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17 de Agosto
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<blockquote data-quote="Brunner" data-source="post: 300537" data-attributes="member: 70"><p><strong>RELATOS DE CONTEMPORÁNEOS - Recopilados por José Luis Busaniche</strong></p><p><strong>FRAY LUIS BELTRAN</strong></p><p></p><p>“En el campamento de Mendoza la escena cambiaba: reinaba en él la actividad metódica, y la subordinación automática a la par de un entusiasmo consciente. Una voluntad superior, que sabía lo que quería y lo que hacía, y a la cual todos se plegaban, lo ordenaba todo, infundiendo en las almas de sus soldados la seguridad del triunfo. Allí se sabía hasta lo que hacía, pensaba o iba a hacer Marcó, mientras él no sabía ni lo mismo que quería. Todos trabajaban, cada cual en la tarea que le estaba señalada, y todos confiaban en su general. Reuníanse mulas de silla y marcha y caballos de pelea; se forjaban herraduras por millares para las bestias; construíanse aparejos para acémilas (mulas); se acopiaban víveres secos y forrajes, recolectándose ganados en pie para el paso de la cordillera. Los jefes, oficiales y soldados se ejercitaban en sus respectivos deberes y oficios. El parque elaboraba cartuchos por cientos de miles. Las fraguas ardían día y noche, recomponiendo armas y fundiendo proyectiles. El infatigable Fray Luis Beltrán ejecutaba las nuevas máquinas, con que, según su expresión, debían volar los cañones por encima de las montañas, a la manera de los cóndores. El ingenioso fraile había inventado, o mejor dicho, adaptado una especie de carros angostos, conocidos con el nombre de zorras de construcción tosca pero sólida, que montados sobre cuatro ruedas bajas y tirados por bueyes o por mulas, reemplazasen los montajes de los cañones de batalla, mientras estos los acompañaban desarmados y a lomo de mula por las estrechas y tortuosas sendas de la cordillera hasta pisar el llano opuesto. A prevención proveyóse de largas perchas para suspender las zorras y los cañones en los pasos fragosos, conduciéndolas entre dos mulas a manera de literas, una en pos de otra, y además de rastras de cuero, que en los planos inclinados se moverían a brazo de hombres o por medio de un cabrestante portátil. “Mientras tanto, el general en jefe, silencioso y reservado, pensaba por todos; todo lo inspeccionaba y todo lo preveía hasta en sus más mínimos detalles, desde el alimento y equipo de hombres y bestias, hasta las complicadas máquinas de guerra adaptables, sin descuidar el filo de los sables de sus soldados.” (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre)</p><p><strong></strong></p><p><strong>INVENCIONES DE SAN MARTIN</strong></p><p></p><p>“Necesitase una conserva alimenticia y sana, que a la par de restaurar las fuerzas del soldado fuese adecuada a la temperatura frígida que había que atravesar, y la encontró en la preparación popular llamada charquicán, compuesta de carne secada al sol , tostada y molida, y condimentada con grasa y ají picante, que bien pisado, permite transportar en la mochila o maletas la provisión para ocho días, y con sólo la adición de agua caliente y harina de maíz tostado proporciona un potaje tan nutritivo como agradable. San Luis, abundante en ganados, fue puesto a contribución para suministrar el charqui y dio dos mil arrobas de esta sustancia, supliendo el déficit el gobierno general hasta completarse la cantidad de 3.500 arrobas. Después del estómago, ocupóse de los pies, vehículos de la victoria. Dispuso, para suplir la falta de calzado y no gravar al erario, que el Cabildo remitiese al campamento los desperdicios de cuero de las reses del consumo diario, para construir con ellos tamangos, especie de sandalias cerradas, con jaretas a manera de zapatones de una pieza, usados por los negros, y que los mismos soldados preparaban. Llevóse la economía al último grado a que jamás ha llegado, para demostrar, según las palabras de San Martín, cómo se pueden realizar grandes empresas con pequeños medios. Publicóse por la orden del día y se proclamó por