Analizar comparativamente el ámbito de la defensa supone una acción esencial para comprender la realidad de la gestión en esa materia, involucrando a distintos actores sobre una unidad de análisis especifica. Según Collier (1993) el trabajo comparativo “agudiza el poder de descripción y juega un papel fundamental en la formación de conceptos, enfocando similitudes sugestivas y contrastes entre casos”[1]. A través de esta herramienta metodológica, se puede ahondar en hipótesis y contrastaciones sobre distintos campos de estudio, siendo estos las propias políticas públicas, regímenes y acciones de gobierno, además de enfoques estratégicos de actores estatales.

En el presente trabajo y a razón del aporte que ofrece el análisis comparado, nos enfocaremos puntualmente en descomponer ciertas nociones sobre la cultura estratégica argentina y brasilera, puntualizadas en cuanto al impacto instrumental militar. Es importante recalcar que, a la luz del método comparativo, dilucidaremos la praxis estratégica militar de ambos países en materia de gestión de capacidades materiales, buscando a su vez determinar si los planteos políticos en materia estratégica-militar en ambos países tuvieron derroteros instrumentales o meramente retóricos. Cuando utilizamos la palabra instrumental nos referimos puntualmente a si efectivamente los planteos de la gestión política durante las últimas dos décadas tuvieron su correlato en la construcción de poder efectivo militar o si, por el contrario, se consolidaron como construcciones retoricas.

A raíz del atestado análisis dentro de la comunidad epistémica argentina relacionado al mundo de la defensa que se ha concentrado en desmenuzar la política de defensa de cara a un constructo esencialmente de control político o de relaciones civiles-militares, es que posamos este breve análisis en lo que consideramos el eje principal de la política de defensa, que es la construcción de poder a través de capacidades, sean estas autónomas o no. A ese fin, y trayendo a colación un método comparativo, analizaremos el derrotero de las políticas estratégicas brasileras y argentinas en materia militar y en diferentes estratos.

A efectos, describiremos como la gestión en materia de poder aéreo, terrestre y aeroespacial en ambos países tuvieron grandes puntos en común en cuanto a su planteo estratégico, aunque llegando a resultados completamente diferentes. En esta línea, tomaremos como ejemplo los casos de políticas estratégicas de construcción de material naval, que involucra proyecciones de fabricación de buques, fragatas, buques de patrulla y submarinos; de construcción aérea, con aeronaves caza, de transporte y de enlace, entre otros; en materia terrestre, con el planteo industrial de desarrollo de vehículos blindados, logísticos, de patrulla y otros; y también el desarrollo de la industria de ciencia, tecnología, la investigación y el desarrollo.

Cultura estratégica y retorica

Partamos en el análisis con unas definiciones generales con el objetivo de coordinar un concepto de cultura estratégica que sea un hilo de conductor para nuestro análisis comparativo entre el desarrollo militar argentino y brasilero.

Con una acepción inicialmente militar, el concepto de estrategia ha sido moldeado para poder ser utilizado en campos como las acciones de gobierno, el deporte, el estudio y un sinfín de actividades humanas. La Real Academia Española, en uno de los sentidos que le da a la palabra, la define como “el arte para definir un asunto”[2] demostrando la amplitud que tiene en la actualidad el concepto. Sin embargo, y a razón de la naturaleza castrense del concepto, utilizaremos la definición del teórico militar Liddell Hart, la cual se ajusta al enfoque que se le pretende dar al presente trabajo.

El autor (1974) define a la estrategia enfocándose en el fin de las acciones de conducción sosteniendo que es “el arte de distribuir y aplicar los medios militares de modo de cumplir con los fines de la política. Porque la estrategia no comprende simplemente el movimiento de las fuerzas —como a menudo es definido su papel— sino también a sus resultados”[3]. Esta noción coadyuva a la idea de que diseñar estrategias no implica solamente la gestión de medios y recursos como un fin, sino como un medio para llegar a un resultado especifico. La definición, que apriorísticamente puede resultar evidente, no necesariamente tiene su correlato en la gestión de recursos para determinados fines en el campo de la Defensa Nacional, tal como veremos en los próximos apartados.

