A menos de cumplirse un mes de este 2026, la política exterior estadounidense ha dado grandes y sobradas muestras de su intención y capacidad para actuar de forma tal que el recuerdo de la conocida Doctrina Monroe vuelva a la escena, un hemisferio occidental controlado por Washington en aras de garantizar su seguridad ante la aparición de nuevos competidores geopolíticos. El caso de la operación Absolute Resolve llevada a cabo días atrás en Venezuela es la muestra más reciente de ello, con un despliegue imponente de medios navales y aéreos que brindaron el marco propicio para que grupos de operaciones especiales capturaran con impecable accionar al dictador Nicolás Maduro para su traslado a cortes estadounidenses, aún con diversos planteos desde el derecho internacional que minarían la decisión en el papel. 

Operaciones estadounidenses sobre Caracas
Una de las imágenes que muestran el operativo estadounidense para capturar a Nicolás Maduro en Caracas

Juicios morales y posiciones políticas aparte, lo cierto es que se denota un cambio de enfoque sobre la relevancia que se le dará a estas normas, en detrimento de ellas y en favor de postulados más propios de la Escuela Realista de las relaciones internacionales. La proyección de intereses nacionales como objeto central, haciendo uso de una combinación entre fuerza militar y poderío económico para la concreción de objetivos, ámbitos donde Estados Unidos goza de una posición privilegiada.

Groenlandia parece ahora el siguiente paso a dar para la administración republicana liderada por el presidente Donald Trump. Una vasta isla ártica con baja densidad poblacional y situada bajo la órbita de Dinamarca, en principio un aliado europeo fiable para los EE.UU., pero que destaca por su posición geográfica estratégica para el control del tráfico marítimo; sumado al potencial para actividades de extracción de importantes recursos naturales altamente codiciados por Washington.

F-35 y F-16 estadounidenses en Groenlandia
Cazas F-16 y F-35 estadounidenses sobrevolando Groenlandia

Sin embargo, ante lo que es una avalancha de información a causa de acusaciones cruzadas entre el citado mandatario y sus contrapartes europeas, con las que mantiene tensas relaciones, suelen perderse las grandes cuestiones de fondo que se observan ante este escenario. A continuación, me gustaría proponerle al lector una breve guía práctica para abordarlas, tanto para informar a aquellos no familiarizados con la cuestión como así también para despertar debate entre aquellos que sí lo están. 

La isla vista desde su valor geográfico y estratégico

Como muchos de ustedes sabrán, Groenlandia es considerada como la isla más grande del mundo, con más de 2.1 millones de kilómetros cuadrados de superficie conformando su territorio. Como tal, está posicionada en el Atlántico Norte separando al continente americano del europeo, específicamente situándose a tan sólo unos 32 kilómetros en su punto más cercano de Canadá y a unos 302 kilómetros de Islandia siguiendo la misma metodología. 

Un mapa ilustrativo de la Brecha GIUK
Un mapa ilustrativo de la Brecha GIUK

No se trata de un hecho menor, en tanto esto la coloca como uno de los tres eslabones que componen lo que conocemos como “Brecha GIUK”, compuesta también por la propia Islandia y el Reino Unido. Hablamos de un cuello de botella clave para las rutas marítimas de la región a nivel militar, sobrando ejemplos durante ambas Guerras Mundiales para dar cuenta de su importancia como nexo entre las naciones aliadas que compartían suministros entre sí.

Durante la Guerra Fría, fue a su vez un punto clave para despliegues avanzados de Washington (con acuerdos mediante) que tenían la misión de vigilar potenciales incursiones submarinas por parte de la Armada Soviética o posibles lanzamientos de misiles balísticos para brindar alertas tempranas a las defensas en el continente, conformándose así como una suerte de barrera de contención estratégica de vital importancia. Con una creciente actividad naval rusa en la región, y el temor de que China siga pasos similares, a fechas actuales es un rol que vuelve a tener sin lugar a dudas.

Una fragata británica escoltando a un submarino ruso en el Atlántico
La fragata británica HMS Iron Duke siguiendo a un submarino ruso clase Kilo

Por otra parte, pensando de cara al futuro y considerando los importantes efectos del calentamiento global en el hielo Ártico, la zona también se conformará como un punto de control clave para el Paso del Noroeste (NWP) y la Ruta Marítima Septentrional (NSR). Se trata, según coinciden los analistas, de rutas que obligarán a repensar el comercio marítimo tal y como está concebido hoy en día; y por consiguiente también las estructuras militares destinadas a brindarles seguridad a los buques que las recorran. 

