ya sabes.

RECORDARÁS QUE MI ÚLTIMA CARTA TE LA ESCRIBÍ EN PAVÍA con fecha 23 de febrero de 1525, la noche antes de la batalla. Leída ahora supongo que te parecerá un poquillo confiada, a ver si me entiendes, sobre todo aquello de «a esos españoles muertos de hambre nos los vamos a comer sin pelar», lo de «entre ellos y nosotros no hay color», o lo de «vamos a darles de hostias hasta en el carnet de identidad». Pero las cosas, Mimí, hay que considerarlas en su contexto. Ponte en mi lugar: rey de un país glorioso que te cagas, caballero de pro, rodeado de la flor y la nata de caballeros choisís entre la nobleza más granada de la France, y encima con una pasta gansa para pagar la soldada a un ejército de treinta mil fulanos suizos, alemanes y franceses, con más cañones que el enemigo y con una caballería a la que daba gloria verla, con sus penachos, y sus gualdrapas, y sus armaduras relucientes de Sidol, y sus camisitas, y sus canesús. La créme de la créme, para que me entiendas. Unos soldados que estaban, te lo juro, para comérselos. Y enfrente, como enemigos, con muchísimos menos jinetes y cañones, cuatro mil españoles morenos y bajitos oliendo a ajo y a vino tinto, imagínate a los muy tiñalpas, con diez mil alemanes -borrachos y amotinados, como de costumbre-y tres mil italianos apellidados Luchino, y Moschino, y Armani y todo eso, calcula las perlas de la milicia, todos de extrema sensibilidad y mucho diseño, con uniformes divinos, eso sí, pero de escasa eficacia a la hora de tararí, tararí, sobre el hombro, marchen, etcétera. Que entre todos, en fin, componían las tropas imperiales, y además iban ya medio en retirada y muy hechos polvo, hasta el punto de que yo estaba plantado allí con mi campamento y mis banderas con la flor de lis, asediando Pavía tan ricamente, y con ansias de terminar la campaña para volver a Francia y darte, mon amour, las tuyas y las de un bombero.

TOTAL. QUE ALLÍ ESTÁBAMOS, YO ASEDIANDO comme il faut y los enemigos, o sea, Antonio de Leyva -veterano de treinta y dos batallas y cuarenta y siete asedios, el jodío-dentro de la ciudad y su colega el marqués de Pescara en la otra punta, donde a Cristo le pusieron el gorro. Y a todo ésto se le ocurre a los imperiales aprovechar la noche y la lluvia y la niebla para jugarme la del chino. Como te lo cuento, cheríe. Nada de presentarse después del desayuno con trompetas y banderas y todas esas cosas propias de gentilhombres y gente bien educada; sino que los muy perros se ponen camisas encima de los petos para reconocerse en la oscuridad, hacen tres brechas en la muralla del parque frente a Pavía, y se cuelan por allí después de oír misa y confesarse, y de que Pescara, que es soldado viejo y conoce el paño, les diga eso que con los españoles en cuestión de guerras y de conquistas es mano de santo y no falla nunca: «Hijos míos, estáis muertos de hambre, y yo también. El pan está en el campo francés, así que maricón el último». Y encima el muy borde va y me los calienta más contándoles -lo que además era una cochina mentira-, que yo había ordenado degüello general y no dar cuartel a ningún español, y que o ganaban o iban listos de papeles. Así que figúrate. Con la mala leche que ya de natural tienen esos prójimos, allá fueron todos, o más bien vinieron, o sea, imagina con qué talante, blasfemando en arameo, que si Santiago y Cierra España y que si Dios y la Virgen y San Apapucio, y el Copón de Bullas y la p*** de Oros a caballo. Y resulta que en plena noche están mis centinelas allí, de guardia tan campantes, saboreando el vino de Burdeos y los caracoles a la borgoñona que esa noche teníamos de rancho, au clair de la lune como quien dice, mon ami Pierrot, y de pronto se lía la pajarraca, pumba, zaca, cling, clang, y se monta un cipote de tres pares de cojones. La de Pavía.

