El 17 de mayo de 1814 la incipiente escuadra nacional, al mando del Almirante Guillermo Brown, salió victoriosa del combate contra la mucho más poderosa y experimentada flota realista con asiento en el puerto de Montevideo.

La hazaña lograda por Brown es admirable en todo sentido, no solo desde el punto de vista de sus cualidades personales y profesionales como hombre y marino, sino también por su indeclinable determinación de defender a su Patria adoptiva, ya que el jefe de nuestra escuadra había nacido en Irlanda.

Cualquier analista militar -de la época y de hoy- hubiera dado por sentado que, teniendo en cuenta la cantidad y poder de fuego de los buques y la experiencia como navegantes y combatientes de las tripulaciones que se enfrentaron en el combate naval de Montevideo, el resultado sería una victoria española.

Solo el conocimiento detallado del teatro de operaciones, una acertada estrategia y el liderazgo del Almirante Brown pudieron torcer la balanza en beneficio de la escuadra criolla.

Por lo expuesto, cada 17 de mayo se conmemora el Día de la Armada de la República Argentina (ARA).

La Argentina y nuestro mar

Siendo el octavo país con mayor superficie terrestre del mundo, casi 3,8 millones de kilómetros cuadrados (Km2), de los cuales un 25% corresponden al Sector Antártico Argentino; la República Argentina cuenta con unos 5.000 Km lineales de costas en el Atlántico Sur, territorios insulares situados a distancias de entre 650 y 2.000 Km desde Río Gallegos (Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur) y una Plataforma Continental de casi 6,5 millones de Km2.

La Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA) en el Atlántico Sur  presenta una enorme biodiversidad que genera ingresos anuales de casi 2.000 millones de dólares solo en concepto de pesca, a lo que hay que sumar los beneficios producidos por la actividad petrolera, turística y deportiva que se genera en nuestro mar y zonas costeras.

Por último, pero no menor importante, la Organización Marítima Internacional (OMI) suscribió un convenio con nuestro país por el cual nos asigna la salvaguarda de la vida humana en el mar y la preservación del ambiente marino en un área de casi 16,2 millones de Km2 del Atlántico Sur.

La libertad de navegación desde y hacia nuestros puertos implica asegurar el intercambio comercial (importaciones y exportaciones); el traslado de personas y mercaderías; brindar el soporte logístico a nuestras bases antárticas; realizar las tareas de investigación y conservación de nuestros recursos naturales renovables y no renovables (flora y fauna marina, petróleo, gas, nódulos polimetálicos, etc.) en las aguas jurisdiccionales, el lecho y subsuelo marino; entre otros, son fundamentales para el desarrollo de nuestro país y el pleno ejercicio de la soberanía e independencia nacional.

Por lo expuesto, tanto los grandes ríos como el Paraná y Paraguay en la región mesopotámica (el noreste argentino) como así también el litoral atlántico en los sectores continentales americano y antártico correspondientes a nuestro país, exigen la formulación e implementación de una verdadera “Política de Estado de la Dimensión Marítima, Insular y Bicontinental de la República Argentina”.

Ahora bien, qué implica lo expresado precedentemente y cómo el Estado viene abordando esta temática en los últimos años?

En la última década los sucesivos gobiernos han realizado diversas iniciativas con relación a procurar el establecimiento de una “conciencia gubernamental y social” relativa a los intereses vitales y estratégicos de nuestro país con relación al Atlántico Sur y la Antártida Argentina.

En ese sentido, a modo de ejemplo de avances concretos podemos citar:

