Repitiendo las escenas vividas hace poco menos de un mes, la Estación de Trenes de Alta Córdoba nuevamente se ha convertido en el epicentro de las actividades del Ejército Argentino en la ciudad de Córdoba, tratándose en esta ocasión del repliegue de los vehículos y material que tomaron activa participación de las operaciones ejecutadas durante el ejercicio «General Arias». El detalle no es menor ya que entre la partida y el retorno de las formaciones ferroviarias del Belgrano Cargas transcurrieron 28 días, lo que a las claras refleja la dimensión y alcance de las ejercitaciones finales de la Fuerza de Despliegue Rápido.

Dejando momentáneamente de lado las operaciones que tuvieron lugar en las provincias de Jujuy y Salta, no podemos dejar de resaltar el enorme esfuerzo logístico detrás del ejercicio «General Arias» así como la necesaria planificación y coordinación que demandó semejante movimiento de personal, material, vehículos y aeronaves. De acuerdo con lo informado por el Ejército Argentino, de las operaciones participaron más de 3000 efectivos pertenecientes a las distintas unidades que integran la Fuerza de Despliegue Rápido (la IVta Brigada Aerotransportada, la Xma Brigada Mecanizada y la Agrupación de Fuerzas de Operaciones Especiales) además de los elementos de la Vta Brigada de Montaña, de la Aviación de Ejército y de la Fuerza Aérea Argentina.

En lo que a medios se refiere, desde Córdoba se desplazaron más de 200 vehículos solo por vía férrea, cantidad que se vería incrementada con aquellos pertenecientes a la V Brigada de Montaña y por las unidades que se trasladaron por cuenta propia. La importancia de haber retomado con el uso de formaciones ferroviarias no solo permite una lógica reducción en el desgaste del material y del personal (ni hablar del ahorro en combustible) sino que también constituyen una herramienta ideal para el transporte de material pesado, en especial para un país de grandes distancias como es la Argentina. Pese a que no es tema de desarrollo para la presente nota, la puesta a punto, modernización y expansión de la red ferroviaria nacional sin duda sería más que bienvenida a la hora de reforzar y facilitar el desplazamiento de las FFAA.

Por su parte, el Comando de Aviación de Ejército marcó un hito al concretar el despliegue centralizado más grande desde Malvinas, poniendo a disposición 13 helicópteros Agusta Bell 206B1, Bell UH-1H Huey y Huey II pertenecientes al Batallón de Helicópteros de Asalto 601 y al Escuadrón de Aviación de Exploración y Ataque 602, aeronaves que desplegaron desde el aeródromo militar de Campo de Mayo. También haría lo suyo el Batallón de Aviación de Apoyo de Combate 601 con sus CASA C-212 y Twin Otter. El dispositivo se vería reforzado con los helicópteros provenientes de la Sección de Aviación de Ejército de Montaña 5 (SA-315B), de las Secciones de Aviación de Ejército 3 y 12 y de la Sección de Aviación de Ejército de Despliegue Rápido, llegando a un total de 16 UH-1H/Huey II, 2 Agusta Bell 206B1 y un Lama. También operaron un Cessna Citation C550 y un Cessna C208B Gran Caravan EX

Otro aspecto para destacar fue el histórico puente aéreo que se estableció entre Córdoba y Salta, operación que estuvo a cargo de la Fuerza Aérea Argentina. Para esta tarea, la I Brigada Aérea con asiento en Palomar puso a disposición casi la totalidad de sus medios de transporte: C/KC-130H Hércules, Boeing 737-700 y Fokker F-28. El aeropuerto internacional de la capital cordobesas se convirtió por algunos días en el epicentro de la actividad aérea, esfuerzo que tuvo como objetivo el desplazamiento del personal y su equipo al Aeropuerto Internacional Martín Miguel de Güemes, Salta. Una vez más quedó demostrado la importancia de contar con medios aéreos acordes, y, particularmente, haber recuperado las capacidades de transporte con la incorporación del 737 y la recuperación de los Fokker.

La participación de la FAA también se extendió a tareas de búsqueda y rescate, apoyo de fuego aéreo cercano, cobertura aérea defensiva, entre otras misiones, las cuales demandaron el despliegue de helicópteros SA-315B Lama, EMB-312 Tucano, IA-63 Pampa III y cazabombarderos A-4Ar Fightinghawk. Los Hércules cumplieron un rol destacado, no solo por concretar reabastecimiento en vuelo nocturno de los A-4Ar sino por conformar la columna vertebral para la ejecución de las aerocooperaciones, operaciones durante las cuales se totalizó el lanzamiento de más de 1100 paracaidistas entre integrantes de la IV Brigada Aerotransportada y AFOE.

La polémica que no fue.

Pese a la magnitud del despliegue y volumen de actividades en el terreno, lamentablemente la noticia que trascendería en redes sociales y medios masivos sería la de los paracaidistas que sufrieron lesiones de distinta consideración durante la primera fase de lanzamientos. Vale la pena realizar una serie de aclaraciones a los fines de quitarle cualquier tinte de dramatismo y polémica al tema.

