La caída de la operación de fusión entre Indra y EM&E (Escribano Mechanical & Engineering) reabre un dilema estratégico para España respecto a la capacidad industrial comparada respecto otras potencias europeas en el sector de la defensa, aún mayor en un contexto de creciente rearme internacional.

La renuncia a seguir adelante con la integración se conoció el pasado jueves 19 de marzo después de las objeciones de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales), principal accionista de Indra, por la incompatibilidad que suponía que Ángel Escribano presidiera la compañía compradora y, al mismo tiempo, fuera dueño de la empresa a adquirir.

Créditos Indra

El dilema es que la operación, más allá de sus dificultades políticas, sí que responde a una lógica industrial. Indra ha llegado a 2026 con una cartera total superior a los 16.000 millones de euros y una cartera de defensa de más de 11.000 millones, cifras que la consolidan como actor central del sector español pero no todavía como el campeón nacional que necesita Madrid.

Escribano podía aportar una capa industrial y tecnológica adicional en segmentos estratégicos, reforzando la aspiración de Indra de actuar no solo como gran contratista, sino como auténtico eje vertebrador de la base industrial de defensa española.

Ahí aparece la comparación incómoda con otras potencias europeas. Alemania cuenta con Rheinmetall; Francia con Thales; Italia con Leonardo; y el Reino Unido con BAE Systems. Únicamente en el sector aeroespacial se cuenta con un gigante transeuropeo: Airbus, que debería tomarse como ejemplo en la integración de corporaciones europeas en otros sectores fundamentales para la defensa del continente.

España, por su parte, mantiene empresas relevantes y nichos tecnológicos, pero todavía no dispone de una estructura corporativa semejante en tamaño, integración y capacidad de arrastre a sus pares europeos.

Sin un consorcio fuerte o un campeón ibérico consolidado, la industria española queda más fragmentada, depende más de alianzas y tiene más dificultades para obtener una mayor parte del valor añadido de los grandes programas. Además, España tiene más dificultades para asegurar autonomía en sus cadenas de suministro y para proyectarse en Europa con una base industrial de defensa más integrada y con mayor peso propio.

En otras palabras, España puede participar en grandes proyectos, pero le sigue faltando una plataforma empresarial de escala comparable a la de sus principales socios y competidores.

La caída bursátil de Indra tras frustrarse la fusión con Escribano reflejó que el mercado no veía solo una operación empresarial, sino la posibilidad de articular en torno a la compañía un gran polo industrial de defensa en España.

De esta manera quedó al descubierto una carencia de fondo: aunque España dispone de empresas sólidas y una demanda de defensa creciente, sigue sin transformar ese potencial en una base industrial más integrada y comparable a los grandes campeones existentes en las otras potencias europeas.

*Fotografía empleadas con fines ilustrativos.

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Alex Garcia
Corresponsal en España. Especializado en el análisis de información en cuestiones de seguridad internacional. Experiencia académica y profesional en países como Perú, Bolivia, Líbano, Siria e Irak.

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