bando a son de cajas, que se reuniesen en almacenes los trapos viejos de lana para forrar interiormente los tamangos, “por cuanto -decíase en él- la salud de la tropa es la poderosa máquina que bien dirigida puede dar el triunfo, y el abrigo de los pies, el primer cuidado”. Con los cuernos de las reses, se fabricaron chifles para suplir las cantimploras, indispensables en las travesías sin agua de la cordillera. Por un bando, mandó recoger todo el orillo de paño que se encontrase en las tiendas y las sastrerías de la ciudad, que distribuyó entre los soldados para suspensorios de las alforjas. “Los sables “de lata” de los Granaderos a caballo estaban embotados: les hizo dar filo a molejón de barbero, y los puso en manos de los soldados diciéndoles que eran para tronchar cabezas de godos, como lo hicieron. No bastaba que las armas tuviesen filo: era preciso que los brazos tuviesen temple y que las almas fueran estremecidas por los toques de los instrumentos marciales que reemplazan en el combate la voz de mando, y pensó en los clarines, instrumento poco usado hasta entonces en la caballería americana. El ejército sólo tenía tres clarines. Al principio creyó suplir la falta fabricándolos de lata, pero resultaron sordos. Al pedirlos al gobierno, decíale: “El clarín es instrumento tan preciso para la caballería, que su falta sólo es comparable a lo que era la del tambor en la infantería”. “Estos detalles minuciosos, que preparan los triunfos finales, merecen ocupar la atención del historiador, porque son como los ornillos que ajustan las máquinas de guerra. “La previsión en los detalles abrazó un conjunto de cosas que iba desde las enjalmas de las acémilas y las herraduras de las bestias, hasta los puentes militares y los aparatos para arrastrar el material a través de las montañas. “Había estudiado todos los aparejos de mulas adecuados a su objeto, teniendo frecuentes conferencias con los arrieros. Al fin decidióse por la enjalma chilena, “por cuanto -según sus palabras- son las más adaptables al caso, por su configuración que dan más abrigo a la mula contra la intemperie del clima y son forradas en pieles, exentas por lo tanto de que las coman las bestias, siendo como son de paja, lo que sería irreparable en la esterilidad de la sierra”. Para forrar los aparejos, que él mismo hizo construir en Mendoza, pidió al gobierno seis mil pieles de carnero, en circunstancia que la expedición a Chile era considerada como una quimera (marzo de 1816). Pasaron ocho meses, y acordada ya la expedición, reiteró su pedido: “Tocamos ya la primavera, y antes de cuatro meses es llegado el tiempo de obrar sobre Chile. Faltan las seis mil pieles de carnero que deben emplearse en la construcción de mil aparejos, en lo cual deben emplearse tres meses, y no viniendo en la oportunidad debida, ni marcha el ejército ni proyecto alguno podrá ya adoptarse”, y un mes después escribía confidencialmente: «Está visto que en esa los hombres toman láudano diariamente: hace ocho meses pedí las pieles de carnero para los aparejos de la cordillera, y veo con dolor que ni aún están recolectadas, cuando por lo menos necesito un mes para forrar las esteras que ya están construidas”. (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre).</p><p></p><p><strong>HERRADURAS Y PUENTES</strong></p><p></p><p>“El asunto que más lo preocupó, fueron las herraduras de las bestias. Para resolver el punto celebró conferencias con albéitares, herreros y arrieros, y después de escucharlos atentamente, adoptó un modelo de herradura, que envió al gobierno, encargando a un oficial la llevase colgada al pecho como si fuese de oro y la presentara al Ministerio de la Guerra. “Hoy he tenido -decía oficialmente- una sesión circunstanciada con tres individuos de los más conocedores res en materia de cabalgaduras para el tráfico de cordillera, y unánimes convienen, en que es imposible de todo punto marchar sin bestias herradas por cualquier camino que se tome, so pena de quedar a pie el ejército antes de la mitad del tránsito.” Y pocos días después agregaba: “Estoy convencido