Historia del Ejército Argentino

Buenas. Como ya habían hecho un hilo sobre la historia de la FAA y la ARA , y no encontré ninguno del EA quise empezarlo yo.

Podemos incluir campañas , conflictos (externos,intervenciones ,internos) armamento o equipo a lo largo de los años , tacticas y anécdotas que involucren a gente de nuestro ejercito.

Hace muchos años charlando con amigos debatimos de cuando fueron los primeros pasos del EA? antes de llamarse ejercito argentino eran llamados ejercito patriota o independentista o rebeldes por los españoles. Algunos sostenemos que lo que hoy llamamos ejercito inicio con las invasiones inglesas , si bien en ese entonces eramos el Virreinato del Río de La Plata ; las milicias que surgieron estaba compuestas por mayoría criolla y no española peninsular. La falta de accion española en defender el virreynato fue uno de los motivos de la independencia. Entre los cuerpos milicianos que surgieron están los patricios , que aun hoy en día son parte del EA y de los regimientos mas antiguos que perduran. En eso me baso yo para decir que nuestra historia militar empezó durante las intentonas britanicas.
 
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Los milicianos rurales de las Invasiones Inglesas​

En tiempos del Virreinato del Río de la Plata, existió una milicia que estaba compuesta por trabajadores rurales, que tuvo por misión la custodia de las orillas de Buenos Aires ante un ataque inminente de las tropas británicas en 1807.

A nadie escapa el dato rigurosamente cierto de que, desde sus orígenes, los ejércitos patrios se nutrieron de un enorme porcentaje de gauchos o paisanos entre sus milicianos. La normativa para que esto sea posible, provenía de algunas leyes que se traducían en las famosas levas para “enganchar” a los gauchos por largos y penosos años en el servicio de las armas, casi siempre sin recompensas a la vista y con la única opción de dar la vida o sobrevivir a una contienda, de la que regresaban quizás más empobrecidos que cuando se vistieron el uniforme de tal o cual batallón.


Años antes de consagrado el grito de Mayo de 1810, todavía bajo el dominio virreinal, las fuerzas británicas hicieron un primer intento de invasión en el Plata en los últimos días de junio de 1806, al mando del general William Beresford. En Buenos Aires apenas existía un puñado de regimientos de origen español mal armados y con el insuficiente adiestramiento para enfrentar a las experimentadas tropas de la Pérfida Albión. Ello provocó la toma de la ciudad portuaria por el lapso de un mes y medio, hasta que, con la súbita reorganización de españoles y criollos, se logró revertir la vergonzante situación de dominación cuando, el 12 de agosto de 1806, los británicos se rindieron ante el virrey Santiago de Liniers y Bremond.


Pasaba, de este modo, la Reconquista de Buenos Aires, pero sobrevolaba en las autoridades del Virreinato una sospecha cada vez más creciente de un nuevo intento armado de Gran Bretaña. Ello fue motivo suficiente para que, entre los últimos meses de 1806 y los primeros de 1807, se crearan nuevos cuerpos de milicias en donde estuvieran incluidos, esta vez, los nacidos en Buenos Aires y alrededores, es decir, los criollos.

El más recordado de estos cuerpos será la Legión de Patricios Voluntarios Urbanos de Buenos Aires, más conocido por Regimiento de Infantería 1 ‘Patricios’, pero aquí nos referiremos al Cuerpo de Labradores y Quinteros, la primera tropa compuesta totalmente por trabajadores rurales de nuestra historia.

De neta raigambre campera, el Cuerpo de Labradores y Quinteros debe su creación al mes de octubre de 1806, cumpliendo, desde entonces, la función de custodiar los extramuros de Buenos Aires, lo que se traduce como las afueras u orillas de la ciudad. El jefe de este Cuerpo era el teniente coronel Antonio Luciano de Ballester, quien era agricultor de profesión. Había asumido como tal recién el día 13 de marzo de 1807 por nombramiento de la Audiencia Real.


También denominado Cuerpo de Labradores Voluntarios de Caballería de Buenos Aires, esta milicia rural se componía de dos Escuadrones que, a su vez, se subdividían en 6 Compañías, alcanzando una tropa de 310 a 332 hombres entre Caballería e Infantería. El Estado Mayor tenía dos tenientes coroneles (el citado Ballester y Juan Clavería), siete capitanes, diez tenientes y seis alférez.


La particularidad de esta unidad, era que todos sus miembros eran labradores, matarifes y arrieros que trabajaban en las chacras o chacaras del hoy oeste y norte porteños, pues, donde ahora se establecen los barrios capitalinos de Flores, Floresta, Villa Luro, Liniers, Mataderos, Lugano, Villa Real, Devoto, Versalles, Villa Pueyrredón y Saavedra, por esos años eran grandes parcelas explotadas para la agricultura y la ganadería. Y precisamente, esos terrenos eran los extramuros u orillas que debían patrullar los milicianos del Cuerpo de Labradores y Quinteros cuando fueron convocados.

Contaban con dos tipos de uniformes, los cuales en muy poco se diferenciaban entre sí, prevaleciendo el color azul de su chaqueta abotonada, sombrero cilíndrico con pluma blanca, botas negras granaderas, y sable y fusil como armamento. Una de las variantes era el uso de una escarapela colorada, y que la pluma podía ser blanca o colorada. Alguna otra particularidad consistía en el uso, o no, de faja y correaje de color blanco.

