Homenaje a el "Lince" Volponi

Aqui les dejo el trabajo que realicé para los 31º años del "Vuelo más Alto" del Volpi, no es facil ponerse en la piel de un Héroe, pero lo hice con todo respeto.... y les dejo una foto diferente...
así de esta manera cumplo con el pedido de un Comodoro Amigo...
(si el sitio no es el correcto pido disculpas a todos los amigo y camaradas) Abrazo
Nos crían como halcones y luego quieren que actuemos como gorriones

Faltan dos días para el 25 de Mayo, nuestra fecha patria y en realidad me siento confundido. Se entremezclan alegrías con tristezas, estamos haciendo bien el trabajo, dando todo lo que tenemos, pero estamos cayendo de a uno. Hace dos días cayó Pedrito Bean... "Caimán", eso me impactó mucho... se lo comenté a María Inés hace un ratito cuando hablamos por teléfono al mediodía.
Este 23 es un día muy intenso y con mucha actividad. Mi jefe, Napoleón Martínez, es nuestra garantía, su responsabilidad y su patriotismo nos da seguridad a cada segundo.
En este momento nos llama a la reunión de pilotos y allí vamos todos. Mientras caminamos nos hacemos algunas bromas y nos abrazamos, sabemos que necesitamos de nosotros mismos, pensamos en nuestras familias, pero debemos compenetrarnos en nuestra actividad.
En la reunión actualizamos la información de inteligencia disponible del despliegue británico, además de las condiciones meteorológicas; repasamos los procedimientos de operación del avión, las tácticas a emplear y definimos los grados de apresto de cada escuadrilla.
Al terminar esta reunión en común, me quedo un rato más, ya que nuestra escuadrilla necesita tener su propia intimidad, porque cada uno depende del otro y lo sabemos muy bien.
La previa al vuelo es lo más importante, nos miramos, repetimos los procedimientos, y nos preguntamos. Planificamos cada detalle, Napo me pregunta si entendí y le doy el OK, el Talo da su opinión y nos parece bien. Decidimos el horario de la puesta en marcha, trazamos la ruta en la carta de navegación, los niveles de vuelo, puntos de control de tiempos y combustible, indicativos, frecuencias y tipo de formación a utilizar, también análisis del objetivo, tácticas de ataque y de defensa, y por último los procedimientos de emergencia.
Son las 8.45 en la fría mañana de Río Grande, desde la jefatura nos ordenan despegar dos escuadrillas. En la primera con el indicativo Puma, salieron el capitán Amílcar Cimatti, el 1er teniente Jorge Ratti y el capitán Carlos Rohde.
Debemos tener cuidado, porque cuando hay hielo en la superficie, conectada la poscombustión, el avión frenado tiende a desplazarse del eje de pista.
Despegan nuestros camaradas. Se incrementa el nerviosismo al ver que las balizas pasan y aún no despegan. Finalmente el chorro se inclina hacia abajo, pegando en la pista, para salir faltando prácticamente una baliza en el fin de la misma, lo que origina una fuerte exclamación de los mecánicos al visualizar la pesada y larga maniobra.
Mientras tanto nosotros realizamos los últimos movimientos para despegar con nuestra escuadrilla, a la cual decidimos ponerle como indicativo Potro. El "Talo" Moreno es el jefe y va adelante, junto a mí viene el capitán Higinio Robles. Los seis Dagger llevan lo mejor de nosotros para los ingleses, una bomba MK-17.
Pero la suerte nos juega una mala pasada, por las condiciones meteorológicas adversas y poca luz provocada por techos de nubes bajas, no logramos completar nuestro encuentro-reunión con el Lear Jet LR-35A, el T-23, que tanta falta nos hace para poder atacar a la flota. Nos resignamos y decidimos volver. En el continente nuestra gente nos espera, son las 10.15, nos ven llegar, la alegría los invade y nos ayudan a descender.
Los minutos pasan, por momentos con mucha lentitud, nos impacientamos, prendo mi Colorado, en realidad no fumo mucho, y sin darme cuenta será mi último cigarrillo. Queremos salir y hacer nuestro trabajo, ya que esperar en la sala con las manos en los bolsillos de la campera y escuchar a nuestros camaradas nos hace mal.
Son cerca de las 13 y me llaman para salir, llega una nueva orden del comando de la Fuerza Aérea Sur en Comodoro Rivadavia. A partir de este momento comenzamos a alistarnos y preparar nuestros Dagger, una nueva misión tenemos que cumplir. La Isla de Borbón me está esperando para comenzar a transitar mi camino como Héroe.
A esta nueva misión la llamamos Puñal, los 3 M-5 Dagger, se están alistando. Nuestra escuadrilla es familiar y la experiencia de nuestro jefe, el mayor Carlos "Napoleón" Martínez me da seguridad. Nos acompaña el querido capitán Carlos Moreno, y yo soy el piloto más joven, con mi grado de teniente.