de la imposibilidad de llevar a Chile una caballería maniobrera (arma que nos da decidida ventaja por desconocerla en mucha parte el enemigo) sin llevar desde caballos herrados”. Necesitábanse treinta mil herraduras con doble clavazón, y en el espacio de menos de dos meses fueron forjadas, trabajando día y noche, en los talleres de la fábrica de armas de Buenos Aires y en las fraguas de Mendoza. “¿Cómo se salvarían los hondos barrancos del fragoso camino, se atravesarían los torrentes, ascendería y descendería el pesado material de guerra las ásperas pendientes de la montaña; y cómo, en fin, se sacarían de los precipicios las zorras y las cargas que se desbarrancasen? He aquí otros problemas más arduos, que fueron igualmente resueltos. Ideóse para el pasaje de los ríos, un puente de cuerdas, de peso y largo calculado (60 varas), y el pedazo de cable que debía ser presentado al gobierno como modelo, fue encomendado a un oficial con la misma solemnidad que la herradura (23) “No es posible pasar la artillería y otros grandes pesos por los angostos desfiladeros y pendientes de la cordillera, ni restituir a las sendas lo que de ella se precipitase,” -dice el mismo San Martín- “sin el auxilio de dos anclotes y cuatro cables, de un peso capaz de poderse transportar a lomo de mula.” Con este aparato movido por cabrestante venciéronse las dificultades del paso.” (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre).</p><p></p><p><strong>MUNICIONES DE GUERRA</strong></p><p></p><p>“Pero se necesitaba además cerca de un millón de tiros a bala; 1.500 caballos de pelea y más de 12.000 mulas de carga. ¿De dónde se sacaría todo esto para tenerlo listo en poco más de dos meses de término? El parque de Mendoza sólo tenía a la sazón (noviembre de 1816) trescientos sesenta mil tiros de fusil a bala, y a razón de 20 paquetes por hombre para tres mil infantes, resultaba un déficit de trescientos ochenta mil cartuchos, que fue suplido por el gobierno con la pronta remisión de 500.000 tiros y 30 quintales de pólvora de cañón. En cuanto a los caballos , se proporcionaron novecientos, en San Juan y Mendoza, al precio de seis pesos uno, abonados con vales admisibles en las aduanas de Cuyo en pago de derechos, lo que era casi lo mismo que expropiarlos gratuitamente. Sólo Cuyo podía dar las mulas y los arrieros, como los dio; pero ya no era posible exprimir más la sustancia de la estrujada provincia, y por lo menos los fletes debían ser abonados, y estos importaban como ochenta mil pesos. Los dueños, proclamados por San Martín, se avinieron patrióticamente a recibir la mitad de su importe al contado, y el resto a su regreso de la expedición. Pero el tesoro del Ejército de los Andes estaba exhausto. Solicitado el gobierno por San Martín, contestóle, que no podía dar más y que se remediara con eso hasta mejor fortuna.” (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre).</p><p></p><p>GRITOS HEROICOS</p><p>“Fue entonces cuando el General de los Andes lanzó con su sencillez y gravedad habitual, sus gritos más heroicos, que resonarán en la posteridad: “Si no puedo reunir las mulas que necesito, me voy a pie. El tiempo me falta; el dinero ídem; la salud mala, pero vamos tirando hasta la tremenda. Es menester hacer ahora el último esfuerzo en Chile”. “¡Ya estamos en capilla para nuestra expedición! por esto puede calcularse cómo estará mi triste y estúpida cabeza. Baste decir: que para moverme necesito trece mil mulas, que todo es preciso proveerlo sin un real. ¡Pero estamos en la inmortal provincia de Cuyo, y todo se hace! No hay voces, no hay palabras, para expresar lo que son estos habitantes”. “Todo, y todo, se apronta para la de vámonos: en todo enero estará decidida la suerte de Chile. “Para el 6 de febrero estaremos en el valle de Aconcagua, Dios mediante, y para el 15, ya Chile es de vida o muerte” ¡Y Cuyo dio las trece mil mulas, y el 8 de febrero (dos días después de la predicción) estaba todo el Ejército de los Andes reunido en el valle de Aconcagua; y el 12 (tres días antes de lo calculado) el triunfo coronaba las armas redentoras de la revolución argentina!”