Con el juego diplomático aún abierto, las tensiones militares entre Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña iban escalando en paralelo con el paso de los días, ya que el desplazamiento de la flota británica obligaba a reforzar el dispositivo defensivo en las Islas Malvinas y Georgias del Sur. La presencia de la Task Force 317 en aguas del Atlántico Sur ya no resultaba desconocida, sin embargo las FFAA argentinas habían planteado el requerimiento de establecer la posición precisa del núcleo de la Fuerza de Tarea británica.

Con esta idea en mente, se tomaron las medidas necesarias para avanzar en la planificación de una misión de Exploración y Reconocimiento Lejano, tarea que estaría a cargo de la Escuadrilla Boeing 707 del Escuadrón II, Grupo 1 de Transporte perteneciente a la I Brigada Aérea. Por aquel entonces, la Fuerza Aérea Argentina contaba con dos B-707, el TC-91 y el TC-92, aeronaves incorporadas a la Fuerza en los últimos años de la década del setenta.

Con la planificación en marcha, el 20 de abril se realizó una reunión previa al vuelo a los fines de abordar los diversos aspectos de una misión que resultaban ajenos a la unidad encargada de realizar vuelos de transporte, casi sin experiencia en tareas de exploración marítima lejana. Vale recordar que los B-707 tampoco contaban con sensores o sistemas específicos para misiones de exploración, con la excepción de un radar meteorológico Bendix RDR, modelo lejos del ideal para detección de blancos en superficie. Pese a estas limitaciones, se avanzó positivamente en la factibilidad y coordinación, las cuales permitieron establecer diversos parámetros y consideraciones tales como ruta, zona de búsqueda y capacidades de defensa de la TF 317.

Para el primer vuelo de Exploración y Reconocimiento Lejano (ERL 01) se designó al TC-91 indicativo «TITO», el cual contaría con una tripulación integrada por personal de la FAA y de la Armada Argentina. Una vez finalizado el briefing, el B-707 decolaría desde Ezeiza pasadas las 0500, poniendo rumbo hacia la zona designada como posible punto de contacto. A las pocas horas, el cuatrimotor de la FAA alcanzó el nivel de vuelo programado lo que le permitió poner rumbo hacia el punto «A» de la zona de búsqueda.

Tripulación del B-707 «TITO»

  • Personal Fuerza Aérea Argentina (FAA)
  • Vicecomodoro Ricardini
  • Vicecomodoro Arguelles
  • Vicecomodoro Genolet
  • Vicecomodoro Conte
  • Vicecomodoro López
  • Suboficial Principal Hustey
  • Suboficial Principal. Zárate
  • Suboficial Mayor Rivarola
  • Personal Armada de la República Argentina (ARA)
  • Capitán de Fragata Luis A. Dupeyron (Oficial Control Operativo)
  • Teniente de Navío (RE) Oscar Pinal (Foto intérprete)
  • Cabo Principal (RE) Alfredo Garrido ( Fotógrafo)

Pasadas las 1130, el TC-91 ingresa a la zona de búsqueda, optando por mantener búsqueda 100 millas más al norte, en el denominado punto B1. Minutos después se logra contacto radar a 40 millas, por lo que el B-707 desciende para realizar una identificación visual, determinándose que se trataba de un buque comercial. Sin embargo, el esfuerzo de la tripulación comenzaría a dar sus frutos, ya que a las 1228 se obtiene un eco radar a una distancia de casi 70 millas. Finalmente, a las 1238 se visualiza y reconoce a buque de la Task Force 317 en latitud 19° 39’S y longitud 21° 35’W, logrando individualizar a los portaaviones HMS «Hermes» R12 y HMS «Invincible» R05 así como fragatas y destructores que integraban su escolta.

Sin embargo, el avistamiento de la fuerza de tareas británica no sería sin consecuencias. Aproximadamente a las 1250, el TC-91 es interceptado y escoltado por un caza Sea Harrier FRS.1 del 800 Naval Air Squadron al mando del Lieutenant S. Hargreaves. Minutos antes, el novato piloto naval se estaba alistando para realizar un nuevo vuelo de entrenamiento desde la cubierta del HMS «Hermes», cuando llegó el aviso de un contacto radar. Con el tiempo en contra, el personal de armamento pudo reconfigurar al Sea Harrier con dos misiles aire-aire AIM-9L Sidewinder, debiendo despegar sin disponer de munición para sus cañones ADEN de 30mm.

Con la presencia amenazadora del caza naval británico, el comandante del TC-91 decidió ascender hasta nivel óptimo. El piloto del Sea Harrier realizo diversas maniobras en torno al B-707 (ocasión aprovechada por ambas partes para tomar fotografías) siempre manteniendo la distancia y sin que las mismas implicaran riesgo para el cuatrimotor argentino. Las Reglas de Empeñamiento de la TF 317 no permitían el uso de armamento contra intrusos, sin embargo establecían que las patrullas aérea de combate deberían escoltarlos y disuadirlos de realizar un pasaje sobre el núcleo de la flota.

Llegando a la altura máxima de vuelo, la tripulación del TC-91 comprobó que el Sea Harrier encontraba cada vez más dificultades para mantenerse a la par, por lo que el caza naval rompió contacto pasadas las 1300. Con la satisfacción de saber que se había cumplido la misión, el TC-91 arribaría al aeropuerto internacional de Ezeiza a las 1830, realizando el personal un obligado debriefing de la información recabada. De esta manera se completaba exitosamente la primera misión de Exploración y Reconocimiento Lejano, la cual se repetiría a lo largo de los próximas días y siempre con un riesgo latente.

Tal vez te interese Malvinas 40 años – En una arriesgada operación, la Fuerza Aérea Argentina divisa a la Task Force británica

Publiidad

3 COMENTARIOS

  1. “El Almirante Woodward´s, comandante del grupo de portaaviones, todavía lejos de poder proyectar su poder militar sobre las tropas argentinas en las islas Falkland, fue el primero en saber que estaba siendo visto por el enemigo. Alrededor del mediodía del 21 de abril un avión, volando a gran altura, fue detectado con rumbo hacia la flota y un par de Sea Harrier´s del HMS Hermes´s 800 Squadron fueron lanzados a investigar. El líder de la sección, Teniente Simón Hargreaves, informó estar a la vista de un Boeing 707 para, luego de una cercana inspección, notificar que era un avión de transporte de la Fuerza Aérea Argentina enviado a localizar las unidades navales británicas. Esta misión, y las otras que siguieron, fue una indicación de la flexibilidad que podía esperarse de la Fuerza Aérea Argentina, y también la pericia y el valor de sus tripulantes de vuelo: volar a 2.300 millas náuticas desde el punto más cercano de Argentina con un avión sin armamento, equipado con solamente un radar meteorológico, a buscar y encontrar una muy bien armada y alerta Fuerza de Tareas Naval fue una respetable hazaña y dio al comando británico mucho en que pensar”. (THE ROYAL NAVY AND THE FALKLANDS WAR – David Brown – Pág. 109)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.