La fuerza submarina china acumula, desde hace más de veinte años, una sucesión de incidentes que hoy empiezan a ser leídos de otra manera… ya no como episodios aislados ni como simples accidentes de una fuerza en expansión, sino como señales de un problema más profundo. En Beijing, la pregunta es incómoda, pero inevitable: si la mayor purga anticorrupción de la historia reciente del Ejército Popular de Liberación (EPL) alcanzó a los niveles más altos de la industria naval estatal, ¿Cuánto de esa degradación interna terminó reflejándose en la construcción, el diseño y la operación de sus submarinos? La duda no surge del aire. Hay al menos tres casos documentados —con distintos niveles de confirmación oficial— que, vistos en conjunto, forman una secuencia que las fuentes especializadas occidentales ya no atribuyen a la mera mala suerte.

Clase tipo 035 – Navy 81

El caso más antiguo, y también el único reconocido oficialmente por China, sigue siendo el más dramático por su saldo humano. En mayo de 2003, pescadores en el Mar Amarillo encontraron a la deriva el periscopio del 361, un submarino diésel-eléctrico clase Ming de la PLAN, con sus 70 tripulantes muertos a bordo. La causa fue asfixia por monóxido de carbono. Todo indica que la embarcación intentó recargar baterías con los motores diésel en condiciones que terminaron provocando una intoxicación masiva. No hubo un combate, ni una avería causada por un enemigo. Fue un error operativo básico que acabó con toda la dotación. Distintos análisis sobre este episodio remarcaron que el hecho dejó expuesta una falla estructural: la distancia entre la velocidad con la que China incorporaba plataformas y el nivel real de formación de las tripulaciones destinadas a operarlas. En aquel momento, Beijing tenía todos los incentivos para minimizar el impacto político del desastre y ninguno para abrir públicamente el debate sobre cómo resolverlo.

El segundo episodio nunca fue confirmado por Beijing, pero tampoco desmentido. En una fuerza que maneja con extremo hermetismo cualquier incidente sensible, ese silencio tiene peso propio. Según distintas publicaciones especializadas, el hecho habría ocurrido a bordo de un submarino de propulsión nuclear Tipo 093, de la clase Shang, y habría involucrado una explosión en uno de los tubos lanzatorpedos. No hay verificación independiente sobre la magnitud de los daños ni sobre posibles víctimas. Sin embargo, sí hay un cuadro más amplio que está bien documentado: el Tipo 093 carga desde hace años con críticas persistentes por sus elevados niveles de ruido acústico, un problema serio en cualquier escenario moderno de guerra antisubmarina, y por las demoras que sufrió la integración de sus sistemas, algo que condicionó durante mucho tiempo su operatividad plena.

Tipo 093 – Reuters

La corrupción como variable de diseño

El caso más reciente es, a la vez, el mejor documentado y el que más inquietud genera por lo que representa para el futuro de la fuerza submarina china. Ocurrió en el Astillero Wuchang, en Wuhan, durante el primer semestre de 2024. Imágenes satelitales analizadas por especialistas independientes mostraron barcazas y grúas flotantes trabajando en el muelle donde se encontraba un submarino de nuevo diseño y de mayor tamaño. Meses más tarde, en septiembre, The Wall Street Journal reportó que fuentes del gobierno de Estados Unidos confirmaban que el casco se había hundido en el propio muelle, antes de completar las pruebas de mar. El CSIS identificó a la embarcación como el primer submarino de la clase Zhou, posiblemente equipado con un sistema de propulsión auxiliar nuclear que lo convertiría en una plataforma de nueva generación para la Armada de China.

Para Brent Sadler, de la Heritage Foundation, el episodio guarda similitudes con el hundimiento del USS Guitarro en 1969, causado por una inundación producto de una escotilla defectuosa o de trabajos deficientes en el astillero. Pero la comparación tiene una diferencia central. El Guitarro era una unidad de serie. El Zhou, en cambio, se considera como el prototipo llamado a marcar el rumbo de la próxima generación de submarinos chinos. Hay además otra lectura, planteada por distintos analistas especializados, que sugiere que la plataforma podría no haber sido un submarino nuclear en sentido estricto, sino un diseño convencional de gran porte con capacidad de lanzamiento de misiles en celdas. Esa discusión técnica sigue abierta… lo que no está en discusión es que el casco se hundió en el muelle antes de iniciar su ciclo operativo o de pruebas.

Estos tres episodios no pueden separarse del contexto político e institucional que los rodea. Desde 2022, las fuerzas armadas chinas atraviesan la mayor purga militar en décadas. El CSIS documentó más de 36 generales y tenientes generales investigados o apartados, entre ellos el almirante Miao Hua, removido en noviembre de 2024 de su cargo como director del Departamento de Trabajo Político de la Comisión Militar Central, y el ex ministro de Defensa Dong Jun, cuya situación sigue sin resolución formal a comienzos de este año. Pero para entender qué puede haber pasado con la flota submarina, la clave está en lo ocurrido dentro de la industria naval.

Allí aparece un nombre central: Hu Wenming, ex presidente de la Corporación de Industria Naval de China (CSIC), la persona que entre 2012 y 2019 supervisó el desarrollo de los portaaviones Liaoning y Shandong. Hu también fue alcanzado por una campaña anticorrupción surgida desde la propia cúpula del gobierno. La actual Corporación Estatal de Construcción Naval (CSSC), surgida tras la fusión con CSIC, opera en un entorno que analistas del Asia Society Policy Institute describen como sistémicamente atravesado por prácticas de corrupción en adquisiciones y contratos.

A partir de lo anterior surge de ese cuadro una pregunta difícil de responder, pero imposible de ignorar: si esa firma fue acusada de corrupción y sufrió purgas, ¿hasta qué punto afectó la calidad real de los submarinos entregados a la fuerza? Los mecanismos posibles son bastante claros desde el análisis de distintos thinks tanks especializados… sustitución de materiales especificados por otros de menor calidad, protocolos de prueba validados sin haberse cumplido de manera efectiva, certificación de tripulaciones que no alcanzaron el nivel de entrenamiento requerido. Ni el CSIS ni el China Maritime Studies Institute (CMSI) presentan esto como un hecho probado en cada caso, pero ambos lo consideran una hipótesis plausible dentro del marco general de degradación institucional que envuelve a la industria militar-naval china.

Dos submarinos de la armada china
Submarinos de la Armada China

Lo que sí deja de ser hipótesis cuando se observan los casos en serie es el patrón… Un submarino convencional perdido con toda su tripulación por un error operativo elemental. Reportes nunca desmentidos de un accidente en un submarino nuclear de primera generación. Y el hundimiento de un prototipo de nueva generación en su propio muelle antes de comenzar a navegar. Para una armada que busca consolidar una fuerza submarina capaz de sostener la estrategia china de negación de área en el Indo-Pacífico, la señal hacia el exterior parece frágil, ya que el volumen de producción para llevar a cabo esta estrategia debe estar enlazada a confiabilidad técnica y disponibilidad de los sistemas.

China trabaja actualmente en el Tipo 095: un submarino nuclear de ataque que debería representar un salto de calidad para la Armada de China. Ese programa está llamado a reforzar una de las piezas más importantes de lsu arquitectura en el Indo-Pacífico. Pero si las condiciones que rodearon los programas anteriores no fueron corregidas de fondo, entonces las consecuencias de ese deterioro podrían volverse visibles en el peor momento posible: no durante una ceremonia de botadura, sino cuando el sistema tenga que demostrar en el mar que realmente funciona.

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