Como dice el doctor en Historia Julio Mario Luqui-Lagleyze, este Cuerpo de Labradores y Quinteros no llegó a entrar en combate cuando los británicos desembarcaron el 28 de junio de 1807 en Ensenada para dar inicio a la Segunda Invasión Inglesa. Por esa razón, a partir del 7 de julio de 1807, que es cuando vencen nuevamente las tropas criollas y españolas a los británicos, los más de trescientos milicianos recibieron la orden de volver a sus cotidianas labores de campo.

Volverán a reunirse en septiembre de 1810, ya pasados los acontecimientos del 25 de mayo de ese año, pero lo hicieron bajo otro nombre: Lanceros Cívicos de Caballería, y aún bajo la jefatura de Antonio de Ballester. Una disposición del 8 de septiembre del año mencionado, hizo que la unidad tomara otro nombre, esta vez como Guardia Cívica de Caballería.

Un poco mejor organizadas las unidades militares que debían expandir hacia el interior del país los ideales de Mayo de 1810, desdibujaron, de a poco, a la veterana unidad de los labradores de la campaña. Hasta que un buen día, ya con los clarines guerreros sonando en otras latitudes como el Paraguay o el Alto Perú, dejó de existir para siempre. No obstante, el pintoresquismo de su origen y la composición de su fuerza han perdurado en la memoria colectiva de nuestro pueblo.

 

Creacion de milicias​

El cabildo tenía razón al presumir que los ingleses no quedarían satisfechos con la derrota y que enviarían re¬fuerzos para tomarse un desquite, dado que Sir Home Popham no se había alejado del río de la Plata y esperaba la llegada de nuevas fuerzas. El cabildo encomendó a una junta de guerra las decisiones pertinentes para afirmar la victoria, la fijación del número de tropas que necesitaban la ciudad y su costa para la defensa.

Las nuevas milicias populares​

Fue mérito de Liniers, aparte de su dirección de la lucha contra los invasores, la organización de tropas para hacer frente a cualquier tentativa de ataque, que se preveía más o menos inminente.
La experiencia reciente le hizo abandonar la idea de las milicias, según el reglamento de 1801, y pensó más bien que debía ser invitado el pueblo a concurrir voluntariamente a la defensa de su ciudad y siguiendo esa inspiración invitó al pueblo y en pocos meses se transformó Buenos Aires en un campo de adiestramiento de cuerpos voluntarios formados por la, población de todas las clases.
Los jefes eran elegidos por los hombres a quienes mandarían en la lucha, de esta manera serían, al tiempo que comandantes, voceros de la inquietud general.
No era, desde luego, el sistema de un ejército profesional, sino de milicias populares. Se dejaba el fusil y los ejercicios para volver a las tareas diarias.
Así surgieron la Legión Patricia (más de 1.300 efectivos) , comandada por Cornelio Saavedra e integrada por nativos de Buenos Aires; el cuerpo de indio., Pardos y Morenos; el de Arríbeños; los Húsares, dirigidos por Pueyrredón, cuerpo formado también por porteños; Cazadores; Gallegos; Andaluces; Catalanes; etc. los que sumados a las escasas fuerzas veteranas reunían más de 8000 hombres.
Se había armado al pueblo y esto era lo que Sobremonte temía dado que en 1810 se verían las consecuencias.
Fue difícil reunir armas y equipo. Para lograrlo se trajeron recursos de otros puntos de las colonias (pólvora de Chile, por ejemplo), se aprovechó el material tomado a los ingleses y se recibieron municionas desde el Perú. Para confeccionar los uniformes, cuyos colores principales eran el azul y el blanco. se utilizó el paño capturado en dos naves mercantes inglesas, y aun se adquirieron productos de contrabando a mercaderes británicos.
Al iniciarse el año 1807 Buenos Aires contaba con un ejército entusiasta y numeroso, aunque muy deficiente en materia de instrucción. La misma oficialidad, surgida de la burguesía porteña, desconocía aspectos elementales de la actividad militar.
 
Hay que agregar que en cuanto a armas de fuego , se contaba con mosquetes de la administracion española. Luego los ejércitos patriotas serian mas que nada nutrido por el fusil brown bess capturados a los británicos.

