Pese a los fuertes rumores que recorren Lima, todavía sin confirmar, sobre que el Lockheed Martin F-16 sería el favorito a ser confirmado por el gobierno central como el nuevo caza multirol para la Fuerza Aérea del Perú, nada oficial se ha dicho y el Saab Gripen E sigue en competencia.
En esta recta final del proceso, la repentina y fuerte presencia del gigante industrial de aviación norteamericano en varios medios de prensa locales, donde ha resaltado las capacidades del avión, despertó mucho interés en el tema después de un largo periodo de silencio. Sin embargo, ahora la pugna parece estar centrada no solo en las avanzadas capacidades que brindará el nuevo sistema de armas a ser elegido, sino en el significado geopolítico que surgirá a partir de la millonaria adquisición.

Por un lado, tenemos al equipo que impulsa al Fighting Falcon, quien resalta precisamente eso, las ventajas de fortalecer una alianza estratégica y la apertura de nuevas oportunidades de seguridad nacional a partir de la compra a los Estados Unidos. Es verdad que el F-16 es una buena opción. Pero también es importante saber que además de eso, poco se sabe de las compensaciones industriales que acompañarían a dicha elección, en cuanto a transferencia tecnológica y desarrollo de la industria nacional para generar empleo.
En contraparte, Saab ha detallado desde hace meses cuáles son las áreas de interés nacional en las que, a partir del contrato, podría contribuir al desarrollo de proyectos estratégicos en el Perú, mediante proyectos de moderna tecnología, creación de conocimiento y generación de empleos.

Como por ejemplo, en la industria aeroespacial a través de la transferencia tecnológica en favor del SEMAN y otras empresas locales, además de poder operar en otros campos como en educación, minería, medio ambiente, salud e inclusive en seguridad ciudadana.
Uno de los aspectos que ha saltado a la arena en estas semanas es el plazo de entrega del primer ejemplar del sistema, hablándose de retrasos en el caso del proveedor sueco hacia su cliente brasileño. Sin embargo, fuentes de Saab aclaran que los plazos serían prácticamente similares, es decir de 36 meses a partir de la firma del contrato, tanto en el caso de los Gripen E/F como para los F-16 block 70.
Otro punto clave es el precio, donde el presupuesto destinado por el Estado ya está fijado en US$ 3,500 millones para dos docenas de aparatos, que en el caso del avión sueco no genera inconvenientes, en tanto en el del cazabombardero norteamericano no tanto porque resulta ser un poco más costoso.


Lo que ha quedado claro es que el número de aparatos se mantendrá en 24, que en los próximos días se dará a conocer la decisión final, y que el factor relaciones internacionales estará muy presente en la negociación.
Entre tanto, la opción francesa representada por el bimotor Rafale F4, de Dassault Aviation, parece alejarse lentamente de este dinámico escenario. Aunque en el Perú, nunca se sabe.
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