A lo largo de nuestra estadía en Puerto Rico, desde Zona Militar pudimos lograr registrar en primer personas la presencia y actividad de una amplia variedad de medios militares de Estados Unidos desplegados en la isla. Desde aeronaves de ala fija y rotatoria hasta unidades navales, los registros obtenidos en puntos como el aeropuerto José Aponte de la Torre, en Ceiba, el Aeropuerto Rafael Hernández, en Aguadilla, y el puerto de Ponce, permitieron dimensionar el rol que actualmente cumple Puerto Rico como uno de los enclaves más relevantes de Washington en el Caribe, particularmente en el contexto regional posterior a los acontecimientos registrados en Venezuela.

A lo largo de los distintos recorridos que realizamos durante la semana, fue posible constatar una actividad sostenida y una rotación constante de medios aéreos y navales, lo que evidenció que la presencia militar estadounidense en la isla no respondió a un despliegue aislado ni de carácter puntual. Por el contrario, como es de público conocimiento, los movimientos observados se inscriben dentro de un esquema mucho más amplio de presencia y proyección de capacidades en el Caribe, articulando componentes aéreos, navales y anfibios.
El Puerto de Ponce y el componente naval del despliegue
Durante una de las jornada de cobertura en el sur de la isla de Puerto Rico, pudimos obtener el registro en el puerto de Ponce de la presencia de dos unidades de la Armada de Estados Unidos: el USS Gettysburg (CG-64), un crucero lanzamisiles de la clase Ticonderoga, y el USS Fort Lauderdale (LPD-28), un buque de transporte anfibio de la clase San Antonio. Según observadores locales, estas unidades fueron los primeros buques de la Armada de EE. UU. en arribar al puerto tras la finalización de la operación Absolute Resolve, el pasado 3 de enero, marcando el inicio de una nueva fase del despliegue naval en la región.
De acuerdo a lo registrado posteriormente, ambas unidades permanecieron en el puerto de Ponce hasta el 11 de enero, fecha en la que abandonaron la zona para mantener su presencia en el Caribe, al igual que el portaaviones USS Gerarld. R Ford (CVN-78), comunicó el Comando Sur de EE. UU. (USSOUTHCOM) en el día de ayer. Durante los días previos a su partida, se difundieron imágenes en las que se pudo observar actividad aérea asociada al componente anfibio del despliegue.
En ese marco, se registró la operación de helicópteros UH-1Y Venom desde la cubierta del USS Fort Lauderdale, así como la presencia de aeronaves Bell pertenecientes al Cuerpo de Marines de EE. UU. (USMC), similares a los observados previamente en el aeropuerto de Ceiba.

Finalmente, y en paralelo a estos movimientos, también se confirmó la llegada al puerto de Ponce del USS Lake Erie (CG-70), un segundo crucero lanzamisiles de la clase Ticonderoga. La presencia de más de una unidad de esta clase evidenció el refuerzo del componente de escolta y de defensa aérea del despliegue naval estadounidense en el Caribe.
Puerto Rico como nodo estrategia del despliegue en el Caribe
Cabe señalar que este despliegue naval no se produjo de manera aislada. Desde octubre, Estados Unidos comenzó a incrementar de manera sostenida su presencia militar en el Caribe, enmarcando estos movimientos dentro de una ampliación de sus misiones de lucha contra el narcotráfico y vigilancia regional. En este esquema, Puerto Rico emergió como un nodo estratégico y base operativa avanzada, desde donde es posible sostener operaciones aéreas, navales y de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), con capacidad de proyección hacia amplias áreas del Caribe y el norte de Sudamérica.
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