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Aquellos combates navales.......
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<blockquote data-quote="MAC1966" data-source="post: 153073" data-attributes="member: 49"><p><strong>Una Derrota Naval De Nelson En 1796.</strong></p><p></p><p>Cuando se menciona una derrota del genial marino británico, siempre viene a la memoria su desgraciada intentona en Tenerife en 1797, durante la cual perdió, como es notorio, su brazo izquierdo. </p><p></p><p>Pero hubo antes otra derrota, si bien muy honrosa para Nelson, que ha permanecido hasta ahora en la penumbra y ello pese a que se trató de un combate puramente naval, no de una operación anfibia como la mencionada. </p><p></p><p><strong>Los hechos sucedieron así: </strong></p><p></p><p>En el invierno de 1796, el ya capitán de navío Horacio Nelson regresaba de sus bases napolitanas a reunirse con la escuadra de Jervis en las costas portuguesas, en las cuales, durante el combate de San Vicente, ganaría, en febrero de 1797, su fama. </p><p></p><p>Embarcaba con insignia de comodoro en la fragata Minerve, de 38 cañones y de 941 toneladas, botada en Woolwich en 1780, al mando de George Cockburn, a la que acompañaba la Blanche, de 32 cañones, con 722 toneladas inglesas y botada en 1786 en Calhoon (Burlesdom). </p><p></p><p>A eso de las once de la mañana del 19 de diciembre de 1796, y no lejos de Cartagena, se divisaron dos fragatas españolas, que resultaron ser la Sabina, de 40 cañones y botada en 1781 en Ferrol y la Matilde, de 34 cañones, insignia del capitán de fragata Miguel María Gastón de Iriarte. </p><p></p><p>Al poco se inició el combate, entablándose de un lado entre la Minerve y la Sabina y de otro, entre la Matilde y la Blanche, buscando cada adversario la fragata de su mismo o parecido porte. </p><p></p><p>Pronto las dos últimas se separaron, recayendo la acción principal sobre la Sabina, al mando de Jacobo Stuart, y la Minerve, con el propio Nelson. </p><p></p><p>El resultado no podía ser dudoso, sin embargo, y no como se ha repetido tantas veces, por la proverbial habilidad náutica británica, sino por algo mucho más concreto: la fragata británica llevaba piezas de a 18 y 6 libras, mientras que la española las llevaba de a 12 y 8 libras, lo que suponía una ventaja en el peso de bala de la artillería principal de no menos de un 33 por 100, superior incluso a la ventaja que consiguieron años después las grandes fragatas estadounidenses al emplazar en ellas piezas de a 24, que resultaron mortíferas para las más débiles británicas. </p><p></p><p>Pero, además, el buque británico llevaba entres seis y ocho carronadas de a 32, aparte de las piezas de su porte y aquellos cortos y manejables cañones, aunque de escaso alcance y de tiro impreciso, resultaban demoledores a corta distancia. </p><p></p><p>Curiosamente, la Amada española, pese a conocer tales armas y probarlas, nunca las tuvo en mucho, por lo que apenas se instalaron en nuestros buques. </p><p></p><p>Tal desventaja en el armamento no se correspondía con el diseño general del buque pues, como es sabido, los españoles solían ser algo más grandes, resistentes y marineros que sus contrarios, como fruto de unos diseños que estaban por entonces entre los mejores del mundo. </p><p></p><p>Aunque la andanada británica era muy superior, como hemos visto, el combate se prolongó por tres horas cuando se vino abajo el palo de mesana de la Sabina, teniendo los otros muy averiados y a punto de caer, tuvo que rendirse con dos muertos y cuarenta y ocho heridos<<entre ellos dos oficiales>> en su dotación. </p><p></p><p>Los británicos perdieron siete hombres muertos y tuvieron treinta y tres heridos. </p><p></p><p>Se trasladó una dotación de presa a la fragata española y su vencedora se aprestó a darle remolque, dado el penoso