Ejército de los EE.UU.

En 2018, Estados Unidos invirtió USD 610 mil millones en defensa, que implicó un tercio de todo el gasto militar del planeta, y que no necesariamente dio frutos, según datos oficiales.

A lo largo de 30 años, el US Army se ha visto involucrado en dos largas guerras y en otras de duración más breve, pero que involucro el mismo material y los principales sistemas de armas que entraron en servicio en las décadas de 1970 y 1980. En parte, esto se debe a que el Ejército tuvo que reducir los proyectos de adquisiciones de alta tecnología para poder costear la guerra en Iraq y Afganistán. Sin embargo, en los documentos oficiales figura un gasto total de USD 30 mil millones que abarca el desarrollo de cinco sistemas de armas que fueron cancelados.

A continuación los sistemas que no prosperaron.

Brilliant Anti-Tank Munition

En los últimos años de la Guerra Fría al Pentágono le preocupaba la fuerza de tanques de la Unión Soviética considera más grande y poderosa que la estadounidense. Por entonces, la Brilliant Anti-Tank Munition (BAT) fue ideada como parte de la iniciativa «Assault Breaker» destinada a compensar cualitativamente las fuerzas blindadas soviéticas.

Los BAT eran proyectiles guiados en miniatura empaquetados en el Army Tactical Missile System (ATACMS) disparado por el sistema de artillería de cohetes múltiples M270.

El ATACMS tenía la capacidad de lanzar hasta trece BAT que se suponía debían flotar en paracaídas usando aletas direccionales ubicando vehículos blindados «enemigos» gracias a sofisticados sistemas infrarrojos. En teoría, un solo ATACM podría acabar con toda una compañía de tanques.

Con la disolución de la Unión Soviética en 1991 y la reducción que sufrió el ejército mecanizado de Saddam Hussein en la Guerra del Golfo, Estados Unidos entendió que la amenaza de los tanques había quedado en el pasado, siendo el programa cancelado en 2003. Sin embargo, el costo de BAT fue de 2.200 millones de dólares.

RAH-66 Comanche Stealth-Chopper

Otro concepto de la Guerra Fría fue la adquisición de un helicóptero explorador ágil y sigiloso para reemplazar al OH-58D Kiowa Warrior derivado de Bell Jetranger que se empleó para tareas de reconocimiento y ataque ligero.

Boeing y Sikorsky produjeron dos prototipos ágiles similares al «Cobra» con superficies facetadas y revestimiento de material absorbente de radar que redujo significativamente la sección transversal del radar, así como pintura humectante de firma infrarroja y una pala de rotor de material compuesto que amortiguó su firma acústica. El «Comanche» incluso podía llevar seis misiles antitanques o doce misiles antiaéreos Stinger en una bahía interna, y tenía un alcance de transbordador notable de 1.200 millas.

Pero un helicóptero “sigiloso” comparativamente lento que roza el suelo sigue siendo mucho más vulnerable que un caza furtivo que vuela a velocidades supersónicas a gran altura. A pesar de las características sigilosas del Comanche, el Pentágono dudaba de su capacidad de supervivencia frente a los modernos sistemas de defensa aérea de corto alcance, o incluso frente a las antiguas armas antiaéreas no guiadas. Además el Pentágono ya estaba adoptando drones para llevar a cabo tales misiones.

Por tal motivo, el Comanche era demasiado caro, y el desarrollo absorbía el 40 por ciento del presupuesto de la Aviación del Ejército. La inversión no podría justificarse para un sistema destinado a desempeñar un papel fundamentalmente de apoyo más que de liderazgo.

Así, a medida que los costos unitarios se dispararon, el Comanche finalmente fue eliminado en 2004 después de consumir USD 7.9 mil millones del presupuesto.

Obús autopropulsado XM2001 Crusader

El principal sistema de artillería de campaña del Ejército, el obús autopropulsado M109 Paladin con torreta, entró en servicio hace cincuenta y seis años. Aunque tienen una apariencia similar a un tanque, los sistemas de artillería autopropulsada solo tienen una protección de armadura limitada y sus enormes cañones de 155 milímetros están diseñados para alcanzar objetivos a muchas millas de distancia más allá de la línea de visión.