Armas durante la época virreinal


En la época del virreinato, los criollos prácticamente no tenían armas. El virreinato del Río de la Plata no nace, desde el punto de vista militar, desde el Océano Atlántico, sino que nace y se extiende desde el Cuzco. Los conquistadores utilizaban mayormente las armas blancas y en combate cuerpo a cuerpo, porque los sistemas de armas de fuego eran muy escasos y poco útiles. Estas, simplemente sirven para asustar a los indígenas, pues no llegan al Río de la Plata en la cantidad y calidad necesarias. Tan es así que, en la época pre-invasiones inglesas, todavía se seguía utilizando el arcabuz, que así se llamaba al mosquete más pesado, apoyado en una horquilla.
Los hombres que habitaban nuestro territorio en la época colonial, no tenían grandes conflictos ni se empeñaron en grandes guerras. Por lo tanto, no necesitaban armamento muy sofisticado para la época. Si se observa en nuestros museos, y se busca en nuestros archivos o se leen nuestros historiadores, se hallará especialmente en la pictografía, las armas de la época, que son simples estoques, o espadas de complemento.
Nuestro país no tiene armas en la época virreinal, hasta el momento en que Pedro de Cevallos, cuando surge un conflicto con Portugal por la Colonia del Sacramento, se ocupa de conseguirlas. Entonces sí, empiezan a venir algunas armas de fuego para combatir a los portugueses, pero quedan en poder del gobierno colonial y así son devueltas a España. A nosotros sólo nos quedan alabardas, picas y algunas espadas, porque el sable, que es un arma de origen oriental, no existía todavía en forma masiva en el Río de la Plata.
Son los ingleses los que nos proveen de armas para la Revolución de Mayo. En la época colonial, en la Armería Real, existían muy pocas armas, y estaban controladas y en poder de los regimientos fijos de Buenos Aires.
Cuando los criollos enfrentaron a los invasores ingleses, que habían planeado muy bien el contexto geopolítico en el cual iban a desarrollar sus acciones, tal como lo describe el almirante Destéfani en su libro “Los marinos en las invasiones inglesas”, tuvieron que defenderse de la táctica empleada que les llegaba desde el agua. Pero éstos, que habían preparado prolijamente su estrategia, previamente hicieron contacto con algunos criollos y pulsaron la situación, interpretando el fermento de libertad que anidaba en la mayoría. Los patriotas, que no tenían armas ni posibilidades de adquirirlas, pensaron que los ingleses les iban a entregar las mismas para lograr la tan ansiada independencia. Entre quienes así opinaban se contaba Pueyrredón, por lo que se entrevistó con Beresford cuando éste desembarcó, esperando recibir de él las armas necesarias para equipar a los hombres con los que había conseguido formar una tropa pobremente armada. El jefe inglés, como es de imaginar, le negó la entrega de armas, haciendo que Pueyrredón comprendiera que sin éstas, los criollos solamente cambiarían de amo, puesto que los ingleses no venían como aliados sino como conquistadores. Pese a la precariedad de los medios de que disponía, Pueyrredón enfrentó a los invasores con los Húsares en la Chacra de Perdriel, y fue fácilmente derrotado por la superioridad en armamento del enemigo.
Pero, producida la derrota de los ingleses, y rendidos sus jefes y hechas prisioneras sus unidades militares, nuestros hombres capturaron un excelente botín de guerra, lo cual dio origen a que en el virreinato, los criollos, y fundamentalmente la Legión de Patricios, pudieran contar con las primeras armas de fuego realmente efectivas. Entre las capturadas, se encuentra nuestro primer fusil de uso militar en mano de unidades formadas por hijos del país. Este es el fusil de chispa Brown-Bess. Aquí conviene aclarar el error popular que hace que a esta arma se la denomine “Tower”, porque en su platina derecha se hallan grabadas una corona y la palabra Tower. Pero aquí radica el error de la denominación, porque en Inglaterra todas las armas militares eran propiedad del rey, de ahí la corona, e ingresaban al arsenal real, que era la Torre de Londres, cualesquiera fueran su marca o el origen de su fabricación.
Este fusil Brown-Bess tuvo para nosotros el inconveniente de que no poseíamos el elemento más importante que necesitaba su sistema de fuego, y que consistía en una piedra que se colocaba en lo que hoy se llamaría “percutor”, que se denomina pedernal.
Esta dificultad subsistió a través del tiempo, y es la que, alcanzada nuestra libertad, y en las luchas empeñadas para consolidarla, hace decir a Belgrano en Tucumán, en documento dirigido al Primer Triunvirato, que los fusiles allí fabricados se le doblaban al primer disparo y además, carecían de su elemento más valioso, el pedernal, sin el cual estas armas eran prácticamente inservibles, reclamando a Buenos Aires su pronto envío.
En resumen, el arma más importante que pudimos utilizar, y con la cual enfrentamos a los bien pertrechados y disciplinados soldados invasores, fue el coraje. El coraje hizo que ofreciéramos resistencia a sus modernas armas, pues el 95% de los “riflemen” utilizaban el “Baker”, modernísimo rifle para la época, puesto que era de ánima rayada.
Pocas eran las armas de combate que poseíamos en la época del virreinato, y ello se debía a que los españoles no les interesaba mucho que las poseyéramos.
El almirante Destéfani, al referirse a este tema en su obra ya citada, contabiliza, en la época posterior a la primera invasión inglesa y los preparativos para la Defensa, sólo “3.661 fusiles entre los españoles y los tomados a los ingleses”.
Saavedra, que pasa a ser el comandante de la Legión de Patricios, criollos veteranos de las invasiones, es el receptor para su unidad, de la potencia de fuego que nos habían dejado los ingleses, decidiendo por ello a nuestro favor la Revolución de Mayo.
Para corroborar la escasez de armas existente, basta con tomar en cuenta el bando militar número 2, firmado por Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, y todos los integrantes de la Primera Junta el 28 de mayo de 1810, en el que, para poder armar a los nuevos regimientos criollos, se manda requisar a todos los vecinos propietarios de armas, sean éstas blancas o de fuego. Como la mayoría de aquéllas se encontraban en manos de españoles, por pertenecer las mismas al Rey, la Junta ordena y manda que todo particular que tenga uno o más fusiles, pistolas, sables o espadas, los entregue a la Comandancia de Armas, dentro de un muy perentorio plazo de cuatro días, pasados los cuales se castigaría a quienes así no lo hicieran. También ofrece una gratificación del orden de cuatro pesos por fusil, dos por pistola y uno por arma blanca, sea ésta sable o espada.
Esto no debe haber dado mucho resultado, y puede atribuirse a dos razones: la primera, a que no eran demasiadas las armas existentes, y la segunda, a que los españoles eran propietarios indiscutidos de las armas hasta ese momento, y no tenían ningún interés en entregárselas a quienes iban a ser sus opositores en venideros conflictos guerreros. De ahí que, poco tiempo después, el 14 de junio, por un nuevo bando se ordena que toda arma que no se halle en manos de autoridad militar sea entregada sin que se tenga en cuenta fuero, excusa ni privilegio alguno, y esta vez en el perentorio término de 24 horas de publicado. Además, se agrega la pena del destierro para quienes ocultaran las armas y se gratificaba con 25 pesos al que denunciare a quien las retuviera. La mitad se le entregaba al denunciante, y el resto pasaba al en ese entonces Real Fisco.
En cuanto a las pistolas, las recompensas se ofrecían, ya fueran éstas de charpa o de arzón. Las primeras eran las que se portaban en un tahalí, que hacia la cintura llevaba unido un pedazo de cuero con ganchos para colgar pistolas regulares de chispa. Las segundas correspondían a pistolas, también de chispa, pero de mayor tamaño y longitud de cañón, y que se llevaban en unas pistoleras colocadas en el fuste delantero de la silla de montar.
Acuciante era la necesidad de armamento, heredada por nuestros patriotas de la época del virreinato, los cuales, para aumentar las fuerzas que se necesitaban y suplir la falta de armas de fuego, ordenaron por medio de la Junta a Miguel de Azcuénaga, el 10 de agosto de 1810, que con maderas buenas hiciera enastar las alabardas que usaban las tropas españolas, y formara con estas armas blancas dos compañías de alabarderos de cien hombres cada una, en la provincia de Tucumán, considerando que ésta era una excelente “caballería” para las tropas destinadas al Perú, aumentando así las fuerzas para reemplazar la falta de armas de fuego. Simultáneamente, la Junta acuerda que todos los sargentos del Ejército usen alabarda, para que los fusiles puedan ser usados por otros tantos soldados.
La penuria por obtener armas debe haber sido muy grande para nuestros hombres de Mayo, porque casi dos años después de los bandos a que se hizo referencia, un decreto firmado por Chiclana, Sarratea y Paso, sigue solicitando la entrega de toda arma de chispa o blanca que se halle en manos de particulares, sean éstas de propiedad privada o del Estado (desde luego del Rey) y aplicando esta vez hasta la pena de muerte a quien las ocultare. Nuevamente el fisco vuelve a quedarse con la mayor parte de los quinientos pesos de gratificación que se otorgaba a quien descubriese al que tenía armas, pues esta vez el denunciante sólo se llevaba un tercio de dicha suma y el resto quedaba para el Estado.
Como se ve el virreinato no contaba con armamentos suficientes para empeñarse en acciones de guerra de alguna importancia. Fundamentalmente, esto se debió a dos razones; primero, conflictos de importancia no existieron, fuera del de Colonia de Sacramento, al que ya se hizo referencia, y luego no interesaba al poder real el dar armas a los más ilustrados hijos de España, como eran los criollos que vivían en Buenos Aires y sus zonas de influencia.
La metrópoli mantenía el centro de gravedad del poder militar en el Perú; por lo tanto, las armas que arribaban al Río de la Plata en los buques, o iban hacia el norte, o regresaban a Europa en esos mismos buques.
La verdadera arma que logra la grandeza de un país es la fuerza empeñada en el esfuerzo común por el corazón de sus habitantes, hacia un objetivo también común que le haga alcanzar la grandeza que ellos pretendan darle.
Fuente
Fontanarossa, José – Armas blancas y de fuego durante la época virreinal – Bol. Del Centro Naval – Buenos Aires (1976).
 