En materia de recursos, Groenlandia es también un importante punto para la extracción de minerales críticos, cuya posesión en la actualidad es una de las principales bazas de China como rival geopolítico de los EE.UU. Acorde a reportes previos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicados en 2023, esto se traduce en la posesión de 25 materias primas clave de un listado compuesto por 34 asociadas a la transición energética y la industria electrónica, por mencionar algunos ejemplos. Siguiendo esta misma fuente, estaríamos hablando de más de 36 millones de toneladas de aluminio, cobre y otros tipos de tierras raras. Resulta importante mencionar, sin embargo, que actualmente la actividad minera sólo puede darse durante seis meses al año dados los factores climáticos de la isla. 

Efectivos daneses de la Patrulla Sirius en Groenlandia
Efectivos daneses de la Patrulla Sirius en Groenlandia

Dinamarca y su presencia en la isla

Durante las últimas décadas, Groenlandia no ha dejado de ser un territorio considerado periférico por Copenhague, poblado tan sólo por unas 57.000 personas según los últimos datos disponibles. Se trata, como hemos mencionado, de un territorio que forma parte del Reino de Dinamarca desde la promulgación de la Constitución del año 1953; al cuál se encuentra vinculado en una relación denominada Rigsfællesskabet (traducible a Mancomunidad de la Corona). Claro existen vínculos remontables incluso a siglos atrás, con la llegada de navegantes principalmente noruegos y daneses, siendo uno de los más destacables aquel conocido como Erik el Rojo.

Sin embargo, es a su vez un territorio que goza de autonomía desde el año 1979, adquiriendo desde entonces un creciente número de competencias para su gobierno local, incluyendo entre otras cosas las posibilidades de alzar su voz en contra de las intenciones de Trump para integrarlos a su país a través de una compra del territorio o por la fuerza. La protección militar, no obstante, depende principalmente de las Fuerzas Armadas danesas y sus aliados en el marco de la OTAN.

La Base Espacial Pituffik -Groenlandia
La Base Espacial Pituffik situada en Groenlandia

Siguiendo esa línea, ha de mencionarse que Dinamarca mantiene un despliegue de tropas en el territorio insular, aunque de manera limitada e insuficiente al entender de Washington para lidiar con amenazas de gran calibre. Muestra de ello reside en el hecho de que la fuerza principal dispuesta para la labor es la llamada Patrulla Sirius, una unidad especial que como medio de transporte aún emplea trineos impulsados por perros. La alternativa a ello, es irónicamente una base estadounidense (Pituffik), donde se aloja a un centenar de soldados y podría llegar a servir como facilitador de cualquier intento militar por parte de Washington para hacerse con la isla.

Conscientes de esta situación, las autoridades en Copenhague ya han dado a conocer en enero del 2025 que tenían prevista la realización de obras en el aeropuerto de Kangerlussuaq, una antigua base militar estadounidense donde se espera poder desplegar un reducido número de cazas F-35 de la Real Fuerza Aérea danesa. Más allá, sólo se contaría con un avión de vigilancia del tipo Challenger y cuatro anticuados buques de patrulla que no representan una capacidad de disuasión real, aún cuando las tropas danesas decidan resistir honorablemente.

Un caza F-35 de la Real Fuerza Aérea de Dinamarca
Un caza F-35 de la Real Fuerza Aérea de Dinamarca

Algunos posibles escenarios de cara al futuro

Realizado ya el breve planteo sobre el motivo por el cuál la presidencia de Trump buscaría hacerse con Groenlandia, resulta interesante también plantearse de cara al futuro, ¿cuáles son las posibilidades analizadas por la Casa Blanca en la actualidad? Al humilde entender de quién escribe estas palabras, existen tres caminos factibles, cada uno con sus fortalezas y limitaciones; abarcando lo militar, financiero y político. 

La primera de ellas, quizá la más improbable a pesar de las reiteradas declaraciones del mandatario estadounidense respecto de ser una opción que está sobre la mesa, es la intervención militar. Mi apreciación en este sentido, no apunta a negar las excesivas capacidades materiales con las que contaría Washington para lograrlo, en cantidad, calidad e incluso al contar con instalaciones ya establecidas en la isla para facilitar cualquier operación; sería un avance abrumador y eso resulta indiscutible. La pregunta clave para todo cálculo de coste-beneficio, reside más bien en si Washington estaría finalmente dispuesto a destruir a la OTAN por completo. Aún teniendo en cuenta las diferencias existentes con múltiples socios de la Alianza, ello no parece viable, ni deseable. 