Si bien los M109 y sus municiones han mejorado su alcance y precisión, el Ejército ya estaba buscando un reemplazo en la década de 1990. El XM2001 Crusader de alta tecnología contaba con un arma de carga automática y un cañón enfriado que permitía velocidades extremadamente altas de fuego sostenido (diez proyectiles por minuto) en objetivos hasta veinticinco millas de distancia, e incorporaba una armadura compuesta para una mayor supervivencia.

Pero el obús blindado de cuarenta y tres toneladas, que también dependía de un portador de municiones separado de treinta y seis toneladas, fue inoportuno durante un período en el que el Ejército buscaba fuerzas más ligeras y precisas que pudieran desplegarse rápidamente en todo el mundo. Después de años de prensa desfavorable, Donald Rumsfeld finalmente acabó con el proyecto Crusader de 2.200 millones de dólares en 2002.

Future Combat System (FCS)

Por otro lado, la desaparición del Crusader fue apresurada porque un programa diferente prometía un nuevo obús autopropulsado más ligero. Sin embargo no funcionó.

Muchos sistemas militares como el transporte de personal blindado M113 o el tanque Sherman se modificaron con éxito a lo largo de los años para realizar funciones secundarias para las que no fueron diseñados originalmente. A finales de la década de 1990, el Ejército trató de embotellar ese tipo de adaptabilidad en un chasis de vehículo «universal» que formaría la base de una familia diversa de vehículos de combate y de apoyo para el combate equipados con sistemas interconectados de última generación. Las variantes incluían un vehículo de combate de infantería insignia para reemplazar al venerable M2 Bradley, artillería y morteros autopropulsados, vehículos blindados de exploración y ambulancias, y muchas variantes aún más especializadas.

Sin embargo, tratar de desarrollar un chasis común diseñado desde el principio para realizar tantas funciones diversas resultó más costoso que refinar un sistema para realizar bien una tarea específica y luego modificarlo desde allí. Podría decirse que un problema similar afecta a los tres modelos diferentes del F-35, que han terminado teniendo bajos niveles de similitud.

Ocho años y la asombrosa cantidad de 18.100 millones de dólares más tarde, el FCS seguía estando lejos de realizarse cuando el secretario de Defensa, Robert Gates, finalmente lo desconectó en 2009.

Ground Combat Vehicle

El Ejército trató de recoger las piezas del FCS en un programa de vehículos de combate de infantería más centrado, sin imaginación, llamado Vehículo de Combate Terrestre o Ground Combat Vehicle (GCV).

La experiencia de combate reciente en Iraq había demostrado la vulnerabilidad del viejo vehículo de combate Bradley con los artefactos explosivos improvisados ​​de baja tecnología y las granadas propulsadas por cohetes, lo que impuso mejorar los requisitos de supervivencia del programa GCV. Esto genero que el GCV llegará a un total de sesenta toneladas de peso, siendo finalmente más pesado que un tanque de batalla ruso como el T-90.

El peso bestial del GCV finalmente llevó al Congreso a cancelar el programa GCV en 2014, con más de mil millones de dólares en gasto.

Es importante aclarar que muchos de los programas cancelados del Ejército eran legados de una época diferente en la estrategia de defensa nacional estadounidense. Entre 1989 y 2019, el Ejército pasó de planificar una guerra terrestre de alta intensidad con la Unión Soviética a operaciones globales de contrainsurgencia y estabilidad. Luego, a partir de 2014, el Ejército volvió a centrarse en prepararse para un conflicto de alta intensidad. Las tecnologías de defensa concebidas para una estrategia de seguridad no fueron adecuadas para las amenazas que fueron surgiendo en el tiempo.

Otro motivo por el cual estos programas fueron fallidos fue por su intento de innovar en demasiadas tecnologías nuevas al mismo tiempo sin tener en cuenta el riesgo, el costo y la dificultad de integración.

El Ejército estadounidense se encuentra ahora en su tercer intento por reemplazar al Bradley y al M113, con el Vehículo de Combate de Próxima Generación o Next-Generation Combat Vehicle opcionalmente tripulado. Esta vez, el Pentágono está más dispuesto a buscar una solución más rápida, en lugar de costear diseños con tecnología nueva no probada.

En total estos proyectos cancelados dan la suma de UDS 30 mil millones en programas que jamás vieron la luz. Aunque si es cierto, que la base de dichos diseños ha sido posteriormente utilizada para avanzar con otros programas que si fueron empleados más tarde en el ejército.

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*Sébastien Roblin tiene una maestría en resolución de conflictos de la Universidad de Goergetown.

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