A 212 años del combate naval de Martín García
domingo, 15 de marzo de 2026
Lo que comenzó con complicaciones para la naciente Escuadra patriota, se convirtió en un triunfo decisivo y una demostración de valía estratégica del Almirante Brown.
Para 1814 la situación para las Provincias Unidas del Río de la Plata no era la mejor. Las fuerzas de Manuel Belgrano habían sido derrotadas en el Alto Perú y la corona española continuaba manteniendo el control sobre la denominada Banda Oriental. Sumado a esto, Chile era atacado por tropas realistas enviadas desde Lima, lo que se traducía en una amenaza latente para los territorios vecinos.
El 1º de marzo de 1814, el Directorio nombró al Comodoro de Marina Guillermo Brown como Comandante de la Escuadra de Buenos Aires, con la misión de conformar una fuerza naval que bloqueara el puerto de Montevideo y así romper el cerco español.
Brown estudió la situación y determinó que primero debía avanzar sobre la isla Martín García, cuya ubicación frente a la confluencia de los brazos principales de los ríos Paraná y Uruguay, la convertían en una llave estratégica del litoral fluvial. Quien dominara la isla podría controlar el paso de naves, interrumpir comunicaciones y condicionar cualquier operación sobre la Banda Oriental.
La misión no era nada sencilla ya que la isla estaba protegida por una guarnición española con varias piezas de artillería y tropas de a pie. Además, una Escuadra al mando del Capitán Jacinto de Romarate, marino vencedor en San Nicolás, blindaba la zona desde el agua.
Óleo de José Murature
Hacerse en el río
Decidido a tomar la isla, el 8 de marzo de 1814 Brown zarpó del puerto de Buenos Aires al mando de una Flota integrada por la fragata "Hércules", las goletas “Julieta” y “Céfiro”, y el bergantín “Nancy”. Por detrás se encontraban también buques menores: la goleta “Fortuna”, la balandra “Carmen” y el falucho “San Luis”.
Se trataba de una formación con fuerte presencia extranjera. Muchos de sus oficiales, si bien contaban con experiencia en el mar, no estaban familiarizados con las particularidades del Río de la Plata. A eso se sumaban tripulaciones sin entrenamiento conjunto y con soldados criollos poco habituados a la vida a bordo.
La Escuadra patriota llegó a Martín García como un proyecto en construcción obligado a probarse en combate. El río sería, al mismo tiempo, escuela y campo de batalla, así que el 10 de marzo, cerca de las 13 horas, la goleta “Julieta” abrió la marcha seguida por la fragata “Hércules”, nave insignia de Brown, y por otros buques mayores. En paralelo, las unidades menores recibieron la orden de intentar una maniobra envolvente.
La bravura del río se hizo notar rápidamente y la “Hércules” acabó varada sobre uno de los canales quedando inmovilizada de proa al enemigo, expuesta al fuego de las baterías de costa y de las cañoneras realistas.
Sin demorarse, los buques de Romarate aprovecharon la situación para castigar sin tregua a la fragata que acabaría sufriendo graves averías y numerosas bajas. En ese tramo del combate murieron su Comandante, Elías Smith, el Tercer Teniente Stacy y el Jefe de la tropa embarcada, Martín de Jaume. El panorama era desalentador.
Almirante Guillermo Brown y el Capitán Jacinto de Romarate
Pensar distinto para seguir peleando
Lejos de quebrar la defensa enemiga, el ataque inicial dejó a la principal unidad patriota en situación crítica. Brown comprendió que insistir por la misma vía conduciría a un nuevo fracaso; para triunfar debía cambiar el eje de acción y sorprender.
La alternativa fue atacar desde tierra, desembarcando tropas por un sector desguarnecido de la isla. Para esto se solicitaron refuerzos, mientras que aprovechando la bajante del agua, se empezó a reparar la “Hércules” a contra reloj tapando los agujeros con tacos de madera, planchas de plomo y lona embreada. Al repuntar la marea, el buque volvió a flotar y pudo reincorporarse a la acción.
El plan tomó forma en silencio y con rapidez. El desembarco se realizó de noche, en el puerto del Pescado, un punto solitario y cercano al objetivo principal: la batería que había castigado sin piedad a Brown días antes.
Vista de la isla de Martín García. Acuarela de Adolphe Hastrel de Rivedoux
En la madrugada del 15 de marzo, cerca de las 3:30hs, los botes comenzaron a acercarse a la costa. Apenas pisaron tierra, las tropas avanzaron sobre las posiciones realistas mientras los marinos se dirigían a capturar la batería. El terreno era difícil, en pendiente, cubierto de monte. Los españoles conocían mejor la isla por lo que se hacía difícil contrarrestar los disparos enemigos.
Por momentos el plan patriota vaciló, casi al borde del desmoronamiento. Fue entonces cuando un episodio cambió el curso. Entre los estruendos de la pólvora comenzaron a oírse los acordes de una marcha irlandesa, “Saint Patrick’s Day in the Morning”. Muchos de los combatientes, de origen irlandés, reconocieron la melodía y hallaron en ella el impulso necesario para lanzarse nuevamente a la carga. Así nació una tradición que, desde entonces, continúa acompañando a la Armada.
Finalmente, con las primeras luces del alba, la bandera argentina flameó sobre la batería capturada. Algunos realistas lograron huir, otros fueron tomados prisioneros, pero la isla había quedado en manos patriotas.
Óleo de José Murature
Un triunfo clave
A partir de la toma de la isla, buques con la enseña celeste y blanca comenzaron a imponerse en el Río de la Plata quebrando un dominio español que había sostenido el conflicto durante años.
Martín García marcó también el inicio de una tradición. Fue la primera gran victoria naval argentina, lograda por una Escuadra recién formada, conducida por un Jefe designado apenas semanas antes y sostenida por el coraje de tripulaciones que aprendieron a combatir en medio del combate mismo.
Aquel enfrentamiento que empezó como derrota, terminó convertido en un punto de inflexión y prologó la libertad que llegaría al Plata dos meses después, tras el triunfo sobre Montevideo.
Vista aérea de la Isla
Créditos: Gaceta Marinera Digital