Muchos analistas afirman que Libia está cambiando la batalla en el aire transformando sus cielos en un laboratorio militar para la guerra aérea. En el cielo libio, a lo largo del conflicto, han surcado desde vehículos aéreos no tripulados turcos y chinos, aviones MiG-29 y Su-24 de origen ruso, además del apoyo de los Mirage 2000 de la Fuerza Aérea de los Emiratos Árabes Unidos, y la aparición en el espacio aéreo de los F-16 turcos y del Rafale egipcio.

Esta combinación de sistemas de armas aéreos ha convertido al país del norte de África en un laboratorio militar para analizar la guerra aérea en un contexto de batalla que involucra a varios países.

Repetidamente, los sistemas de defensa aérea rusos han derribado los vehículos aéreos no tripulados de Khalifa Haftar en un enfrentamiento armado que tiene por un lado a Haftar que cuenta con el apoyo de Egipto, Arabia Saudí, Rusia, Francia y Emiratos Árabes Unidos, quienes brindan su apoyo económico, político y militar al general. Y por el otro lado se encuentra el gobierno de Trípoli (opuesto a Hafter) que tiene el reconocimiento de la ONU y cuenta con el apoyo militar de Turquía.

Turquía por su parte ha puesto a disposición el C-130 y el A400M y continúa suministrando nuevas armas y equipamiento militar, además de llevar a cabo el traslado de personal a la zona de combate.

El conflicto en Libia comenzó a escalar en abril de 2019, cuando Khalifa Haftar lanzó su campaña militar para apoderarse de la capital del país, Trípoli, del Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) y teniendo el apoyo de fuerzas extranjeras, incluidos Egipto, Francia y los Emiratos Árabes Unidos, se sintió bastante confiado para oponerse al gobierno reconocido por la ONU, apoyado por Turquía, Italia y Qatar.

En abril pasado, los drones Wing Loon II operados por los Emiratos Árabes Unidos, bombardearon objetivos civiles en la ciudad como consecuencia directa de las recientes y rápidas compras de vehículos aéreos no tripulados chinos por parte de países de Oriente Medio. Wing Loon II es un vehículo aéreo no tripulado de reconocimiento y ataque que en apariencia, se parece al estadounidense MQ-1 Predator y MQ-9 Reaper.

Douglas Barry, investigador aeroespacial militar senior en el International Institute for Strategic Studies en Londres fue citado por el medio Defense News afirmando que “los chinos saben cómo vender vehículos aéreos no tripulados en el Medio Oriente, incluidos Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto e Iraq», y teniendo en cuenta que «Estados Unidos estaba previamente limitado en la venta de este tipo de equipo militar, los chinos discernieron rápidamente su nicho en el mercado y se aprovecharon hábilmente de esta circunstancia”, según Barry.

Por su parte, Turquía utilizó el campo de batalla en Libia para mostrar su propio vehículo aéreo no tripulado Bayraktar TB2 «Standard Bearer», un UAV operativo-táctico de altitud media con una larga duración de vuelo, y también, el anuncio del desarrollo de otro dron, el Kargu-2 conocido como el «dron Kamikaze» que tienen un alto grado de inteligencia a bordo y la incorporación de la capacidad de enjambre destinados a combatir el sistema de defensa Pantsir-1 en Siria y Libia. El dron turco Bayraktar TB2 fue clave a la hora de obligar la retirada de Khalifa Haftar en Trípoli.

Se conoce que Turquía se especializa en el desarrollo y producción de vehículos aéreos no tripulados, y según Barry, dicho país «probablemente utilizó a Libia como un laboratorio de prueba y de combate para sus sistemas no tripulados» que ahora cuentan con experiencia en combate.

Por otro lado, Jalel Harchaoui del Instituto Klingendaal de Holanda dijo que el uso de drones turcos en Libia ha sido todo un «game changer». A si mismo Jalel agrega que la estrategia de Ankara en el uso de dron y su éxito en el campo ha sido debido a que el precio de la fabricación de drones ha disminuido a medida que fue aumentando la producción de los mismos pasando de 1.5 millones de dólares a 500 mil dólares, además de que los turcos han estado realizando modernización de software y otros cambios técnicos, como la mejora en las capacidades de reconocimiento que ha logrado aumentar la efectividad del UAV Bayraktar TB2, y fue lo que en opinión de Jalel, permitió que, posteriormente, los drones no fueran alcanzados por los sistemas de defensa antiaéreos Pantsir-1 de Rusia con tanta facilidad.

Sin embargo los drone Wing Loon II de los EAU de origen chino no trajeron ninguna innovación y por consecuencia sus acciones en el campo de batalla no han sido nada impresionantes.

A modo de reflexión, se podría decir que la situación en Libia ha cambiado la forma en que se concibe la guerra aérea, puesto que los protagonistas del conflicto han sido en gran medida los drones y los sistemas de defensa aérea.

Mientras tanto, el uso de aviones de combate en Libia se caracterizó por el hecho de que las grandes potencias los enviaron en silencio y sin previo aviso. El analista Kharchaoui afirmó que el avión Mirage 2000 de la Fuerza Aérea de los Emiratos Árabes Unidos, que opera desde la Base aérea egipcia, presta apoyo aéreo cercano a las unidades y formaciones de Haftar desde junio de 2019.

Por otro lado el Comando Africano de EE.UU. (USAFRICOM) informó a fines de mayo que fotografías tomadas a través de un avión de reconocimiento mostraron que aviones de combate ruso estaban siendo desplegados en Libia para apoyar a Khalifa. Asimismo, Turquía ha estado planeando desplegar sus F-16 en la Base aérea de Al-Watia. Pero sin duda el centro de la batalla aérea han sido los drones y los sistemas de defensa aérea, transformando a Libia como el primer ejemplo de lo que el combate aéreo puede llegar a significar en el futuro.

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