. (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre).</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Brunner, post: 300537, member: 70"] [B]RELATOS DE CONTEMPORÁNEOS - Recopilados por José Luis Busaniche FRAY LUIS BELTRAN[/B] “En el campamento de Mendoza la escena cambiaba: reinaba en él la actividad metódica, y la subordinación automática a la par de un entusiasmo consciente. Una voluntad superior, que sabía lo que quería y lo que hacía, y a la cual todos se plegaban, lo ordenaba todo, infundiendo en las almas de sus soldados la seguridad del triunfo. Allí se sabía hasta lo que hacía, pensaba o iba a hacer Marcó, mientras él no sabía ni lo mismo que quería. Todos trabajaban, cada cual en la tarea que le estaba señalada, y todos confiaban en su general. Reuníanse mulas de silla y marcha y caballos de pelea; se forjaban herraduras por millares para las bestias; construíanse aparejos para acémilas (mulas); se acopiaban víveres secos y forrajes, recolectándose ganados en pie para el paso de la cordillera. Los jefes, oficiales y soldados se ejercitaban en sus respectivos deberes y oficios. El parque elaboraba cartuchos por cientos de miles. Las fraguas ardían día y noche, recomponiendo armas y fundiendo proyectiles. El infatigable Fray Luis Beltrán ejecutaba las nuevas máquinas, con que, según su expresión, debían volar los cañones por encima de las montañas, a la manera de los cóndores. El ingenioso fraile había inventado, o mejor dicho, adaptado una especie de carros angostos, conocidos con el nombre de zorras de construcción tosca pero sólida, que montados sobre cuatro ruedas bajas y tirados por bueyes o por mulas, reemplazasen los montajes de los cañones de batalla, mientras estos los acompañaban desarmados y a lomo de mula por las estrechas y tortuosas sendas de la cordillera hasta pisar el llano opuesto. A prevención proveyóse de largas perchas para suspender las zorras y los cañones en los pasos fragosos, conduciéndolas entre dos mulas a manera de literas, una en pos de otra, y además de rastras de cuero, que en los planos inclinados se moverían a brazo de hombres o por medio de un cabrestante portátil. “Mientras tanto, el general en jefe, silencioso y reservado, pensaba por todos; todo lo inspeccionaba y todo lo preveía hasta en sus más mínimos detalles, desde el alimento y equipo de hombres y bestias, hasta las complicadas máquinas de guerra adaptables, sin descuidar el filo de los sables de sus soldados.” (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre) [B] INVENCIONES DE SAN MARTIN[/B] “Necesitase una conserva alimenticia y sana, que a la par de restaurar las fuerzas del soldado fuese adecuada a la temperatura frígida que había que atravesar, y la encontró en la preparación popular llamada charquicán, compuesta de carne secada al sol , tostada y molida, y condimentada con grasa y ají picante, que bien pisado, permite transportar en la mochila o maletas la provisión para ocho días, y con sólo la adición de agua caliente y harina de maíz tostado proporciona un potaje tan nutritivo como agradable. San Luis, abundante en ganados, fue puesto a contribución para suministrar el charqui y dio dos mil arrobas de esta sustancia, supliendo el déficit el gobierno general hasta completarse la cantidad de 3.500 arrobas. Después del estómago, ocupóse de los pies, vehículos de la victoria. Dispuso, para suplir la falta de calzado y no gravar al erario, que el Cabildo remitiese al campamento los desperdicios de cuero de las reses del consumo diario, para construir con ellos tamangos, especie de sandalias cerradas, con jaretas a manera de zapatones de una pieza, usados por los negros, y que los mismos soldados preparaban. Llevóse la economía al último grado a que jamás ha llegado, para demostrar, según las palabras de San Martín, cómo se pueden realizar grandes empresas con pequeños medios. Publicóse por la orden del día y se proclamó por bando a son de cajas, que se reuniesen en almacenes los trapos viejos de lana para forrar interiormente los