Otro concepto importante que engloba nuestro marco de estudio es el de cultura. Trayendo una vez más a la Real Academia Española, la palabra es definida como el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”[4]. Tomando como parámetro la definición, podemos sostener que este conjunto de modos, costumbres y conocimientos son los que se constituyen como insumo para que un Estado avance con conductas estratégicas, esto es, hacia objetivos definidos por la política, y que luego sus resultados van a terminar configurándose como un nuevo acervo cultural.

Teniendo en cuenta esto, podemos tomar parámetros esbozados por Booth sobre su concepción de cultura estratégica. El autor sostiene lo siguiente: “la cultura estratégica de una comunidad políticamente organizada contribuye a estructurar el comportamiento de los estados en cuestiones tales como: la importancia que se le asigna al uso de la fuerza militar en la política internacional, la sensibilidad ante peligros exteriores, las relaciones cívico-militares, la doctrina estratégica, o el modelo de inserción internacional adoptado”[5].

Para simplificar la conexión de conceptos, podemos sostener que no existe cultura estratégica cuando no se materializan resultados en áreas de la alta política, siendo una de ellas, la Defensa Nacional. Como contraposición a esto, puede existir una cultura retórica, plasmada puntualmente con la exteriorización de mensajes y aspiraciones bien elaboradas, con el objetivo de persuadir o conmover, pero que no necesariamente van acompañadas por una gestión por objetivos puntuales que en ultima instancia se materializan en lo factico o en lo instrumental.

Estas consideraciones, traídas en este breve trabajo, son líneas bien marcadas que, comparativamente, se muestran en los casos brasilero y argentino en el ámbito del desarrollo militar. Como veremos a continuación, Brasil ha avanzado en las últimas dos décadas en un planteo marcado por una cultura estratégica, mientras la Argentina ha gestionado en torno a la retórica, con éxitos limitados en cuanto a las aspiraciones que se ha puesto en torno a su planeamiento estratégico.

El caso brasilero y argentino

Para avanzar en un punto de ejes comparativos que dan luz a la cultura estratégica brasilera y la argentina durante las ultimas dos décadas, es importante traer a colación algunas consideraciones surgidas desde la comunidad científica dedicada al análisis de la defensa y las relaciones internacionales.

Para el caso brasilero, resulta esencial remarcar que durante este periodo y al margen de los avatares internos políticos, la conducta en torno a los planes estratégicos del riñón militar logro apoyo y continuidad, llevando a la postre a la materialización de sus aspiraciones. En esta línea, el pensamiento estratégico brasilero ha avanzado con un planeamiento abierto que supuso una exposición de la percepción internacional y regional para la defensa, avanzando en hipótesis de empleo para las fuerzas armadas y activando la planificación de medios. En esta línea, el país consolidó sus políticas de desarrollo científico-tecnológico autónomo acrecentando los resultados de su industria de defensa.

Los ejes trabajados por este país en las últimas décadas no solamente se han concentrado en la formación de profesionales civiles para conducir la cartera de defensa, sino también conectando las aspiraciones surgidas en su estrategia de inserción internacional en el plano de su política exterior con la gestión de sus Fuerzas Armadas. En esta línea, la idea de blindar al país en sensores de alerta temprana y otros medios para darle fuerza material a los puntos que este país considera como estratégicos, ha llevado a una soberbia planificación militar sobre la adquisición, fabricación y desarrollo de medios letales. Concatenado a esto, la importancia puesta en la Amazonia Azul, o las jurisdicciones navales brasileras, han sido acompañadas con gestiones de adquisición de material y la propia fabricación de unidades para darle sentido material a su aspiración de proteger. Lo mismo ha sucedido en el plano aeronáutico, con sus inversiones millonarias en sistemas de armas letales, de transporte, helicópteros, y otros. Por otro lado, su aspiración de protección de su extensa selva amazónica no solo ha promovido el perfeccionamiento de sus tropas para proteger esos puntos, sino que ha llevado a acrecentar los programas en cuanto al material militar terrestre, a la postre, desembocando en un complejo industrial militar más que llamativo.

En el caso argentino, numerosos referentes del ámbito académico han ponderado avances en cuanto al planeamiento estratégico en el ámbito de la defensa. Sin embargo, y tomando en cuenta lo vertido en los primeros párrafos de este trabajo, la gestión formal de los asuntos de defensa se ha posado en mayor medida al debate sobre gobierno civil y relaciones civiles-militares. En esa línea, se subraya como avances para el sector estratégico, el desarrollo del gobierno político de la defensa nacional y el “empoderamiento de los civiles” en la toma de decisiones. A su vez, se sostiene con ímpetu el factor cultural del consenso básico en los asuntos de defensa, siendo este el que esta basado en la supresión de hipótesis de conflicto con países vecinos, la separación entre defensa nacional y seguridad interior y el gobierno civil de la política de defensa.

