Días atrás, el Ministerio de Defensa neerlandés confirmó que cuatro cazas furtivos de quinta generación F-35A de la Real Fuerza Aérea de Países Bajos realizaron nuevos ejercicios orientados a operar desde aeropuerto civiles frente a un eventual escenario de guerra, una capacidad clave para garantizar la realización y continuidad de las operaciones aéreas en contextos de alta intensidad. Las maniobras se desarrollan desde el aeropuerto internacional de Schiphol, uno de los principales hubs civiles de Europa, en el marco de los planes de defensa nacional y de la OTAN.

El ejercicio militar, designado como “Avatar“, buscó evaluar la capacidad de los F-35A de la Real Fuerza Aérea para desplegarse rápidamente desde infraestructuras no militares, operar con apoyo logísticos reducido y volver a estar en condiciones de combate en plazos acotados. Este tipo de entrenamiento cobra especial relevancia ante la posibilidad de que las bases aéreas tradicionales sean degradadas o atacadas durante un conflicto, obligando a disparar los medios aéreos disponibles.
Durante las maniobras en Schiphol, los cazas realizaron operaciones de aterrizaje, reabastecimiento, inspecciones técnicas y despegue, coordinando estrechamente con autoridades civiles del aeropuerto. El ejercicio también puso a prueba la capacidad de integrar personal militar y civil en un entorno altamente regulado, sin interferir de manera significativa con las aeronaves comerciales.


Con motivo de la realización del ejercicio, y su importancia para las Fuerzas Armadas neerlandesas, este contó con la visita del rey Guillermo Alejandro al aeropuerto donde se estaban ejecutando las operaciones, donde “… dialogó con los controladores aéreos sobre la cooperación segura entre la aviación civil y militar. También recibió explicaciones sobre la compleja coordinación entre el Ministerio de Defensa, Schiphol, Luchtverkeersleiding Nederland (control del tráfico aéreo neerlandés), la Real Policía Militar y otros socios“, según señalaron desde la cartera de defensa de Países Bajos.
Por otro lado, es importante mencionar que desde un punto doctrinario, está práctica se inscribe dentro del concepto de operaciones distribuidas, promovido por la OTAN y varias fuerzas aéreas europeas, que apunta a reducir la vulnerabilidad de los activos de alto valor mediante su dispersión y movilidad. En el caso del F-35A, se trata además de comprobar que una aeronave altamente sofisticada y dependiente de sistemas avanzados pueda operar de manera eficaz fuera de bases específicamente preparadas.
Países Bajos no es el único miembro de la Alianza Atlántica que viene avanzando en este tipo de capacidades. En los últimos años, otras fuerzas aéreas europeas también han realizado ejercicios similares. Un caso destacado es el de Dinamarca, cuyos F-35A ya han operado desde aeropuertos civiles como parte de entrenamientos destinados a reforzar la resiliencia de su poder aéreo frente a escenarios de crisis.
Por último no debe dejarse de lado que este hecho refleja la tendencia cada vez más marcada entre las fuerzas aéreas europeas, especialmente aquellas que incorporaron cazas de quinta generaciós, de adaptar su doctrina y su infraestructura a escenarios de guerra de alta intensidad.
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