La decisión del presidente ruso, Vladimir Putin, de poner las fuerzas disuasorias de las Fuerzas Armadas del Estado en un “régimen especial de servicio de combate” ha levantado las tensiones y especulaciones de una posible escala nuclear entre Kiev y Moscú. Los protagonistas del hecho y los medios de comunicación se apresuraron a alertar a la sociedad civil de una posible “guerra nuclear”. Claro está, basándose en distintos análisis de los conocedores del tema y especialistas en la materia, es que si bien los dichos de Putin son llamativos y generan controversias en el marco de la guerra, lo cierto es que la estrategia nuclear de Rusia no cambia significativamente con la disposición declamativa del mandatario.

Con esta aclaración inicial se intentará exponer los principales argumentos por los cuales la histeria generalizada con respecto a la escalada nuclear de este conflicto carece de sentido.

«Ordeno al ministro de Defensa y al jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas rusas que pongan las fuerzas de disuasión del ejército ruso en modo especial de servicio de combate», dijo Putin.

Es importante poner en números el arsenal nuclear de Rusia. Según el último reporte del Bulletin of the Atomic Scientists, escrito y producido por Hans Kristensen y Matt Korda, se estima que el Estado cuenta con un arsenal de aproximadamente 4.477 ojivas nucleares asignadas para su uso por lanzadores estratégicos de largo alcance y fuerzas nucleares tácticas de menor alcance. De estas, aproximadamente 1.588 ojivas estratégicas están desplegadas: unas 812 en misiles balísticos terrestres, unas 576 en misiles balísticos lanzados desde submarinos y posiblemente 200 en bases de bombarderos pesados.

Para completar el número, se toma noción de que el país cuenta con otras 977 cabezas estratégicas almacenadas, junto con unas 1.912 cabezas no estratégicas. Además de los arsenales militares para las fuerzas operativas, un gran número -aproximadamente 1.500- de ojivas retiradas pero aún intactas que, en su mayor parte, esperan ser desmanteladas para un inventario total de aproximadamente 5.977 ojivas. Se tiene conocimiento de que todas las armas nucleares desplegadas por Rusia se encuentran dentro del territorio nacional.

En perspectiva, Rusia y los Estados Unidos tienen el 90% de las armas nucleares del mundo (5977 y 5428 respectivamente). Esto demuestra la importancia de que un Estado que denota casi el 50% de las armas nucleares del mundo (en total hay 12,700) ponga en “alerta máxima” su arsenal nuclear.

La disposición de Putin podría evidenciar una revisión de la doctrina nuclear de Rusia. Varios analistas califican y titulan la misma como “escalar para desescalar”. Como expone el documento del Departamento de Defensa de los Estados Unidos en 2018: “Moscú amenaza y ejerce un primer uso nuclear limitado, lo que sugiere una expectativa errónea de que las amenazas nucleares coercitivas o el primer uso limitado podrían paralizar a los Estados Unidos y a la OTAN y, por tanto, poner fin a un conflicto en términos favorables para Rusia.». En otras palabras, la estrategia de Rusia expone que en un supuesto de Destrucción Mutua Asegurada (DMA), los decisores optarán por desescalar en cuanto Rusia ejerza la presión para que esto suceda.

Pero esto cambió con la última actualización de la doctrina nuclear de Putin. En junio de 2020, el presidente aprobó los «Principios básicos de la política estatal de la Federación Rusa sobre disuasión nuclear», que señala que «la Federación Rusa considera las armas nucleares exclusivamente como un medio de disuasión».

Esta versión actualizada establece cuatro condiciones en las que Rusia podría lanzar armas nucleares: 1) «llegada de datos fiables sobre un lanzamiento de misiles balísticos que ataquen el territorio de la Federación Rusa y/o sus aliados; 2) uso de armas nucleares u otros tipos de armas de destrucción masiva por parte de un adversario contra la Federación Rusa y/o sus aliados; 3) ataque por parte del adversario contra instalaciones gubernamentales o militares críticas de la Federación Rusa, cuya perturbación podría socavar las acciones de respuesta de las fuerzas nucleares; y 4) la agresión contra la Federación Rusa con el uso de armas convencionales cuando la propia existencia del Estado esté en peligro”.

Entonces, ¿se puede decir que Rusia se siente amenazada por Occidente en el marco de la guerra con Ucrania? ¿O las posturas declamativas de Moscú se constituyen como una arista de la estrategia rusa con respecto al uso de las armas nucleares?

No es la primera vez que la retórica supera a la doctrina y, como exponen Kristensen y Korda, “sea cual sea la estrategia nuclear de Rusia, los funcionarios rusos han hecho muchas declaraciones sobre las armas nucleares que parecen ir más allá de la doctrina publicada, amenazando con utilizarlas potencialmente en situaciones que no cumplen las condiciones descritas. Por ejemplo, los funcionarios amenazaron explícitamente con utilizar armas nucleares contra instalaciones de defensa de misiles balísticos, y en escenarios regionales que no amenazan la supervivencia de Rusia ni implican ataques con armas de destrucción masiva”.