Es poca la literatura la que se apresta a analizar el acervo cultural estratégico de la Argentina en los últimos años. Puede que la falta de esto se deba a que no ha habido consenso político y social, a diferencia de Brasil, para que la producción para la Defensa con resultados concretos, o la gestión para incorporar capacidades, se materialice de cara a las aspiraciones que tiene el país, sea esta su proyección sobre la Antártida Argentina, el control de las jurisdicciones navales, la disuasión frente a la amenaza de Estados con enclaves militares en territorio usurpado, la defensa de espacios estratégicos como la Patagonia, las zonas de producción energética o acuíferas, entre otras.

Para desarrollar esta bifurcación de culturas estratégicas en países medianos, miembros del G20, en desarrollo, latinoamericanos y, a su vez, limítrofes, abordaremos algunos de los planeamientos militares más característicos tanto de Brasil como de la Argentina para evaluar sus resultados y comprender si la visión estratégica se consolida en lo instrumental, o si por el contrario, termina siendo una aspiración retorica.

Poder naval

La transformación del poder naval brasilero en las últimas dos décadas ha seguido la guía de una política estratégica que ha resistido el paso del tiempo, crisis económicas y cambios de gobierno, incluso con signos partidarios antagónicos. Desde la baja de antiguas unidades para principios de siglo, el Estado Brasilero ha avanzado en un plan de modernización de capacidades que ha ido de la mano de las aspiraciones de política exterior encomendadas. La pulsión hacia el Atlántico ha fomentado una gradual y constante inversión en materia militar que se ha transformado en una plataforma de desarrollo para el país.

Brasil ha elegido congeniar su política exterior asertiva en el plano internacional, con una firme política de defensa de aumento de capacidades, además de una modernización de las ya contadas. En esta línea, ha logrado incorporar medios de proyección naval, como el LHA Atlantico (A140), ex HMS Ocean británico, y el LPD Bahia (G40) que le otorgan una capacidad importante de despliegue en su denominada Amazonia Azul.

En materia de unidades de superficie y escolta, la experiencia ganada con la Clase Barroso, ha llevado al planeamiento y próxima construcción de fragatas en Brasil. Los Clase Tamandaré se muestran con tecnología de punta y amplias capacidades letales de cara a los desafíos brasileros en sus jurisdicciones marítimas.

A su vez, además de la construcción de avisos y unidades menores, el plan más categórico del poder naval brasilero se posa sobre sus submarinos. Luego de la excelente experiencia con los Clase Tupi y Tikuna fabricados en el país, a paso sostenido Brasil ha avanzado en la construcción de la Clase Riachuelo, un modelo de submarino de ultima generación. De la mano de la construcción de cuatro unidades, el plan denominado PROSUB, incluye la construcción de un quinto submarino, pero con capacidad nuclear, esto es, con motorización atómica.

El caso argentino dista del de Brasil. Pese a aumentar sus aspiraciones soberanas sobre el Atlántico Sur, la política sobre el poder naval ha sido cuanto menos deficiente en materia de capacidades.

Con pocos planes de modernización de unidades de superficie, el promedio de edad de las corbetas y destructores con los que cuenta la Armada Argentina se encuentra cercano a los 50 años. La operatividad de varias unidades se encuentra anulada y la posibilidad de modernizarse en astilleros argentinos hoy en día parece lejana.

Si bien ha existido una relativa gestión para incorporar unidades menores, como avisos, durante los últimos 20 años la capacidad militar argentina en el ámbito naval ha ido en franca caída. A diferencia del plan submarino brasilero, que ha avanzado sostenidamente con unidades botadas y actualmente en servicio, el caso argentino resulta desesperanzador. La experiencia de media vida del submarino ARA San Juan no replico en una cultura estratégica naval, sino que termino siendo una gestión de exclusa. Incluso antes de la perdida de este submarino en el Atlántico Sur, el futuro de su unidad gemela, el ARA Santa Cruz no estaba asegurado en cuanto a su modernización. El resultado en materia submarina para el país es que no solamente se ha perdido directamente esa capacidad con la baja de los dos submarinos que quedaban, sino que las capacidades para construir otra clase o terminar los dos en gradas de Tandanor resulta impráctico y antieconómico, pese a eventuales notas de prensa o expresiones políticas que hablaban de ambiciosos planes de construcción, incluso de submarinos nucleares.