Comienza nuestra ceremonia nuevamente, procedo a equiparme, me coloco el traje antiexposición que sirve para preservarse de las bajas temperaturas en caso de eyectarse en el mar, el traje anti G, para soportar mejor las aceleraciones en virajes fuertes, el chaleco con los elementos necesarios para supervivencia. Los repaso una y otra vez, cuchillo, revólver, bengalas, repelente de tiburones, localizador, el chaleco salvavidas, los elementos para la navegación. Me colocó los guantes, tomo mi casco, la pernera y máscara para oxígeno.
El oficial del Escalón Técnico ingresa y le entrega al oficial de operaciones del Escalón Aéreo del Escuadrón las matrículas de los aviones ya en servicio de vuelo y su posición en plataforma, por lo que sólo queda que me asignen que avión me tocará ahora. Me nombran y me dicen: "Lince el 437 es el tuyo".
Comienza uno de los caminos más largos y duros para el piloto, los 20 metros que me separan a mí y a mis camaradas desde el local de reuniones y de la habitación del equipamiento de supervivencia, a la plataforma de aviones.
Mientras iba caminando recordé una discusión por una pequeña diferencia entre dos oficiales y uno de ellos dijo: "Nos crían como halcones y luego quieren que actuemos como gorriones". No sé por qué me vino a la memoria eso, quizás en el afán de distraerme y no pensar.
Nos dirigimos a los Dagger, caminamos sobre el pedregullo. El camuflado brilla por el rocío que baña sus alas, con el casco en la mano escucho una broma desde atrás, nos reímos y hablamos entre nosotros, giro mi cabeza y veo gestos entre mis compañeros, nos transmitimos optimismo y fuerzas, sumando energía grupal, agregado fundamental para que cada piloto se sienta contenido y en las mejores condiciones.
Estamos terminando de preparar el vuelo. Por una ventana puedo ver el Escalón Técnico del Escuadrón; ingenieros y técnicos alistan los aviones Dagger, solucionando las novedades que tuvieran, verificando con los especialistas cada una de los diversos sistemas, realizando la carga de combustible y del armamento previsto, munición para los dos cañones de 30 mm, y dos bombas de 250 kilogramos.
Todavía ignoro que no me queda mucho más por aquí. Son mis últimos segundos en contacto con mi tierra, con mi Argentina, a quien juré defenderla hasta perder la vida y allí voy.
Llego al avión, paso mi mano por el ala, me agacho y observo todo por rutina junto a mi mecánico, que ya lo ha hecho una y otra vez. Un viento frío cruzado del noroeste hace que mis bigotes tengan humedad, paso mi mano por ellos y toco mi rostro, me santiguo, será la última vez; coloco mis guantes, ingreso con la ayuda de mi mecánico que me asiste como en cada misión, preparamos la cabina, me ayuda a atarme y ajustar todo lo necesario.
Mientras hacemos esto, dos "Avutardas" pasan ya por nuestras cabezas y van al este, rumbo a las islas.
Hacemos la puesta en marcha. El mecánico me mira, me abraza como puede, golpea como una caricia mi casco, me alienta, me dice que me espera en unas horas, me desea suerte, desciende y retira la escalera.
Ahora estoy en mi lugar, sentado en la cabina, acomodo mis guantes y comienzo la inspección interior, reviso todos los sistemas, perilla por perilla, seleccionando cada una. Mientras hago esto, mi mente vuela hacia María Inés, pensando en cuánto de hermoso habíamos vivido, dentro de los problemas propios de la vida, y cuántas cosas desearía haberle dicho y no le dije.
Desde abajo me observa mi mecánico, coordinamos todo con las señas establecidas, mantenemos silencio de radio para no ser escuchados por los chilenos, miro de costado y por última vez mi pulgar para arriba se despide de él que seguro quedará mirando el despegue sin respuesta alguna y lágrimas en los ojos.
Empiezo mi rodaje lentamente hacia cabecera, me encolumno detrás del Napo y guardo cierta distancia de avión a avión. Estoy posicionado para el despegue, nos miramos de cabina a cabina, una tenue resolana hace brillar el parabrisas de mi líder que sólo el salitre luego volverá blanca; el horario es el previsto, todo está bien, lo leo en su pulgar y le contesto con el mío, y así comenzamos a dar motor.
Mi corazón se acelera, quiero estar ya en el cielo de mi patria, los soldados me necesitan en las islas para aliviar su dolor, siento mucha bronca porque sabemos que los ingleses pudieron desembarcar y nuestro objetivo me espera para mostrar mi garra cazadora. Es el momento, verifico los instrumentos que todos los parámetros estén correctos, asegurando que todo está bien, miro al avión de mi guía, el destello de su baliza corta una tenue neblina, seguro estamos rezando un Padrenuestro los dos, desde el interior me hace la seña de despegue, su mano enguantada levantada va de atrás hacia adelante, con la energía de una orden.