EN FIN. QUE YO SALGO DE LA TIENDA DE CAMPAÑA EN CAMISA, con la armadura flordelisada a medio poner. Y pregunto qué coño pasa, mondieu, y un ********************* de mi estado mayor, el marqués de Les Couilles Violets, va y dice: «Es que los españoles huyen, majestad». Y añade que lo sabe de buena tinta, el muy subnormal. Entonces yo contesto que parfait, que me traigan el caballo y la espada y la lanza que vamos a perseguirlos hasta hacerlos picadillo. Una carga de caballería voy a darles, digo, que se van a ir de vareta por la pata abajo. Pour la France, con un par. Así que entre la niebla y el amanecer organizamos la galopera, y los dos bandos nos acometemos con unas ganas que para qué te cuento, mon amour. Lo primero de todo le hacemos filetes a los malos un escuadrón de caballería, y nos quedamos con sus cañones por todo el morro, vive la France y todo eso, mientras ellos intentan su movimiento de flanqueo. Lástima que no me vieras, chochito mío, tan gallardo como acostumbro, cargando a la cabeza de mis gendarmes y caballeros como en los torneos, la caballería andante rediviva, sus y a ellos, deliciosamente feudal, como te digo, el espectáculo, que no me daba besos a mí mismo porque con el casco y la armadura no podía. Y fíjate cómo le pondríamos de chunga la cosa a los imperiales, que luego me contaron que un capitán italiano, viendo el panorama, le dijo al de Pescara: «Pardiez, paréceme cordura recogernos un poco en aquel bosquecillo». Pero el otro, un abuelo correoso que no veas, con más batallas a cuestas que le grand pére Cebolleté, le dijo anda y que se recoja tu p*** madre, chaval, que yo estoy viejo para ir corriendo de un lado para otro. Así que se volvió a la infantería española, los arcabuceros de las compañías vizcaínas y guipuzcoanas y castellanas y los otros que por allí andaban hasta sumar mil y pico, y les dijo: «Señores, mecagüentodo. No hay que esperar sino en vuestros arcabuces y en Dios, por ese orden». Y entonces todos se pusieron a gritar: «Olé tus huevos, aquí están los españoles, aquí está Pescara, Es-pa-ña, Espa- ña», como si aquello fuera una final de liga, que en realidad lo era. Y a todo esto, mientras tanto, allá les vamos nosotros, o sea, yo, moi, le roi, con toda mi flamante caballería pesada de la nobleza francesa y con los lansquenetes alemanes que nos siguen pasito misí, pasito misa. Y cuando veo a los jinetes enemigos hechos una piltrafa, considero que la batalla está ganada, pues como buen caballero y gentilhombre desprecio a la chusma de a pie, y creo -hasta ese momento te juro por mis muertos más frescos que lo creía- que es la flor y nata a caballo, la élite montada, la que decide ese tipo de cosas. Así que toco carga, tía. Una carga preciosa, las cosas como son, espadas y banderas en alto y todo eso. Pero aquellos fulanos chaparros y morenos y barbudos de enfrente, asómbrate, con los cojones duros y pegados al culo como los de los tigres, aguantan, cherie, o sea, maldita la madre que los parió: se mantienen en sus posiciones junto al bosquecillo de marras aunque les vienen encima cientos de toneladas de caballos y de armaduras y de mis piqueros tudescos; y cuando decido retroceder un poco y me reagrupo para ordenar las filas y tomar aire, veo que me han dejado en el campo, a bote pronto y allí mismo, por la cara, cinco mil palmados. Los hijoputas.

