Tras varios días de especulaciones, y por medio de afirmaciones del presidente Trump, los Estados Unidos estarían en proceso de reforzar considerablemente su presencia militar en Medio Oriente en el marco de las tensiones con Irán. Así se desprende de la confirmación del próximo envío a la región del Grupo de Ataque del portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford, extendiendo así un despliegue que ya lleva más de 200 días, el cual lo llevó de operar en el Mediterráneo a convertirse en uno de los activos más importantes desplegados en el Caribe como parte de la Southern Spear, que se zanjó a principios de año con la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Esto no es un dato menor, ya que actualmente se encuentra operando en la región, junto a una importante batería de activos, el portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln, perteneciente a la clase Nimitz, junto a su Grupo de Ataque conformado por escoltas y buques de apoyo. Inclusive, en días recientes, y en un contexto de aumento de las tensiones con Irán, un caza F-35C de su Grupo Aéreo Embarcado (GAE) derribó un drone iraní que se acercó, según lo anunciado, peligrosamente al buque.
Regresando a la movilización del USS Gerald R. Ford en dirección al Medio Oriente, para operar bajo el Área de Responsabilidad del Comando Central, esto significará que dejará de hacerlo bajo el Comando Sur de los Estados Unidos, extendiendo un despliegue operacional de más de doscientos días sin regresar a su puerto base.
En este sentido, como se señaló previamente, desde mediados del año pasado el portaaviones nuclear, líder de la clase Gerald R. Ford, se encuentra desplegado en operaciones de forma continuada. A mitad de 2025 el buque y sus escoltas se encontraban operando en Europa tras zarpar desde la Estación Naval de Norfolk a finales de junio.

Posteriormente, y en el marco de la presión ejercida por Washington contra Caracas, con el despliegue de medios, personal y activos de alto perfil en el Caribe, este se sumó a la Operación Southern Spear, la cual tuvo su punto culminante el 3 de enero con la captura, en horas de la madrugada, del presidente Nicolás Maduro, en una operación militar que demostró al mundo las capacidades de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Ahora, con las negociaciones entre Estados Unidos y Venezuela en curso y con las aguas más calmas en la región del Caribe, mientras Washington también ejerce presión contra el régimen cubano, el USS Gerald R. Ford iniciaría próximamente —en una fecha aún a confirmar y con los preparativos de por medio— su despliegue en dirección al Medio Oriente.
Más allá de las reacciones a nivel internacional, diversas voces, incluidas mandos navales estadounidenses, han indicado que el despliegue extendido del portaaviones nuclear tendrá impacto tanto en términos del personal a bordo como en el exigente y necesario mantenimiento en dique seco. Es decir, en términos concretos, un mayor tiempo en alta mar en operaciones de alta complejidad requerirá, cuando ingrese efectivamente a mantenimiento, un período más prolongado de reparaciones, evaluaciones y verificaciones para su vuelta al servicio, generando además ramificaciones en la rotación que la Armada de EE.UU. realiza de sus portaaviones nucleares.

Por ejemplo, el último portaaviones en registrar un despliegue extendido de esta envergadura, el USS Eisenhower (CVN 69), ha visto extendido en más de un año y medio su período de mantenimiento y puesta a punto en la Estación Naval Norfolk. Inclusive, el presupuesto del Año Fiscal 2026 fijaba que dichos trabajos estaban proyectados para finalizar durante el pasado mes de julio, tareas que aún no han concluido.
La situación no es menor, teniendo presente que actualmente la flota de portaaviones nucleares de la Armada de los Estados Unidos se verá reducida en cantidad y disponibilidad. En detalle, debe señalarse el regreso del USS Nimitz a territorio continental para iniciar su proceso de baja y retiro del servicio, con toda la complejidad que conlleva la descarga del combustible nuclear y el desmantelamiento de su reactor.
De los restantes diez portaaviones —nueve de la clase Nimitz y el mencionado clase Ford, único de su clase hasta la entrega y entrada en operaciones del futuro USS John F. Kennedy (el cual completó sus primeras pruebas de mar)—, tres se encuentran en servicio (USS Gerald R. Ford, USS George Washington y USS Abraham Lincoln), mientras que dos están en fase de alistamiento de cara a un próximo despliegue (USS George H.W. Bush y USS Theodore Roosevelt); otros dos en condición de post despliegue (USS Carl Vinson y USS Nimitz); y cuatro en mantenimiento programado en diversas instalaciones: USS Harry S. Truman, USS Dwight D. Eisenhower, USS Ronald Reagan y USS John C. Stennis.

Lo mencionado, más allá del símbolo del poderío norteamericano que los portaaviones nucleares representan, muestra que incluso estas plataformas de proyección global, entre las más complejas y formidables creadas por el ingenio humano, tienen límites materiales y humanos, así como penalidades futuras en términos de tiempo y recursos económicos.
*Fotografías empleadas a modo de ilustración.
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