El ejercicio “Top Malo House 2021” no solo sirvió como una excelente ocasión para demostrar las capacidades del Comando Conjunto de Fuerzas de Operaciones Especiales, sino que también permitió a los medios presentes tomar contacto y presenciar actividades que usualmente están reservadas al ámbito castrense: Desde acompañar los lanzamientos de paracaidistas sobre el lago San Roque y La Mezquita a ser testigos de una demostración con munición de guerra. Sin embargo, una de ellas nos marcaría a fuego: el salto en tándem con el Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea Argentina.

El lector se preguntará como fue que se inició y transcurrió esta experiencia. Pasamos a contarle algunos detalles.

Con el ejercicio en ciernes, recibimos la notificación desde el Estado Mayor Conjunto sobre la posibilidad de realizar la cobertura de las actividades previstas, dando inicio al necesario proceso de coordinación: transporte, alojamiento y…cuál de los corresponsales de Zona Militar sería el encargado de saltar en tándem. Tenemos que admitir que hubo una sorpresa inicial (no todos los días llega una invitación para saltar desde un Hércules), sin embargo, las cartas estaban sobre la mesa y no había porqué amilanarse: la experiencia sería única y este tipo de ocasiones no deben desaprovecharse. Nunca.

Una vez confirmado cual de los corresponsales saltaría (quien suscribe), solo quedaría por esperar el día asignado (inicialmente el miércoles 7 de abril) y dejar que el acontecimiento fluyera lo más natural posible. Por supuesto que existe una contradicción en esta última frase, ya que la sola idea de saltar desde un avión a 11500 pies puede presentarse como algo anti-natural, por lo menos para el común de la gente. Periodistas incluidos.

No podemos negar que la sola idea de realizar por primera vez un salto en tándem pone irremediablemente en movimiento cuestiones internas tales como curiosidad y ansiedad sin embargo (y que no se tome como una bravata) imperaba una sensación de seguridad. Resulta difícil brindar una explicación sobre estas sensaciones, pero sin duda ciertos factores le daban un marco de reaseguro a la situación, tales como que el salto en tándem se daría dentro de un contexto muy particular (desde un Hércules, con TOEs de las FFAA) y por resultar una actividad que mantenía en “el debe”.

Tal como informamos, las actividades comenzaron desde temprano el martes 6 de abril, con el transporte de personal y material desde distintos puntos del país, teniendo como destino la Escuela de Aviación Militar, instituto de formación de la FAA ubicado en la ciudad de Córdoba. Este último se convertiría en el centro neurálgico de las operaciones de aerocooperacion, en las cuales participarían los distintos elementos de TOEs, personal de la IV Brigada Aerotransportada, Aviación de Ejército y de la misma Escuela de Aviación Militar.

Iniciada la cobertura en EAM en horas de la tarde, tomamos contacto con el Vicecomodoro Navallas y con el Vicecomodoro Oliva, los cuales se presentaron y nos comunicaron que ellos serán los encargados de realizar el salto en tándem con los voluntarios de prensa presentes. En la breve charla acordamos realizar un briefing previo al salto del día siguiente, charla en la cual nos brindarían detalles sobre cuestiones de seguridad, vestimenta y otras consideraciones para tener en cuenta. Se despiden cordialmente para iniciar los preparativos previos a su salto de esa tarde, mientras que nosotros nos concentramos en realizar algunas entrevistas y capturar la incesante actividad en la zona de carga de paracaidistas.

Transcurren algunos minutos y súbitamente, entre el personal de Ejército y TOEs, llega “EL” llamado: “¿Quieren saltar ahora?”. La respuesta no se hizo esperar “Vamos.” Nos explican que razón de adelantar el salto fue por las condiciones meteorológicas, las cuales prometían empeorar para el miércoles sumado a que la tarde del martes se presentaba mas que ideal para los lanzamientos.

En pocos minutos, los Vicecomodoros Navallas y Oliva inician el briefing, no solo para detallarme algunas características del arnés y del equipo que se utilizará, además de la posición que tendré que adoptar durante el salto, sino que también sirvió como un reaseguro. Esto no es un detalle menor, ya que además de ser un refuerzo de confianza para quien tiene que ir en tándem, sirve también como una herramienta adicional para evitar potenciales reacciones que podrían no ser las deseadas durante el salto.

Mientras transcurría el briefing, en paralelo avanzaba el colocado de arnés de cuatro puntos y su necesario ajuste. Acá haremos una pausa obligada para detallar algunos aspectos técnicos de este equipamiento. El Grupo de Operaciones Especiales incorporó la capacidad de realizar saltos en tándem hace poco más de dos años, lo que le permite a la unidad la inserción de personal especialista (comunicaciones, médico, etc) que no posee habilitación como paracaidista o, en su defecto, carga no superior a los 100kg. De los 4 puntos del arnés, los superiores soportan cada uno una carga máxima de 2500kg, mientras que los inferiores son de 1250kg. Contar con esta capacidad brinda al GOE una mayor flexibilidad para los distintos tipos de misiones que realiza la unidad.

