El Ejército Argentino continúa dando pasos concretos en la renovación de su parque blindado a partir de dos líneas de trabajo que se vienen desarrollando en paralelo: la incorporación de los VCBR 8×8 M1126 Stryker y la continuidad de la modernización del Tanque Argentino Mediano al estándar TAM 2C-A2. Lejos de tratarse de iniciativas excluyentes, ambos programas apuntan a resolver necesidades distintas dentro de la estructura de fuerza, y su evolución durante 2026 aparece como un punto de continuidad para sostener capacidades que la Institución viene buscando recuperar desde hace años.

En el caso del Stryker, el Ejército confirmó recientemente la recepción del segundo lote de cuatro vehículos provenientes de los Estados Unidos, completando así la primera tanda de ocho unidades contemplada dentro del Programa VCBR. Tal como informó Zona Militar, la llegada de estos ejemplares no se limita al arribo físico de los blindados: el proceso incluye la puesta en marcha de cursos, la formación de conductores y tripulaciones, y el armado de una base logística inicial que permita sostener el material en condiciones operativas, en una etapa donde se busca ganar experiencia real en conducción, mantenimiento preventivo y empleo.

Este lote inicial —centrado en la variante M1126 de transporte de personal— funciona como el primer escalón de un proyecto mayor, pensado para que la Fuerza pueda generar doctrina y procedimientos sobre una plataforma nueva. El programa contempla, a futuro, la incorporación de una familia de variantes sobre el mismo 8×8, con vehículos orientados a transporte, combate de infantería, mando, sanidad y apoyo, una lógica que apunta a simplificar la logística y facilitar la estandarización de medios en el marco de la transformación proyectada para la Xma Brigada Mecanizada. El sistema tiene una capacidad de vadeo de ríos más de 1,35 metros de profundidad.

En esta línea es importante mencionar que el contrato inicial es por 8 unidades mientras el Ejército Argentino trabaja en nuevas negociaciones e inspecciones para avanzar en el programa especifico. A su vez, resulta esencial considerar que el sistema que integrará el proyecto de Brigada Mecanizada a Ruedas compitió con otros sistemas de distintas nacionalidades, siendo uno el Guaraní, sistema que cayó por falta de financiamiento del país que lo ofrecía.

Mientras tanto, el programa TAM 2C-A2 continúa siendo la apuesta tecnológica para sostener la vigencia del componente blindado a oruga. La modernización incorpora mejoras de gran impacto operativo, y en función de las negociaciones dentro del proyecto, incorpora sistemas y subsistemas que actualmente son estado del arte y que se integran dentro del probado Merkavá IV —desde nuevos sistemas de observación y puntería hasta actualizaciones en control de tiro y subsistemas— con el objetivo de mantener al TAM como un sistema relevante frente a un entorno táctico que cambió de manera acelerada en los últimos años.

En esa línea, la Fuerza ya cuenta con unidades modernizadas entregadas, y el desafío inmediato pasa por sostener el ritmo de avance y el sostenimiento del conjunto, en un esquema que demanda planificación industrial, recursos y continuidad administrativa. Conectado a este tema, se estima que los números proyectados a incorporarse se mantengan para el presente año mientras continúan los trabajos en IMPSA e instalaciones de la propia fuerza.

En términos doctrinarios, la coexistencia de ambos programas permite entender hacia dónde busca moverse el Ejército: por un lado, un núcleo de caballería blindada modernizada que conserva la movilidad y protección de los medios a oruga; por el otro, unidades mecanizadas con vehículos a rueda que priorizan la movilidad estratégica, el despliegue rápido y la flexibilidad logística. Son capacidades distintas, pensadas para misiones diferentes, pero que en conjunto apuntan a recomponer un instrumento militar más equilibrado.

Con la llegada de los Stryker y la continuidad del TAM 2C-A2, el 2026 se perfila como un año de consolidación más que de anuncios: formación, adiestramiento, integración logística y sostenimiento. En la práctica, será esa etapa —la menos vistosa, pero la más decisiva— la que determine cuánto de esta modernización se traduce en capacidades reales dentro de las unidades operativas del Ejército Argentino.

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