El 29 de Mayo conmemoramos el Día del Ejército; sin embargo, quien lo creó no fue la Primera Junta. Su creador ni siquiera fue argentino. Tampoco es tan cierto que nació en 1810. Su nacimiento efectivo data de algunos años antes.

Durante la colonia, como defensa contra las pretensiones portuguesas o británicas, se había constituido el Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires. La mayoría de sus soldados eran criollos y su desempeño era bastante mediocre. Carecían de equipamiento, instrucción y disciplina. Sus oficiales, mayormente españoles, estaban relajados y no tenían conocimientos de táctica o estrategia militar. Guarnecían las fortalezas del Virreinato -Buenos Aires, Ensenada, San Miguel, Santa Tecla y Santa Teresa-. En caballería, se destacaban los Blandengues, milicias criollas que guardaban las fronteras contra el indio y el portugués. Los había en Buenos Aires, Santa Fe y Montevideo. José Gervasio Artigas, Estanislao López y José Rondeau se iniciaron como "blandengues". Al principio se los armó con lanzas; pero luego, el Virrey Vértiz los proveyó de sables, pistolas y carabinas. Su nombre se debía al modo en que los soldados "blandían" sus lanzas, al saludar a las autoridades, cuando eran revistados. El Real Cuerpo de Artillería era casi inexistente. De los 200 efectivos, sólo 40 guardaban el fuerte porteño. El resto se hallaban en la Banda Oriental.