estado de su aparejo. </p><p></p><p>Al parecer se habían invertido los objetivos que, tradicionalmente, se adjudicaban unos y otros enemigos durante sus combates, pues los británicos se habían dedicado a destrozar el aparejo de la española, mientras que éstos habían disparado especialmente sobre el casco de la Minerve. </p><p></p><p>Cabe imaginar la sorpresa de Nelson al descubrir que el comandante de la fragata enemiga, que acababa de apresar era nada menos que un descendiente de los antiguos reyes de Inglaterra, los Estuardo, y así era realmente, al ser don Jacobo de la casa de los duques de Berwick, que pocos años después se convertirían en los duques de Alba por extinción de esta familia. (Fue a la muerte de Cayetana Álvarez de Toledo, la decimotercera duquesa de Alba la que no tuvo descendencia y según cuentan las malas lenguas, esta pintada desnuda y vestida por Goya, en sus no menos famosos cuadros de las Majas). </p><p></p><p>Pero Nelson conservó durante poco tiempo su presa, a las 0430 de la madrugada apareció la Matilde, que había conseguido despegarse de la Blanche, y Miguel Gastón se dirigió contra la fragata británica para represar a su compañera. </p><p></p><p>Nelson ordenó soltar el remolque y enfrentarse a su nueva enemiga. </p><p></p><p>Llevaban media hora de combate cuando en el horizonte se divisaron varias velas españolas, buques que salían de Cartagena alertados por el cañoneo; se trataba de las fragatas Ceres y Perla, seguidas por el poderoso navío Príncipe de Asturias, un poco más retrasado. </p><p></p><p>A Nelson se le había reunido mientras tanto la Blanche, pero no podía hacer frente con dos fragatas a tres enemigas, y mucho menos, si retrasado por el combate daba tiempo a que se incorporara el gran navío de tres puentes. </p><p></p><p>Así que abandonó a su presa y se batió en retirada, perseguido por dos de las fragatas españolas durante todo el día, cuyos disparos le causaron otras diez bajas. </p><p></p><p>Pero disparar en aquellas condiciones era mal asunto en la época de la vela a no ser que se fuera alcanzando al enemigo, pues el retroceso de las piezas frenaba al perseguidor y salvo que algún afortunado disparo desaparejara al perseguido, éste veía facilitada su huida. </p><p></p><p>En la apresada Sabina, quedó su dotación británica de presa, que al mando de Hardy, fiel amigo de Nelson y comandante del Victory en trafalgar, se aprestó a defenderse con el fin de entretener a alguna de las fragatas españolas, pero la resistencia no pudo prolongarse mucho, cayendo los británicos prisioneros a su vez. </p><p></p><p>No mucho tiempo después tuvo lugar el canje de prisioneros, y Nelson tuvo consideraciones especiales con Jacobo Stuart, al que devolvió su espada, reconociendo que se había batido con valentía. </p><p></p><p>Lo cierto es que resultó una costosa e incompleta victoria para los españoles y que Nelson tuvo la habilidad de escapar de un enemigo muy superior, que debió haberle podido dar caza y apresarlo, contando además con las averías de la Minerve, el cansancio de su dotación y que ésta se había disminuido con las bajas y la dotación de presa. </p><p></p><p>Tal vez la excesiva prudencia o la descoordinación de los españoles fueron la causa de que el triunfo no fuera completo. </p><p></p><p><strong>Pero todas estas consideraciones no nos deben hacer olvidar que se trató de la única ocasión en la que el gran marino británico tuvo que retirarse con serias pérdidas en un combate naval, abandonando su presa ya su dotación. </strong></p><p><strong></strong></p><p><strong>Ya hubiera querido para sí otros de sus enemigos de entonces, fueran franceses, holandeses o daneses, poder decir en cualquier situación que habían visto la popa del buque de Nelson. </strong></p><p></p><p>Y, desde luego, si aquella modesta victoria la hubieran obtenido buques de cualquiera de esas naciones, no hubieran permanecido virtualmente desconocidas hasta la fecha. </p><p></p><p></p><p>Agustín Ramón Rodríguez González </p><p>Doctor en Historia Contemporánea y miembro del Círculo Naval Español. </p><p>REVISTA GENERAL DE MARINA, junio de 1999. pp.795-799.