Sabemos que la pista es muy corta, aquí no podemos despegar formados, sólo de a uno con segundos de diferencia, le doy tiempo al Napo, el Talo ya no está con nosotros porque una falla hidráulica lo dejó fuera, aunque sí se encuentra espiritualmente. Pongo poscombustión y suelto mi freno, ahorro metros en mi carrera de despegue y ya estoy en el aire, son las 14.23, gano altura dejando la costa detrás mío, hacemos un viraje para pasar por encima de la base, busco alinearme y lo logro rápidamente. Ahora sólo resta esperar encontrar el objetivo y volar en silencio, ese silencio que me atrapa y me hace pensar.
Soy un cazador, no me puedo quejar, estoy haciendo lo que me gusta. Trato de distraerme, pienso en mis amigos de Tres Arroyos, Mendoza y Tandil. Allí dejé la coupé Chevy amarilla que me armó el viejo.
Me vienen a la mente los cumpleaños, las fiestas de fin de año y el océano me recuerda a Claromecó en nuestras pasadas rasantes de prácticas.
Abajo el agua se desliza vertiginosamente mientras mi avión recorre 250 metros cada vez que yo parpadeo, y en cada minuto deja atrás unos 13 kilómetros.
Imaginé a mi hijo en la tibieza del vientre de su madre, imaginé su rostro. Se llamará Ricardo, como el padre, y no tendrá miedo, porque el miedo es propio de los que no saben lo que quieren, de los que no tienen sueños, de los que no saben la importancia de los sacrificios. Los ideales que no mueren aunque mueran los que los persiguen. Recordé la carita de Soledad, y tu sonrisa, esa ternura que sólo puede dar un bebé.
Pienso en mis padres si estarán bien, pero tengo que pensar en lo que viene, el inmenso mar me envuelve en mi andar, tantas veces lo vi, pero nunca como en estos días, con tantas misiones, donde se funde el celeste y sus olas, con las balas y el fuego. En pleno vuelo nos cruzamos con el teniente Gustavo Aguirre Faget que había despegado de San Julián, le pregunté "¿Boxer sos vos?", a lo que contestó de manera afirmativa.
Hace frío pero gruesas gotas de sudor ruedan por mis mejillas y corren a los costados de mi máscara de oxígeno y así, mientras me concentro porque comenzamos con el vuelo rasante, mantengo mi silencio, busco mi objetivo, miro a mi jefe, y nos damos cuenta que el objetivo no está, vinimos hasta aquí y no encontramos nada, decidimos volver.
Puedo ver que las cosas se están poniendo mal allí abajo, lo puedo ver pese a la velocidad, inmediatamente nos avisan que hay patrullas de Harrier en la zona, lo comento con Napo brevemente, eyecto las cargas y comienzo a escapar, sorteo las nubes, el combustible es escaso y nuestro armamento no sirve, volamos más rasante tratando de eludir a los ingleses que nos persiguen, estamos sobre
la Bahía Horseshoe.
Son las 15.40, de repente siento un golpe, el misil Sidewinder AIM-9L de Lt Hale, ha hecho blanco, un disparo mortal no sólo para el avión sino también para mí. El motor se apagó, el silencio se apodera de este domingo, el avión vibra como jamás lo hizo, nunca sentí algo así en todo este tiempo, mi Dagger se pone de costado, quiero enderezarlo y nada responde, ni siquiera mi asiento eyectable, un calor profundo me va invadiendo, son milésimas de segundo, pero ya nada es lo mismo.
Estallan los vidrios, cruje la chapa, veo pasar a mi lado un pedazo de ala, puedo leer en ella 437, el silencio se apodera de todo, sólo el silbido del viento entra por el casco blanco, mi máscara de oxígeno se desprende violentamente. La turba de la Isla Borbón está muy cerca, siento desgarrar mi piel, una fuerte luz se adueñó de mí, veo manos que me quieren agarrar y no pueden.
Pasan las imágenes de mi familia, pienso en María Inés, en Soledad, pienso en Ricardo, los puedo ver y los estrecho en un abrazo, aunque no me puedan ver ni adivinar cuánto los he querido, no tengo ni tiempo para llorar, sólo un grito se apodera de mí ¡Viva la Patria carajo!
Tu mano me salva Señor... Misión cumplida... cumplí con mi juramento "defender la patria hasta perder la vida" y yo te la di Nación. Familia les dejo mi legado. País le dejo mi razón.
El 29 de mayo, mediante una riesgosa operación realizada por un Twin Otter de la IX Brigada Aérea, volví al continente junto con mis dos camaradas eyectados, el mayor Puga y el capitán Díaz. Parte de mis restos fueron recogidos en una improvisada urna, la que fue realizada con un cajón de cohetes FFAR 2,75 de Pucará y recuperados para ser entregados a mi familia que me esperaba en Tandil.

