La reciente confirmación de la fecha oficial de retiro de los AV-8B Harrier del Cuerpo de Marines de Estados Unidos (USMC), la cual tendrá lugar el próximo mes de junio, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión de gran importancia para la aviación embarcada de ala fija de la Armada Española. Más en detalle, el futuro próximo de los AV-8B Harrier en servicio con la Novena Escuadrilla de la Flotilla de Aeronaves (FLOAN), y principal medio de combate embarcado del Buque de Proyección Estratégica Juan Carlos I (L-61), la cual, de no mediar cambios, está en camino a convertirse en la última operadora militar del mítico avión de combate de aterrizaje y despegue vertical (VTOL).

AV-8B Harrier – Armada Española

Como fuera reportado previamente, el Plan de Aviación de los Marines para 2026 confirmó el cierre de un importante capítulo de su historia, al confirmar que a principios del próximo mes de junio tendrán lugar el último vuelo de sus Harrier y la ceremonia de retiro del avión de ataque.

Según señala el documento público, y tras avanzar a paso sostenido en la transición hacia el F-35B en sus Escuadrones de Ataque de Marines (VMA), la primera semana de junio, entre el 1 y el 5 del mes, tendrán lugar las respectivas ceremonias de despedida, las cuales “… brindarán una oportunidad para que las comunidades de personal en servicio activo, retirados, contratistas y civiles celebren las contribuciones históricas de la aeronave y de los Marines.

Harrier de los Marines en el LHD USS Iwo Jima – Créditos: Mass Communication Specialist Seaman Andrew Eggert

La confirmación no deja de ser un nuevo recordatorio de la situación que atraviesa la plataforma a nivel global, donde, además de los Marines, la Marina Militar italiana y la Armada Española son los otros dos operadores militares del Harrier.

Sin embargo, para el caso de la armada italiana, esta ya ha iniciado el reemplazo de los Harrier del 1° Grupo Aéreo Embarcado, el cual supo operar desde el portaaviones Garibaldi, y actualmente con asiento en la Base Grottaglie de Taranto, hacia el F-35B, el cual ya presta servicio desde la nueva generación de buques de asalto anfibio de la fuerza. En este sentido, se espera que se mantengan en servicio hasta por lo menos el año 2030, de no mediar novedades.

Por su parte, y centrándonos en la Armada Española, al confirmar el año pasado que no se avanzará en la adquisición de cazas furtivos F-35B, única plataforma tipo VTOL capaz de reemplazar al Harrier, el presente se encuentra rodeado de un manto de dudas de cara a los venideros años.

Atentos a esta situación, desde la fuerza se están tomando medidas, en primer lugar, para garantizar la operatividad de la flota de AV-8B Harrier II Plus de la Novena Escuadrilla, tal y como adelantara el año pasado el Almirante General Antonio Piñeiro, Jefe de Estado Mayor de la Armada (AJEMA), quien confirmó que se estudian distintas alternativas, indicando que: “Cuidaremos los Harrier con un calendario que contempla llegar al año 2032”.

Por tal motivo, en primer lugar, hasta el año 2028, la Armada Española, a través de acuerdos con la Armada de Estados Unidos (US Navy), mantiene un acuerdo que garantiza el sostenimiento de las aeronaves. Inclusive, en el marco de las declaraciones formuladas por el AJEMA, se sopesa la posibilidad de adquirir aeronaves para ser empleadas como fuente y banco de repuestos.

Más allá de la situación, la próxima baja de los Harrier de los Marines vuelve a ser un recordatorio para el Ministerio de Defensa y la Armada Española de que el tiempo corre, y medidas deben ser adoptadas de manera acorde para definir un reemplazo en línea con los requerimientos de la FLOAN, a fin de no perder una capacidad crítica.

La primera opción, sin lugar a dudas, es rever la situación sobre la adquisición de cazas F-35B y avanzar en su compra para incorporar no solamente un nuevo avión VTOL, sino lo que significaría que España contaría, por primera vez en su historia, con una aeronave furtiva de quinta generación.

La segunda opción, por el contrario, es avanzar en la adquisición de aeronaves de combate de ala fija que, a falta de una plataforma acorde, ya que el Juan Carlos I no puede operarlas debido a su configuración, operen desde bases en tierra. Si bien no es la solución ideal, es la posibilidad de que la Armada siga contando con aviación de combate de ala fija.

La tercera, y la más ambiciosa, y en la línea con lo previamente mencionado, y haciéndose eco de declaraciones oficiales, es que la Armada Española posee entre sus múltiples proyectos de cara a las venideras décadas la construcción de un portaaviones de propulsión convencional, actualmente siendo objeto de estudios de factibilidad, tanto por la fuerza como por parte de Navantia como socio industrial y encargado de la potencial ejecución del proyecto.

No obstante, también existe una cuarta, la menos halagüeña, pero necesaria de contemplar, y es que, frente a la falta de decisiones políticas de envergadura, la Armada Española se encamine a dar de baja en la década de 2030 a sus Harrier sin un reemplazo acorde, recayendo sus labores en otras plataformas, como helicópteros y aviones de patrullado y vigilancia con capacidad de ataque a tierra y antisuperficie.

Lo único que queda claro es que el tiempo sigue corriendo, dejando cada vez menor espacio de maniobra a la Armada para sostener su aviación de ala fija embarcada, una capacidad crítica para ejecutar operaciones de carácter expedicionario y de apoyo tanto dentro del territorio nacional como en compromisos con aliados europeos y de la OTAN.

*Fotografías empleadas a modo de ilustración.

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