tamangos, “por cuanto -decíase en él- la salud de la tropa es la poderosa máquina que bien dirigida puede dar el triunfo, y el abrigo de los pies, el primer cuidado”. Con los cuernos de las reses, se fabricaron chifles para suplir las cantimploras, indispensables en las travesías sin agua de la cordillera. Por un bando, mandó recoger todo el orillo de paño que se encontrase en las tiendas y las sastrerías de la ciudad, que distribuyó entre los soldados para suspensorios de las alforjas. “Los sables “de lata” de los Granaderos a caballo estaban embotados: les hizo dar filo a molejón de barbero, y los puso en manos de los soldados diciéndoles que eran para tronchar cabezas de godos, como lo hicieron. No bastaba que las armas tuviesen filo: era preciso que los brazos tuviesen temple y que las almas fueran estremecidas por los toques de los instrumentos marciales que reemplazan en el combate la voz de mando, y pensó en los clarines, instrumento poco usado hasta entonces en la caballería americana. El ejército sólo tenía tres clarines. Al principio creyó suplir la falta fabricándolos de lata, pero resultaron sordos. Al pedirlos al gobierno, decíale: “El clarín es instrumento tan preciso para la caballería, que su falta sólo es comparable a lo que era la del tambor en la infantería”. “Estos detalles minuciosos, que preparan los triunfos finales, merecen ocupar la atención del historiador, porque son como los ornillos que ajustan las máquinas de guerra. “La previsión en los detalles abrazó un conjunto de cosas que iba desde las enjalmas de las acémilas y las herraduras de las bestias, hasta los puentes militares y los aparatos para arrastrar el material a través de las montañas. “Había estudiado todos los aparejos de mulas adecuados a su objeto, teniendo frecuentes conferencias con los arrieros. Al fin decidióse por la enjalma chilena, “por cuanto -según sus palabras- son las más adaptables al caso, por su configuración que dan más abrigo a la mula contra la intemperie del clima y son forradas en pieles, exentas por lo tanto de que las coman las bestias, siendo como son de paja, lo que sería irreparable en la esterilidad de la sierra”. Para forrar los aparejos, que él mismo hizo construir en Mendoza, pidió al gobierno seis mil pieles de carnero, en circunstancia que la expedición a Chile era considerada como una quimera (marzo de 1816). Pasaron ocho meses, y acordada ya la expedición, reiteró su pedido: “Tocamos ya la primavera, y antes de cuatro meses es llegado el tiempo de obrar sobre Chile. Faltan las seis mil pieles de carnero que deben emplearse en la construcción de mil aparejos, en lo cual deben emplearse tres meses, y no viniendo en la oportunidad debida, ni marcha el ejército ni proyecto alguno podrá ya adoptarse”, y un mes después escribía confidencialmente: «Está visto que en esa los hombres toman láudano diariamente: hace ocho meses pedí las pieles de carnero para los aparejos de la cordillera, y veo con dolor que ni aún están recolectadas, cuando por lo menos necesito un mes para forrar las esteras que ya están construidas”. (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre). [B]HERRADURAS Y PUENTES[/B] “El asunto que más lo preocupó, fueron las herraduras de las bestias. Para resolver el punto celebró conferencias con albéitares, herreros y arrieros, y después de escucharlos atentamente, adoptó un modelo de herradura, que envió al gobierno, encargando a un oficial la llevase colgada al pecho como si fuese de oro y la presentara al Ministerio de la Guerra. “Hoy he tenido -decía oficialmente- una sesión circunstanciada con tres individuos de los más conocedores res en materia de cabalgaduras para el tráfico de cordillera, y unánimes convienen, en que es imposible de todo punto marchar sin bestias herradas por cualquier camino que se tome, so pena de quedar a pie el ejército antes de la mitad del tránsito.” Y pocos días después agregaba: “Estoy convencido de la imposibilidad de llevar a Chile una caballería maniobrera (arma que nos da decidida ventaja por desconocerla en mucha parte el enemigo) sin