El Ejército de Chile se alista para una nueva participación en uno de los certámenes más exigentes del ámbito militar internacional: el Best Warrior Competition 2026. Más que una competencia, esta instancia se ha consolidado como un laboratorio operativo donde convergen estándares, doctrinas y capacidades de combate de distintas fuerzas armadas, poniendo a prueba no solo el rendimiento individual, sino también el nivel institucional de preparación.
La delegación chilena —compuesta por el Sargento 1° Fabián Ortiz, la Sargento 1° Carla Pino y el Suboficial Mayor José Hormazábal como delegado— llega tras un proceso selectivo riguroso a nivel nacional. Este punto es clave: el sistema de selección interno ya actúa como un filtro de excelencia, asegurando que quienes representen al país no solo destaquen físicamente, sino también en habilidades técnicas, resiliencia mental y toma de decisiones bajo presión.

“Best Warrior Competition” no debe interpretarse como un simple desafío deportivo militar. Su estructura responde a un enfoque integral del combatiente moderno. Las pruebas —que incluyen tiro, marchas tácticas, natación con equipo, primeros auxilios, telecomunicaciones y combate— replican condiciones operacionales reales, obligando a los participantes a integrar múltiples competencias simultáneamente.
En este sentido, el evento refleja una tendencia clara en las fuerzas armadas contemporáneas: el paso desde el soldado especializado hacia el soldado multifunción. La capacidad de adaptarse a escenarios cambiantes, operar con autonomía y mantener eficacia bajo fatiga extrema se posiciona como un estándar mínimo.
El proceso de preparación desarrollado en el Destacamento de Montaña N.° 3 “Yungay” evidencia una planificación alineada con estos estándares internacionales. El entrenamiento no solo abarca el acondicionamiento físico, sino también áreas críticas como topografía aplicada en terreno complejo, telecomunicaciones tácticas, operaciones en ambientes acuáticos, tiro con distintos sistemas de armas, marchas con carga en media montañay evaluaciones tipo “combat fitness test”.

Este enfoque multidimensional tiene una lectura estratégica: el Ejército de Chile no está entrenando solo para competir, sino para validar y ajustar sus propios procesos de instrucción bajo parámetros internacionales.
Impacto en el Ejército de Chile
La participación sostenida desde 2016 en esta competencia ha generado efectos concretos dentro de la institución. En primer lugar, permite comparar capacidades propias con las de ejércitos extranjeros, identificando brechas y oportunidades de mejora.
En segundo lugar, actúa como un catalizador doctrinario. Muchas de las pruebas y metodologías observadas en estas instancias terminan permeando los programas de entrenamiento nacionales, elevando progresivamente el estándar general de la tropa.
Finalmente, existe un impacto intangible pero igualmente relevante: el fortalecimiento de la moral y el sentido de pertenencia. Representar al país en un escenario internacional de alta exigencia no solo es un reconocimiento individual, sino también institucional.
Otro aspecto clave del “Best Warrior Competition” es su dimensión como plataforma de cooperación militar. La interacción con fuerzas de otros países permite intercambiar experiencias, técnicas y enfoques operacionales.
En un contexto global donde las amenazas son cada vez más híbridas y transnacionales, este tipo de instancias contribuye a mejorar la interoperabilidad. Para Chile, esto es particularmente relevante considerando su participación en misiones internacionales y ejercicios combinados.
Resiliencia y liderazgo
Más allá de lo técnico, la competencia pone en el centro al combatiente como individuo. La resistencia mental, la capacidad de trabajar bajo estrés y la toma de decisiones en condiciones adversas son factores determinantes.
La participación del Ejército de Chile en “Best Warrior Competition 2026” debe entenderse como mucho más que una representación simbólica. Es una vitrina estratégica que permite medir capacidades, proyectar imagen internacional y, sobre todo, fortalecer el desarrollo profesional de sus soldados.
En un escenario donde la guerra moderna exige versatilidad, adaptabilidad y excelencia técnica, este tipo de competencias se transforma en una herramienta clave para mantener vigente y competitivo al capital humano militar.
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