Después del fracaso del Regimiento "Fijo" en 1806, cuando su inacción permitió que sólo 1.600 efectivos británicos tomaran una ciudad de más de 40.000 almas, casi sin luchar; el Comandante General de Armas, Santiago de Liniers y Bremond decidió reforzar los cuerpos coloniales, para resistir un nuevo intento inglés. Así, este francés convocó al pueblo de Buenos Aires, el 6 de Setiembre de 1806, a enrolarse en diversos cuerpos, en razón del origen de cada recluta. Sería el germen del futuro Ejército Argentino.

"Uno de los deberes más sagrados del hombre es la defensa de la Patria que le alimenta –decía Liniers- y los habitantes de Buenos Aires han dado siempre pruebas de que conocen y saben cumplir con exactitud esta preciosa obligación". Su llamado tuvo una gran acogida. Los hijos de Buenos Aires debían incorporarse al Cuerpo de "Patricios"; los nacidos en las Provincias del Norte, en el de "Arribeños"; los negros, mestizos, libertos e indios, en el Cuerpo de "Castas", o de "Pardos y Morenos". Los españoles debían conformar sus propios batallones, llamados "Tercios". Así se constituyeron los Tercios de: "Gallegos", "Andaluces", "Montañeses", "Cántabros" (formados por vizcaínos y asturianos).

La caballería no era numerosa. No cualquiera tenía caballo. Los oficiales usaban el suyo. Juan Martín de Pueyrredón, al constituir sus "Húsares del Rey", contribuyó a vestirlos y montarlos, pues había hecho fortuna en el comercio. Destacaron los "Migueletes", "Cazadores", "Carabineros" y "Quinteros" (jinetes de los arrabales).

La artillería seguía escasa y rudimentaria, a cargo de los "Patriotas de la Unión" (agrupaba a españoles y criollos) y de los "Pardos y Morenos". Era la menos prestigiosa. No resultaba atractivo arrastrar pesados cañones, cargarlos, y llenarse de pólvora, humo y metralla, o recibir disparos, sin poder defenderse, por servir al cañón. Se desconocían los avances de la artillería francesa. El mismo Napoleón Bonaparte era general de artillería. Los artilleros napoleónicos, orgullosos, decían que su mejor defensa era "el humo de sus cañones". Faltaba aún para que la artillería argentina adquiriera la importancia que la hizo destacar en Ituzaingó, al mando del general Tomás de Iriarte.

Este nuevo ejército tenía más de 7.800 efectivos, y se empezó a entrenar de inmediato. Los cuerpos debían concurrir en días fijos al Fuerte, "a fin de arreglar los batallones y compañías, nombrando a los comandantes, y sus segundos, los capitanes y sus tenientes, a voluntad de los mismos cuerpos". Era una novedad que la tropa eligiera sus propios jefes y oficiales; sin requerirse, tampoco, instrucción alguna. Esto se apartaba de las Ordenanzas Militares españolas, pero ante la inminencia de un nuevo ataque inglés y el prestigio de Liniers, nadie se opuso. El cuerpo más numeroso era la "Legión de Patricios Voluntarios Urbanos", como se llamaba oficialmente, que conformó tres batallones. Le seguían el de Castas y los Arribeños. Los vistosos uniformes del ejército, armas, pólvora y nuevas obras de defensa se costearon con donativos, suscripciones y préstamos.

El flamante ejército realizaba maniobras, a las que el público concurría y aplaudía. Martín Rodríguez, de Húsares, diría, no sin cierta exageración: "Puede asegurarse que a los tres meses después de la creación de estos Cuerpos, podían ellos competir con las mejores tropas de Europa en su disciplina y maniobras". Manuel Belgrano, de Patricios, disentía: "Ni la disciplina ni la subordinación era lo que debía ser"; agregando que la tropa "decía con mucha gracia que, para defender el suelo patrio no había necesitado aprender a hacer posturas ni figuras en las plazas públicas para diversión de las mujeres ociosas".

La Segunda Invasión inglesa fue la prueba de fuego del flamante ejército patrio


La prueba de fuego del flamante ejército tuvo lugar durante la Segunda Invasión Inglesa. Allí, con mucho coraje y sin tanta técnica asombró a los propios británicos: "Esta gente no es la raza afeminada que hay en España: al contrario, son feroces y sólo necesitan disciplina para hacerlos formidables". El mismo Ministro de Guerra Británico declaró ante el Parlamento: "El mérito de nuestros soldados fue aumentado, en mucho, por la valerosa defensa efectuada por los contrarios. Del mismo modo en que esta poderosa resistencia exalta la gloria de la conquista, abrigo la esperanza de que el valor demostrado por las tropas españolas inspirará a sus compatriotas en Europa a mostrar un espíritu parecido para resistir al enemigo común". Este discurso se pronunció tras la invasión napoleónica a España; donde Inglaterra pasaba a ser aliada contra los franceses. Durante la "Defensa" de Buenos Aires, este flamante e improvisado ejército, junto al pueblo de la ciudad, conducidos por Liniers, batieron a más de 9.000 soldados veteranos profesionales, despejando, para siempre, su amenaza de conquista


Liniers fue ascendido, primero a Mariscal de Campo, y luego, a Virrey del Río de la Plata, el 3 de diciembre de 1807. Los criollos tomaron consciencia de su fortaleza y su capacidad de defenderse; que en los momentos de dificultad, poco o nada se podía esperar de la Metrópoli. Se perdió la antipatía hacia las milicias; y éstas comenzaron a acercarse a quienes motorizaban las ideas de independencia.

