En un momento de alta sensibilidad en el Medio Oriente, una corbeta de la Flota del Báltico de la Armada de Rusia llevó a cabo ejercicios combinados con unidades de la Armada de Irán en aguas del Golfo de Omán, una zona clave en el acceso al estrecho de Ormuz y al Mar Arábigo, lugar donde se encuentra el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln (CVN-78). La información fue difundida por la agencia de noticias TASS, detallando que el buque que participó de las ejercitaciones fue la corbeta Stoikiy (545), perteneciente a la clase Steregushchiy, realizando maniobras orientadas al adiestramiento y la cooperación naval.

Si bien el comunicado no ahondó en todos los detalles operativos de la actividad, estas se engloban dentro lo que se denominada como ejercicios del tipo “Passex”, comprendiendo la realización entrenamientos en materia de comunicaciones, navegación en formación, maniobras tácticas y procedimientos vinculados a la seguridad marítima.
Uno de los aspectos más relevantes del ejercicio es el origen del buque ruso. La participación de una corbeta de la Flota del Báltico implica un despliegue de larga distancia, atravesando diversos espacios marítimos hasta alcanzar el océano Índico. No debe dejarse de lado que este tipo de rotaciones forma parte de la política rusa de presencia naval sostenida en teatros alejados de sus aguas territoriales, combinando misiones de diplomacia naval, cooperación militar y entrenamiento en escenarios operativos con aliados regionales y países amigos.
La corbeta Stoikiy (545) pertenece al Proyecto 20380 y se encuentra en servicio desde el año 2014. El buque tiene más de 100 metros de eslora, manga de 13 metros y cuenta con un desplazamiento de 2.220 toneladas. Su armamento incluye sistemas de misiles antibuque Uran y el sistema de defensa aérea Redut.
En paralelo a este despliegue, otras unidades de la Armada de Rusia han estado realizando navegaciones en el Pacífico y otras regiones estratégicas, como atestigua la presencia de corbetas de la Flota del Pacífico en dirección al Mar de Japón, tras haber completado ejercicios antisubmarinos en proximidades del arco de las islas Kuriles. En este contexto, la presencia de una unidad del Báltico en el Golfo de Omán refleja la imagen de que la Armada Rusa mantiene rotaciones activas en múltiples teatros simultáneamente.
El Golfo de Omán como escenario estratégico
El reciente ejercicio, como la visita a Irán, adquiere especial relevancia por el área en la que se desarrolló. El Golfo de Omán constituye la antesala del Estrecho de Ormuz, por donde transita una porción significativa del comercio global. En el actual contexto regional – marcado por tensiones en torno al programa nuclear iraní y el refuerzo de la presencia militar – cualquier actividad naval multinacional en estas aguas adquiere una dimensión politica y diplomática adicional.

Para Teherán, la realización de maniobras con una potencia naval como Rusia refuerza su narrativa de cooperación militar y capacidad de operar junto a socios extrarregionales. Por otro lado, para Moscú este tipo de ejercicio permite mantener visibilidad e influencia en una región donde Estados Unidos y sus aliados mantienen una presencia naval permanente.
Por último, resulta importante mencionar que esta no es la primera vez que ambos países llevan a cabo actividades en el Índico o el Golfo de Omán. En años recientes, ambos países – a veces junto a China – han llevado a cabo ejercicios navales, enfocados en seguridad marítima y lucha contra amenazas no convencionales. Uno de los últimos ejemplos que demuestra esta cercanía se dio durante el día 20 del mes de enero, en el marco del ejercicio Multinacional Will for Peace 2026, donde las Armadas de China, Rusia e Irán se unieron en Sudáfrica para desarrollar actividades navales con países miembros de BRICS+.
*Imagen de portada empleada a modo ilustrativo.
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