(*) Colaboraron Carlos "Napoleón" Martínez, Carlos "Talo" Moreno, Pablo M. Carballo y María Inés Rico, viuda de Volponi



Héctor Roberto Volponi y Héctor Ricardo Volponi (Padre e hijo)
 

Rena

Colaborador
Muchas gracias!!
Uno lee tantas pavadas a diario que realmente, la lectura de algo tan profundo y a la vez tan maravillosamente sencillo, lo reconforta en el alma.
Que bueno sería que los jóvenes tuvieran la oportunidad de tener lecturas como la tuya Supremo!
aplausosmanos
 
Muchas gracias!!
Uno lee tantas pavadas a diario que realmente, la lectura de algo tan profundo y a la vez tan maravillosamente sencillo, lo reconforta en el alma.
Que bueno sería que los jóvenes tuvieran la oportunidad de tener lecturas como la tuya Supremo!
aplausosmanos

Hermano Rena, éste y otros trabajos recorren los medios de comunicación. Además voy a las escuelas y otros sitios donde doy charlas con proyecciones. E inclusive hemos realizado murales en Institutos de enseñanzas, inaugurandolos con Héroes de Malvinas. Si no molesta puedo subir fotos y otros relatos de años anteriores... Abrazo
 
Buenos días Amigos... aquí les dejo otro relato del Lince Volponi. Esta nueva entrega como lo dice su título, fue para los 30 años del conflicto de Malvinas. Les comento como nace este testimonio... llegaban los días para presentar mi trabajo (gratuito) al diario de la ciudad y no sabia como iniciar un nuevo relato, ya que cada año hago uno en pos de No Olvidar y Malvinizar... una noche me fui a dormir con algo en la cabeza... y a la mañana siguiente me desperté con toda la idea en mi cabeza... erán las 5 de la mañana del 20 de mayo... tomé mi campera con parches, le robé la camioneta a mi esposa y me fui a una de las entradas de la ciudad... Ruta 3 y Av. San Martín... y comencé a caminar con mi mente un trayecto que al ir escribiendo me hizo lagrimear... se los dejo a consideración de ustedes...

Volponi, 30 años después
Relato basado en como sería hoy el “Lince” Volponi, llegando a su pueblo, Tres Arroyos…

30 años han pasado de la guerra, parece que una errónea noticia te puso en un listado de 55 héroes de la patria, 55 argentinos que respetaron el juramento de defender la bandera hasta perder la vida.