  • La ampliación de nuestra Plataforma Continental hasta las 350 millas náuticas desde las líneas de base, aceptada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que representa 1.782.000 Km2 más que se suman a los espacios marítimos de jurisdicción argentina.
  • La implementación de la iniciativa interministerial denominada “Pampa Azul” (encabezada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación y en la cual cooperan los Ministerios de Defensa, de Seguridad, de Ambiente, etc.).
  • La incorporación de buques y sensores especiales para investigación oceanográfica.
  • La asignación presupuestaria para iniciar las obras de reforma y ampliación de la Base Antártica Conjunta Petrel, previendo que la misma disponga de pista de aterrizaje, torre de control, hangares y muelle apto para buques de gran porte.
  • El inicio de la construcción de la Base Naval Integrada Ushuaia y el Polo Logístico Antártico en esta misma ciudad.
  • La recuperación y modernización integral del Rompehielos ARA “Almirante Irízar” (RHAI) de la Armada Argentina.
  • La firma del contrato con el astillero finlandés Aker para la construcción en el Astillero TANDANOR de un buque polar que complemente la capacidad logística del RHAI.
  • La incorporación de cuatro patrulleros oceánicos con la tecnología más avanzada para que la Armada Argentina controle el Mar Argentino.
  • La creación del Comando Conjunto Marítimo en la órbita del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.
  • La explicitación, en la última Directiva de Política de Defensa Nacional, de la necesidad de contar, a corto plazo, de un Sistema Integrado de Vigilancia y Control de los Espacios Marítimos (SINVYCEM).
  • El lanzamiento y operación de dos Satélites Argentinos de Observación con Microondas (SAOCOM 1A y 1B) en 2018 y 2020.
  • El desarrollo de la misión SABIA-Mar en conjunto con Brasil que implica el lanzamiento en 2023 de dos satélites para el estudio del Atlántico Sur y el control de la actividad pesquera.

Como se aprecia, en los últimos años el Estado nacional ha comenzado a prestar más atención a la importancia que tiene el mar para nuestro país.

Sin embargo, resulta claro que aún queda mucho por hacer, que se han desperdiciado muchos años -por no decir década- por falta de decisión política, por escaso diálogo y consenso entre gobierno y oposición en temas que hacen al interés común de todos los argentinos, independientemente de cuál sea la ideología más afín cada ciudadano.

Esto explica cómo se ha llegado al actual estado de deterioro de las capacidades militares de la Armada Argentina, institución que debería contar con más personal, mejor adiestrado y medios de superficie, submarinos, aeronavales y de infantería de marina en mayor cantidad y tecnología actual.

¿Qué rol tiene la Armada?

En tiempos de paz, la Armada Argentina tiene como misión primaria: «Alistar, adiestrar y sostener los medios del Poder Naval de la Nación a fin de contribuir a garantizar su eficaz y eficiente empleo en el marco del accionar conjunto».

Con respecto a “Poder Naval” debemos aclarar que el mismo está integrado por cuatro componentes principales, a saber:

  • Flota de Mar (corbetas, destructores, avisos, buques de transporte, etc.);
  • Aviación Naval (aviones y helicópteros, con base en tierra y embarcados);
  • Fuerza de Submarinos (que desde la pérdida del Submarino ARA “San Juan” y sus 44 tripulantes a fines de 2017 carece de al menos una unidad operativa)
  • Infantería de Marina (tropas especializadas en asalto anfibio, combate en zonas de costa y ríos, etc.)

Además, la Armada Argentina contribuye a vigilar y controlar los espacios marítimos de jurisdicción e interés nacional; preservar y fomentar los intereses vitales y estratégicos de la nación; salvaguardar la vida humana en el mar dentro del área de responsabilidad asignada por la OMI (casi 16 millones de kilómetros cuadrados); colaborar en el control de la pesca dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina; apoyar al Servicio Hidrográfico Nacional en las responsabilidades de cartografía, mareas, etc.; el sostenimiento logístico de las bases antárticas argentinas y de países amigos; etc.

Por otro lado, en caso de conflicto armado el rol de la Armada Argentina es más que relevante dado que es la Fuerza que permite detectar, identificar y repeler una eventual agresión a la mayor distancia posible de nuestro territorio.

Hace cuatro décadas, recuperamos nuestras islas gracias a que la Armada Argentina tenía una Fuerza de Infantería de Marina correctamente equipada y adiestrada; contábamos con un buque de desembarco anfibio, embarcaciones y vehículos -a rueda y oruga- para realizar el movimiento de tropas buque a costa; teníamos un portaaviones con su Grupo Aeronaval Embarcado conformado por aviones a reacción de caza y ataque, aeronaves de ala fija y rotativa para exploración y lucha antisubmarina; poseíamos modernos destructores con misiles antiaéreos para defensa de área que brindaban cobertura a los demás buques ante un ataque aeronaval enemigo; había buques militares y mercantes que podían brindar suficiente apoyo logístico y reabastecimiento de insumos, agua, combustible, etc., en altamar; teníamos cuatro submarinos, dos de los cuales eran de los más avanzados para la época; teníamos misiles, torpedos y municiones de los más modernos…

La Armada (que necesita) Argentina

Hemos enumerado algunos de los fundamentos geográficos, económicos y estratégicos por los cuales nuestro país debería incrementar sustancialmente el despliegue, personal y medios de la Armada Argentina para vigilar y controlar (de hecho y no declamativamente) los espacios marítimos argentinos.

