Hay que decirlo, en las ultimas semanas la capacidad del servidor de este portal bordeó el limite a razón del tenor de algunas noticias que fuimos publicando. Con una repercusión que se hizo prácticamente global, el debate sobre el futuro caza para la Fuerza Aérea Argentina volvió al ruedo. Primero una visita oficial de la comitiva china, cuyo derrotero incluye visitas formales a distintas instalaciones de la institución aérea enmarcadas en una propuesta por doce aeronaves JF-17. Luego, la noticia de un pedido de cotización formal a la Federación Rusa por aeronaves Mig-35 que se acopla a otros items que iremos desarrollando en los próximos días.

El volumen de intercambio y publicaciones sobre el tema en cuestión puede responder a distintas variables, entre concepciones colectivas sobre el peso que tiene el control del aeroespacio en la dinámica de los conflictos de las ultimas décadas, a construcciones simbólicas y emotivas atadas a la Gesta de Malvinas o, quien sabe, a cuestiones psicológicas ligadas a la fascinación de volar. Lo cierto es que detrás del constante ida y vuelta discursivo atado a ofertas, rechazos, visitas y demás, existe una real necesidad por parte del Instrumento Militar argentino de restablecer una capacidad fundamental y que fuera dada de baja en el año 2015 con la salida del sistema de armas Mirage. Esta necesidad, ademas de tener su carga material especifica, tiene su arista de mayor peso en lo simbólico: implica poner el punto en la i de un esquema estratégico de defensa en la octava superficie mas grande del planeta.

La búsqueda de un caza no responde a un capricho, a una exageración o a una salida de shopping, sino que responde a una estricta necesidad que acerca medios a fines. ¿Como es esto? La Argentina viene trabajando un planteo estratégico de su Defensa Nacional que deja ver, por ahora a través de la cerradura, que el principal interés es el Atlántico Sur, con las áreas que esta porción de territorio incluye. El planteo, según voces en off, se busca consolidar de una forma distinta a lo que venimos observando en el pasado reciente en materia de Defensa Nacional, intentando no caer en eufemismos y saliendo del gre-gre para decir gregorio. Los países con políticas de defensa solidas y serias, constituyen sus estrategias militares de manera clara de cara a la comunidad internacional. Restará leer en un tiempo los resultados de la nueva Directiva Política de Defensa Nacional si finalmente otros órganos del Estado Nacional, como Cancillería, tamizaron el documento.

Tengamos en cuenta también que el eje que busca ser abordado por el planeamiento militar goza del mayor consenso por parte de la comunidad académica, sin importar su color político. Como adelanto, el Ciclo de Consensos en Defensa Nacional promovido por este medio y que incluyo a personalidades de prestigio en el estudio del ámbito de la seguridad internacional y la Defensa Nacional con distinta ontología ideológica, concluyó con un claro acercamiento de todos los entrevistados en que el área donde debe estar puesto el escudo defensivo de la nación es en el Atlántico Sur, Malvinas y la Antártida. Detrás de acostumbradas chicanas o debates sobre minuciosidades que muchas veces ralentizan avances en el área, existe un solido punto en común entre todos los estudiosos de los asuntos estratégicos argentinos: el sur es el espacio que nos debe aglutinar, por naturalidades históricas y geográficas, a razón de los riesgos y amenazas que allí subyacen.

Volviendo a los medios. Si el objetivo planeado se posa sobre esa área y lo hace sin eufemismos y legitimado por el mayor respaldo y consenso, el planteo de capacidades debe estipularse en esa misma sintonía. La capacidad reactiva de la Argentina debe ponderar los millones de kilómetros cuadrados de tierra, aire y agua en cuyos ámbitos el escudo argentino se instalará. Entendiendo las distancias, las capacidades proyectivas, letales y rápidas deben consolidarse como la punta de lanza del Instrumento Militar, rompiendo el estanco paradigma que venimos viviendo desde hace cuatro décadas, con planificaciones de medios que se atan a misiones subsidiarias o usos duales. Si queremos romper los eufemismos estratégicos, abordar un plan serio que restituya la capacidad de caza supersónica en el país resulta obligatorio, en igual forma que aplicar las enseñanzas que nos deja el Conflicto del Atlántico Sur en materia aeronaval y misilistica. Parece absurdo que los ejes en Defensa Nacional durante las ultimas décadas hayan sido minimizar y desactivar todas aquellas capacidades que si se mostraron efectivas en el conflicto.

Declamar interés sin poder ejercer control efectivo solo queda en una declamación sin sustento. Los millones de kilómetros cuadrados a proteger requieren de madurez para comprender que los planes de capacidades deben ser ser fieles reflejos que se concatenen con las aspiraciones que tiene la Argentina frente a sus intereses vitales. A efectos, se debe avanzar en un plan serio que restituya capacidades aeronavales, tanto letales como de vigilancia y control. Más allá de las dificultades que existan, financieras o políticas, existe el consenso necesario para que institucionalmente las políticas de defensa puedan pensarse a largo plazo y sin dejar de mirar al sur. De manera sostenida, el esfuerzo debe ponerse en buscar alternativas a través de la inventiva y el ingenio argentino para que gradualmente el diseño de fuerzas se contemple para su misión principal y de cara a los desafíos que existen en los territorios que consideramos propios.

Es necesario romper la inercia de los eufemismos y que, de una vez por todas, se adecuen medios a fines.

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13 COMENTARIOS

  1. argentina tiene mucho territorio que cuidar sobre todo en el oceano altantico nesecita nuevos barcos aviones y al menos 6 submarinos.