Mientras aumentaba la autoconfianza en los criollos, crecía la antipatía hacia las fuerzas coloniales españolas. Sobre ellas, el propio Cabildo manifestaba: "¿Qué podía esperarse de unos Jefes que, en lo menos que han pensado toda su vida ha sido en arreglar sus regimientos y en sujetarlos a la disciplina?. La verdad es que jamás hemos visto una parada, y así han ido todas las cosas del servicio. ¿Qué se podía esperar de los oficiales subalternos, que a excepción de uno y otro muy raros, los demás han hecho su carrera en el pasatiempo, el juego, el baile, el paseo, sin contraerse aún por momentos a nada de lo concerniente al servicio? ¿Qué podíamos, por fin, esperar de unos hombres que tienen tanto esmero en sus regimientos, que el Fijo de Infantería sólo cuenta hoy 72 soldados de servicio, y para éstos hay 94 oficiales; que el de Dragones cuenta con otros tantos soldados que aquél, poco más o menos, y mayor número de oficiales, sucediendo lo mismo con el de Blandengues?".

Luego vino el previsible choque entre los cuerpos españoles y los criollos. Cornelio Saavedra admitía que, a los españoles, "acostumbrados a mirar a los hijos del país como sus dependientes, y tratarlos con el aire de conquistadores, les era desagradable verlos con las armas en la mano". El conflicto se precipitó durante el Virreinato de Liniers. El no ser éste español, y haber creado a los cuerpos criollos, a quienes trataba con consideración, lo hizo un virrey muy popular entre éstos; pese a que su gestión como gobernante dejara bastante que desear. Como contrapartida, se fue ganando paulatinamente la desconfianza y el recelo de los españoles. Agudizó esta crisis la invasión napoleónica a España: con lo que Francia pasó a ser enemiga de los españoles. Éstos buscaban, entonces, la manera de deponer a Liniers. Los conspiradores se agruparon en torno a don Martín de Alzaga, Alcalde de Primer Voto de Buenos Aires. El Cabildo fue el centro de la confabulación. De la conjura participaron: el Obispo Lué, Mariano Moreno (a quien nunca le cayó bien Liniers) y los "Tercios" españoles de Gallegos, Vizcaínos (Cántabros) y Catalanes. También participó el 3º Batallón de los Patricios. El 1º de Enero de 1809 coparon la Plaza de la Victoria, al grito de: "¡Muera el francés Liniers!", "¡Junta como en España!", vivando al Cabildo.

Alzaga y Moreno llegaron al Fuerte a exigir la renuncia del virrey. Éste, acorralado, alcanzó a firmarla. En ese momento, irrumpió Saavedra con los jefes de las tropas leales a Liniers: Arribeños, Húsares, Patriotas de la Unión, junto a los Tercios de Montañeses y Andaluces. Le manifestaron su apoyo al virrey, y le obligaron a romper su renuncia. Seguidamente, intimaron a los sublevados a retirarse. Bastó una breve carga de los Húsares de Martín Rodríguez y que salieran los cañones de los Patriotas de la Unión a la plaza, para concluir el motín.

Esta asonada mostró a los futuros líderes de la Primera Junta (Saavedra y Moreno) en bandos antagónicos: ya entonces no coincidían políticamente, y seguramente se tenían antipatía. Además, hubo dos "Tercios" españoles que sostuvieron al virrey: los Andaluces y los Montañeses; pues muchos de sus miembros eran criollos. Otra sorpresa fue que los "Patriotas de la Unión", cuerpo creado y sostenido por el Cabildo, se enfrentó a su propia Institución madre. Dos batallones de la Legión de Patricios permanecieron leales al virrey y el Tercer Batallón (influenciado por Mariano Moreno) acompañó a los sediciosos.

Agradecido, Liniers reconoció que "la energía y el patriotismo de los Cuerpos y Jefes ya citados me sacaron de este conflicto con el mayor denuedo". Saavedra dijo: "así concluyó aquel día memorable... porque, en efecto, en él las armas de los hijos de Buenos Aires abatieron el orgullo y miras ambiciosas de los españoles y adquirieron superioridad sobre ellos". Liniers disolvió a los "Tercios" sublevados: Vizcaínos, Gallegos y Catalanes. Sólo se salvaron los Andaluces y Montañeses. A aquéllos se les quitaron sus banderas y se les prohibió usar uniforme. Se destituyó al Jefe del 3º Batallón de Patricios, y se desterró a los responsables de la conjura; despejando el horizonte de eventuales oponentes a fuerzas mayormente criollas.

El panorama se complicó con el arribo de Baltasar Hidalgo de Cisneros, en reemplazo de Liniers. A su llegada, las tropas no lo aclamaron, y se lo recibió de mala gana. El nuevo virrey indultó a los responsables del 1º de Enero, y devolvió sus banderas a los oficiales de los Tercios disueltos; pero sin volverlos a constituir; dejándolos como "reserva", como "Batallones del Comercio". Por razones económicas eliminó varias unidades menores. Redujo a 2 los batallones de Patricios (que eran 3). Puso a sueldo sólo a los oficiales en actividad y suprimió 2 escuadrones de los Húsares.