Con el arnés en su lugar y ajustado, el Vicecomodoro Navallas comienza a equiparse con su propio arnés y paracaídas. En pocos minutos encaramos el breve trayecto hacia el ensordecedor C-130H Hércules, y por ser los últimos en saltar, encabezamos la columna de paracaidistas que abordarán al cuatrimotor. Una vez dentro, ocupamos nuestros asientos mientras cada espacio libre de la chancha comienza a colmarse con paracaidistas de la IV Brigada Aerotransportada, personal de las TOE, prensa e, incluso, el Jefe del Estado Mayor Conjunto, General de Brigada Juan Martín Paleo.

El TC-66 despega, dando por iniciado el vuelo que nos llevará por el lago San Roque (saltos de buzos) y, finalmente, por la zona de lanzamiento establecida en La Mezquita. El tiempo transcurre entre las charlas con el Vicecomodoro Navallas (a esta altura Quique, pero mantenemos las formalidades para la nota) y la atención puesta con cada salto que se va realizando. En el ambiente flota una sensación de relajación, sin duda el resultado de años y saltos de experiencia, lo que ayuda aún mas a que todo transcurra lo mas natural posible.

Los asientos del Hércules comienzan a desocuparse lentamente y va llegando nuestro turno. Pero previamente queda un último paso: hacer el acople con los cuatros puntos de anclaje del arnés sumado a un “cinchado” final, el cual lo realizamos en conjunto con Navallas: A la cuenta de “tres”, tiramos los dos juntos varias veces hasta llegar al punto indicado. Con esta tarea finalizada, solo queda esperar el Ok para el salto.

Finalmente, llega la tan esperada señal. “1 minuto”. Hay una leve aceleración del pulso, apenas perceptible. Sin embargo, aún no es el momento ya que el Hércules tiene que realizar un reempleo. Los minutos transcurren muy lento, se pierde un poco la percepción del tiempo. Ahora sí, llegó la hora. Avanzar hasta la rampa se complica porque hay que coordinar los movimientos. Mientras damos esa corta caminata, comienzan a desaparecer de a poco los paracaidistas que están delante nuestro. Ahora los pasos son más lentos, cautelosos. Estamos llegando a la rampa y la imagen es espectacular: el portón trasero le da un marco único al paisaje cordobés visto desde 11500 pies (aproximadamente 3500 metros). Los últimos pasos nos llevan literalmente al borde de la rampa, lo cual es un momento clave para que la salida sea buena: adoptar la postura de brazos, piernas y cabeza. Solo queda el balanceo final de tres leves movimientos…

Es en esa milésima de segundo donde se desarrolla una sensación única e irrepetible, una mezcla entre la adrenalina y la aversión propia de saltar al vacío desde 11500 pies de altura. Es extremadamente difícil de transmitir en palabras, sin embargo, quienes están en la métiere lo resumen como un viaje de ida…

Comenzamos la frenética caída libre de unos 40 segundos aproximadamente (parecieron 5), durante la cual desarrollamos una velocidad próxima a los 200km/h. La superficie se aproxima a una velocidad pasmosa. Ya con el drogue desplegado y estabilizados, realizamos un par de maniobras con los brazos (en realidad es Navallas el encargado de guiar) para girar a derecha, izquierda o acelerar. De pronto llega el sacudón, señal que el paracaídas principal se ha desplegado. De la adrenalina de la caída libre pasamos a flotar en el aire en lo que es otra sensación única a la cual se suma un paisaje insuperable.

El Vicecomodoro Navallas afloja los arneses para tener mayor libertad, pasando a tener control del paracaídas gracias a los mandos que se desplegaron junto con el paracaídas. Durante los 10 minutos que estuvimos flotando realizamos algunas maniobras (giros sobre eje), apreciando también como evolucionaban los demás paracaidistas. Poco a poco el salto va llegando a su fin, para lo cual queda la última tarea de mi parte previo al aterrizaje: aguardar la señal para elevar las piernas lo máximo posible, de esta manera permitir que el primer contacto con la superficie lo realice el guía.

El aterrizaje transcurrió casi sin novedades siendo la única molestia la presencia de un campo de “amor seco”, planta propia de la geografía cordobesa otoñal y que resulta un tanto molesta porque tiene la gracia de adherirse a la ropa. Para ser sinceros, desde arriba, la zona de aterrizaje lucía como un billar…

Un poco entre risas por la experiencia vivida y con la adrenalina aun fluyendo, caminamos hacia el puesto del Equipo de Control de Combate, lugar donde esperaríamos el transporte que nos llevara de retorno a EAM. Es casi de noche cuando despido a Quique Navallas y a la gente del GOE, agradecido enormemente por tremenda experiencia que sin duda quedará como un recuerdo memorable.

Agradecimientos: Al Grupo de Operaciones Especiales de la FAA, al Vicecomodoro Oliva y, especialmente, al Vicecomodoro Enrique «Quique» Navallas. Al Estado Mayor Conjunto de las FFAA por la invitación.

A Facundo Fernández, Sebastián Borsero y Thomas Khazki por las fotos.

Imagen de portada: Facundo Fernández

3 COMENTARIOS

  1. BIEN X EL GOE ya sabes lo q sentimos los hombres q pertenecemos a la FAA ,sería bueno q escribas q somos seres despreciado x la sociedad sin justificación

  2. La Agrupacion de Comando Anfibios (Infanteria de Marina) hace mas de 20 años que realiza saltos en tandem, con personal no paracaidista.

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