En el marco de la campaña militar que enfrenta a Irán contra los Estados Unidos e Israel, recientes análisis basados en imágenes satelitales indican que se habrían llevado a cabo ataques con misiles guiados los cuales habrían impactado en instalaciones que alojan radares asociados al sistema de defensa antiaérea contra misiles balísticos THAAD de Estados Unidos desplegados en Jordania y Emiratos Árabes Unidos. La información fue difundida por diversos medios internacionales, que señalaron daños en al menos un radar clave situado en la Base Aérea de Muwaffaq Salti, en Jordania, uno de los principales puntos de operación de las fuerzas estadounidenses en la región.

THAAD – EEUU – Créditos a quien corresponda

De acuerdo con las imágenes analizadas por especialistas, el radar alcanzado corresponden al modelo AN/TPY-2, un sistema de alerta temprana y seguimiento de misiles balísticos que forma parte central de la arquitectura del sistema THAAD (Terminal High Altitude Defense). Fotografías satelitales posteriores al ataques muestran cráteres de gran tamaño en las inmediaciones de la instalación, lo que sugiere que el sitio fue impactado por múltiples proyectiles durante los primer días del conflicto, iniciado a fines de febrero.

Funcionarios estadounidenses citados indicaron que el radar, valuado en aproximadamente USD 300 millones, habría quedado destruido o seriamente dañado tras el ataque. Este sistema constituye el principal sensor de las baterías THAAD desplegadas en la región, encargadas de detectar, seguir y guiar interceptores destinados a neutralizar misiles balísticos entrantes.

En paralelo, análisis de imágenes satelitales también identificaron daños en instalaciones militares ubicadas en Ruwais y Sader, en Emiratos Árabes Unidos, donde se encuentran emplazados sistemas similares de radar vinculados a la red de defensa antimisiles estadounidenses en el Golf. Sin embargo, hasta el momento no se ha confirmado oficialmente el nivel de daño sufrido por estos sistemas ni si se encontraban operativos al momento de los ataques.

THAAD: un sistema antiaéreo para la defensa regional

El THAAD hoy constituye uno de los componente más avanzados de la arquitectura de defensa antimisiles de Estados Unidos. Diseñado para interceptar misiles balísticos en la fase terminal de su trayectoria, este sistema actúa a gran altitud, fuera o en el límite superior de la atmósfera, lo que permite neutralizar amenazas antes de que alcancen sus objetivos.

Cada batería THAAD está compuesta por seis lanzadores móviles, decenas de interceptores, un radar AN/TPY-2 y un centro de mando y control, formando un sistema integrado capaz de operar en red con otras defensas antiaéreas, como los sistemas Patriot.

El radar AN/TPY-2 es considerado el “corazón” del sistema, ya que opera en banda X de alta resolución y posee un alcance estimado de hasta 1.000 a 3.000 kilómetros, permitiendo detectar y rastrear misiles balísticos con gran precisión desde grandes distancias. En ese contexto, la pérdida de uno de estos radares no solo afecta la capacidad de intercepción de una batería THAAD específica, sino que también puede generar vacíos en la red regional de alerta temprana, que protege a bases militares estadounidenses y a sus aliados en Medio Oriente.

Un recurso escaso

Otro factor que explica la relevancia del ataques es la escasa disponibilidad de esto sistemas a nivel global. Estados Unidos hoy dispone de solo ocho baterías THAAD operativas, desplegadas en distintas regiones estratégica como Corea del Sur, Guam y Medio Oriente. La destrucción o inutilización de unos de sus radares obligaría a redistribuir recursos desde otras áreas o a reforzar la defensa con sistemas alternativos, principalmente baterías Patriot equipadas con interceptores PAC-3, cuyas existencias también han sido objeto de preocupación debido al elevado ritmo de consumo en el conflicto actual.

Finalmente podría llegar a explicarse que los ataques contra los radares y centro de alerta temprana parecen responder a una estrategia iraní destinada a degradar la capacidad de detección y coordinación de los sistemas defensivos estadounidenses, en lugar de concretarse únicamente en saturar las defensas con misiles y drones. En ese sentido, el ataques contra estos sistemas refleja un nuevo capítulo dentro de la actual guerra regional, donde tanto Irán como la coalición encabezada por Estados Unidos buscan neutralizar las capacidades estratégicas del adversarios para inclinar el equilibrio del conflicto.

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