A su vez, la Argentina ha perdido absolutamente su capacidad de proyección naval con la baja a finales del siglo pasado del ARA 25 de Mayo. Pese a que en las últimas décadas han existido propuestas para contar con navíos del tipo LPD, como sucede con otros países de la región, la gestión política de los últimos años se ha decantado por incorporar avisos de poco desplazamiento construidos en el extranjero.

Poder terrestre

Foto: EB

El ámbito terrestre no escapa a lo observado en el plano naval entre ambas naciones. Comparativamente, los planes de capacidades del Ejercito Brasilero y del Ejercito Argentino han ido en diferentes rutas. Mientras el primero ha avanzado en una modernización sostenida de sistemas de armas con la incorporación de material de última tecnología, el segundo ha avanzado erráticamente con la manutención de las capacidades heredadas de décadas atrás.

Brasil por su lado, ha estructurado en ambicioso plan de construcción de material blindado y rodado con un fuerte derrame en su industria local. Estos casos se dan con, por ejemplo, los proyectos VBTP-MR Guarani, que se cuentan en mas de mil quinientas unidades y donde IVECO Brasil tiene una directa participación en su fabricación, aglutinando a centenares de otras PYME en la provisión de insumos y repuestos. Mismo camino sigue la construcción de vehículos ligeros como el LMV, también de la firma IVECO, o de material logístico como camines Mercedez Benz, Volkswagen, Agrale, Chivunk.

Los planes de capacidades han avanzado tanto en el diseño de los sistemas, como en la terminación de prototipos y el pase a una cadena de montaje financiada en tiempo y forma, lo que le ha dado impulso a la estrategia de desarrollo en el ámbito terrestre al Estado brasilero. A su vez, es destacable el perfil de las empresas tecnológicas ligadas al Ejército, como AVIBRAS, IMBEL, Taurus, firmas que han logrado articular estrategias de desarrollo solidas con productos aptos para las fuerzas del siglo XXI.

El caso argentino cuenta con casos con excesivas demoras en su desarrollo o directamente con enormes fracasos en cuanto a estrategias de desarrollo militar autónomo. Ya a principios de siglo el Ejército Argentino se embarco en planes de fabricación de vehículo blindados y ligeros, terminando todos estos en fracasos costosos. En materia de blindados, los primeros casos dados con el proyecto Patagón insumieron frondosos recursos con malos resultados operativos. Mismo caso sucedió con el aclamado VLEGA Gaucho, empresa que inicialmente iba a ser binacional con Brasil, país que finalmente retiro su apoyo. El resultado del proyecto se conto en unas pocas decenas y un numero importante de unidades fuera de servicio al día de hoy por falta de mantenimiento.

El plan para avanzar en la modernización del principal medio de combate del Ejército Argentino, el Tanque Argentino Mediano, llevándolo al estándar 2C lleva actualmente 8 años y un solo prototipo. Pese a haber sido anunciado como un proyecto con derrame tecnológico, hasta el día de hoy no se ha negociado la transferencia de tecnología porque el país no cuenta con instalaciones para poder integrar la fabricación de insumos.

Distinto ha sido el caso con el material logístico. La tendencia de incorporar equipamiento para misiones subsidiarias de las Fuerzas Armadas ha empujado la incorporación de camiones o rodados fabricados en el país, en misma línea a lo sucedido en Brasil, En esta línea, han sido cuantiosas las incorporaciones de material fabricado por IVECO Argentina, MB, Ford o Toyota Argentina.

En cuanto al ámbito del material individual, a diferencia de lo sucedido en Brasil, la Argentina avanzó en la incorporación de pequeñas cantidades de material provisto por terceros estados. Mismo camino ha transitado el diseño y producción de material misilística. Mientras Brasil ha consolidado una estrategia solida en cuanto a la fabricación de vectores letales para sus tres fuerzas, la Argentina ha perdido la capacidad autónoma de diseño y fabricación de este tipo de material en los complejos nacionales.

Poder aeroespacial

Caza Gripen E. Créditos Sputnik News.

