El primer «helicóptero» de la Argentina: el autogiro Avro Cierva

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El autogiro nace de la mano del científico e ingeniero español Juan de la Cierva. Principalmente la diferencia entre los autogiros y los helicópteros radica en su forma de movilidad y propulsión, el autogiro utiliza un rotor principal que le da elevación y otro rotor para dar  fuerza de movimiento.

La Cierva empieza a diseñar este tipo de aparatos de alas giratorias a fines de la década del ’10 luego de varios fracasos con aviones de ala fija. Aunque sus primeros diseños fracasan (C-1 al C-3), el C-4 vuela en enero de 1923, logrando una trayectoria de unos 4 kilómetros. Luego de esto, el ingeniero viaja a Inglaterra y establece su compañía, The Cierva Autogiro Company, desde donde comenzara a mejorar el diseño del C-4.

Para 1934 la compañía de La Cierva vende la licencia de producción a la compañía AVRO, la cual comienza a fabricar la versión Avro C.30A completando aproximadamente unas 78 unidades. No fue el único país en conseguir la licencia; Francia, con la firma Lioré-et-Olivier produjo unas 25, y la Focke Wulf alemana 40 unidades.

Solamente 9 países dotaron a sus fuerzas del Autogiro C.30: Argentina, Austria, Bélgica, Dinamarca, Italia, la URSS, España Republicana, el Reino Unido, y Yugoslavia.

En el periodo de entreguerras y durante la Segunda Guerra, las fuerzas destinaron el uso del aparato a tareas de observación y entrenamiento. Inglaterra por su parte formo una escuadrilla con las unidades de la RAF y las unidades civiles con el objetivo de observación del Canal de la Mancha, y la calibración de los radares para ser efectivos ante los raids alemanes.

Características

Tripulación: 1

Largo: 6 mts.

Diámetro del rotor:  11.28 mts.

Altura: 3.38 mts.

Peso vacío: 554.5 kgs.

Peso completo: 818 kgs.

Motor: Armstrong Siddeley «Genet Major» radial, refrigerado por aire de 140 HP.

Velocidad: 177 kms/h.

Alcance: 458 kms.


En la Argentina

En 1937 la Argentina compra 3 unidades a la AVRO. Una de ellas se destino a uso civil con la matricula LV-CEA y las otras dos integraron el CAE operando desde El Palomar con los números «1» y «2». El segundo se vendió a un particular, y es el modelo que se expone en el Museo de Morón.

Se utilizaron durante los primeros años de la década del ’40 para tareas de observación.


Fotografías

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