Y ENCIMA RESULTA QUE EN EL RESTO DEL FRENTE LAS COSAS NO VAN MEJOR. Para ser exactos, van de pena. Mis mercenarios alemanes de la Banda Negra, o sea, lo mejor de cada casa -tendrías que verles el careto a esos animales, si hubiera quedado alguno vivo- se enfrentan a los también alemanes que se lo curran para el Emperador. Imagínate el cuadro, habida cuenta que unos y otros se odian a muerte, todo ese cipote de tudescos dándose hostias unos a otros, hasta arriba de cerveza y marcando, supongo, el paso de la oca: up, aro, up, aro. Aberrante, o sea. Kafkiano. Al final ganan los imperiales, que también es mala suerte la mía, y al mismo tiempo me entero de que, en el otro lado, el grueso de infantería española, al grito de «Santiago, España, cierra, cierra», está pasándose por la piedra, ris-ras, a mis pobres mercenarios suizos, que con esa cara de intelectuales que suelen tener los suizos ponen pies en polvorosa, por primera vez en su larga y honorable historia de tropas a sueldo del mejor postor; y de suizos sólidos y fiables pasan a convertirse en suizos de café con leche. A esas alturas de la feria, comprendo que no es mi día. Ni mi año. Tengo quince mil muertos, que se dice pronto, y el río Tesino baja lleno de fiambres de orilla a orilla. En realidad me encuentro, te lo confieso, bastante confuso. No logro explicarme cómo un ejército tan caballeresco y flamante como el mío, en orden y bien alimentado, un ejército francés de la Francia, acaba de ser hecho trizas ante mis ojos en poco rato por una chusma meridional y sudorosa que carece de modales, ni cómo esos arcabuceros impasibles y con tan mala folla han sido capaces, contra toda lógica, de destrozar en una sola mañana y en campo abierto a la mejor caballería de Europa, la francesa, y a la mejor infantería de Europa, la suiza. Histórico, nena. Como para aplaudir, si no fuera yo quien pagara la juerga. Y ahora todo es bang, y ziaang, y chas, y me veo con toda mi estupenda caballería emperifollada en el centro de aquella merienda de negros. Y de tí para mí, lo confieso: bastante acojonado.

PORQUE IMAGÍNATE EL CUADRO, PRENDA MÍA. En ese paisaje, sólo quedo yo en el centro con mis mejores jinetes, bien agrupados y a caballo, la créme de la créme esa de la que te hablaba antes, mis marqueses y mis condes y mis duques y sus hijos y sus cuñados, todos con sus armaduras floridas y sus penachos y sus caballos purasangres que valen un pastón largo, en busca de un hueco no para cargarle al enemigo, que eso ya es lo de menos, sino para largarnos de allí como quien se quita avispas del culo, entre las filas de arcabuceros españoles que nos rodean arrojándonos encima una nube de plomazos que repica contra los arneses como si granizara. Al final empiezan a pegarnos tiros a los caballos, con una grosería y una falta de modales inaudita, y cada vez que uno de mis leales vasallos da con la armadura en tierra, con mucho cling-clang y mucho ruido, los españoles dejan sus arcabuces, y a la carrerilla se meten entre nosotros, espada o daga en mano, para rematarlo en el suelo. Yo grito mucho vive la France, a mí, unios a mí, sus y a ellos, etcétera, que es lo que se espera, supongo, que un rey francés diga en esos casos; pero de allí no hay quien salga, y los españoles ya se meten ahora entre las patas de los caballos, desjarretándolos o destripándolos con sus dagas, para hacernos caer al suelo -imagínate el hostiazo, cubiertos también de coraza, catadas, quinientos kilos de carne y acero viniéndose abajo con jinete incluido- y se arrojan como lobos sobre mis pobres gentilhombres, a los que degüellan sin misericordia metiéndoles los puñales entre las junturas de petos y yelmos mientras éstos intentan levantarse del barro con las pesadas armaduras que los cubren; y da lástima verlos protestar a los pobrecillos, pero quesquesé, esto no es jugar limpio, pardieu, qué falta de etiqueta, etc, etc, mientras los otros les meten los aceros por el garganchón, chaf, ras, glup. Así los míos pasan de ser florida caballería a montones de solomillo sangrante bajo los armaduras: al pobre Couilles Violets le levantan la visera del yelmo y le destrozan la cara con la moharra de una pica. Al duque de La Refanfinflére le sacan el casco, y mientras unos le quitan la cadena de oro y las sortijas, otros le echan atrás la cabeza y lo desangran como a un cerdo. A La Soufflebottoniére y a no sé cuántos les levantan los faldetes del peto y les disparan el arcabuz en las entrañas, reventándolos dentro de su armadura, pumba, chof, que da grima, te lo juro, sólo recordarlo. Así me los van haciendo palmar uno por uno, a mes enfants de la patrie, bang, ris, bang, ras, y me quedo más solo que la una. Alone, que diría el gordinflas de mi primo Enrique VIII, el hijoputa, ahí tan campante en Londres descabezando esposas y ñaca-naca, mientras disfruta con el espectáculo de ver los toros desde la barriere.