El ámbito aeronáutico resulta un símbolo para marcar la diferencia de estrategias de desarrollo militar entre los dos países en las ultimas décadas. El ejemplo que mas atrae es el que brinda la empresa brasilera Embraer, firma que ha logrado en las últimas décadas proveer equipamiento tanto civil como militar de última tecnología.

Brasil ha avanzado en los últimos años en una competencia internacional para incorporar aeronaves interceptoras de última generación bajo la premisa de fabricación de estas en instalaciones nacionales. La puja transcurrió durante gobiernos de distinto signo político y llevo al hito acaecido a mitad del año 2020 con la incorporación de las primeras unidades designadas internamente como F-39 Gripen. El plan de 36 unidades contempla la incorporación de proveedores brasileros en la fabricación de partes del avión, fomentando el desarrollo tecnológico del país. Este mismo enfoque ya ha sido tomado con la fabricación de aeronaves de transporte. Esta misma firma ha avanzado en el diseño y producción de su avión de última tecnología C-390 Millenium, sistema que ya cuenta con cinco unidades terminadas y entregadas. En misma sintonia, la firma, líder mundial en el segmento aeronáutico, ha podido entregar un centenar de unidades de consideración a la Fuerza Aérea Brasilera, para diversas tareas, entre control del aeroespacio, patrullado marítimo y transporte de carga y personal.

En cuanto a alas rotatorias el caso de Helibras en Brasil observa una excelente plataforma de desarrollo para su industria aeroespacial. Aliada a la firma europea Airbus, la empresa brasilera ha podido en los últimos años integrar su actividad en la fabricación de distintas partes de helicópteros livianos y pesados, llevando a la fabrica a entregar varias decenas de unidades a distintos compradores en el mundo.

Los resultados para Argentina en cuanto a su estrategia de desarrollo de poder aeroespacial han sido, cuanto menos, intermitente en las ultimas dos décadas. Si bien parada a principios de siglo, la actual Fabrica Argentina de Aviones (FAdeA) dista de haber entregado las unidades que frecuentemente el poder político promocionó en medios de comunicación y actos. Desde el 2011, se ha mencionado que la fábrica fabricaría entre 40 a 100 unidades Pampa. Sin embargo, el resultado fue considerablemente menor ante dificultades presupuestarias tanto en esa fábrica, como en todo el entramado de Defensa de la Argentina. El resultado desde entonces ha sido la provisión de 7 unidades y un prototipo.

Durante las ultimas dos décadas, la tendencia ha sido declinante en cuanto a equipamiento aéreo para la Argentina. Con bajas en su ala interceptora, de ataque y de transporte, el país solamente ha mantenido un cierto equilibrio instrumental en equipamiento de entrenamiento, con la incorporación de aeronaves del exterior.

En materia de unidades de alas rotatorias, la incorporación de unidades se cuenta en unas cuentas docenas y con una experiencia fracasada de fabricar localmente el helicóptero Z-11 chino.

El caso donde la Argentina ha mantenido una cultura estratégica que ha superado el paso del tiempo es en materia radaristica, con el desarrollo, fabricación y entrega de decenas de radares primarios y secundarios provistos por la empresa estatal INVAP.

Conclusiones

Como hemos visto a lo largo de este trabajo comparativo, los caminos de la cultura estratégica de Brasil y la Argentina han sido distintos. Mientras que el primero ha avanzado sólidamente a lo largo de las últimas dos décadas en una estrategia instrumentalista de su defensa y su política exterior de cara a sus aspiraciones internacionales, la Argentina ha transitado un camino de cultura retorica de la defensa, enfocado puntualmente en declamar aspiraciones sin un sustento material.

Teniendo en cuenta la conceptualización de Liddell Hart sobre estrategia, se puede observar como el caso brasilero efectivamente se plantea como una estrategia orientada a resultados palpables en torno a la instrumentalización de su política de defensa, mientras que la Argentina ha consolidado proyectos en el ámbito naval, terrestre y aeronáutico que no condice con los supuestos estratégicos que dice defender.