Finalmente, y "para evitar las rivalidades que suelen introducir la nominación", les quitó los nombres que tenían, hasta entonces, las unidades de Infantería, y las pasó a numerar, como simples "batallones". Así: 1 y 2 correspondían a los dos batallones subsistentes de Patricios; 3 a los Arribeños; 4 a los Montañeses, 5 a los Andaluces, 6 a la reserva de los Cuerpos Urbanos del Comercio, 7 a los Granaderos de Fernando VII y 8 a Pardos y Morenos. Así fue cómo el último virrey del Río de la Plata les dio a los Patricios el número que hasta el día de hoy tienen, como Regimiento de Infantería de Línea Nº 1. Sin embargo, todo el mundo siguió llamando a las unidades con sus denominaciones tradicionales. Estas reformas le granjearon la antipatía del ejército que, de ser "mimado" con Liniers, pasaba a sufrir el "ajuste" de Cisneros, quien además les quitaba las denominaciones con las que orgullosamente habían expulsado al invasor inglés, y a reivindicar a los "Tercios" españoles disueltos. Por eso, el ejército, resentido con el virrey, respaldó decisivamente las acciones de Mayo.

La Primera Junta aprendió la lección y le dio un gran impulso al ejército.
El 27 de Mayo, cuenta Juan Beruti, "todas las tropas de Artillería, Infantería y Caballería formaron un cuadro en la plaza; salió la Junta, el Presidente las arengó, y juraron obediencia; y luego hicieron una descarga de artillería y fusilería, con lo cual se concluyó". Dos días después, el 29, a instancias del Secretario de Guerra y Gobierno, Mariano Moreno, la Junta emitió una proclama, considerada el nacimiento formal del Ejército Argentino, por la cual reconocía el protagonismo de las tropas durante la gesta del 25 de Mayo y ordenaba varias medidas para aumentar "la fuerza militar de estas Provincias".

Elevó todos los Batallones de Infantería a Regimientos (al revés de lo que había hecho Cisneros), con 1.116 efectivos cada uno. Ordenó reincorporar a los que habían sido dados de baja, "que actualmente no estuvieron ejerciendo algún arte mecánico o servicio público" y dispuso una leva de "todos los vagos y hombres sin ocupación", entre 18 y 40 años. El vocal Miguel de Azcuénaga tenía a su cargo la "Armería Real", que entregaba fusiles a cada cuerpo, en función del número de soldados. Se obligó a los vecinos a depositar en casa de Azcuénaga sus armas y mandó pagar sueldo a todos los soldados alistados.

La Revolución sabía que se iniciaba un arduo camino hacia la Independencia; que iba a costar mucho sacrificio, lucha, sinsabores y sangre. Por eso se preparaba para una pelea que sabía terrible, de la mano de un ejército que había vencido a los ingleses y había contribuido decisivamente a terminar con el Virreinato del Río de la Plata. Así nacía, formalmente, el Ejército Argentino.
 

Suipacha, la primera victoria patriota​

El 7 de noviembre de 1810 el general Antonio González Balcarce venció a las tropas realistas en la batalla de Suipacha, la primera victoria de la Revolución. Este triunfo permitiría avanzar hacia la rica zona minera de Potosí, en el actual territorio de Bolivia, ocuparla e instalar un gobierno revolucionario dirigido por Juan José Castelli. Los revolucionarios de Mayo comenzaban a dar sus primeros pasos en un camino que conduciría más tarde a la independencia de la región. Para recordar esta fecha, hemos seleccionado unos fragmentos sobre la batalla de Vicente Sierra.​

Fuente: Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina – Los primeros Gobiernos Patrios (1810-1813), Ediciones Garriga Argentinas, Buenos Aires, 1973.​

Antonio González Balcarce consideró conveniente dirigirse a Suipacha para no dejar que esta población cayera en manos del enemigo. El 6 de noviembre al atardecer, acampó en el pueblo de Nazareno, río por medio con la villa de Suipacha. (…) En la misma fecha Castelli escribía a Salta: «Chiclana mío: seré inoportuno hasta el extremo mientras no vea volar las tropas, mulas, mulas, mulas, víveres, víveres, dinero, artillería y cuanto hace falta para hacer tronar al Perú en este mes o tronar yo el primero».

Por su parte, José de Córdova (al mando de las tropas realistas)…recibió a Vicente Nieto con doscientos veteranos de Chuquisaca… (…) Córdova estaba convencido de que el enemigo se encontraba desmoralizado por encontrarse dividido en opiniones encontradas. Enarboló entonces el estandarte del terror, pero no sin prometer recibir con benevolencia a los que resolvieran jurar acatamiento al Consejo de Regencia. La mala opinión que Córdova se había formado sobre el estado espiritual de la vanguardia patriota se debió a una estratagema de González Balcarce. Para engañar al enemigo envió a Tupiza a un indio bien aleccionado, con la misión de difundir falsas informaciones sobre la moral de la tropa a su cargo. Llamado por Córdova, el indio hizo a éste creer que los patriotas marchaban descontentos y mal armados.