</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="MAC1966, post: 153073, member: 49"] [b]Una Derrota Naval De Nelson En 1796.[/b] Cuando se menciona una derrota del genial marino británico, siempre viene a la memoria su desgraciada intentona en Tenerife en 1797, durante la cual perdió, como es notorio, su brazo izquierdo. Pero hubo antes otra derrota, si bien muy honrosa para Nelson, que ha permanecido hasta ahora en la penumbra y ello pese a que se trató de un combate puramente naval, no de una operación anfibia como la mencionada. [B]Los hechos sucedieron así: [/B] En el invierno de 1796, el ya capitán de navío Horacio Nelson regresaba de sus bases napolitanas a reunirse con la escuadra de Jervis en las costas portuguesas, en las cuales, durante el combate de San Vicente, ganaría, en febrero de 1797, su fama. Embarcaba con insignia de comodoro en la fragata Minerve, de 38 cañones y de 941 toneladas, botada en Woolwich en 1780, al mando de George Cockburn, a la que acompañaba la Blanche, de 32 cañones, con 722 toneladas inglesas y botada en 1786 en Calhoon (Burlesdom). A eso de las once de la mañana del 19 de diciembre de 1796, y no lejos de Cartagena, se divisaron dos fragatas españolas, que resultaron ser la Sabina, de 40 cañones y botada en 1781 en Ferrol y la Matilde, de 34 cañones, insignia del capitán de fragata Miguel María Gastón de Iriarte. Al poco se inició el combate, entablándose de un lado entre la Minerve y la Sabina y de otro, entre la Matilde y la Blanche, buscando cada adversario la fragata de su mismo o parecido porte. Pronto las dos últimas se separaron, recayendo la acción principal sobre la Sabina, al mando de Jacobo Stuart, y la Minerve, con el propio Nelson. El resultado no podía ser dudoso, sin embargo, y no como se ha repetido tantas veces, por la proverbial habilidad náutica británica, sino por algo mucho más concreto: la fragata británica llevaba piezas de a 18 y 6 libras, mientras que la española las llevaba de a 12 y 8 libras, lo que suponía una ventaja en el peso de bala de la artillería principal de no menos de un 33 por 100, superior incluso a la ventaja que consiguieron años después las grandes fragatas estadounidenses al emplazar en ellas piezas de a 24, que resultaron mortíferas para las más débiles británicas. Pero, además, el buque británico llevaba entres seis y ocho carronadas de a 32, aparte de las piezas de su porte y aquellos cortos y manejables cañones, aunque de escaso alcance y de tiro impreciso, resultaban demoledores a corta distancia. Curiosamente, la Amada española, pese a conocer tales armas y probarlas, nunca las tuvo en mucho, por lo que apenas se instalaron en nuestros buques. Tal desventaja en el armamento no se correspondía con el diseño general del buque pues, como es sabido, los españoles solían ser algo más grandes, resistentes y marineros que sus contrarios, como fruto de unos diseños que estaban por entonces entre los mejores del mundo. Aunque la andanada británica era muy superior, como hemos visto, el combate se prolongó por tres horas cuando se vino abajo el palo de mesana de la Sabina, teniendo los otros muy averiados y a punto de caer, tuvo que rendirse con dos muertos y cuarenta y ocho heridos<<entre ellos dos oficiales>> en su dotación. Los británicos perdieron siete hombres muertos y tuvieron treinta y tres heridos. Se trasladó una dotación de presa a la fragata española y su vencedora se aprestó a darle remolque, dado el penoso estado de su aparejo. Al parecer se habían invertido los objetivos