Además, la persistencia ilegítima de una fortaleza militar británica a en nuestras islas Malvinas así como su eventual proyección hacia la Antártida aconsejan la necesidad de potenciar las capacidades operacionales de la Armada Argentina a fin de lograr el pleno ejercicio de nuestra soberanía en el Atlántico Sur.

Una verdadera “Política de Estado de la Dimensión Marítima, Insular y Bicontinental de la República Argentina” debería contemplar los siguientes aspectos en lo que hace específicamente a la Armada Argentina:

  1. Redespliegue geográfico de las Unidades de Combate de la Armada con núcleo en el área costera entre Comodoro Rivadavia y Ushuaia, con un apéndice logístico-científico en la Base Antártica Conjunta Petrel.
  2. Incrementar el presupuesto para adiestramiento hasta lograr, mínimamente, un nivel aceptable que reduzca el riesgo operacional, personal y patrimonial, además de lograr un adecuado grado de preparación para la acción militar conjunta y combinada.
  3. Implementar el Sistema Integrado de Vigilancia y Control de los Espacios Marítimos (SINVYCEM) conformado por sensores (radares costeros, satélites, cámaras, etc.); buques, submarinos, aeronaves (tripuladas y no tripuladas de largo alcance) y tropas de infantería de marina que realicen patrullados costeros, fluviales, etc.
  4. Recuperar y potenciar -a la mayor brevedad- las capacidades de, primero, la Aviación Naval (especialmente en lo que hace vigilancia, exploración, ataque y lucha antisubmarina); como segunda prioridad, reequipar la Fuerza de Submarinos, incorporando -al menos- tres submarinos oceánicos (idealmente seis, a distribuir entre Mar del Plata y una base patagónica) con sus sistemas de armas (torpedos, misiles antibuque, minas, etc.).; en tercer, lugar modernizar en astilleros locales los Destructores y Corbetas (clases MEKO-360 y 140, respectivamente) de la Flota de Mar, dotándolos de nuevos sistemas de armas y sensores[1] acordes a sus funciones, dos buques de desembarco anfibio y tres transportes roll on/roll off para asegurar la conectividad entre el territorio continental y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur; por último, incrementar la cantidad de Batallones de Infantería de Marina (BIM) y completar sus cuadros de organización en personal y armamento, de manera tal de contar con más BIM en la zona de influencia de la Hidrovía Paraná-Paraguay y en el litoral marítimo entre Comodoro Rivadavia y Río Gallegos.
  5. Potenciar el entramado público y privado del sector científico-tecnológico y productivo del sector Naval y de Defensa, con programas plurianuales que contemplen los requerimientos de modernización, sustitución y desarrollo de plataformas, sistemas de armas y sensores para la Armada Argentina.

Conclusiones

Si bien la incorporación de cuatro modernos Patrulleros Oceánicos es bienvenida y fortalece una tarea subsidiaria de la Armada, la realidad demuestra que hubiera sido más acertado asignar esa inversión -casi 320 millones de euros- a incorporar aviones de exploración y lucha antisubmarina, helicópteros y drones; modernizar[2] los dos submarinos TR-1700 que tenía en servicio la Armada en esa época; actualizar los sensores y sistemas de armas de los Destructores y Corbetas (MEKO-360 y 140, respectivamente) de la Flota de Mar; adquirir o construir al menos un buque de desembarco anfibio; etc.

Ni siquiera las lecciones aprendidas durante el conflicto por la recuperación de nuestras Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur aquel histórico 2 de abril de 1982 sirvieron para que la dirigencia política argentina -de todos los partidos- comprenda la necesidad de tener una Armada dotada con medios modernos, alistados y adiestrados para defender nuestra soberanía.