Es importante tener en cuenta que, pese a ciertas diferencias en cuanto a dimensiones, presupuesto general de la administración pública y población, históricamente ambos países han mostrado una cierta paridad en cuanto a equipamiento militar, estrategias de desarrollo e innovación tecnológica. Podemos suponer que es durante las últimas dos décadas que en el plano castrense Brasil ha tomado un ritmo mas vertiginoso, mientras la Argentina ha decidido concentrarse en debatir lo militar exclusivamente desde la óptica del control y las relaciones civiles militares, omitiendo absolutamente el deterioro al que fue sometido no solamente su instrumento militar, sino todo su entramado de Defensa Nacional.

Como ultimo punto, desde este breve trabajo se considera que continuar debatiendo exclusivamente cultura estratégica y asuntos de Defensa Nacional desde perspectivas blandas y sin tener en cuenta el peso que tiene el Instrumento Militar y sus capacidades materiales y humanas dentro de la Defensa, es ahondar en asuntos que solo fomentan un mayor deterioro. Analizar la defensa sin contemplar que lo instrumental del campo militar es la punta de lanza de una política de defensa, es no solamente ridículo, sino perjudicial para construir una comunidad epistémica propositiva y colaborativa dentro de este campo de estudio.


[1] Collier, D. (1993). Método Comparativo. Departamento de Ciencia Política, Universidad de California, Berkeley

[2] Consultado en https://www.rae.es/desen/estrategia

[3] Hart, L. (1974). Estrategia. Signet.

[4] Consultado en https://dle.rae.es/cultura

[5] Soriano Gatica, J.P. (2012) El Peso de la cultura estratégica en las relaciones internacionales de Brasil y México. La reforma de la arquitectura interamericana de Seguridad (2001-2006)

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5 COMENTARIOS

  1. En el campo de la colaboración de Brasil y Argentina está muy bien incorporar el VCR Guaraní, pero harán falta también algunas decenas de VCR 8×8 y yo compraría el Dragón. Y en cuanto a submarinos la cosa está fácil, se han comprado OPV a Naval Group que interviene en la fabricación de los Scorpene Brasileños y el SNBR «Álvaro Alberto» y Argentina debe asociarse de alguna forma, después de solucionar primero el asunto de los cazas supersónicos, la FAA ya esperó demasiado y es su turno.

  2. Estimado González Lacroix, buen artículo, muestras un análisis sintético de algunos aspectos de los problemas que tiene Argentina al afrontar la problemática militar, por llamarlo de alguna manera.
    Pero desde mí parecer, ojo mi parecer, la cuestión es un poco más profunda. Y no sólo repercute en lo militar.
    En éste caso, Argentina con un potencial bárbaro para el desarrollo de su industria, y con cuantiosos recursos, no supo, ni sabe canalizar ese potencial. En cambio Brasil, con menos capacidades, supo cristalizar mejor sus capacidades.
    Es en este caso que entra un factor decisivo, en el cual nosotros ( me refiero a nosotros a las clases que toman deciones), que no tienen voluntad de tomar decisiones acertadas.
    Y el problema viene desde hace más de 20 años atrás.
    Éste es el resultado, al día de hoy, de una sumatoria de factores para que la Argentina esté de esta manera. Brasil una potencia emergente, Argentina una república bananera y en decadencia.

    • Argentina después de la guerra de Malvinas completo su flota de súper etendard. Adquirió las meko 360 que eran destructores de punta para la época y adquirió también submarinos tr1700 que también eran tecnología de punta. ¿Cómo puedo argentina inmediatamente después de la guerra conseguir tecnología occidental de punta? El problema es lisa y llanamente presupuestario, si los políticos quieren echarle la culpa a Inglaterra, EEUU o la otan que lo hagan, pero el problema es presupuesto e inversión, no embargos ni presiones geopolíticas, si se pudo antes, se puede ahora. No es culpa de Inglaterra que hoy la fuerzas armadas cumplan con solo el 25% de las horas de operación anual mínimas que cualquier fuerza armada del mundo tiene. Tampoco es culpa de EEUU que argentina destine 0.7% del pbi cuando en la región destinan un 1.5%. Cuando vengan dirigentes dispuestos a gastar plata en defensa, ahí van a aparecer los aviones supersónicos, los submarinos y los barcos

  3. O Brasil sempre quer fazer parceria com a Argentina, mas na hora de comprar o Guarani que o motor é fabricado em Cordoba, tem argentino que prefere chines. O KC390 tem parceria da FAdeA, onde está a compra. A verdade é que os brasileiros querem parceria, mas quando chega a hora o governo argentino se esquece da parceria e traí a confiança. Ai não dá

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