El presidente Trump junto a su secretario de Defensa y a su secretario de Estado
El presidente Trump junto a los secretarios Hegseth y Rubio durante una cumbre de la OTAN

Más aún, ¿qué diría un Congreso estadounidense al respecto en momentos que ya ha dado señales de oposición a las políticas del ejecutivo tras completarse las operaciones en Venezuela que derivaron en la captura de Maduro? Y si bien podría argumentarse que poco le importaría a Trump dicho obstáculo, lo cierto es que la ley de su país lo obliga a obtener el visto bueno del legislativo para cualquier ocupación prolongada por más de 60 días. Pasar por encima de ello, sería además abrir un frente interno dentro de los EE.UU., y que en principio uno no estima que puede resolverse con armas. 

Pensando en la potencial compra del territorio, estaríamos ante una alternativa más amigable desde el ámbito político y económico, aún con arcas estadounidenses marcadas por altos niveles de deuda; sin que siquiera exista sin embargo un monto estimado de cuánto podría costar ello. Los obstáculos, no obstante, yacen en la ya declarada negativa para avanzar en un acuerdo de este tipo por parte de Dinamarca, ni tampoco habría apoyo en los demás líderes del Viejo Continente. 

Por otra parte, es menester considerar que cualquier tipo de tratado de esta índole debería contar con la aprobación de los habitantes locales, cuyo gobierno hemos mencionado que goza de autonomía con el visto bueno de Copenhague. Este punto tampoco resultaría muy prometedor para Trump, con encuestas realizadas en 2025 que señalan una oposición por parte de la ciudadanía que se alza hasta un 85% y pocas opciones para revertirlo, siendo la independencia completa uno de los temas más escuchados en los debates groenlandeses.  

Una tercera vía, planteada por analistas internacionales y que encuentro digna de debate, yace en la posibilidad de que desde EE.UU. se busque realizar una jugada diplomática arriesgada que ponga presión sobre Europa en su conjunto. Los aranceles son uno de los puntos de presión posibles, pero también la ayuda militar que el país brinda a Ucrania para resistir la invasión rusa, al igual que el paraguas de protección que aún se sostiene como la mejor opción del continente para evitar ser arrastrado a conflictos similares. Se trataría de un chantaje, al que sin embargo el mandatario de origen neoyorquino no parece rehuir, consciente en apariencia de su posición dominante. 

HDMS Hvidbjornen - Groenlandia
La fragata danesa HDMS Hvidbjornen en Nuuk, Groenlandia

¿Y qué lugar queda para los líderes europeos?

Las reacciones de los principales líderes de Europa con el pasar del tiempo y las declaraciones de Trump han sido diversas, existiendo quienes promulgan un enfoque más firme para oponerse y también aquellos que se buscan colocar en una posición más distendida. Como parte del primer grupo, podemos identificar a los mandatarios de Alemania y Francia, quiénes ya han lanzado acusaciones contra los Estados Unidos por intentar “romper con las reglas internacionales” y establecer una estructura donde predominan los más poderosos cuál “antro de ladrones”.

En Italia, por otra parte, la primera ministra Giorgia Meloni buscó calmar las aguas afirmando: “Hablemos de geopolítica: busco las luces más que las sombras de la relación italiana con los socios europeos y atlánticos (…) Creo que el mensaje de Estados Unidos es que no aceptará interferencia alguna por parte de terceros en la zona, y este es un asunto que también nos incumbe.” Agregó posteriormente que su país ya se encontraba trabajando en una estrategia que aborde las preocupaciones de seguridad estadounidenses, colocando la cuestión como un asunto prioritario a debatir en espacios de la OTAN.

Líderes europeos reunidos en París - febrero 2025
Líderes europeos reunidos en París durante el mes de febrero del 2025

Lo cierto parece ser, apostándole tanto a un alejamiento de Washington o a un camino de mayor cooperación, que Europa está frente a la necesidad de ampliar sus propias capacidades militares y favoreciendo en el proceso a sus actores industriales locales para ganar más margen de maniobra. En este sentido, el plan ReArmar Europa anunciado el año pasado es un buen primer paso, pero que debe ser sostenido en el tiempo e idealmente ampliado para tornarse creíble. Sólo el tiempo podrá revelarnos si se trata de una posibilidad real o de sueños utópicos.

*Imágenes empleadas a modo ilustrativo

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Joel Luchetta
Joel Francisco Luchetta - Redactor en Zona Militar - Escribo sobre diversos temas de defensa, especialmente sobre aquellos relacionados a Europa. Email de contacto: joel.luchetta6@gmail.com

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