Hoy miércoles te vi llegar, a escondidas para que nadie viera tus heridas internas, para que no vean tu bronca por el fracaso de una batalla. Le pediste al conductor del ómnibus que te bajara en la esquina de San Martín y la ruta. Esa ruta 3 que un día te vio partir envuelto de alegría, orgullo y algo de tristeza por dejar a tu familia y amigos…

Tu campera de vuelo tiene todavía olor a pólvora, entremezclado con perfume de laureles y escudos que identifican a un excelente cazador. Pones tus manos en los bolsillos, hace frío, es un día gris en el cielo y en la ciudad. Es 23 de mayo en Tres Arroyos conmemoran algo, no sabes bien de que se trata, hablan de un Héroe de Malvinas, de un aguerrido piloto, pero de un ser humano jovial, de mucho humor y de una solidaridad enorme.

Haces 3 cuadras y te encontrás con una nueva terminal de ómnibus, te llama la atención, observas como se llama y no lo ves, pedís ayuda al canillita de la esquina y te dice asombrado por lo que ve… se llama Islas Malvinas, es en homenaje a los nuestros hermanos que fueron a las islas y por nuestras islas.
Te dice todo esto mientras te mira de arriba abajo, y solo te ve más canoso a una foto que salió el años pasado en el diario que tanto vendió a los gritos pelados, ese domingo había un homenaje a ese soldado del aire.


Te gusta la idea, te cayó bien que la gente se acuerde de Malvinas, zigzagueas una fuente que jamás habías visto y tus ojos se elevan al cielo, una enorme cruz recuerda a quien siempre te encomendaste, solo él sabe de tu esfuerzo y de tu promesa.
Desde su base parece más alta aún, una moderna esquina cobija el diario de tu pueblo, pensás por tus adentros las cosas han mejorado y cuanto ha cambiado todo.
Un viento del sur se hace sentir en tu rostro que cobija mas arrugas y vuela tu blanco cabello, que aunque quede poco, te sienta bien.

Seguís buscando el centro y observas que la avenida esta separada por ligustrina, las 10 cuadras de rigor caminadas te depositan detrás de la municipalidad, miras a la derecha nada cambió en la comisaría, aunque te llegaron noticias de una nena muerta en el 89 y de una poblada de tu gente pidiendo justicia.

Miras a tu izquierda y ahí esta tu querido colegio, cuantas aventuras y cuanta educación entre esas paredes, caminas por una blanca vereda, una abuela te saluda con el clásico buen día, ellos no perdieron las buenas costumbres y siguen con la educación tresarroyense, buen día le contentas vos con tanta amabilidad que la abuela no sabe si sorprenderse mas por tu devolución del saludo o por tu rostro y la campera con parches de aviones.
Y sin darte cuenta llegas a la plaza, te detenés y miras asombrado, hay cosas de más y cosas de menos.


Te faltan las calles internas y la vieja fuente azul, pero ves caminos de piedras, una hermosa fuente con danzas de aguas y lo mas llamativo inflándote el pecho es el mástil.
La bandera celeste y blanca de tu querida patria, flamea con el viento sur que se intensifica, el sol parece iluminar la gris mañana y descansas sobre tu herido corazón, pensando, mi pueblo tiene conciencia de patria, no todo esta perdido, el esfuerzo no ha sido en vano, tus cansadas piernas tiemblan pero no podes dejar de observar la bandera, pensás en los halcones, en las avutardas, te vienen a la mente misiones y peligros, una y otra vez, munición contra tu carlinga y misiles por los laterales, podes ver como una fotografía fragatas y soldados, podes observar fuego y humo, te envolvés en esa imagen de frío y dolor, te parece escuchar a la distancia a tu jefe diciéndote algo, algo que te va a impactar, pero lo escuchas lejos, como si ya no estuvieras arriba de tu Dagger, te esmeras para escuchar y no hay respuesta, hasta que una palmada te dice, caballero yo soy el sacerdote de la parroquia del Carmen, mientras te señala hacia enfrente.

Ahí la ves, cambiada, pero es tu parroquia, el sacerdote te invita a pasar, y te pregunta si sabes de Dios, con un amable gesto y con firme vos le decís… volé siempre con el y a el me encomendé en cada misión espero poder conocerlo personalmente alguna vez… agradeces la invitación para otro momento y seguís tu camino…


La clásica aseguradora de los pinitos en la esquina no esta más, caminas la Av. Moreno, notas cambios sustanciales, una radio, el correo, el banco; se han perdido y se han ganado lugares, cambios de firmas, locales cerrados, la biblioteca, las vías.
El ferrocarril no tiene movimiento pero su estación se encuentra bastante bien, por lo menos a la distancia. Y como si se terminara el tiempo, llegas a la estatua de la Libertad, te sentás a descansar en sus escalones, pareciera que ella se recuesta sobre tus hombros, sentís una carga pesada con la libertad, pensás que depende de vos, de tus alas, esas que elegiste una vez y para siempre.


