El Ejercicio Conjunto CANDU IV concluyó tras varios días de actividades de las Fuerzas Armadas en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires y la franja costera atlántica, con el Ejército Argentino como fuerza coordinadora y ejecutora, y participación de la Armada Argentina y la Fuerza Aérea Argentina. Zona Militar cubrió el ejercicio durante toda su ejecución, siguiendo en el terreno el despliegue de medios, las fases operacionales y la integración entre fuerzas. En la etapa final estuvieron presentes el ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti, el jefe del Ejército, general de división Oscar Santiago Zarich, el jefe de la Armada, vicealmirante Juan Carlos Romay, y jefes y autoridades de las unidades participantes.

El CANDU IV estuvo orientado al adiestramiento para la protección, control y recuperación de objetivos de valor estratégico mediante operaciones conjuntas e interagenciales, involucrando no solo a las Fuerzas Armadas, sino también a fuerzas federales y distintas agencias estatales. El ejercicio se desarrolló bajo un enfoque multidominio, con coordinación en dimensiones aérea, terrestre, marítima y aspectos asociados a ciberdefensa, buscando integrar capacidades diversas sobre un mismo eje operativo.
Uno de los puntos más relevantes de esta edición fue la definición de la landing station de cables submarinos en Las Toninas como objetivo de alto valor. El énfasis sobre este nodo no fue casual, la infraestructura de comunicaciones se convirtió en un componente central para la continuidad del Estado, la economía y el comando y control ante cualquier contingencia. En el marco del CANDU, este objetivo se sumó a otros que ya habían sido contemplados en ediciones anteriores, como el Complejo Nuclear Atucha, la Central Nuclear Embalse, el Centro Espacial Teófilo Tabanera, FM Río Tercero y complejos hidroeléctricos en Córdoba, dentro de una lógica que coloca a la infraestructura crítica en el centro del adiestramiento.

Contextos y detalles del despliegue en el CANDU IV
El diseño del ejercicio combinó áreas de apoyo y proyección de fuerzas, incluyendo la Guarnición Ejército Magdalena, la Base Aeronaval Punta Indio y la franja costera entre Las Toninas y Santa Teresita, donde se ejecutaron tareas específicas vinculadas con reconocimiento, inserción y consolidación de posiciones. La selección de estos puntos permitió articular despliegue terrestre con operaciones aeromóviles y aerotransportadas, y con acciones anfibias vinculadas a la preparación del terreno.
En el plano terrestre, la Guarnición Ejército Magdalena tuvo un peso operativo específico dentro del dispositivo. Allí, el Ejército Argentino desplegó vehículos blindados TAM 2C junto a distintos medios terrestres de apoyo, integrando capacidades de maniobra, control de área y sostenimiento del esfuerzo.


En paralelo, uno de los primeros movimientos visibles del ejercicio fue la proyección de medios de la Dirección de Aviación de Ejército hacia la zona de operaciones. En el despliegue se observaron tres helicópteros Bell UH-1H Huey II del Batallón de Helicópteros de Asalto 601 y un Agusta Bell AB-206 B1 del Escuadrón de Aviación de Exploración y Ataque 602, que luego serían empleados en fases de asalto, transporte y reconocimiento. El traslado y concentración de aeronaves fue parte del esquema de movilidad interzona que caracteriza a este tipo de adiestramientos conjuntos.
Sobre la franja costera, el ejercicio mostró una secuencia escalonada que combinó capacidades navales y terrestres. Por un lado, en el marco de este ejercicio conjunto, la Armada Argentina desplegó a sus unidades de operaciones especiales sobre el sector comprendido entre Las Toninas y Santa Teresita. Allí, la Agrupación de Buzos Tácticos (APBT) y la Agrupación de Comandos Anfibios (APCA) realizaron tareas de exploración, despeje de la playa con el empleo de botes, y un posterior desplazamiento hacia el Objetivo de Valor Estratégico, evaluando en detalle el terreno y posibles obstáculos para garantizar la seguridad y viabilidad de las fases posteriores, con apoyo del patrullero oceánico ARA Cordero (P-54).

Por otro lado, completada la fase de reconocimiento y preparación del terreno, el protagonismo pasó al Ejército Argentino con un asalto aéreo sobre una zona previamente reconocida. La operación contó con apoyo directo de la Aviación de Ejército y se emplearon los UH-1H Huey II para inserción mediante fast rope, mientras el AB-206 B1 evolucionó como plataforma de apoyo y reconocimiento en el área, aportando seguridad y observación a la maniobra.
Integración real, tiempos de reacción y control de objetivos estratégicos
En el componente aéreo, el CANDU IV consolidó una dinámica que ya se había visto en jornadas anteriores. En inmediaciones de la Base Aeronaval Punta Indio, se ejecutaron acciones de asalto e inserción que incluyeron lanzamientos de paracaidistas con apertura automática desde un Hércules C-130H de la Fuerza Aérea Argentina, articulando el esfuerzo del Ejército con unidades aerotransportadas y elementos de operaciones especiales. En la práctica, estas fases buscaron replicar la lógica de “abrir, insertar y consolidar”, con tiempos concretos y sobre instalaciones reales.


Además, como parte del despliegue de la Aviación del Ejército, se empleó un Cessna Grand Caravan EX, desde el cual se realizaron lanzamientos de paracaídas con apertura manual en locaciones cercanas.
En conjunto, el CANDU IV dejó una señal clara sobre el tipo de escenarios que las Fuerzas Armadas Argentinas buscan entrenar hoy, asegurar infraestructura crítica, sostener enlaces, coordinar y operar en simultáneo en más de un dominio.
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