La Armada Argentina tenía más y mejores medios y adiestramiento en 1982 que hoy, pero carecía -al igual que el Ejército Argentino (EA) y la Fuerza Aérea Argentina (FAA)- de dos factores claves para el éxito de cualquier misión militar: liderazgo y conjuntez desde las máximas autoridades.

Solo el compromiso y patriotismo de los hombres y mujeres, civiles y militares, que integran la Armada Argentina, ha permitido que esta fuerza se mantenga viva y esperanzada en un mejor porvenir que, de la mano de un mayor presupuesto, permita cumplir la misión primaria y las tareas subsidiarias que la Constitución Nacional y el marco normativo vigente le asignan.

La sanción de la Ley que creó el Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF) durante el año pasado es una señal positiva para las Fuerzas Armadas, lo mismo que el blanqueo de los salarios y el reciente anuncio que hizo el Ministro de Defensa en relación a que se va elevar la escala salarial castrense en orden a lograr un mayor reconocimiento a los integrantes de nuestras FFAA.

Al igual que en 1814, el valor de nuestra Armada no está en la cantidad y potencia de fuego de sus buques, sino en el profesionalismo y compromiso de sus hombres y mujeres para cumplir con su deber.

Feliz Día de la Armada a la valiente muchachada que la integra y un eterno reconocimiento a nuestros 44 náufragos del ARA “San Juan”, a sus Caídos y Veteranos de la Guerra de Malvinas. Ellos siguen siendo el faro de los marinos argentinos!!


[1] La empresa estatal INVAP está en condiciones de proveer radares de navegación, vigilancia y control tiro; sonares de casco, remolcados y calables; sistemas de comando y control; etc. Asimismo, PYMEs locales como FIXVIEW podrían proveer sistemas electroópticos y estaciones remotas de armas.

[2] La supuesta “media vida” del ARA “Santa Cruz” en el Arsenal de Marina de Río de Janeiro y la de su gemelo ARA “San Juan” no fueron tales, solo se sustituyeron los motores, generadores, baterías, etc., por los mismos que se habían comprado en la década de 1970 para los cuatro submarinos TR-1700 que se iban a construir en nuestro país.

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6 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo. Sin desperdicios de la primera hasta la última palabra.
    Agregaría la relevancia que ha tenido en las carencias de capacidades navales indispensables actuales, la política de Estado de las últimas cuatro décadas de disminución progresiva y sistemática del presupuesto de Defensa medido como porcentaje del Producto Bruto Interno, lo que representa la irresponsable disminución del esfuerzo nacional para mitigar el 90% de riesgo en los intereses vitales y estratégicos reconocido por el gobierno ya en el 2011

  2. Totalmente de acuerdo sobre lo que se expresan en éste artículo. La unidad naval es el arma más completa en todas las FFAA del mundo teniendo en cuenta que despliega por mar, por aire y tierra y debe estar equipada con los elementos más actualizados que tenga a su disposición. La necesidad imperiosa de nuestro país de tener una Armada que pueda custodiar la amplia superficie marítima es tan inpostergable como tantas otras necesidades.
    Habría que hacer una investigación para determinar cuanto nos proporciona nuestro Mar Argentino y saber cuánto debemos invertir para custodiarlo.

  3. Coincido con los comentarios de Eduardo Ganeau, muy particularmente cuando expresa °….la relevancia que ha tenido en las carencias de capacidades navales indispensables actuales, la política de Estado de las últimas cuatro décadas de disminución progresiva y sistemática del presupuesto de Defensa medido como porcentaje del Producto Bruto Interno, lo que representa la irresponsable disminución del esfuerzo nacional para mitigar el 90% de riesgo en los intereses vitales y estratégicos reconocido por el gobierno ya en el 2011°. Lo mismo puede expresarse respecto a las carencias de capacidades operativas de la FAA.

  4. los acuerdos de madrid firmados en 1990 y aceptados por toda la clase politica tradicional, ponen a la armada argentina bajo monitoreo permanente de gran bretaña, a eso sumenle que esa misma clase politica coinicide en que no hay hipotesis de conflicto con nadie, no se ve como es que van a aumentar el prespuesto de la armada.

  5. Ya hace 10 años se proyectaba la actualización de los destructores Meko 360, sus sistemas de radar y sus misiles…pero…nada…

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