Y EN ESAS SALE MI NÚMERO, O SEA, QUE ME LLEGA EL TURNO. Quiero decir que a mi caballo, el fiel Gastón Royal Fashion, le pegan varios tiros en la cabeza, bang, bang, y me voy abajo con todo mi golpe de armadura, zaca, pegándome una costalada de veinte pares de cojones. Pero mucho ojito, cherie, soy un rey francés y para cojones los míos; así que intento levantarme a pesar de la armadura, y cuando casi lo he conseguido meneo la espada dispuesto a morir empachado de gloria como el resto de mis pobres muchachos. Pour la France. Pero cuando echo un vistazo alrededor y veo la que se me viene encima, el tropel de fulanos barbudos con los ojos inyectados en sangre que se arroja directamente a mi real pescuezo, me lo pienso mejor y digo bueno, vale, voyons, soy el rey, a ver aquí a quién hay que rendirse. A ver si nos organizamos un poco. Pero la cosa no está nada clara, porque en mitad de la pajarraca me caen encima varios de esos cromañones, y uno, con las manos ensangrentadas, la cara tiznada de pólvora y una cara de loco que te cagas, llega y me dice: «Errenditú, bástela barrabillak mostuko dizkiat». Y yo me digo que tiene delito la cosa, seis años estudiando español con un profesor nativo particular, figúrate, y el tal profesor en plan pelota, perfecto, majestad, un acento que ya lo quisiera Carlos V, etcétera, y ahora resulta que estoy aquí en una batalla y con el ruido y la vorágine no me entero de nada. No comprendo un carajo de lo que suelta este fulano. Barra de billar, me parece que dice, pero no sé qué coño tiene que ver una barra de billar con todo este invento. Así que me levanto la visera del casco, acerco la oreja y le digo, con mucha educación y mucho tacto: «¿Pardon?... ¿Qu'esque vudit?». Y el otro, con una cara de mala leche que ni te cuento, me pone la espada en el real gaznate y me pregunta «¿Errenditú?». Y yo le contesto que yo bien, gracias, Bien de momento. ¿Y tú?, añado. Pero empiezo a mosquearme, porque de pronto se me ocurre que a lo mejor no me estoy rindiendo a un español, sino a un alemán, o a un suizo, o a un croata, o vete tú a saber. A lo mejor la he cagado, me digo, y éste sólo pasaba por aquí y no manda un huevo, o es de otra guerra. Así que decido no rendirme, y me bajo otra vez la visera del casco, y le tiro al fulano raro ese una estocada, pero le fallo. Y no veas cómo se pone, el tío. Ya ni dice errenditú, ni errendiyó, ni barra de billar ni nada, sino que empieza a darme sartenazos con la espada, que se los voy parando de milagro, y al final, sin resuello, me subo otra vez la visera y le digo vale, tío, me has convencido, me rindo. ¿Capichi? Je suis le roi, y me renduá pero ya mismo. Rendemoi. Así que deja de darme espadazos en los huevos. Y en estas llega otro español, o lo que sean estos fulanos, y le dice al energúmeno: «Juantxu, detente pues. Rey francés es, trincado lo hemos. Aúpa Hernani». Y entonces empieza a llegar gente y a abrazarse y a decir aúpa, aúpa, y resulta, al fin me entero, que los que me han trincado son de una compañía de arcabuceros guipuzcoanos, y que el energúmeno se llama Juan de Urbieta y es de un sitio que por lo visto le dicen Hernani, y que eso que mascullaba del errenditú y la barra de billar significa literalmente, en su lengua de allí: «O te rindes o te corto los cojones». Que ese es el problema, ahora me doy cuenta, que tienes con los españoles en esto de las guerras: que vas a rendirte con toda tu buena fe, y si no controlas la cosa lingüística, depende con quién caigas pueden darte matarile por el morro, mientras tú miras alrededor desesperado en busca de un intérprete. Como si ya no tuvieran bastante peligro por sí mismos, estos hijoputas.

