La investigación científica antártica chilena acaba de marcar un nuevo hito. Tras diez días de operaciones en uno de los entornos más exigentes del planeta, el rompehielos “Almirante Viel” regresó a Punta Arenas luego de completar con éxito el Primer Crucero de Investigación Marina Antártica (CIMAR I Antártico), una expedición que reunió a científicos de diversas universidades e instituciones nacionales y que consolida las capacidades logísticas y científicas del país en el continente blanco.
El despliegue, desarrollado entre el 25 de febrero y el 6 de marzo, fue coordinado por el Comité Oceanográfico Nacional (CONA) con apoyo logístico de la Armada de Chile, particularmente de la Tercera Zona Naval, marcando un precedente: por primera vez un crucero CIMAR se realizó exclusivamente en la Antártica a bordo del moderno rompehielos construido en Chile.

Más que una campaña científica, la misión se proyecta como una señal estratégica de largo plazo sobre la creciente articulación entre defensa, ciencia y política antártica.
El rompehielos “Almirante Viel”, considerado una de las plataformas científicas y logísticas más avanzadas de Hispanoamérica para operaciones polares, fue el eje central de esta expedición. La unidad, construida en los astilleros nacionales, está diseñada para operar en condiciones de hielo y clima extremo, permitiendo el despliegue de instrumentación oceanográfica, equipos de muestreo y laboratorios científicos embarcados.
La realización del primer CIMAR Antártico a bordo de esta nave representa la materialización de un objetivo que durante años fue parte de la planificación estratégica de la política científica y antártica del país.
Durante la ceremonia de cierre realizada en Punta Arenas, el Contraalmirante Juan Soto, Comandante en Jefe de la Tercera Zona Naval, subrayó el valor operativo y científico de la misión.

Según explicó, la expedición confirma el rol del rompehielos como principal soporte logístico de la Armada para el desarrollo de la ciencia nacional en la Antártica, permitiendo ampliar las capacidades de investigación en un territorio donde las condiciones operativas suelen ser complejas y limitantes.
Ciencia interdisciplinaria en el Estrecho de Bransfield
Las operaciones científicas se concentraron principalmente en el Estrecho de Bransfield, una zona clave para la oceanografía antártica por su dinámica ambiental, biodiversidad y relevancia para los ecosistemas del continente blanco.
A lo largo del crucero se realizaron 12 estaciones oceanográficas, en las que los equipos científicos desplegaron diversos instrumentos para recolectar muestras desde la superficie hasta el fondo marino.
Los estudios desarrollados abarcaron múltiples áreas como ecología del kril antártico, especie fundamental en la cadena alimentaria polar; análisis de masas de agua y circulación oceánica en la zona; identificación y distribución de plancton, indicador sensible del cambio climático; investigaciones geológicas, especialmente vinculadas al magmatismo submarino del sector y estudios paleobotánicos y de fósiles, orientados a reconstruir procesos ambientales pasados.
Esta aproximación interdisciplinaria fue una de las principales fortalezas del crucero. Según El Dr. Ramiro Riquelme, investigador de la Universidad de Concepción que participó en la expedición, destacó que la interacción entre distintas disciplinas científicas permite ampliar significativamente el alcance de los resultados.
De acuerdo con el académico, la colaboración entre oceanógrafos, biólogos, geólogos y especialistas en clima facilita generar conocimiento más integral, capaz de apoyar tanto el desarrollo científico como la toma de decisiones públicas.
Uno de los objetivos estratégicos del CIMAR I Antártico fue generar evidencia científica que respalde la propuesta de creación del Área Marina Protegida Dominio 1 en la región del Estrecho de Bransfield.
Este tipo de áreas protegidas se ha transformado en un instrumento fundamental para la conservación de ecosistemas marinos antárticos, especialmente en un contexto de creciente presión ambiental asociada al cambio climático y a las actividades humanas en la región.
Los datos obtenidos durante la campaña permitirán comprender con mayor precisión la dinámica ecológica del área, así como los factores que influyen en la distribución de especies clave.
La oceanógrafa Dra. Leisy Frederic, participante de la expedición, destacó la complejidad que implica obtener información científica en estas zonas remotas. Según explicó, la Antártica presenta enormes desafíos logísticos y climáticos, por lo que cada campaña científica representa una oportunidad valiosa para recopilar información que luego alimentará múltiples líneas de investigación.
Cooperación científica nacional
El crucero reunió investigadores de diversas instituciones académicas y organismos especializados del país, como la Universidad de Concepción, Universidad de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Universidad del Bío-Bío, Instituto Antártico Chileno (INACH) y el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA).
Esta articulación refleja una tendencia creciente en la investigación polar chilena: la integración de capacidades civiles y militares para potenciar el desarrollo científico en la Antártica. El Capitán de Navío Carlos Zúñiga, Director del SHOA y presidente del CONA, señaló que la concreción del crucero representa la culminación de un proyecto que comenzó a gestarse hace aproximadamente cinco años.
A su juicio, la operación demuestra que Chile posee hoy capacidades comparables a las de otras naciones con larga tradición antártica, tanto en infraestructura científica como en apoyo logístico.
Impacto estratégico para Chile
La relevancia del CIMAR I Antártico trasciende el ámbito científico. Desde una perspectiva geopolítica, la presencia sostenida en el continente blanco constituye un elemento central de la política antártica chilena. Las autoridades regionales destacaron este aspecto al término de la expedición.
El Delegado Presidencial de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, José Ruiz Pivcevic, señaló que el éxito de la misión genera orgullo nacional y demuestra el potencial científico del país.
Por su parte, el Gobernador Regional Jorge Flies destacó el rol de la Armada en la conducción de esta operación, subrayando que los resultados permitirán posicionar a Chile en la vanguardia de la investigación antártica.
Asimismo, enfatizó que existe planificación para nuevas campañas científicas en los próximos años, con apoyo del gobierno regional para fortalecer el desarrollo científico en la zona austral.
Punta Arenas: puerta científica a la Antártica
El retorno del rompehielos a Punta Arenas también refuerza el papel de la ciudad como principal hub logístico antártico de Chile.
Desde este puerto operan numerosas campañas científicas y misiones logísticas hacia las bases chilenas en el continente blanco, consolidando a la Región de Magallanes como un punto estratégico para las operaciones antárticas.
La presencia de plataformas modernas como el rompehielos “Almirante Viel” amplía significativamente las posibilidades de investigación, permitiendo realizar campañas más complejas y de mayor duración.
El éxito del primer CIMAR Antártico abre la puerta a nuevas expediciones de carácter científico en el continente blanco.
El modelo de cooperación entre universidades, instituciones científicas y la Armada podría convertirse en un estándar para futuras campañas, ampliando la capacidad de Chile para generar conocimiento en uno de los ecosistemas más sensibles del planeta.

Más allá de los resultados inmediatos, la misión marca el inicio de una nueva etapa para la investigación polar chilena: una en la que infraestructura nacional, cooperación científica y estrategia antártica convergen para fortalecer la presencia del país en el extremo sur del planeta.
En ese contexto, el rompehielos “Almirante Viel” no solo cumple una función logística, sino que se proyecta como una plataforma clave para la ciencia, la soberanía y la proyección internacional de Chile en la Antártica.
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