En un hecho sin precedentes recientes, y como parte de los esfuerzos de autosuficiencia energética impulsados por los Estados Unidos para unidades militares, un avión de transporte estratégico C-17 Globemaster III de la Fuerza Aérea de EE.UU. transportó un microreactor nuclear. Los hechos, ampliamente difundidos por el Departamento de Guerra y Energía estadounidenses, se enmarcaron en la denominada Operación Windlord.

A grandes rasgos, la Operación Windlord consistió en el transporte de diversos elementos y módulos del nuevo micro microrreactor Ward250, desarrollado y fabricado por la empresa Valar Atomics, a través del empleo de aviones C-17 de la Fuerza Aérea de EE.UU., los cuales trasladaron el mismo desde la Base Aérea de Reserva March, en el sur de California, hasta la Base Aérea Hill.
Más allá del hito alcanzado con el transporte del minirreactor nuclear, la realización de la Operación Windlord denota los esfuerzos buscados por el Departamento de Guerra y Energía para dotar a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos de mayor autosuficiencia energética.
Lo mencionado no es un dato menor, ya que las instalaciones de generación, transmisión, distribución y comercialización de energía eléctrica —la que impulsa gran parte de la vida cotidiana de miles de millones de personas— son un blanco prioritario en potenciales conflictos, tanto por fuerzas militares como irregulares, en diversos dominios, que van desde los tradicionales hasta el ciberespacio.
Muchas unidades militares dependen actualmente de las redes comerciales de generación y distribución de energía para operar. Por tal motivo, Estados Unidos viene evaluando el empleo de microrreactores nucleares, como el mencionado Ward250, para aumentar la autonomía de bases y unidades, como también impulsar aquellas alejadas de centros urbanos, operando de forma independiente de la red eléctrica.

El desarrollo del minirreactor transportado por los C-17 días atrás responde a una serie de directivas impartidas bajo la Orden Ejecutiva 14301, tratándose de un reactor nuclear de nueva generación de 5 megavatios de potencia, empleando tecnologías ya probadas y confiables en materia de energía nuclear, a saber: helio como refrigerante, grafito como moderador y combustible TRISO (núcleos de uranio encapsulados en capas cerámicas para mayor seguridad).
Con motivo de este hito, desde la Fuerza Aérea de Estados Unidos y el subsecretario de Guerra para Adquisiciones y Sostenimiento, Michael P. Duffey, destacaron que: “El futuro de la guerra será intensivo en el uso de energía —indicó— e incluirá centros de datos de inteligencia artificial, armas de energía dirigida, así como infraestructura espacial y cibernética. La red eléctrica civil no fue diseñada para soportar esas demandas, por lo que el Departamento de Guerra deberá construir su propia infraestructura energética”.

“Alimentar la guerra de próxima generación requerirá que nos movamos más rápido que nuestros adversarios, para construir un sistema que no solo equipe a nuestros combatientes para luchar, sino que los equipe para ganar a una velocidad extraordinaria”, añadió Duffey. “Hoy es un paso monumental hacia la construcción de ese sistema. Al apoyar la base industrial y su capacidad de innovación, aceleramos la entrega de energía resiliente allí donde se necesita”.
Por último, y de cara a los siguientes pasos a seguir, cuando se complete el transporte de los ocho módulos que forman parte de los componentes del reactor nuclear, el Ward 250 será conducido hacia el Laboratorio Energético Utah San Rafael (USREL) para ser sometido a intensivas pruebas, proyectándose que: “… implicará que para el 4 de julio la administración espera que tres pequeños reactores alcancen la criticidad, es decir, que estén operando con normalidad”, según indicó la Fuerza Aérea de EE.UU. en su comunicado del 17 de febrero.
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