Durante mucho tiempo, este autor y otros especialistas criticábamos de forma continua la falta de capacidad ofensiva de las Fuerzas Militares de Colombia en vehículos aéreos no tripulados, la cual no era adquirida en gran parte por razones políticas y que dejaba a nuestros soldados en clara inferioridad frente a los grupos organizados ilegales que operan en zonas apartadas del país.

Sin embargo, en lo que constituye un hito y un desarrollo, aunque tardío, para el Ejército Colombiano, se desplegaron por primera vez drones de ataque en zonas conflictivas. Se trata de un pelotón integrado por cuatro aparatos, orgánico de un Batallón de Movilidad y Maniobra, que tiene por objetivo dar resultados contra estructuras criminales como las disidencias y el ELN.

Dentro de la información obtenida, se constató que se trata de drones cuadricópteros con sistema de liberación de munición explosiva desde hasta 30 metros de altura para caída vertical, siendo esta granadas de mortero de 60 mm con un radio de afectación de 15 a 20 metros. Los datos específicos de modelo, origen o sistema de liberación se mantienen como información clasificada.

Por el tamaño de los contenedores para estos drones, se puede descartar que se trate del Dron de Reconocimiento y Ataque Guiado para Operaciones Multipropósito (DRAGOM) producido por la CIAC. También se rechaza esta posibilidad porque la munición utilizada por este es de 80 mm, lo que indica que se trata de drones livianos, como los usados en la guerra de Ucrania o incluso los empleados por los mismos grupos irregulares. El sistema de liberación parece ser el mismo presentado con el Dragom, creado por INDUMIL y que fue probado.

Respecto a las granadas utilizadas, son fabricadas también por INDUMIL en varias versiones, como: IMC 60 mm inerte para práctica y entrenamiento, ofrecida con un kit de ocho elementos; Granada IMC 60 mm HE-TC; Granada IMC 60 mm HE-LA; y Granada IMC 60 mm STD-H.E., empleadas para “neutralizar fuerzas vivas dentro o fuera de cubierta, garitas, puestos de comando y para abrir brechas en campos minados”. También dentro de esta línea, la empresa estatal fabrica el mortero de 60 mm L.A., en servicio en casi todas las unidades del país, lo que facilitará la logística al emplear una misma munición.

Dentro de lo observado, se extrañó un drone de mayor capacidad que sirva para búsqueda de blancos, observación y reconocimiento, que es el eje sobre el cual se deben integrar los drones de ataque. Se espera que la doctrina evolucione en este sentido, ya que parece un despropósito la no inclusión de esta capacidad dentro del pelotón, sin observar cómo funcionan grupos similares en Ucrania o Rusia.

Sin duda, se trata de un avance, aunque tímido y algo irracional, ya que no se adquiere el Dragom, pero que por primera vez brinda capacidades tecnológicas hasta ahora desconocidas. Ojalá no quede en un proyecto limitado a una única compañía, sino que se convierta en un modelo a desarrollar y mejorar con nuevas tácticas y equipos.

*Fotografías empleadas a modo de ilustración.

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Cesar Fernando Cepeda Bernal
Abogado egresado de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, especializado en Derecho Comercial, nacido en Tunja Boyacá Colombia. Estudioso de la temas militares enfocándose en las fuerzas armadas de Latinoamérica y en especial de su país. Ha publicado artículos en Las Dos Orillas sobre temas de defensa.

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