La guerra moderna exige adaptación en tiempo real, y Brasil comienza a demostrar que está atento a este cambio. En una entrevista concedida el 12 de febrero, el Almirante de Escuadra (FN) Carlos Chagas, Comandante General del Cuerpo de Infantes de Marina, reveló un concepto aún poco explorado públicamente: el desarrollo de una capacidad fabril expedicionaria de drones en el Cuerpo de Infantes de Marina, orientada a la producción directa en el campo de batalla para cubrir las necesidades inmediatas de la tropa.
La declaración se enmarca en el movimiento más amplio de modernización llevado adelante por la Marina de Brasil, que viene avanzando de manera sostenida en la incorporación de sistemas no tripulados. En el centro de este proceso se encuentra el Batallón de Combate Aéreo, que deja de ser solo operador de medios para asumir un papel cada vez más activo en el desarrollo y la adaptación de soluciones orientadas al entorno operacional.

Este salto se evidencia con la creación del Escuadrón de Drones de Reconocimiento y Ataque, un hito importante en la evolución doctrinaria de los Infantes de Marina. Los drones dejan de ser únicamente herramientas de apoyo y pasan a ocupar un rol central en las operaciones, siguiendo una tendencia ya consolidada en los conflictos contemporáneos.
Fue precisamente en este contexto que, durante la Operación Furnas 2025, la Marina de Brasil registró un hito significativo: el empleo, por primera vez, de drones de ataque tipo “kamikaze” desarrollados por el propio Batallón de Combate Aéreo. La iniciativa evidenció no solo la capacidad de operación de estos sistemas, sino también el dominio sobre su desarrollo y adaptación, con soluciones concebidas dentro de la propia tropa y orientadas a las necesidades reales del campo de batalla.
La evolución de este concepto también pudo observarse posteriormente en Formosa, durante demostraciones operacionales, donde nuevamente se emplearon drones de ataque desarrollados por los Infantes de Marina. Estas demostraciones reforzaron el avance doctrinario y tecnológico de la Fuerza, consolidando el uso de estos vectores como parte integral de sus capacidades expedicionarias.

Es en este escenario donde la capacidad fabril expedicionaria cobra relevancia. En la práctica, se trata de la posibilidad de ensamblar, adaptar y producir drones directamente en el teatro de operaciones, reduciendo la dependencia logística y garantizando mayor autonomía en escenarios de alta intensidad, donde el consumo de estos sistemas es constante.
La lógica es simple y estratégica: recomponer capacidades en el propio terreno, ajustar rápidamente sensores y configuraciones, y mantener la continuidad de las operaciones sin depender exclusivamente de la retaguardia. Se trata de un modelo que prioriza la velocidad, la flexibilidad y la eficiencia, factores decisivos en la guerra actual.
Los avances ya observados refuerzan esta dirección. La Marina viene incorporando drones con sensores avanzados y estructurando unidades dedicadas a su empleo, además de invertir en la formación de personal y en el desarrollo de doctrina propia para sostener esta evolución.

Aunque aún con muchos aspectos bajo perfil, lo que se perfila es la construcción de un ecosistema de innovación dentro de la propia tropa. Un modelo que rompe con los esquemas tradicionales y posiciona al Cuerpo de Infantes de Marina en sintonía con las transformaciones más profundas del combate moderno.
De consolidarse, esta capacidad podría representar uno de los avances más relevantes de la defensa brasileña en los últimos años, ampliando no solo el poder de combate, sino también la autonomía tecnológica del país en un escenario estratégico cada vez más exigente
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