En este sentido, la disposición de “estado de alerta” emitida por Moscú no se traduce en más que una aclaración de la autopercepción que tiene Rusia sobre sí misma como superpotencia nuclear. En el cálculo disuasorio y la percepción de amenaza que comparte Occidente con Rusia, esto bastaría para “escalar para desescalar”, tal como expusieron los miembros del gobierno de Estados Unidos en el 2018.

Stephen Walt expuso que “esto fue esencialmente un intento de disuasión, un recordatorio, en mi opinión, de Putin al resto de nosotros de que Rusia es una potencia con armas nucleares y que considera la cuestión de Ucrania como un interés vital. Y que, por lo tanto, las potencias extranjeras deberían pensar muy bien cómo proceder en este caso. Así, por ejemplo, sería una advertencia a Occidente, básicamente: No te involucres militarmente. No empiecen a pensar en enviar tropas aquí. No empiecen a pensar en una zona de exclusión aérea sobre Ucrania, como algunos han propuesto. Básicamente, está diciendo que esto nos preocupa de verdad y que tenemos opciones si las cosas empiezan a ir en nuestra contra de forma seria. Así que creo que fue en ese sentido – en este nivel, al menos, sólo una advertencia”.

En la realidad esta disposición no modifica ningún paradigma nuclear de Rusia. Se especula, en palabras de Kristensen, que podría tratarse de un aumento de la preparación del sistema de comando y control nuclear para estar más preparado para transmitir una orden de lanzamiento.

También se toma noción de que ha habido algunos informes sobre el aumento de la actividad de los submarinos nucleares rusos. En realidad, estos submarinos que transportan cabezas nucleares realizan ocasionalmente patrullas de disuasión en aguas internacionales, lo cual se considera normal y es una práctica realizada por varios países de Occidente.

Es importante señalar que, ante un eventual ataque nuclear ruso, naturalmente se provocaría una respuesta y un efecto dominó en Occidente. Esto es así ya que la doctrina de uso de armas nucleares de los principales actores involucrados en el conflicto prevén su uso únicamente a modo de respuesta. En ese punto, la escalada nuclear es una amenaza de suma importancia no solo para los protagonistas en Ucrania, sino en todo el mundo.

Con respecto a esto, aparecen algunos números alarmantes. Según Scientists for Global Responsibility, el uso de una sola cabeza nuclear para atacar una ciudad sería suficiente para hacer imposible una respuesta médica y humanitaria eficaz. La detonación de unas pocas decenas o cientos de ojivas, según el grupo, provocaría enormes incendios cuyas resultantes «partículas de humo persistentes y a gran altura alterarían el clima mundial, provocando un colapso agrícola generalizado y hambruna».

Otro aspecto que se torna preocupante es el relativo a la modernización de las armas nucleares. Poniendo en comparación las bombas actuales con las detonadas en Hiroshima y Nagasaki, estas últimas tenían una potencia explosiva equivalente a unos 15 kilotones de TNT y 20 kilotones de TNT, respectivamente. Tomando los datos de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, las desplegadas actualmente por Rusia y por las principales potencias nucleares son armas termonucleares y tienen rendimientos explosivos equivalentes a al menos 100 kilotones de TNT. Esto plantea un escenario sombrío a la hora de alertar el comando y control de estas armas.

Poniendo un tinte de realidad alejada de la crudeza de los datos anteriormente expuestos, se tiene noción de que las percepciones de amenaza compartidas por Occidente y Rusia mantienen un gran componente racional. Bajo este supuesto, se podría esbozar que si bien las declaraciones de Putin alertan y modifican en cierto punto las visiones que se pueda tener con respecto a la incursión de Occidente en la guerra con Rusia, la opción nuclear sigue siendo lejana y poco probable.

Para culminar, me permito citar nuevamente a Walt: “No creo que fuera el primer paso hacia el uso de la energía nuclear ni nada parecido. Creo que fue un recordatorio para todo el mundo de que se trata de un asunto serio, y que todo el mundo debe actuar en consecuencia, y ser cuidadoso con lo que está tratando de lograr”.

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2 COMENTARIOS

  1. Rusia mantiene un gran arsenal nuclear como medida de disuasión, y aunque económicamente ya no es comunista, en el plano militar si queda algo de esa ideología, como se aprecia en la foto, y también hay un desfile anual con carros T-34 y soldados del ejército «Rojo» vestidos con uniformes de la segunda guerra mundial, su comandante en jefe era Stalin, y Lenin sigue siendo venerado en su impecable tumba.

  2. Rusia no tiene ninguna amenaza nuclear por parte de Ucrania que no dispone de ese armamento. Y la puesta en alerta del arsenal Ruso no es más que retórica política, no habrá una guerra nuclear por Ucrania según mi punto de vista.

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