A orillas del río Suipacha…, el 7 de noviembre apareció la vanguardia de Córdova… González Balcarce había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas. Largo rato permanecieron ambas fuerzas sin decidirse a entrar en acción, lo que determinó a Antonio González Balcarce a adelantar doscientos hombres con dos cañones, para provocar la lucha. El enemigo adelantó algunas guerrillas, ante las cuales los patriotas iniciaron una retirada en aparente desorden, al punto que hizo creer a Córdova que huían sin presentar lucha. Imprudentemente dio orden de perseguirlos, avanzando con toda su fuerza hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. En este punto los patriotas volvieran la cara, a tiempo que las fuerzas ocultas salían de su escondite para atacar inesperadamente. En el parte del encuentro enviado a la Junta por Castelli se lee que la infantería cargó «con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía»que desordenó completamente al enemigo, y que éste se dio a la fuga por cerros y caminos excusados, arrojando banderas, armas y municiones. Media hora duró la batalla de Suipacha. (…)

El triunfo de Suipacha encontró a Castelli en Yavi, desde donde (8 de noviembre) despachó la primera información para la Junta, que amplió dos días más tarde desde Tupiza, mediante un parte completo de la batalla que fue conducido a Buenos Aires por el mayor de Patricios Roque Tollo. El parte se dio a conocer en Buenos Aires por una edición extraordinaria de La Gazeta del 3 de diciembre. Se vio, decía, «que el americano nacido para vegetar y vivir en la oscuridad», excedía a los militares de España, «donde por virtud del nuevo gobierno, se ha enseñado la táctica de fugar, manchando la memoria de nuestros abuelos y héroes de la milicia que ahora nosotros queremos renacer». Después de detallar el desarrollo de la batalla y la «vergonzosa y precipitada fuga» del enemigo, informaba que se le habían tomado dos banderas y ciento cincuenta prisioneros… (…) Una de las banderas tomadas fue enviada a Buenos Aires por Castelli, con una nota que decía: «A fin de que V. E. la destine a la sala del rey D. Fernando, con las que adornan su retrato”.

 
Buenas. Como ya habían hecho un hilo sobre la historia de la FAA y la ARA , y no encontré ninguno del EA quise empezarlo yo.

Podemos incluir campañas , conflictos (externos,intervenciones ,internos) armamento o equipo a lo largo de los años , tacticas y anécdotas que involucren a gente de nuestro ejercito.

Hace muchos años charlando con amigos debatimos de cuando fueron los primeros pasos del EA? antes de llamarse ejercito argentino eran llamados ejercito patriota o independentista o rebeldes por los españoles. Algunos sostenemos que lo que hoy llamamos ejercito inicio con las invasiones inglesas , si bien en ese entonces eramos el Virreinato del Río de La Plata ; las milicias que surgieron estaba compuestas por mayoría criolla y no española peninsular. La falta de accion española en defender el virreynato fue uno de los motivos de la independencia. Entre los cuerpos milicianos que surgieron están los patricios , que aun hoy en día son parte del EA y de los regimientos mas antiguos que perduran. En eso me baso yo para decir que nuestra historia militar empezó durante las intentonas britanicas.
No puede llamarse EA, antes de la formación de la republica, pero sí consideramos, como fuerza regular, el Cuerpo de Patricios, soy coincidente así estuvieran bajo el mando del gallego Servido, si lo tomamos formalmente hasta después de la Jura de la independencia en 1816.
 

Jorge II

Serpiente Negra.
En si; cuando estudié historia Española e Historia Militar Española; todas las acciones ocurridas en las Invasiones Inglesas su defensa fueron hechos por tropas españolas; todos sabemos como fue, pero para ellos en si los libros y sus historiadores lo dicen es que Inglaterra nunca pudo hacer pie en territorios españoles de ultramar; salvo Jamaica porque no era defendible y no importante como lo fue CUBA que los ingleses se retiraron porque le era difícil defender y controlar. Las invasiones inglesas es un logro importante para España por su defensa y provocandole una tremenda derrota; Como dije anteriormente es muy discutible porque España enseña con otra mirada diferente a lo que nosotros estudiamos aquí. En si, se toma como el acuerdo de Cornelio Saavedra, Mariano Moreno es decir la primera junta cuando se pidió la reorganización de las fuerzas como el día de creación del Ejército Argentino; En la practica la creación definitiva que nos lleva hasta hoy fue despues de la Batalla de Pavón. Santiago Derqui y ni hablar Barlotomé Mitre sino me equivoco fueron los que formaron de manera definitiva. La profesionalización del Ejercito fue gracias a Sarmiento.
La historia del Ejército es muy pero muy rica. y por cada participación va a llevar varias paginas.
 
Buenos dias . Muy bueno el post. consulta: hay bibliografia para leer o donde puedo buscar info. sobre el armamento de fuego y/o armas blancas utilizado por el ejercito arg. o las milicias antes de la incorporacion del remingnton como arma reglamentaria. Desde muchas gracias
 
Buenos dias . Muy bueno el post. consulta: hay bibliografia para leer o donde puedo buscar info. sobre el armamento de fuego y/o armas blancas utilizado por el ejercito arg. o las milicias antes de la incorporacion del remingnton como arma reglamentaria. Desde muchas gracias



No recuerdo el tópico puntualmente, pero había hecho un resumen de las armas utilizadas por el RI 1 durante su historia, ergo, del EA por extensión...
 

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