EN FIN, CHICA. QUE AQUÍ ME TIENES, COMIÉNDOME MÁS TALEGO QUE EL CONDE DE MONTECRISTO, mientras espero que a mi primo el emperador se le ponga en los huevos soltarme. La torre ésta de Los Lujanes no es mal sitio: un poco oscura y húmeda, pero me consuelo pensando que peor están ahora mis nobles caballeros, La Soufflebottoniére y los otros, la créme de la créme y todo eso, putrefactos y a dos palmos bajo tierra. Sic transit gloria mundi, que decía no me acuerdo quién. Demóstenes, me parece. O uno de ésos. A mí, volviendo a lo importante, me toca, créeme, la prueba más cruel, lo más duro y terrible: seguir vivo. Pero no me quejo, porque mi vida no es mía -por eso no dejé que me mataran en Pavía, y muy a mi pesar, haciéndome gran violencia ética, pedí cuartelillo- sino de Francia. Y quien vive hoy puede luchar mañana. O pasado mañana. O vete tú a saber cuándo. Respecto a mi libertad, Carlos dice que de rescate ni hablar, que eso es muy antiguo y que desde el Amadís no se usa, y que a ver si me creo que soy Ricardo Corazón de León. Que menos lobos, Paquito, dice -no te puedes imaginar lo que me revienta que me llame Paquito-. Aprovechándose de los trenes baratos, ahora se ha puesto flamenco y quiere que le devuelva la Borgoña, y que abandone mis pretensiones sobre Flandes, y sobre Ñapóles y Milán, y un montón de cosas más. Mucho me temo que con esto de Italia y Flandes y con esa gente que los españoles están mandando para América -tiemblo sólo de imaginar al errenditú y sus colegas en América- estos cabrones van a crecerse mucho, y a ese chico, Carlos, y a su familia les espera por delante una buena racha, y que al menos por un siglo o dos nos van a dar bastante por saco a nosotros, a Europa, e incluso a Su Santidad, que les tiene tanto miedo en Italia que no le cabe un cañamón por el ojete. En fin, qué remedio. Ya vendrán tiempos mejores; hasta entonces, ajo y agua. El caso es que dice Carlos que si le doy mi palabra de honor de caballero de que respetaré esos compromisos, me da boleta pero ya mismo. Y la verdad es que me lo estoy pensando. Me refiero a lo de dar la palabra de honor, que es gratis, porque lo otro no pienso darlo ni harto de rioja, que es un líquido al que aquí -no te rías, cariño- llaman vino. A fin de cuentas, eso se arregla luego con retractarme de lo prometido cuando esté otra vez libre y en Francia. Que de caballerosidad y honra ya tengo lo mío, maldita sea mi estampa. Tengo murga de ésa por un tubo: tararí, tararí, y al final de tanto tararí, uno, por muy caballero y muy elegante y mucho real paquete que marque, termina con el errenditú de los cojones, el Juan de Urbieta ése y toda su cuadrilla de vascongados, de españoles o de lo que sean, encima de la chepa y dándote las del pulpo. Mucho me temo, chata, que los tiempos están cambiando. Y que esta vez, en Pavía, Francia et moi hemos hecho bastante el gilipollas. Te adoro, etcétera.

François
 

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