Estados Unidos viene acelerando el desarrollo de capacidades integradas y multidominio para sostener una defensa en capas frente a lo que se considera como un escenario altamente desafiante que combina drones, misiles de crucero, amenazas balísticas y, cada vez más, vectores de alta velocidad. En el Indo-Pacífico, este impulso se vincula de manera directa con la presión que ejerce China sobre la primera y segunda cadena de islas, donde Beijing plantea doctrinas de ataque por saturación —olas sucesivas con misiles de distinto tipo— para forzar el colapso de las defensas que puedan ser desplegadas por los aliados de la región. En paralelo, el despliegue de sistemas terrestres de alcance intermedio como Typhon en ejercicios en Japón desató una reacción fuerte de China y elevó el perfil del debate estratégico regional.

En ese marco, la Armada de los Estados Unidos viene insistiendo en un problema estructural: la curva de costos de la defensa antiaérea, donde interceptar drones baratos con misiles caros puede volverse insostenible en un conflicto extendido. Una de las respuestas que el Pentágono está empujando es ampliar el abanico de soluciones de bajo costo, combinando munición de hipervelocidad, interceptores, drones interceptores y municiones guiadas lanzadas desde sistemas ya disponibles a bordo. Ese enfoque ganó visibilidad pública cuando, en una audiencia del House Armed Services Committee en junio de 2025, se detalló el trabajo acelerado para evaluar y desplegar nuevas capacidades dedicadas contra UAS en buques desplegados.

Créditos US Army

Dentro de esas pruebas, uno de los casos más relevantes fue el ensayo de los Hypervelocity Projectiles (HVP) desarrollados por BAE Systems. Según lo informado, en agosto de 2024 —durante el Composite Training Unit Exercise del USS Harry S. Truman (CVN-75)— el destructor USS Jason Dunham realizó un test de HVP como parte de una campaña de evaluación para definir cursos de acción futuros en defensa aérea y antimisil “de bajo costo”. En términos operativos, el atractivo del HVP radica en su velocidad y en la posibilidad de emplearlo desde sistemas de artillería naval ya integrados en la flota, ampliando opciones frente a amenazas aéreas sin consumir interceptores de mayor valor.

Tal como mencionamos anteriormente, una batería completa del sistema MDAC estará equipada con ocho cañones, cuatro radares multirol MFPR de alta precisión, dos radares multidominio MDBM y al menos 144 proyectiles HVP. Su diseño modular y su integración con radares avanzados permitirán neutralizar objetivos de manera eficiente, sin la necesidad de recurrir a interceptores costosos como los PAC-2, PAC-3 o los SM-6. Esta capacidad lo posiciona como una arquitectura ideal para reforzar la defensa aérea de bases, instalaciones estratégicas y concentraciones de tropa.

Crédito: BAE Systems

Importante aclarar que las campañas de test realizados a mitad de 2024 incluyeron también otros medios, como el destructor USS The Sullivans, que probó alternativas como Longbow Hellfire, Roadrunner de Anduril y Coyote de Raytheon. En el lenguaje más llano de la guerra moderna, el mensaje es sencillo: la defensa antidrone no se resuelve con una sola “bala de plata”, sino con un conjunto de soluciones escalonadas —algunas más baratas y rápidas de reponer— para sostener el ritmo de interdicción frente a ataques masivos. En la evaluación citada ante el Congreso, la US Navy destacó que estas opciones mostraron eficacia para derribar drones y otras amenazas aéreas de forma más costo-efectiva que las soluciones tradicionales como misiles.

Con un telón de fondo de esta carrera tecnológica que se posa en el Indo-Pacífico, la introducción de sistemas terrestres como el Typhon —capaz de emplear municiones como Tomahawk y SM-6— no solo agrega capacidad de fuego, sino que obliga a China a reconsiderar supuestos sobre libertad de maniobra en el primer anillo insular. De allí la dureza de las respuestas diplomáticas chinas, que enmarcan estos despliegues como amenazas a la seguridad estratégica regional.

En ese sentido, el esfuerzo estadounidense no se limita a sumar “más interceptores”, sino a continuar construyendo un esquema donde la detección rápida, el despliegue inmediato y la proliferación de defensas costo-efectivas permitan sostener el desgaste, evitar la saturación y mantener la continuidad operativa de los medios que puedan ser desplegados en un escenario de alta complejidad como lo seria el pacifico. Es un cambio de ritmo y de lógica: integrar sensores, efectos y plataformas para que la defensa no sea solo más potente, sino también más barata de sostener a lo largo del tiempo.

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