que, tradicionalmente, se adjudicaban unos y otros enemigos durante sus combates, pues los británicos se habían dedicado a destrozar el aparejo de la española, mientras que éstos habían disparado especialmente sobre el casco de la Minerve. Cabe imaginar la sorpresa de Nelson al descubrir que el comandante de la fragata enemiga, que acababa de apresar era nada menos que un descendiente de los antiguos reyes de Inglaterra, los Estuardo, y así era realmente, al ser don Jacobo de la casa de los duques de Berwick, que pocos años después se convertirían en los duques de Alba por extinción de esta familia. (Fue a la muerte de Cayetana Álvarez de Toledo, la decimotercera duquesa de Alba la que no tuvo descendencia y según cuentan las malas lenguas, esta pintada desnuda y vestida por Goya, en sus no menos famosos cuadros de las Majas). Pero Nelson conservó durante poco tiempo su presa, a las 0430 de la madrugada apareció la Matilde, que había conseguido despegarse de la Blanche, y Miguel Gastón se dirigió contra la fragata británica para represar a su compañera. Nelson ordenó soltar el remolque y enfrentarse a su nueva enemiga. Llevaban media hora de combate cuando en el horizonte se divisaron varias velas españolas, buques que salían de Cartagena alertados por el cañoneo; se trataba de las fragatas Ceres y Perla, seguidas por el poderoso navío Príncipe de Asturias, un poco más retrasado. A Nelson se le había reunido mientras tanto la Blanche, pero no podía hacer frente con dos fragatas a tres enemigas, y mucho menos, si retrasado por el combate daba tiempo a que se incorporara el gran navío de tres puentes. Así que abandonó a su presa y se batió en retirada, perseguido por dos de las fragatas españolas durante todo el día, cuyos disparos le causaron otras diez bajas. Pero disparar en aquellas condiciones era mal asunto en la época de la vela a no ser que se fuera alcanzando al enemigo, pues el retroceso de las piezas frenaba al perseguidor y salvo que algún afortunado disparo desaparejara al perseguido, éste veía facilitada su huida. En la apresada Sabina, quedó su dotación británica de presa, que al mando de Hardy, fiel amigo de Nelson y comandante del Victory en trafalgar, se aprestó a defenderse con el fin de entretener a alguna de las fragatas españolas, pero la resistencia no pudo prolongarse mucho, cayendo los británicos prisioneros a su vez. No mucho tiempo después tuvo lugar el canje de prisioneros, y Nelson tuvo consideraciones especiales con Jacobo Stuart, al que devolvió su espada, reconociendo que se había batido con valentía. Lo cierto es que resultó una costosa e incompleta victoria para los españoles y que Nelson tuvo la habilidad de escapar de un enemigo muy superior, que debió haberle podido dar caza y apresarlo, contando además con las averías de la Minerve, el cansancio de su dotación y que ésta se había disminuido con las bajas y la dotación de presa. Tal vez la excesiva prudencia o la descoordinación de los españoles fueron la causa de que el triunfo no fuera completo. [B]Pero todas estas consideraciones no nos deben hacer olvidar que se trató de la única ocasión en la que el gran marino británico tuvo que retirarse con serias pérdidas en un combate naval, abandonando su presa ya su dotación. Ya hubiera querido para sí otros de sus enemigos de entonces, fueran franceses, holandeses o daneses, poder decir en cualquier situación que habían visto la popa del buque de Nelson. [/B] Y, desde luego, si aquella modesta victoria la hubieran obtenido buques de cualquiera de esas naciones, no hubieran permanecido virtualmente desconocidas hasta la fecha. Agustín Ramón Rodríguez González Doctor en Historia Contemporánea y miembro del Círculo Naval Español. REVISTA GENERAL DE MARINA, junio de 1999. pp.795-799. [/QUOTE]
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