Tal como hemos publicado en Zona Militar, el solo hecho de lanzarse desde un avión al vacío trae aparejados ciertos y lógicos riesgos, siendo una práctica que se ve afectada por diversos factores y donde la posibilidad de lesiones es una realidad. De acuerdo con publicaciones especializadas en medicina militar, la tasa de lesionados durante saltos en paracaídas tiene una amplia variación, la cual dependerá de las condiciones en las cuales se realicen. Se espera que hasta un 6-9% de los paracaidistas sufran algún tipo de lesión durante operaciones de combate o un 1.5-5.5% en caso de entrenamiento (% que altera según países). Y en este último, en condiciones ideales (velocidad de lanzamiento, metros sobre el nivel del mar, tipo de terreno, carga, etc).

Repasemos algunos detalles que nos permitirán apreciar la complejidad de los lanzamientos realizados durante el ejercicio «General Arias»:

MSNM: La gran mayoría de las aerocooperaciones se realizaron entre los 3000 y 4600 msnm (los Comandos marcaron récord en Salar de Cauchari), lo que suma una mayor dificultad debido a una menor sustentación y, por ende, una mayor velocidad de descenso.

Terreno: Uno de los factores con gran incidencia en a la hora de evaluar lesiones. Zonas consideradas «duras» son propensas a provocar tres veces más lesionados que zonas «blandas». Con solo ver las características del terreno en la Puna podemos apreciar el desafío que implica las operaciones con paracaidistas.

Carga: El equipo adicional es otro de los factores de incidencia al aumentar sustancialmente el peso total, dando lugar a una velocidad de descenso más rápida. Esto conlleva mayores fuerzas de impacto al contacto con el suelo que podrían aumentar el riesgo de lesiones.

Lo mencionado nos permite apreciar lo demandante de las condiciones presentes durante el ejercicio «General Arias», las cuales también estuvieron muy lejos de lo usual (quienes conocen la zona de lanzamiento de La Mezquita sabrán de lo que hablamos). Pese a ello, la cantidad de lesionado se mantuvo dentro de los % previstos (utilizando para el cálculo la cifra de 1100 lanzamientos).

Siempre dentro de lo que es la gestión de información, de una noticia negativa como fueron los lesionados se pudo destacar su aspecto positivo: la puesta en marcha del proceso que implicó la asistencia in situ y posterior evacuación del personal. Tal como se pudo apreciar, se activó todo un sistema de alta complejidad que implicó la coordinación y participación de los medios en el terreno, traslado, la configuración de un Hércules MEDEVAC y la posterior recepción de los pacientes en la Guarnición Aérea Córdoba, lugar donde también se había alistado un amplio dispositivo sanitario para la atención y traslado a los nosocomios respectivos. Nada se desperdicia, todo se aprovecha.

Con un despliegue pocas veces visto en los últimos años, irremediablemente «General Arias» dejará un sinnúmero de lecciones aprendidas a las distintas fuerzas participantes, es ahí donde radica parte de la importancia que tienen este tipo de ejercicios. No tenemos dudas que este fase (a modo de continuación de las actividades en el terreno) incluirá el repaso y evaluación de las distintas acciones ejecutadas, con el objeto de encontrar aspectos por perfeccionar, incorporar o dejar de lado, ya sea desde lo logístico, pasando por el material, sanidad e incluso comunicacional.

Bibliografía consultada:

  • MAJ John F. Kragh, Jr., MC US – «Parachuting Injuries: A Medical Analysis of an Airborne Operation» – Military Medicine – 1996.
  • Major Samuel Hay – «Parachute injuries in the Australian Airborne Battle Group in 2004» – ADF Health – Octubre 2006.
  • Neves EB, de Souza MN, de Almedia RM – «Military parachuting injuries in Brazil» – Injury – 2009.
  • Joseph Knapik y Ryan Steelman – «Risk Factors for Injuries During Military Static-Line Airborne Operations: A Systematic Review and Meta-Analysis» – Journal of Athletic Training – Noviembre 2016.

Foto de portada: Ejército Argentino

7 COMENTARIOS

  1. La verdad que me parece excelente que se puedan hacer este tipo de ejercicios, tener unas FFAA entrenadas vale tanto como tener los equipos actualizados, ojalá se continúe en esta senda.

  2. Sin dudas que fue un ejercicio militar sin precedentes. Ojalá que vengan muchos más.

    Lástima que por la misma fecha tuvimos el trago amargo de que nuestros marinos se perdieron de participar de UNITAS. Porque nuestros legisladores siguen muy lejos de asumir sus responsabilidades.

    Mil gracias a ZM por la cobertura del operativo.

    Abrazos

    JUan Martin Pettigrew

  3. Muy bien explicada la causa de los accidentes de los paracaidistas. Este tipo de ejercicios son vitales para mantener entrenadas a las tropas e ir aprendiendo de las experiencias. Esperemos que para 2022 haya algo similar. Podrían hacer ejercicios en la Mesopotamia, es un lugar estratégico, donde tenemos fronteras con tres países.

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