  2. MARIANO, entre tantos aciertos de tu artículo el que mas me «pego» por ser una realidad desde tanto tiempo atrás, no me animo a precisarlo por lo antiguo, considero es «Declamar interés sin poder ejercer control efectivo solo queda en una declamación sin sustento». No quisiera ser pesimista pero ha sido una deuda pendiente que, en definitiva, los decisores políticos nunca quisieron o supieron resolver con los resultados que tenemos a la vista. ¿Seguirá pasando lo mismo? Desde la politica ¿continuaran «declamando» y el poncho seguirá sin aparecer? Por otra parte, ni hablar de los costos o, mejor dicho, las inversiones presupuestarias requeridas para recuperar apenas razonablemente las capacidades operativas degradadas y/o desaparecidas. Nadie «regala» nada a cambio de «algo».

  3. Estoy de acuerdo con tu comentario, pero si las autoridades, todas ellas desde la presidencia, el congreso y los jefes delas respectivas fuerzas armadas de la nacion… no se ponen los pantalones largos y toman deciciones de fondo respeto a la defensa argentina,,, seguiremos asi como ahora… tienen que pensar que la hipotesis de guerra no es solamente(( el pensar en el enemigo)) si no en pensar en prevenir que el enemigo te agarre con los pantalones bajos… Argentina tiene kilometros de mar que defender y kilometros de tierra que defender.. Si los medios utilizados en Malvinas dieron resultados deberian de tenerlos al alcanse de las necesidades de las FF.AA y dejar de pensar solo en politica, Tienen las autoridades que pensar en Argentina Pais, mas alla del palo politico que se tenga y de las dificultades economicas…. Si No se piensa y atiende las nececidades de nuestras FF AA para la defensa y se la continua , en el tiempo por los que esten en poder o al mando de la defensa Argentina seguiremos siempre asi , como ahora…

  4. Tremendo y claro lo q escribís adhiero totalmente y si m permitís, le sumó q se ha notado este último tiempo un compromiso más taxativo en quienes conducen las FFAA. Por lo demás, una lectura perfecta d la realidad y las posibles soluciones.

  5. Brillante análisis. Coincido. Por suerte para nuestro país tenemos pensadores como el autor de este artículo que contribuyen al hallazgo de soluciones a los problemas de defensa que afronta el país. Esperemos que sea leído por la gente que toma decisiones.

  6. La elección de medios aéreos de defensa, indudablemente, deben responder a la vigilancia eficaz de nuestro territorio y al alcance de nuestra economía. En un principio la FAA definió sus objetivos sobre una aeronave monomotor, supersónica y multimisión, hasta ahora no ha sido fácil conseguir el material deseado más por problemas políticos que técnicos o económicos. El artículo lo describe detalladamente.

  7. Hay un riesgo cierto de que este artículo mismo quede encerrado dentro del mundo de los eufemismos, de las abstracciones y de los recursos figurados. Y esto porque la defensa parte de un cuerpo teórico que es la hipótesis de conflicto, una situación no concreta, presente y medible para el votante actual, el hombre de a pie que vive absorto en sobrellevar la situación socioeconómica local.

    Y esto es entendible en tal tipo de persona. Para el votante promedio la defensa se da en una situación particular y puntual donde somos agredidos por una nación extranjera. Todo lo que acontezca por delante o detrás de ese evento (equipamiento, entrenamiento, evaluación, doctrinas) no le interesa. No hace a su vida diaria. Y está a bien que así sea porque ha delegado esa función en el Estado.

    El problema surge cuando el Estado se comporta y evalúa como el votante de a pie y pierde de vista la proyección geoestratégica del país que gestiona. Y esta pérdida de proyección de lo que se construye a largo plazo se da por un sólo y gravísimo causal: la invasión del partidismo en la línea de acción de los gobiernos. No se puede gobernar y a la vez vivir de campaña para perpetuar el mando porque caemos en que toda la gestión se trata sólo en complacer las necesidades del hoy del votante promedio al solo efecto de estimular su voto. Entonces las cuestiones que puedan parecer abstractas -como la defensa nacional, la educación y otras proyecciones del Estado- quedan relegadas bajo la excusa de la inmediatez. Se puede entender que el votante sea un «desdichado hijo del momento», pero no hay formar de excusar tal postura, tal mentalidad en los gobernantes.

    Y ahí esta como ejemplo la situación del Covid: nos agarró sin un plan de salud estratégico y ejecutado porque, a menos que padezca una accidente o un problema de salud puntual, el votante no está pensando en el sistema de salud. Y es entendible. Pero en los gobiernos es inexcusable. Y lo saben.

    Dicho ésto, Uds. pueden medir cuánto menos atendida estará la cuestión de la Defensa nacional. Cuál es el peligro real de todo ésto? Que, como todo lo que sucede en este bendito país, para estimular y justificar el gasto en Defensa el Gobierno deba de encontrar un enemigo que lo justifique. Y cuándo sucederá eso? Cuando las políticas cortoplacistas con fin partidario fracasen y deba echarse mano a este recurso para aunar voluntades en pos de un enemigo común. Sea interno o externo.

    En tanto y en cuanto esa situación no acontezca el asunto de la Defensa nacional sólo será siendo un ejercicio intelectual lúdico de aquellos que nos gustan estos temas.

    • Lamentablemente a nosotros las emergencias siempre nos agarran mal parados, será por que tenemos esa odiosa personalidad que tiende a subestimarlo todo y creernos estar por encima de las situaciones hasta que la realidad nos estalla en la cara. Hoy tenemos una emergencia sanitaria, hoy tenemos una emergencia económica, hoy no tenemos una defensa competente; HOY, pero podría haberse solucionado AYER, AHORA solo perdemos tiempo en discusiones inútiles pateando la solución para MAÑANA.

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