llevar desde caballos herrados”. Necesitábanse treinta mil herraduras con doble clavazón, y en el espacio de menos de dos meses fueron forjadas, trabajando día y noche, en los talleres de la fábrica de armas de Buenos Aires y en las fraguas de Mendoza. “¿Cómo se salvarían los hondos barrancos del fragoso camino, se atravesarían los torrentes, ascendería y descendería el pesado material de guerra las ásperas pendientes de la montaña; y cómo, en fin, se sacarían de los precipicios las zorras y las cargas que se desbarrancasen? He aquí otros problemas más arduos, que fueron igualmente resueltos. Ideóse para el pasaje de los ríos, un puente de cuerdas, de peso y largo calculado (60 varas), y el pedazo de cable que debía ser presentado al gobierno como modelo, fue encomendado a un oficial con la misma solemnidad que la herradura (23) “No es posible pasar la artillería y otros grandes pesos por los angostos desfiladeros y pendientes de la cordillera, ni restituir a las sendas lo que de ella se precipitase,” -dice el mismo San Martín- “sin el auxilio de dos anclotes y cuatro cables, de un peso capaz de poderse transportar a lomo de mula.” Con este aparato movido por cabrestante venciéronse las dificultades del paso.” (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre). [B]MUNICIONES DE GUERRA[/B] “Pero se necesitaba además cerca de un millón de tiros a bala; 1.500 caballos de pelea y más de 12.000 mulas de carga. ¿De dónde se sacaría todo esto para tenerlo listo en poco más de dos meses de término? El parque de Mendoza sólo tenía a la sazón (noviembre de 1816) trescientos sesenta mil tiros de fusil a bala, y a razón de 20 paquetes por hombre para tres mil infantes, resultaba un déficit de trescientos ochenta mil cartuchos, que fue suplido por el gobierno con la pronta remisión de 500.000 tiros y 30 quintales de pólvora de cañón. En cuanto a los caballos , se proporcionaron novecientos, en San Juan y Mendoza, al precio de seis pesos uno, abonados con vales admisibles en las aduanas de Cuyo en pago de derechos, lo que era casi lo mismo que expropiarlos gratuitamente. Sólo Cuyo podía dar las mulas y los arrieros, como los dio; pero ya no era posible exprimir más la sustancia de la estrujada provincia, y por lo menos los fletes debían ser abonados, y estos importaban como ochenta mil pesos. Los dueños, proclamados por San Martín, se avinieron patrióticamente a recibir la mitad de su importe al contado, y el resto a su regreso de la expedición. Pero el tesoro del Ejército de los Andes estaba exhausto. Solicitado el gobierno por San Martín, contestóle, que no podía dar más y que se remediara con eso hasta mejor fortuna.” (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre). GRITOS HEROICOS “Fue entonces cuando el General de los Andes lanzó con su sencillez y gravedad habitual, sus gritos más heroicos, que resonarán en la posteridad: “Si no puedo reunir las mulas que necesito, me voy a pie. El tiempo me falta; el dinero ídem; la salud mala, pero vamos tirando hasta la tremenda. Es menester hacer ahora el último esfuerzo en Chile”. “¡Ya estamos en capilla para nuestra expedición! por esto puede calcularse cómo estará mi triste y estúpida cabeza. Baste decir: que para moverme necesito trece mil mulas, que todo es preciso proveerlo sin un real. ¡Pero estamos en la inmortal provincia de Cuyo, y todo se hace! No hay voces, no hay palabras, para expresar lo que son estos habitantes”. “Todo, y todo, se apronta para la de vámonos: en todo enero estará decidida la suerte de Chile. “Para el 6 de febrero estaremos en el valle de Aconcagua, Dios mediante, y para el 15, ya Chile es de vida o muerte” ¡Y Cuyo dio las trece mil mulas, y el 8 de febrero (dos días después de la predicción) estaba todo el Ejército de los Andes reunido en el valle de Aconcagua; y el 12 (tres días antes de lo calculado) el triunfo coronaba las armas redentoras de la revolución argentina!”. (Historia del Libertador José de San Martín y de la Emancipación de América - Bartolomé Mitre). [/QUOTE]
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