Desde esa posición miras hacia arriba, buscas desde la tierra, tu camino del aire, querés sacar cuentas de cuantas veces pasaste rasante para saludar a tus viejos, a tu familia, a tu pueblo, que ya sabia que eras vos, con tu meta alcanzada y con la alegría en tu bastón de mando.
Podes recordar el saludo con tus alas, con la libertad de tu corazón y el alma en el cielo.


Miras la hora y aceleras, como lo hiciste la ultima vez, pero no tenés mucho tiempo, sabes que te queda poco por recorrer, miras para tu barrio, Libertad se corta abruptamente con algo nuevo y diferente, allí en una rotonda hay un monumento, y te parece familiar, tu corazón se acelera y no lo podes creer, un Mirage esta descansando para siempre, el viejo y querido Mirage llego a su fin, llegaste tan apresurado que casi ni podes respirar y se te seca la boca, te pones debajo de él y notás que ya no podes subir.


Es solo parte del paisaje de Tres Arroyos, es el homenaje de la ciudad a su héroe nacional, lees su placas y caes en la cuenta de quien es, no te asombra, ni te asusta, sabias de tu promesa desde el primer día, solo haces una petición antes de descansar a sus pies, pedís que no se olvide el esfuerzo y el sacrificio, pedís lucha a jóvenes y adultos, la patria es nuestra única meta, tu tiempo se acaba, te sacas la campera, los escudos indican que el Lince esta ahí, te cubrís despacio para no llamar la atención porque tu humildad siempre te acompaño, cerrás los ojos, y un fuerte suspiro se puede escuchar…
Son los Dagger que hacen un rasante para recordarte, 23 de mayo de 2012, Héctor Ricardo Volponi presente. Treinta años de la muerte de un soldado, treinta años del nacimiento de un héroe.


Testimonios

Roberto Huemul Janett (Ex Piloto Dagger)

“La nota de La voz del Pueblo del año pasado, es un fiel reflejo del Volpi, ¡¡¡Pura garra, coraje y muy buen piloto. ¡¡Todo un personaje!!! Glorioso y motor del escuadrón… agradezco este trabajo y el entusiasmo de hacer de la gesta una cuestión de no olvido, por los que como el Volpi, dieron lo mejor de si por la Patria. ¡¡¡ La vida!!! Abrazo”. Huemul

Héctor Blengino (Mecánico Aeronáutico)

Yo pertenecí al escuadrón junto con Volponi, pero mi función era mecánico de apoyo terrestre; no mecánico de primera línea, que era el que tenía la relación directa con el piloto. Pero te puedo contar el valor que tuvo, recuerdo a la vuelta de una misión le dijo al jefe de escuadrilla, Señor eso que nos paso al lado y luego estallo era un misil no? Lo recuerdo como si fuera hoy.
El Lince es un Héroe, yo no soy héroe, soy un engranaje anónimo de la gran maquinaria que realizó algo en la historia de la Nación. Lo único que hice fue trabajar en lo que me habían entrenado, para que los aviones puedan ponerse en marcha y realizaran su trabajo, pero considero héroes a quienes se quedaron…
Tuve la suerte de compartir unos mates con él un par de veces, estábamos de guardia los dos, el como de jefe de servicio y yo jefe de puesto, éramos muy jóvenes no me lo puedo imaginar como sería ahora, lo tengo en el mejor de los recuerdos.
Luis “Tucu” Cervera (Ex Piloto A4-B)
De Ricardo solo tengo el recuerdo de la época de cadete, como pilotos fuimos por caminos diferentes, él hizo A4-C (Mendoza) y luego fue a Mirage 5 (Tandil) y yo fui a A4-B (Reynolds). Él es un Héroe que cumplió con su juramento de defender la PATRIA hasta perder la vida. Todo mi respeto y honor a todos los caídos en combate.
Vice Comodoro (R) Jorge Alberto Goeing (Ex Piloto)
El Lince era un buen tipo, quería la fuerza, muy entregado a la causa.
Hoy me lo imagino caminando, pausado, movería la cabeza y diría Pobre Patria Mía.


Charreteras del Volpi

Volponi con las primas
 

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