
Los eventos registrados durante el pasado fin de semana marcaron un punto de inflexión en el desarrollo de la Operación Epic Fury. Desde el derribo de un cazabombardero F-15E Strike Eagle sobre territorio iraní, seguido de una compleja y arriesgada operación de búsqueda y rescate en combate (CSAR), expuso con crudeza el nivel de intensidad – y los riesgos – que ha alcanzado la campaña contra Irán.

Según diversos reportes, durante más de 24 horas, el Oficial de Sistemas de Armas (WSO) del F-15 logró evadir su captura en territorio hostil antes de ser finalmente rescatado por Fuerzas Especiales de EE. UU. en una operación que involucró múltiples medios aéreos y que incluso derivó en la destrucción deliberada de aeronaves propias para evitar su captura.
A partir de estos hechos, y considerando los reportes acumulados desde el inicio de las operaciones el pasado 28 de febrero, comienza a tomar forma una pregunta más amplia: ¿cuáles son, hasta el momento, las pérdidas sufridas por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en el marco de esta campaña contra Irán?
Entre fuego enemigo e incidentes propios
Dentro de las pérdidas más significativas se encuentran las correspondientes a aeronaves de combate. De acuerdo a los reportes disponibles, Estados Unidos habría perdido cuatro cazabombarderos F-15E Strike Eagle de la Fuerza Aérea (USAF), uno de ellos derribado en territorio iraní, mientras que los restantes habrían sido derribados en episodios de fuego amigo durante operaciones sobre Kuwait, un factor que vuelve a poner en evidencia los riesgos inherentes a escenarios de alta complejidad. Este último incidente, registrado en los primeros días de la campaña, ya había anticipado las dificultades de operar en un espacio aéreo saturado por aeronaves, drones y misiles.
A ello se suma la pérdida de un A-10 Thunderbolt II, derribado mientras brindaba apoyo aéreo cercano en el marco de una operación de búsqueda y rescate en combate el pasado viernes 3 de abril, en las cercanías al estrecho de Ormuz, casi al mismo tiempo que uno de los F-15E derribado en Irán.
En paralelo, también se reportó que un caza furtivo F-35 Lightning II resultó dañado tras ser alcanzado por fuego anti aéreo iraní durante una misión de combate sobre Irán, logrando posteriormente realizar un aterrizaje de emergencia.
Golpes a capacidades clave de apoyo
Más allá de los medios de combate, uno de los aspectos que mayor impacto podría tener en el desarrollo de la campaña es la afectación de aeronaves de apoyo. Entre ellas, la destrucción de un avion de alerta y control aerotransportado (AWACS) E-3 Sentry que la Fuerza Aérea de EE.UU. en la Base Aérea Prince Sultan, en Arabia Saudita, el pasado 27 de marzo representa una pérdida particularmente sensible, dado el rol central que estas plataformas cumplen en la vigilancia, control y coordinación de operaciones aéreas.
En la misma línea, reportes oficiales y de fuentes abiertas indicaron que también se perdieron al menos dos aviones cisterna KC-135R, junto con daños a otras seis aeronaves al mismo tiempo. Una de las mencionadas aeronaves resultó afectada durante un reabastecimiento en vuelo, un elemento crítico para sostener operaciones aéreas a gran distancia.
Los sistemas no tripulados
El empleo intensivo de sistemas no tripulados también parece haber tenido un costo considerable. Desde el inicio de las operación Epic Fury, se estima que al menos 17 drones MQ-9 Reaper han sido derribados o han sufrido accidentes en el teatro de operaciones, una tendencia que ya se había evidenciado en las primeras semanas del conflicto, cuando reportes preliminares daban cuenta de la pérdida de más de una docena de estas plataformas. Si bien este tipo de sistemas suele ser utilizado para reducir la exposición de medios tripulados, su elevada tasa de pérdida refleja un entorno operativo en el que las defensas aéreas y las amenazas electrónicas continúan representando un desafío significativo.
Operaciones de rescate bajo fuego y una demostración de experiencia
Las misiones CSAR llevadas a cabo, como la registrada recientemente tras el derribo del F-15E, también han evidenciado un elevado nivel de riesgo. Durante dicha operación, se reportó la destrucción de aeronaves como MC-130J Commando II y helicóptero MH/AH-6M Little Bird ,también conocidos como “Killer Eggs”, empleados en apoyo a estas acciones de Fuerzas Especiales de EE. UU. En cuanto a esto último, diversos medios indicaron la participación de unidades altamente especializadas, como SEAL Team 6 de la Armada y DELTA del Ejército de EE.UU.
A esto se suman daños sufridos por un helicóptero HH-60M en Irak, presuntamente como consecuencia de un ataque con drones FPV, y por dos HH-60W durante operaciones en territorio iraní.Por último, también se ha informado sobre la destrucción de dos helicópteros de transporte pesado CH-47F Chinook, alcanzados en ataques iraníes contra el Camp Buehring, en Kuwait, lo que evidencia que incluso las bases en retaguardia no han estado exentas de amenazas.
Un entorno operativo complejo
Más allá de las cifras, las pérdidas registradas en el marco de la operación Epic Fury permitiría delinear algunas conclusiones preliminares. Por un lado, la persistencia de amenazas convencionales, como los sistemas de defensa aérea, continúa representando un desafío incluso para plataformas avanzadas. Por otro lado, la creciente incidencia de drones y ataques asimétricos introduce nuevas variables en el campo de batalla. Al mismo tiempo, episodios como los reportados de fuego amigo ponen de relieve la complejidad de operar en escenarios saturados, donde la coordinación y la identificación de blancos adquieren una importancia crítica.
Sin embargo, más allá del impacto de estas pérdidas, comienza a surgir un interrogante más amplio respecto al desarrollo de la campaña. En un contexto donde inicialmente se preveía una operación de rápida resolución y con limitada capacidad de respuesta por parte de Irán, el volumen y la naturaleza de las bajas registradas- sumadas a incidentes que han afectado incluso a medios estratégicos , como el portaaviones USS Gerald R. Ford, que temporalmente había quedado fuera de operaciones tras incendios a bordo- invitan a preguntarse hasta qué punto este desgaste podría llegar a incidir en el ritmo o la proyección de las operaciones estadounidenses.
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